Memoria del fuego III El Siglo del Viento — Edu..


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Memoria del fuego III

El siglo del viento


siglo veintiuno editores, sa
CERRO DEL AGUA, 248. 04310 MÉXICO, D.F.
siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA
siglo veintiuno argentina editores, sa
siglo veintiuno de Colombia, Ltda.
CARRERA 14, 80-44, BOGOTÁ. COLOMBIA
Séptima edición, enero de 1988 (segunda de España)
1990 (tercera de España)
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.
Calle Plaza, 5. 28043 Madrid
en coedición con
© Catálogos, S.R.L.
Avda. Independencia 1860 1225 Buenos Aires
© Eduardo Galeano
DERECHOS RESERVADOS CONFORME A LA LEY
Impreso y hecho en España
Printed and made in Spain

Este libro
El autor
Dedicatoria
1900/San José de Gracia
El mundo continúa
1900/Orange, Nueva Jersey
Edison
1900/Montevideo
Rodó
1901/Nueva York
Ésta es América, y al sur la nada
1901/En toda América Latina
Las procesiones saludan al siglo que nace
1901/Amiens
1902/Quezaltenango
la realidad no existe
1902/Ciudad de Guatemala
Estrada Cabrera
1902/Saint Pierre
Sólo se salva el condenado
1903/Ciudad de Panamá
El Canal de Panamá
1903/Ciudad de Panamá
En esta guerra mueren un chino y un burro
1903/La Paz
Huilka
1904/Río de Janeiro
La vacuna
1905/Montevideo
El automóvil
1905/Montevideo
1905/Ilopango
Miguel a la semana
1906/París
Santos Dumont
1907/Sagua La Grande
1907/Iquique
Banderas de varios países
1907/Río Batalha
Nimuendajú
1908/Asunción
1908/Alto Paraná
Los yerbales
1908/San Andrés de Sotavento
los indios no existen
1908/San Andrés de Sotavento
Retrato de un señor de vidas y haciendas
1908/Mérida de Yucatán
Telón y después
1908/Ciudad Juárez
Se busca
Castro
Muñecas
1909/París
Teoría de la impotencia nacional
1909/Nueva York
Charlotte
1909/Managua
Las relaciones interamericanas y sus métodos más habituales
1910/Selva del Amazonas
Los comegente
1910/Río de Janeiro
El Almirante Negro
1910/Río de Janeiro
1910/Río de Janeiro
La realidad y la ley rara vez se encuentran
1910/Colonia Mauricio
Tolstoi
1910/La Habana
1910/Ciudad de México
El Centenario y el amor
1910/Ciudad de México
El Centenario y la comida
1910/Ciudad de México
El Centenario y el arte
1910/Ciudad de México
El Centenario y el dictador
1911/Anenecuilco
1911/Ciudad de México
1911/Campos de Chihuahua
Pancho Villa
El último santuario de los incas
1912/Quito
Coplas tristes del cancionero ecuatoriano
1912/Cantón Santa Ana
Crónica de costumbres de Manabí
1912/Pajeú de Flores
Las guerras de familia
1912/Daiquirí
r Caribe: una invasión
1912/Niquinohomo
1912/Ciudad de México
1913/Ciudad de México
Una soga de dieciocho centavos
El sur de México se crece en el castigo
Zapata y ellas
1913/Campos de Chihuahua
El norte de México ce
lebra guerra y fiesta
1913/Culiacán
Las balas
1913/Campos de Chihuahua
Una de estas mañanas me asesiné
1914/Montevideo
1914/San Ignacio
Quiroga
1914/Montevideo
Delmira
1914 /Ciudad Jiménez
El cronista de pueblos en furia
1914/Salt Lake City
El cantor de pueblos en furia
1914/Torreón
Sobre rieles marchan al tiroteo
1914 /Campos de Morelos
Es tiempo de andar y pelear
1914/Ciudad de México
Huerta huye
1915/Ciudad de México
El casi poder
1915/Tlaltizapán
La reforma agraria
Azuela
1916/Tlaltizapán
Carranza
1916/Buenos Aires
Isadora
1916/Nueva Orleans
El jazz
1916 / Columbus
América Latina invade los Estados Unidos
Darío
1917/Campos de Chihuahua y Durango
1918/Córdoba
La docta Córdoba y sus mohosos doctores
1918/Córdoba
«Los dolores que quedan son las li
bertades que faltan», proclama
el manifiesto de los estudiantes
1918/Ilopango
Miguel a los trece
1918/Montañas de Morelos
Tierra arrasada, tierra viva
1918/Ciudad de México
La nueva burguesía nace mintiendo
Este hombre les enseñó que la vida no es sólo miedo de sufrir y
espera de morir
Corrido de la muerte de Zapata
1919/Hollywood
Chaplin
1919/Hollywood
Buster Keaton
1919/Memphis
Miles de personas asisten al espectáculo
1921/Río de Janeiro
Polvo de arroz
1921/Río de Janeiro
Pixinguinha
1921/Río de Janeiro
1922/Toronto
Este indulto
1922/Leavenworth
Por seguir creyendo que todo es de todos
1922/Campos de la Patagonia
El tiro al obrero
1923/Río Guayas
Flotan cruces en el río
1923/Acapulco
La función de las fuerzas del orden en el proceso democrático
1923/Acapulco
Escudero
1923/Azángaro
1923/El Callao
Mariátegui
1923/Buenos Aires
Retrato de un cazador de obreros
1923/Tampico
1923/Campos de Durango
Pancho Villa lee «Las
mil y una noches»
1923/Ciudad de México
Un millón de muertos puso el pueblo en la revolución
mexicana
Nunca pudieron amansarle el orgullo
1924/Mérida de Yucatán
Algo más sobre la función de las fuerzas del orden en el
proceso democrático
1924/Ciudad de México
La nacionalización de los muros
1924/Ciudad de México
Diego Rivera
1924/Ciudad de México
Orozco
1924/Ciudad de México
Siqueiros
«El pueblo es el héroe de la pintura mural mexicana», dice Diego Rivera
1924/Regla
Lenin
1926/San Albino
1926/Puerto Cabezas
Las mujeres más dignas del mundo
1926/Juazeiro do Norte
El padre Cícero
1926/Juazeiro do Norte
Por milagro divino un bandido se convierte en capitán
1926/Nueva York
Valentino
1927/Chicago
Louie
1927/Nueva York
Bessie
Pound
1927/Charlestown
1927/Araraquara
Mario de Andrade
1927/París
1927/Llanos de Jalisco
Tras una inmensa cruz de palo
1927/San Gabriel de Jalisco
Un niño mira
La guerra de los tigres y los pájaros
1928/San Rafael del Norte
Pequeño ejército loco
«Todo era hermanable»
1928/Washington
Noticiero
1928/Managua
1928/Ciudad de México
1928/Villahermosa
El comecuras
1928/Al sur de Santa Marta
Bananización
1928/Aracataca
Maldición
1928/Ciénaga
Matazón
1928/Aracataca
García Márquez
Noticiero
1929/Ciudad de México
Mella
1929/Ciudad de México
Tina Modotti
1929/Ciudad de México
Frida
1929/Capela
Lampiao
1929/Atlantic City
El trust del crimen
1929/Chicago
Al Capone
contra el peligro comunista
1929/Nueva York
La euforia
Del Manifiesto Capitalista de Henr
y Ford, fabricante de automóviles
1929/Nueva York
La crisis
1930/La Paz
pe de Gales entre los salvajes
1930/Buenos Aires
Yrigoyen
1930/París
Ortiz Echagüe, periodista, comenta la caída del precio de la carne
1930/Avellaneda
La vaca, la espada y la cruz
1930/Castex
El último gaucho alzado
1930/Santo Domingo
El huracán
1930/Ilopango
Miguel a los veinticinco
1930/Nueva York
La vida cotidiana de la crisis
1930/Achuapa
La bandera rojinegra flamea en los lomeríos
Lo que espera la esperanza
Escribe Sandino a uno de sus oficiales: «Ni vamos a poder andar de tantas
flores»
Santos López
Tranquilino
Cabrerita
1931/Hanwell
El ganador
1932/Hollywood
El perdedor
1932/Ciudad de México
Eisenstein
1932/Caminos de Santa Fe
El titiritero
1932/Izalco
El uso del derecho de voto
y sus penosas consecuencias
1932/Soyapango
Miguel a los veintiséis
1932/Managua
Viene triunfando Sandino
1932/San Salvador
1933/Managua
La primera derrota militar de
los Estados Unidos en América
Latina
1933/Campo Jordán
La Guerra del Chaco
Céspedes
1934/Managua
dos actores y algunos extras
1934/Managua
Decide el gobierno que
1934/San Salvador
Miguel a los veintinueve
1935/Camino de Villamontes a Boyuibe
Después de noventa mil muertos
1935/Maracay
1935/Buenos Aires
Borges
1935/Buenos Aires
Estos años infames
1935/Buenos Aires
Discepolín
1935/Buenos Aires
1935/Buenos Aires
Alfonsina
1935/Medellín
1936/Buenos Aires
Patoruzú
1936/Río de Janeiro
Olga y él
1936/Madrid
La Guerra de España
1936/San Salvador
Martínez
1936/San Salvador
Miguel a los treinta y uno
1936/Ciudad de Guatemala
1936/Ciudad Trujillo
En el año 6 de la Era de Trujillo
Procedimiento contra la lluvia
Procedimiento contra la desobediencia
1937/Dajabón
Procedimiento contra la amenaza negra
1937/Washington
Noticiero
1937/Río de Janeiro
Procedimiento contra la amenaza roja
1937/Valle de Cariri
1937/Río de Janeiro
Monteiro Lobato
Hemingway
1937/Ciudad de México
El bolero
1937/Ciudad de México
Cantinflas
1937/Ciudad de México
Cárdenas
1938/Anenecuilco
1938/Ciudad de México
1938/Ciudad de México
1938/Coyoacán
Trotski
1938/Sertón del nordeste brasileño
Los cangaceiros
Los cazadores de cangaceiros
1939/San Salvador de Bahía
Las mujeres de los dioses
Exú
María Padilha
1939/Río de Janeiro
El samba
1939/Río de Janeiro
El malandro
1939/Río de Janeiro
Cartola
1939/Abadía de Montserrat
Vallejo
1939/Washington
Roosevelt
1939/Washington
En el año 9 de la Era de Trujillo
1939/Washington
Somoza
1939/Nueva York
Superman
1941/Nueva York
1942/Washington
La Cruz Roja no acepta sangre de negros
1942/Nueva York
Drew
1942/Oxford, Mississippi
Faulkner
1942/Hollywood
1942/Hollywood
Los buenos vecinos del sur
1942/Pampa de María Barzola
Método latinoamericano para reducir los costos de
producción
1943/Sans-Souci
Carpentier
1943 /Port-au-Prince
Manos que no mienten
1943/Mont Rouis
Un granito de sal
1944/Nueva York
Aprendiendo a ver
ala y El Salvador
1945/Hiroshima y Nagasaki
Un sol de fuego
1945/Princeton
Einstein
1945/Buenos Aires
Perón
1945/Campos de Tucumán
El Familiar
El velorio del angelito
1945/Campos de Tucumán
Yupanqui
1946/La Paz
La Rosca
1946/La Paz
Villarroel
1946/Hollywood
Carmen Miranda
Vísperas
Gaitán
El bogotazo
Llamas
Cenizas
1948/Valle de Upar
El vallenato
1948/Wroclaw
Picasso
1948/En algún lugar de Chile
1948/San José de Costa Rica
1949/Washington
La revolución china
1949/La Habana
El radioteatro
1950/Río de Janeiro
1950/Hollywood
Rita
1950/Hollywood
Marilyn
1951/Ciudad de México
Buñuel
1952/Cerro San Fernando
Enferma de fiebre de muerte
1952/La Paz
El Illimani
1952/La Paz
Tambor del pueblo
Una mujer de las minas bolivianas explica cómo se hace una bomba casera
1952/Cochabamba
Coplas descaradas que las indias de
Cochabamba cantan a Jesucristo
1952/Buenos Aires
1952/En alta mar
Carlitos el Vagabundo
1952/Londres
Un digno fantasma
1953/Washington
Noticiero
1953/Washington
La cacería
1953/Washington
Robeson
1953/Santiago de Cuba
Fidel
1953/Santiago de Cuba
El acusado se convierte en fiscal y anuncia: «La historia
me absolverá»
1953/Boston
La United Fruit
1953/Ciudad de Guatemala
Arbenz
1953/San Salvador
Dictador se busca
1954/Washington
La Máquina de Decidir, pieza por pieza
1954/Boston
La Máquina de Mentir, pieza por pieza
1954/Ciudad de Guatemala
La reconquista de Guatemala
1954/Mazatenango
Miguel a los cuarenta y nueve
1954/Ciudad de Guatemala
Noticiero
1954/Río de Janeiro
1955/Medellín
Nostalgias
1955/Asunción
Melancolías
1955/Ciudad de Guatemala
Un año después de la re
conquista de Guatemala
1956/Buenos Aires
el peronismo no existe
El hijo de Somoza
1956/Santo Domingo
En el año 26 de la Era de Trujillo
1956/La Habana
Noticiero
1956/Al pie de la Sierra Maestra
Los doce locos
1957/Benidorm
Los naipes marcados
1957/Majagual
El santo Huevo de Colombia
1957/Sucre
Santo Lucío
1957/A orillas del río Sinú
Santo Domingo Vidal
1957/Pino del Agua
Crucito
Almeida
1957/Santiago de Cuba
1957/El Hombrito
El Che
Chana la Vieja, campesina de la Sierra Maestra, lo recordará así
1958/Estocolmo
Pelé
1958/Estocolmo
Garrincha
1958/Sierra Maestra
La revolución es un imparable ciempiés
1958/Yaguajay
Camilo
1959/La Habana
Cuba amanece sin Batista
La rumba
1959/La Habana
1959/La Habana
«Sólo nos hemos ganado el derecho a comenzar»
1960/Brasilia
Una ciudad o delirio en medio de la nada
1960/Río de Janeiro
Niemeyer
1960/Río de Janeiro
Guimaraes Rosa
1960/Artemisa
1961/Santo Domingo
En el año 31 de la Era de Trujillo
1961/Santo Domingo
El difuntísimo
1961/Bahía de Cochinos A
contraviento
1961/Playa Girón
La segunda derrota militar de los Estados Unidos en América
Latina
1961/La Habana
1961/Washington
¿Quién invadió Cuba? Un diálogo
Unidos
1961/La Habana
María de la Cruz
1961/Punta del Este
1961/Escuinapa
El cuentero
1961/San Salvador de Bahía
Amado
Una más uno es uno
1962/Villa de Jesús María
Una más uno es todos
1963/Bayamo
El ciclón Flora
1963/La Habana
1963/La Habana
1963/La Habana
Bola de Nieve
1963/Río Coco
En los hombros lleva el abrazo de Sandino
1963/San Salvador
Miguel a los cincuenta y ocho
la verdad no existe
1963/Santo Domingo
Crónica de costumbres de América Latina
1964/Panamá
Veintitrés muchachos caen acribillados
1964/Río de Janeiro
«Hay nubes sombrías»
1964/Juiz de Fora
La reconquista del Brasil
1964/La Paz
Sin pena ni gloria
1964/Al norte de Potosí
A toda furia
Los sombreros
1965/San Juan de Puerto Rico
Bosch
1965/Santo Domingo
Caamaño
1965/Santo Domingo
1965/Santo Domingo
132 noches
1965/ La Habana
El multiplicador de revoluciones
El Che Guevara dice adiós a sus padres
1966/Patiocemento
«Sabemos que el hambre es mortal»
1967/Llallagua
La fiesta de San Juan
1967/Catavi
1967/Catavi
Domitila
El interrogatorio de Domitila
1967/Catavi
1967/A orillas del río Ñancahuazú
Diecisiete hombres caminan hacia la
aniquilación
1967/Quebrada del Yuro
La caída del Che
1967/Higueras
Campanadas por él
1967/La Paz
Crónica social
1967/Houston
Alí
1968/Memphis
1968/San José de California
Los chicanos
1968/San Juan de Puerto Rico
Albizu
1968/Ciudad de México
Los estudiantes
«Había mucha, mucha sangre», relata la madre de un estudiante
1968/Ciudad de México
Revueltas
1968/A orillas del río Yaqui
La revolución mexicana ya no es
1968/Ciudad de México
Rulfo
Arguedas
1969/Mar de la Tranquilidad
Los gamines
1969/En cualquier ciudad
Alguien
1969/Río de Janeiro
La expulsión de las favelas
1969/Baixo Grande
Un castillo de basura
1969/Quebrada de Arque
La última cabriola del aviador Barrientos
1969/San Salvador y Tegucigalpa
Dos turbulentos partidos
1969/San Salvador y Tegucigalpa
La llamada «guerra del fútbol»
1969/Port-au-Prince
Una ley condena a muerte a quien diga o escriba palabras
rojas en Haití
1970/Montevideo
1970/Managua
Rugama
Paisaje después de las elecciones
El Pato Donald
«Disparen sobre Fidel»
1972/Managua
Nicaragua S. A.
1972/Managua
El otro hijo de Somoza
El pensamiento vivo de Tachito Somoza
Chile queriendo nacer
La trampa
Allende
1973/Santiago de Chile
«Se abrirán las grandes alamedas», anuncia Salvador
Allende en su mensaje final
La reconquista de Chile
La casa de Allende
La casa de Neruda
1973/Miami
El santo Consumismo contra
el dragón del Comunismo
1973/Recife
Elogio de la humillación
Diez años después de la reconquista del Brasil
1974/Río de Janeiro
Chico
1974/Ciudad de Guatemala
Veinte años después de la reconquista de Guatemala
1974/Selvas de Guatemala
El quetzal
1974/Ixcán
Una clase de educación política en Guatemala
1974/Yoro
Lluvia
1975/San Salvador
1975/San Salvador
Roque
1975/Río Amazonas
Paisaje tropical
1975/Río Amazonas
Éste es el río padre de mil ríos
1975/Ribeirao Bonito
Un día de justicia
1975/Huayanay
Otro día de justicia
1975/Cuzco
Condori mide el tiempo en panes
Velasco
Las molas de San Blas
Los amates del río Balsas
Las arpilleras de Santiago
Los diablitos de Ocumicho
Sobre la propiedad privada del derecho de creación
1975/Cabimas
Vargas
1975/Salta
Los alegres colores del cambio
1975/Buenos Aires
Contra los hijos de Evita y Marx
1976/San José
Un país despalabrado
Un preso político uruguayo, Mauricio Rosencof, da testimonio
1976/Libertad
Pájaros prohibidos
1976/Montevideo
«Hay que obedecer», enseñan a
los estudiantes uruguayos los
nuevos textos oficiales
1976/Montevideo
Los reducidores de cabezas
1976/La Perla
La tercera guerra mundial
1976/Buenos Aires
La piara
1976/La Plata
Hincada sobre sus ruinas, una mujer busca
1976/Selva de Zinica
Carlos
1977/Managua
Tomás
1977/Archipiélago de Solentiname
Cardenal
Omar Cabezas relata el duelo de la mo
ntaña por la muerte de un guerrillero
de Nicaragua
Tijeras
1977/Buenos Aires
Walsh
1977/Río Cuarto
Se dan de baja los libros quemados de Walsh y otros autores
1977/Buenos Aires
Las madres de Plaza de Mayo
1977/Buenos Aires
Alicia Moreau
1977/Buenos Aires
El éxodo de los intrusos
María Lionza
José Gregorio
1977/Graceland
1978/San Salvador
Romero
1978/San Salvador
La revelación
1978/La Paz
Cinco mujeres
1978/Managua
El pensamiento vivo de Tachito Somoza
1978/Ciudad de Panamá
Torrijos
1979/Madrid
Las intrusas perturban una tranquila
1979/Nueva York
El banquero Rockefeller felicita al dictador Videla
1979/Siuna
1979/En toda Nicaragua
Corcovea la tierra
1979/En toda Nicaragua
Que nadie quede solo
De la agenda de Tachito Somoza
1979/Managua
«Hay que estimular el turismo»
1979/Managua
El nieto de Somoza
1979/Granada
Las comandantes
1979/En toda Nicaragua
Naciendo
1979/París
Darcy
Porfiada fe
Otra clase de educación política en Guatemala
Los mayas siembran a cada niño que nace
1980/La Paz
La cocacracia
1980/Santa Ana de Yacuma
La diosa blanca
1980/Santa Marta
La marihuana
1980/Santa Marta
San Agatón
1980/Ciudad de Guatemala
Noticiero
1980/Uspantán
1980/San Salvador
La ofrenda
1980/Montevideo
Pueblo que dice no
1980/En toda Nicaragua
Andando
1980/Asunción del Paraguay
Stroessner
1980/En toda Nicaragua
Descubriendo
1980/Nueva York
Parece picada de vi
ruela la Estatua de la Libertad
1980/Nueva York
Lennon
1981/Surahammar
El exilio
1981/Cantón Celica
«Mala suerte, falla humana, mal tiempo»
1982/Islas Georgias del Sur
1982/Islas Malvinas
La Guerra de las Malvinas
1982/Caminos de La Mancha
Maese Trotamundos
1982/Estocolmo
El novelista Gabriel García Márq
uez recibe el Nobel y habla de
nuestras tierras condenadas a
cien años de soledad
1983/Saint George's
La reconquista de la isla de Granada
1983/La Bermuda
Marianela
Diez años después de la
reconquista de Chile
1983/Buenos Aires
Tamara vuela dos veces
1983/Buenos Aires ¿Y
si el desierto fuera mar, y la tierra cielo?
1983/Río Tuma
Realizando
1983/Managua
Desafiando
1983/Mérida
El pueblo pone a Dios de pie
1983/Managua
Noticiero
1984/Vaticano
El Santo Oficio de la Inquisición
1984/Londres
Los Reyes Magos no creen en los niños
Sinfonía circular para países pobres
, en seis movimientos sucesivos
1984/Washington
«1984»
1984/Washington
Somos todos rehenes
1984/San Pablo
Veinte años después de la reconquista del Brasil
1984/Ciudad de Guatemala
Treinta años después de la reconquista de Guatemala
1984/Río de Janeiro
Malandanzas de la memoria colectiva en América Latina
1984/Ciudad de México
Contra el olvido
1984/Ciudad de México
La resurrección de los vivos
1984/Estelí
Creyendo
1984/La Habana
1984/París
Van los ecos en busca de la voz
1984/Punta Santa Elena
El siempre abrazo
1984/Tepic
El nombre encontrado
1984/Bluefields
Volando
1986/Montevideo
Una carta
Las fuentes

es el volumen final de la trilogía
No se trata de una antología,
sino de una creación literaria, que se ap
oya en bases documentales pero se mueve
con entera libertad. El autor ignora a qu
ensayo, poesía épica, crónica, testimon
io... Quizás pertenece a todos y a ninguno.
El autor cuenta lo que ha ocurrido, la historia de América y sobre todo la historia de
América Latina; y quisiera hacerlo de tal mane
ra que el lector sienta que lo ocurrido
el autor lo cuenta.
año y el lugar de cada acontecimiento,
salvo en ciertos textos que no se sitúan
en determinado momento o lugar. Al pie,
los números señalan las principales obras qu
e el autor ha consultado en busca de
ausencia de números revela que en ese
caso el autor no ha consultado ninguna
fuente escrita, o que obtuvo su materia
ódicos o de boca de protagonistas o
testigos. La lista de las fuentes
consultadas se ofrece al final.
Eduardo Hughes Galeano es su nombre
dibujos y caricaturas políticas que firmaba
por la dificultosa pronunciación
ego fue jefe de redacción del semanario
y director del diario
Época
y de algunos semanarios
en Montevideo. En 1973 se
exilió en la Argentina, donde fundó y dirigió la revista
Desde fines de 1976,
vivió exiliado en España. A principios de 1985 regresó a su país, donde reside
Ha publicado varios libros. Entre ellos,
Las venas abiertas de América Latina,
editado por Siglo XXI en 1971, los pr
emios de Casa de las Américas
La canción de
(1975) y
Días y noches de amor y de guerra
(1978), y los dos primeros
volúmenes de esta trilogía:
Los nacimientos
Las caras y las máscaras
Gratitudes
A Helena Villagra, que tanto ayudó en cada
Memoria del fuego
radeció en los volúmenes anteriores, y
que también ahora colaboraron arrima
ndo fuentes, pistas, sugerencias;
ardo Cáceres, Rafael Cartay, Alfredo
Cedeño, Alessandra Riccio,
Enrique Fierro, César Galeano, Horacio García, Sergius
Gonzaga, Berta y Fernanda Navarro, Er
ic Nepomuceno, David Sánchez-Juliao,
Andrés Soliz Rada y Julio Valle-Castillo, que facilitaron el acceso a la bibliografía
a Jorge Enrique Adoum, Pepe Barriento
s, Álvaro Barros-Lémez, Jean-Paul
Borel, Rogelio García Lupo, Mauricio Gatti
, Juan Gelman, Santiago Kovadloff, Ole
Ostergaard, Rami Rodríguez,
Miguel Rojas-Mix, Nicole Rouan, Pilar Royo, José María
Valverde y Daniel Vidart, que leyero
n los borradores con china paciencia.
está dedicado a Mariana, la Pulguita.
Juan Rulfo
1900
San José de Gracia
El mundo continúa
generaciones en una sola parranda
n no debían, pero
nadie quiso acabar sin confesión. El
cura del pueblo dio preferencia a las
embarazadas y a las recién paridas. El abnegado sacerdote pasó tres días y tres
sta que se desmayó por indigestión de
Cuando llegó la medianoche del último
los habitantes del
pueblo de San José de Gracia se prepar
aron para bien morir. Mucha ira había
acumulado Dios desde la fundación del mundo, y nadie dudó de que era llegado el
momento de la reventazón final. Sin respir
gentes escucharon las doce campanadas
de la iglesia, una tras otra, muy
convencidas de que no habría después.
Pero hubo. Hace rato que el siglo veinte se ha echado a caminar y sigue como
si nada. Los habitantes de San José de
viviendo o sobreviviendo entre las mismas
montañas del centro de México, para
desilusión de las beatas, que esperaban el
Paraíso, y para alivio de los pecadores,
pueblito no está tan mal, al fin y al cabo, si se compara.
1900
Orange, Nueva Jersey
Por sus inventos recibe luz
y música el siglo que nace.
La vida cotidiana lleva el
sello de Thomas Alva Ed
ison. Su lámpara eléctrica
ilumina las noches y su fonógrafo guarda
y difunde las voces del mundo, que nunca
acias al micrófono que Edison agregó al
En la oficina de patentes se agarran la cabeza cada vez que lo ven aparecer.
Edison no deja pasar un minuto sin crear algo. Así ocurre desde que era un niño
vendedor de periódicos en los trenes y un
buen día decidió que
bien podía hacerlos
además de venderlos —y puso manos a la obra.

Los números al pie indican las fuentes documental
es que el autor ha consultado y remiten a la
lista que se publica en las páginas finales.
1900
Montevideo
El Maestro, estatua que habla, lanza su
sermón a las juventudes de América.
Calibán, el bruto que quiere comer. El
siglo que nace es el tiempo de los
cualquieras. Quiere el pueblo democracia y sindicatos; y advierte Rodó que la
espíritu, donde tienen su
morada los seres superiores. El intelectua
l elegido por los dioses, grande hombre
propiedad privada de la cultura.
También ataca Rodó a la civilización norteamericana, fundada en la vulgaridad
y el utilitarismo. Le opone la tradición aristocrática española, que desprecia el
sentido práctico, el trabajo manual, la técnica y otras mediocridades.
(273, 360 y 386)
1901
Andrew Carnegie vende, en 250 millones
de dólares, el monopolio del acero.
Lo compra el banquero John Pierpont Morg
an, dueño de la General Electric, y así
funda la United States Steel Corporation. Fiebre del consumo, vértigo del dinero
cayendo en cascadas desde lo alto de
los rascacielos: los Estados Unidos
polios a un puñado de hombres, pero
multitudes de obreros acuden desde Europa
, año tras año, llamados por las sirenas
de las fábricas, y durmiendo en cubierta sueñan que se harán millonarios no bien
la edad industrial, Eldorado está en los
Estados Unidos; y los Estados Unidos son América.
Al sur, la otra América no atina ya ni a balbucear su propio nombre. Un
informe recién publicado revela que
los países de esta
tratados comerciales con los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, pero
ninguno
los tiene con sus vecinos. América Lati
na es un archipiélago de patrias
bobas, organizadas para el desvíncu
lo y entrenadas para desamarse.
1901
En toda América Latina
Las procesiones saluda
n al siglo que nace
En las aldeas y ciudades al sur del rí
o Bravo, anda a los tumbos Jesucristo,
bestia moribunda lustrosa de sangre, y tras
él alza antorchas y cánticos el gentío,
llagoso, rotoso: pueblo afligido por mil males que ningún médico o manosanta sería
capaz de curar, pero merecedor de ve
1901
Amiens
Verne
Hace veinte años, Alberto Santos Dumont
había leído a Julio Verne. Leyéndolo
l Brasil y del mundo y había viajado por los cielos, de
nube en nube, y había deci
dido vivir en el aire.
Ahora, Santos Dumont derrota al viento
y a la ley de gravedad. El aeronauta
brasileño inventa un globo diri
gible, dueño de su rumbo, que no anda a la deriva y
que no se perderá en alta mar, ni en la este
pa rusa, ni en el polo norte. Provisto de
motor, hélice y timón, Santos Dumont
se eleva en el aire, pega una vuelta
multitud que lo aclama.
En seguida viaja hasta Amiens, para
enseñó a volar.
Julio Verne se alisa la gran barba
disfrazado de señor, que lo llama
mi Capitán
y lo
1902
la realidad no existe
ines, en la plaza principal de
Quezaltenango, convocando a la ciudadan
ía; pero nadie puede escuchar nada más
que el pavoroso estruendo del volc
án Santa María en plena erupción.
El pregonero lee a los gritos el band
o del superior gobierno. Más de cien
pueblos de esta comarca de Guatemala están siendo arrasados por el alud de lava y
fango y la incesante lluvia de ceniza mi
entras el pregonero, cubriéndose como
puede, cumple con su deber. El volcán Santa María hace temblar la tierra bajo sus
En pleno mediodía es noche total y en la
cerrazón no se ve más que el vómito de
fuego del volcán. El pregonero chilla
s penas, entre los sacudones de luz de
la linterna.
El bando, firmado por el presidente
Manuel Estrada Cabrera, informa a la
población que el volcán Santa María está
en calma y que en calma permanecen
todos los demás volcanes de Guatemala, que el sismo ocurre lejos de aquí, en
alguna parte de México, y qu
ión, nada impide que se
celebre hoy la fiesta de la diosa Minerva,
que tendrá lugar en la capital a pesar de
los malévolos rumores de los enemigos del orden.
1902
Ciudad de Guatemala
En la ciudad de Quezaltenango,
Manuel Estrada Cabrera había ejercido,
durante muchos años,
el augusto sacerdocio de la Ley en el majestuoso templo de
la Justicia sobre la roca
inconmovible de la Verdad.
Cuando acabó de desplumar a
la provincia, el doctor se vino a la capital, donde llevó a feliz culminación su carrera
política asaltando, revólver en ma
Desde entonces, ha restablecido en todo
el país el uso del cepo, del azote y
de la horca. Así los indios recogen gratis el café en las plantaciones y los albañiles
levantan gratis prisiones y cuarteles.
Un día sí y otro también, en solemn
e ceremonia, el presidente Estrada
Cabrera coloca la primera piedra de una nueva escuela que jamás será construida.
Él se ha otorgado el título de Educador de Pueblos y Protector de la Juventud
Estudiosa, y en su propio homenaje celebra cada año la colosal fiesta de la diosa
Minerva. En el partenón de aquí, que reproduce el partenón
helénico en tamaño
del Nuevo Mundo, tiene un Pericles.
Saint Pierre
También en la isla Martinica revienta un volcán. Ocurre un ruido como del
mundo partiéndose en dos y la montaña
Pelée escupe una inmensa nube roja, que
cubre el cielo y cae, incandescente,
sobre la tierra. En un santiamén queda
aniquilada la ciudad de Saint Pierre
. Desaparecen sus treinta y cuatro mil
habitantes —menos uno.
El que sobrevive es Ludger Sylbaris, el
único preso de la ciudad. Las paredes
de la cárcel habían sido
hechas a prueba de fugas.
1903
Ciudad de Panamá
El Canal de Panamá
El paso entre los mares había sido
españoles. Con furor lo buscaron; y lo en
contraron demasiado al sur, allá por la
remota y helada Tierra del Fuego. Y cuando alguno tuvo la idea de abrir la cintura
angosta de América Central, el rey Felipe II mandó a parar: prohibió la excavación
del canal, bajo pena de muerte,
porque el hombre no debe separar lo que Dios
unió.
Tres siglos después, una empresa fran
cesa, la Compañía Universal del Canal
Interoceánico, empezó los trabajos en Pa
namá. La empresa avanzó treinta y tres
kilómetros y cayó estrepitosamente en quiebra.
Desde entonces, los Estados Unidos han de
cidido concluir el canal y quedarse
con él. Hay un inconveniente: Colombia no está de acuerdo y Panamá es una
provincia de Colombia. En Washington,
con los que estamos tratando,
pero el presidente
Teddy Roosevelt no cree en la paci
encia. Roosevelt envía unos cuantos
marines
hace la independencia de Panamá. Y así se convierte en país aparte esta provincia,
por obra y gracia de los Estados Unidos y sus buques de guerra.
1903
Ciudad de Panamá
En esta guerra mueren un chino y un burro,
víctimas de las andanadas de una cañonera colombiana, pero no hay más
desgracias que lamentar. Manuel Amador, fl
entre banderas de los Estados Unidos, sentado en un sillón que la multitud lleva en
andas. Amador va echando vivas a su colega Roosevelt.
Dos semanas después, en Washington, en
el Salón Azul de la Casa Blanca, se
firma el tratado que entrega a los Estados
cida, actúa en la ocasión Philippe Bunau-
Varilla, mago de los negocios, acróbata de la política, ciudadano francés.
La Paz
Los liberales bolivianos han ganado la guerra contra los conservadores. Mejor
dicho, la ganó para ellos el ejército indio de Pablo Zárate Huilka.
la indiada las hazañas que se atribuyen los bigotudos militares.
El coronel José Manuel Pando, jefe libera
Huilka la emancipación de toda servidumbr
batalla en batalla, Huilka iba implantando el
poder indio: a su paso por los pueblos,
devolvía a las comunidades las tierras
usurpadas y degollab
a a quien vistiera
l Pando se hace general y presidente.
Los indios son seres inferiores. Su eliminación no es un delito.
Y procede. Fusila a muchos. A Huilka, su imprescindible aliado de la víspera,
lo mata varias veces, por bala, filo y so
ga. Pero en las noches de lluvia Huilka
espera al presidente Pando a la salida del palacio de gobierno y le clava los ojos, sin
decir palabra, hasta que Pando desvía la mirada.
1904
Matando ratas y mosquitos ha vencido
a la peste bubónica y a la fiebre
amarilla. Ahora Oswaldo Cruz declara la gue
rra a la viruela. De a miles mueren, por
viruela, los brasileños. Cada vez mueren
más, mientras los médicos desangran a
los moribundos y los curanderos espantan
la peste con humo de bosta de vaca.
Oswaldo Cruz, responsable de la higiene pública, implanta la vacuna obligatoria.
El senador Rui Barbosa, orador de pecho hinchado y docta labia, pronuncia
discursos que atacan a la vacuna con ju
nombre de la libertad, Rui Barbosa defi
cada individuo a
contaminarse si quiere. Torrenciales aplausos y ovaciones lo interrumpen de frase
Los políticos se oponen a la vacuna. Y
los médicos. Y los periodistas: no hay
diario que no publique coléricos editoriale
s y despiadadas caricaturas que tienen por
víctima a Oswaldo Cruz. Él no puede asom
arse a la calle sin sufrir insultos y
Contra la vacuna, cierra filas el país
entero. Por todas partes se escuchan
mueras a la vacuna. Contra la vacuna se
Militar, que por poco
(158,272, 378 y 425)
1905
Montevideo
El automóvil,
bestia rugidora, pega su primer zarpazo de muerte en Montevideo. Un inerme
caminante cae aplastado al cruzar una esquina del centro.
Pocos automóviles han llegado a estas ca
lles, pero las viejitas se persignan y
huye el gentío buscando re
fugio en los zaguanes.
Hasta no hace mucho, por esta ciudad
sin motores andaba todavía trotando el
hombre que se creía tranvía. En los repech
os descargaba su látigo invisible y en las
bajadas tiraba de riendas que nadie veía.
aire, como eran de aire los caballos y lo
s pasajeros que subían en las paradas, y
tranvía dejó de pasar, y ya nunca más pasó
, la ciudad de Montevideo descubrió que
ese loquito le hacía falta.
1905
Montevideo
Roberto de las Carreras trepa al balcón.
Estrujados contra el pecho lleva un
espera un señor de mal carácter que le disp
ara cinco balazos. Dos dan en el blanco.
Roberto cierra los párpados y musita:
Esta noche cenaré con los dioses.
No cena con los dioses sino con los en
fermeros, en el hospital. Y a los pocos
rromper a todas las montevideanas casadas
aria estampa por la calle Sarandí. Muy
r dos agujeros. Y en la carátula de su
nuevo libro,
Diadema fúnebre,
estampa una mancha de sangre.
Otro hijo de Byron y Afrodita es Julio
Herrera y Reissig, que llama Torre de los
Panoramas al infecto altillo donde escribe y recita. Julio y Roberto se han
distanciado, a causa del robo de una me
táfora. Pero los dos siguen librando la
misma guerra contra la mojigata tolder
ía de Tontovideo, que en materia de
afrodisíacos no ha llegado más allá de la
yema de huevo con vino garnacha, y en
tras ni hablemos.
La señorita Santos Mármol, preñada a la
mala, se niega a dar el nombre del
autor de su deshonra. La madre, doña
Tomasa, la corre a garrotazos. Doña
Tomasa, viuda de hombre pobre pe
ro blanco, sospecha lo peor.
Cuando el niño nace, la
repudiada señorita Santos lo trae en brazos:
Doña Tomasa pega un chillido de espanto
al ver al recién
indio trompudo, tan feíto que da más cólera que lástima, y le cierra, plam, la puerta
Ante el portazo, la señorita Santos ca
e redonda al suelo. Bajo su desmayada
madre, el recién nacido parece muerto.
Pero cuando los vecinos se la sacan de
ga un tremendo berrido.
Y así ocurre el segundo nacimiento de Mi
guel Mármol, casi al
principio de su
1906
Santos Dumont
Cinco años después de crear el globo dirigible, el brasileño Santos Dumont
de hierro y bambú que a toda hora, y a todo vapor,
nacían y desnacían: a la noche se dormían
pez y amanecían convertidos en libélulas o
patos salvajes. En estos bichos Santos
incendios, revolcones y naufragios; sobrevivió de porfiada. Y así peleó y peleó hasta
que por fin ha conseguido que uno de lo
s bichos fuera avión o alfombra mágica
navegando por los altos cielos.
Todo el mundo quiere conocer al héroe
de la inmensa hazaña, al rey del aire,
al señor de los vientos, que mide un me
más que una mosca.
1907
Sagua La Grande
En el primer ardor de esta mañana cali
ente, despierta el niño y ve. El mundo
está patas arriba y girando; y en el vé
rtigo del mundo un desesperado murciélago
endo su propia sombra. Huye por la pared la negra
sombra y el murciélago, queriendo cazarla,
no consigue más que azotarla con el
El niño se levanta de un salto, cubrié
ndose la cabeza con las manos, y choca
ve, en el armario abierto, los trajes deca
pitados de su padre chino y de su abuelo
En algún lugar de la mañana, un papel
en blanco lo espera. Pero este niño
cubano, este pánico que se llama Wifredo
Lam, todavía no puede dibujar la perdida
sombra que gira locamente en el mundo alucinante, porque todavía no ha
brante manera de conjurar el miedo.
Banderas de varios países
encabezan la marcha de los obreros del sa
del norte de Chile. Miles de obreros en huelga y miles de mujeres y niños caminan
hacia el puerto de Iquique, coreando consignas y canciones.
Cuando los obreros ocupan Iquique, el
or dicta orden de
matar. Los obreros, en continua asambl
ea, deciden aguantar a pie firme y sin
José Briggs, jefe de la huelga, es hijo
de un norteamericano, pero se niega a
pedir protección al cónsul
El cónsul del Perú intenta llevarse
a los obreros peruanos. Los obreros
peruanos no abandonan a sus compañeros
de Bolivia quiere
salvar a los obreros bolivianos. Los obreros bolivianos dicen:
Con los chilenos vivimos,
con los chilenos morimos.
huelguistas desarmados y dejan el tendal.
El ministro Rafael Sotomayor justifica la carnicería en nombre de
las cosas
más sagradas,
que son, en orden de importancia:
la propiedad, el orden público y
la vida.
1907
Río Batalha
Nimuendajú
Curt Unkel no nadó indio;
pero se hizo, o descubrió
que era. Hace años vino
de Alemania al Brasil y en el Brasil, en
lo más hondo del Brasil, reconoció a los
suyos. Desde entonces acompaña a los indi
os guaraníes que a través de la selva
peregrinan buscando el paraíso. Con ellos co
mparte la comida y comparte la alegría
de compartir la comida.
Altos se elevan los cánticos. Noch
e adentro se cumple una ceremonia
sagrada. Los indios están perforando el la
bio inferior de Curt Unkel, que pasa a
llamarse Nimuendajú, o sea:
El que crea su casa.
(316, 374 y 411)
1908
Asunción
Quizás él había vivido en el Paraguay antes, siglos o milenios antes, quién
sabe cuándo, y lo había olvi
dado. Lo cierto es que hace cuatro años, cuando por
llegado a un lugar que lo estaba esperand
o, porque este desdichado lugar era su
Desde entonces arenga al pueblo en
las esquinas, subido a un cajón, y en
esta realidad, delira con ella y en ella se quema.
deportado por
más yuyo de esta ti
madre española y padre inglés, y se ha
educado en París.
1908
Alto Paraná
Los yerbales
es la denuncia de la esclavitud en
Cuando hace cuarenta años acabó la gue
rra de exterminio contra el Paraguay,
los países vencedores legalizaron, en nombre de la Civilización y de la Libertad, la
esclavitud de los sobrevivientes y de
los hijos de los sobrevivientes. Desde
entonces los latifundistas argentinos y
brasileños cuentan por cabezas, como si
fueran vacas, a sus peones paraguayos.
1908
San Andrés de Sotavento
Decide el gobierno que los indios no existen
el Marino Torralvo, expide el certificado exigido
existen,
o y con testigos. Hace ya tres años
que la ley número 1905/55, aprobada en
Bogotá por el Co
estableció que los indios no existían
en San Andrés de Sotavento y otras
súbitos chorros de
gobernador no hace más que confirmar la ley. Si los indios existieran, serían
al cementerio o al destierro.
1908
El general Miguel Marino Torralvo, pi
sador de indios y mujeres, glotón de
as de la costa colombiana. Con el mango
del chicote golpea caras y puertas y señala
destinos. Quienes con él se cruzan, le
besan la mano. De a caballo va por los ca
minos, en su traje blanco impecable,
siempre seguido por un paje en burro. El paje
le lleva el brandy, el agua hervida, el
estuche de afeitarse y el cuaderno dond
e el general anota los nombres de las
Sus propiedades van creciendo a su pa
so. Empezó con una finca ganadera y
ya tiene seis. Partidario del progreso sin olvidar la tradición, usa el alambre de púas
para poner límite a las tierras y el cepo para poner límite a las gentes.
Guanape
Díganle que ya vaya cargando su
mortaja en el anca del caballo.
Castiga de cinco balazos, por faltar a la obligación, al siervo que se demora en
e se anda con vueltas a la hora de ceder
una hija o una tierra:
De a poco
—ordena—.
Y que sólo el último balazo sea de muerte.
Ni la propia familia se salva de las ir
as de Deogracias Itriago, mandamás del
valle venezolano de Guanape. Una noche,
un pariente le montó su mejor caballo,
por llegar con lucimiento al baile: a la mañana siguiente, don Deogracias lo hizo
rallador de yuca le desolló los pies y las
asentaderas, para quitarle las ganas de
bailar y de lucirse en caballo ajeno.
Cuando por fin lo matan, en un descu
ido, unos peones por él condenados,
durante nueve noches reza la familia el
novenario de difuntos y nueve noches de
baile corrido celebra el pueb
lo de Guanape. Nadie se cansa de alegrarse y ningún
músico cobra por tocar tan seguido.
1908
Mérida de Yucatán
Telón y después
Ya se aleja el tren, ya se marcha el presidente de México. Porfirio Díaz ha
de henequén en Yucatán y
se está llevando la más
—dijo, mientras cenaba con el obispo y con los dueños de
millones de hectáreas y millares de indios
que producen fibras baratas para la
Aquí se respira una atmósfera de felicidad

Ya se pierde en el aire la humareda de la locomotora. Y entonces caen,
volteadas de un manotazo, las casas de cart
ón pintado, con sus ventanas galanas;
guirnaldas y banderitas se hacen basura, basura barrida, basura quemada, y el
viento arranca de un soplido los arcos de
flores que cubrían los caminos. Concluida
la fugaz visita, los mercaderes de Mérida
recuperan las máquinas de coser, los
amantes que los esclavos han lucido
mientras duró la función.
Los esclavos son indios mayas, de aq
uellos que hasta hace poco vivían libres
uz que habló, y también indios yaquis de las llanuras
del norte, comprados a cuatrocientos pe
sos por cabeza. Duermen amontonados en
fortalezas de piedra y trabajan al ritmo
del látigo mojado. Cuando alguno se pone
arisco, lo sepultan hasta las orejas y le echan los caballos.
(40, 44, 245 y 451)
1908
Ciudad Juárez
Hace un par de años, los
rangers
México, a pedido de Porfirio Díaz, para aplastar la huelga de los mineros del cobre
en Sonora. Con presos y fusilados acabó, de
spués, la huelga en los talleres textiles
de Veracruz. Este año han estallado huelg
as en Coahuila, Chihuahua y Yucatán.
La huelga, que perturba el orden, es
crimen. Los hermanos Flores Magón, agitadores de la clase obrera, son los
criminales de máxima peligrosidad. Sus
rostros se exhiben en la pared de la
estación del ferrocarril, en Ciudad Juárez
y en todas las estaciones de ambos lados
de la frontera. Por cada uno de los herm
ofrece cuarenta mil dólares de recompensa.
Los Flores Magón llevan unos cuantos añ
Díaz. Desde sus periódicos y panfletos han enseñado al pueblo a perderle el
(40, 44 y 245)
1908
Caracas
nadie es digno de los otros cuatro.
Cipriano Castro reina en Venezuela, y
a modo de corona usa un gorro de borla
colgante. Anuncia su paso la chillona trom
pone cara de Bolívar cuando posa para la inmortalidad; pero Bolívar perdió algunas
empre Invicto, nunca.
Tiene los calabozos llenos de gente. No
confía en nadie, salvo en Juan Vicente
gobierno, que llama a Castro el Hombre
Más Grande de los Tiempos Modernos. Me
nos que nadie confía Castro en los
médicos locales, que curan la lepra y la locura con caldo de buitre hervido, de modo
que decide poner sus achaques en ma
nos de altos sabios de Alemania.
En el puerto de La Guaira, embarca hacia Europa. No bien la
los muelles, Gómez le roba el poder.
1908
Caracas
Cada varón venezolano es el Cipriano
Castro de las mujeres que le tocan.
Una señorita como es debido sirve al
padre y a los hermanos como servirá al
marido, y no hace ni dice nada sin pedi
r permiso. Si tiene dinero o buena cuna,
negra, cocineras, sirvientas, nodrizas, ni
ñeras, lavanderas, y haciendo labores de
hasta se atreve a recomendar alguna
descocada novela susurrando:
—Si vieras cómo me hizo llorar...
Dos veces a la semana, en la tardecit
a, pasa algunas horas escuchando al
novio sin mirarlo y sin permitir que se le a
rrime, ambos sentados en el sofá ante la
atenta mirada de la tía. Todas las noches
, antes de acostarse, reza las avemarías
del rosario y se aplica en el cutis una infusión de pétalos de jazmín macerados en
claro de luna.
Si el novio la abandona, ella se co
nvierte súbitamente en tía y queda en
consecuencia condenada a vestir santos
y difuntos y recién nacidos, a vigilar
por las noches, en la
soledad de la cama, contemplan
1909
París
El boliviano Alcides Arguedas, becado
en París por Simón Patiño, publica un
nuevo libro, llamado
Pueblo enfermo.
El rey del estaño le da de comer para que
Arguedas diga que el pueblo de Bolivia no está enfermo:
es
Hace algún tiempo, otro pensador boliv
iano, Gabriel René Moreno, descubrió
que el cerebro indígena
y el cerebro mestizo son
celularmente incapaces
y que
Arguedas sentencia que los mestizos hereda
n las peores taras de sus estirpes y que
por eso el pueblo boliviano no quiere bañars
e ni ilustrarse, no sabe leer pero sabe
emborracharse, tiene dos caras y es egoí
sta, haragán y triste. Las mil y una
miserias del pueblo boliviano provienen, pues, de su propia naturaleza. Nada tienen
que ver con la voracidad de sus señores.
He aquí un pueblo condenado por la
biología y reducido a la zoología. Bestial fatalidad del buey: incapaz de hacer su
ese destino, ese irremediable fracaso, no
está escrito en los astros sino en la sangre.
1909
¿Qué ocurriría si una mujer despertara una mañana convertida en hombre? ¿Y
si la familia no fuera el campo de entren
amiento donde el niño aprende a mandar y
la niña a obedecer? ¿Y si hubiera guarderías infantiles? ¿Y
si el marido compartiera
la limpieza y la cocina? ¿Y
si la inocencia se hiciera dignidad? ¿Y
si la razón y la
si los predicadores y los diarios dijeran la
verdad? ¿Y si nadie fuera propiedad de nadie?
Charlotte Gilman delira. La prensa
norteamericana la ataca llamándola
madre
y más ferozmente la atacan los fa
ntasmas que le habitan el alma
y la muerden por dentro. Son ellos, los temibles enemigos que Charlotte contiene,
quienes a veces consiguen derribarla. Pero ella cae y se levanta y cae y
nuevamente se levanta y vuelve a lanzarse
al camino. Esta tenaz caminadora viaja
sin descanso por los Estados Unidos y por
escrito y por hablado va anunciando un
mundo al revés.
1909
Las relaciones interamericanas
y sus métodos más habituales
ista de la empresa The Rosario and
El presidente de Nicaragua, José Santos Ze
empresa The Rosario and Light Mines. Zela
Iglesia. La Santa Madre se la tiene jurada
desde que Zelaya le expropió tierras y le
suprimió los diezmos y las primicias y le profanó el sacramento del matrimonio con
una ley de divorcio. De modo que la Iglesia aplaude cuando los Estados Unidos
rompen relaciones con Nicaragua y el Secr
unos cuantos
marines
ya y ponen en su lugar al
contador de la empresa Th
e Rosario and Light Mines.
1910
Selva del Amazonas
Los comegente
En un santiamén se derrumba el precio del caucho, que cae a la tercera parte,
y de mala manera acaba el sueño de pros
peridad de las ciudades amazónicas. El
mercado mundial despierta con una súbita
echadas en la selva a la sombra del ár
bol de la goma: Belem do Para, Manaos,
Iquitos... De un día para el otro, la llamada Tierra del Mañana se convierte en
Tierra del Nunca o a lo sumo del Ayer, ab
andonada por los mercaderes que le han
s dineros del caucho huyen de la selva del Amazonas
hacia las nuevas plantaciones asiáticas, que prod
ucen mejor y más barato.
Éste ha sido un negocio caníbal.
Comegente
llamaban los indios a los
cazadores de esclavos, que andaban por lo
s ríos en busca de mano de obra. De
tupidos pueblos no han dejado más que la
s sobras. Los comegente remitían a los
Los despachaban en las bodegas de los
su correspondiente fa
ctura por comisión
(92, 119 y 462)

1910
El Almirante Negro
A bordo, toque de silencio. Un oficial lee la condena. Resuenan, furiosos, los
tambores, mientras se azota a un marinero
por cualquier indisciplina. De rodillas,
atado a la balaustrada de cubierta, el conden
ado recibe su castigo a la vista de toda
la tripulación. Los últimos latigazos,
doscientos cuarenta y ocho, doscientos
cuarenta y nueve, doscientos cincuenta,
carne viva, bañado
en sangre, desmayado o muerto.
Y estalla el motín. En las aguas de la
bahía de Guanabara, se subleva la
marinería. Tres oficiales caen, pasados a cu
chillo. Lucen pabellón rojo los navíos de
guerra. Un marinero raso es el nuevo
jefe de la escuadra. Joao Cándido, el
Almirante Negro, se alza al viento, en la torre de mando de la nave capitana, y los
parias en rebelión le presentan armas.
a Río de Janeiro. El Almirante Negro
advierte: tiene la ciudad a su merced, y si no se prohíbe
el azote, que es costumbre
n dejar piedra sobre piedra. También exige
una amnistía. Apuntan a los más importante
s edificios las bocas de los cañones de
Queremos respuesta ya y ya.
La ciudad, en pánico, obedece. El go
bierno declara abolidos los castigos
corporales en la Armada y dicta el perdón
de los alzados. Joao Cándido se quita el
1910
Río de Janeiro
tivariólica en nombre de la Libertad.
La epidermis del individuo es tan inviolable como su conciencia, decía Rui Barbosa:
el Estado no tiene derecho a violar el pe
nsamiento ni el cuerpo, ni siquiera en
nombre de la higiene pública. Ahora, condena
de la rebelión de los marineros. El iluminado jurista y preclaro legislador se
opone al azote pero repudia los métodos de
los azotados. Los marineros, dice, no
han planteado su justa demanda co
por los medios
constitucionales, utilizando los canale
normas jurídicas en vigencia.
Rui Barbosa cree en la Ley, y fundamenta
su fe con eruditas citas de romanos
imperiales y liberales ingleses. En la real
idad, en cambio, no cree. El doctor sólo
muestra cierto realismo cuando a fin de mes cobra su sueldo de abogado de la
empresa extranjera Light and Power, qu
e en el Brasil manda más que Dios.
1910
Río de Janeiro
libres, y cuando se encuentran no se
vía fresca las leyes que han pu
la marinería, cuando alevosamente los of
iciales vuelven al az
ote y asesinan a los
rebeldes recién amnistiados. Muchos marineros mueren fusilados en alta mar.
Muchos más, sepultados vivos en las cata
cumbas de la Isla das Cobras, llamada
Isla de la Desesperación, donde les arroja
n agua con cal cuando se quejan de sed.
El Almirante Negro va a
parar a un manicomio.
1910
Colonia Mauricio
Zimerman vino a parar a la Argentina.
La primera vez que vio un mate creyó que er
a un tintero, y la lapicera le quemó la
mano. En esta pampa levantó su rancho
, no lejos de los ranchos de otros
peregrinos también venidos de los valles
del río Dniéster; y aquí hizo hijos y
Isaac y su mujer tienen muy poco, casi
nada, y lo poco que tienen lo tienen
con gracia. Unos cajones de verdura sirven
de mesa, pero el mantel luce siempre
almidonado, siempre muy blan
co, y sobre el mantel las flores dan color y las
Una noche, los hijos encuentran a Isaac
sentado ante esa mesa, con la cabeza
entre las manos, derrumbado. A la luz de la vela le descubren la cara mojada. Y él
les cuenta. Les dice que por pura casualidad
acaba de enterarse de que allá lejos,
en la otra punta del mundo, ha muerto León Tolstoi. Y les explica quién era ese
viejo amigo de los campesinos, que tan gran
1910
La Habana
El cine
Escalerita al hombro anda el farole
mechas, para que pueda la gente caminar si
n tropiezos por las calles de La Habana.
cine al otro, para que pueda la gente
caminar sin tropiezos por otros mundos y
otros tiempos y flotar en el alto ciel
o junto a una muchacha sentada en una
Dos salas tiene esta ciudad consagrada
s a la mayor maravilla de la vida
moderna. Las dos ofrecen las mismas películas. Cuando el mensajero se demora
acomodador recita selectos fragmentos de
Don Juan Tenorio.
Pero el público se
dad resplandezca la mujer fatal con sus
ojeras de dormitorio o galopen los caballeros
de cota de malla, a paso de epilepsia,
rumbo al castillo envuelto en niebla.
El cine roba el público del circo. Ya no hace cola la multitud por ver al
lla Geraldine envain
ancas enormes. También los titiriteros
abandonan La Habana y se van a deambu
lar por playas y pueblos, y huyen los
gitanos que leen la ventura, el oso mela
ajedrez. Todos ellos se van de La Habana
porque la gente ya no les arroja monedas
por admiración sino por lástima.
No hay quien pueda contra el cine. El cine es más milagroso que el agua de
Lourdes. Con canela de Ceilán se cura el fr
1910
Ciudad de México
Por cumplirse cien años de la independ
prostitución. Paz y Orden, Orden y
Progreso: la ley regula este oficio tan
numeroso. La ley de
por don Porfirio, prohíbe practicar el comercio
carnal sin el debido disimulo o en las
cercanías de escuelas e iglesias. También prohíbe la mezcla de clases sociales —
los burdeles sólo habrá mujeres de la
clase a la que pertenezcan los clientes
par que impone controles sanitarios y gravámenes y obliga a las matronas
impedir que sus pupilas salgan a la calle re
unidas en grupos que
llamen la atención.
No siendo en grupos, pueden salir: condenad
as a malvivir entre la cama, el hospital
y la cárcel, las putas tienen al menos el
derecho a uno que otro paseíto por la
tunadas que los indios. Por orden del
presidente, indio mixteco casi puro, los in
dios no pueden caminar por las avenidas
en las plazas públicas.
1910
Ciudad de México
El Centenario y la comida
Se inaugura el Centenario con un banquete de alta cocina francesa en los
salones del Palacio Nacional
. Trescientos cincuenta cama
reros sirven los platos
preparados por los cuarenta cocineros y sesenta ayudantes que actúan a las
órdenes del eximio Sylvain Daumont.
en francés. Prefieren la
a la tortilla de
maíz, parienta pobre aquí nacida, y los
a los huevos rancheros. La
les resulta mucho más digna que el guacamole, por ser el
guacamole una deliciosa pero muy indígena
mezcla de aguacate con tomate y chile.
mienta extranjera y el chile o ají mexicano, los señoritos
reniegan del chile, aunque después se deslic
en a hurtadillas hasta la cocina de casa
para comerlo a escondidas, molido o entero, acompañante o acompañado, relleno o
1910
Ciudad de México
No celebra México su fiesta patria
con una muestra de artes plásticas
nacionales, sino con una gran
que los artistas españoles se luzcan como
merecen, don Porfirio les ha construido
un pabellón especial en pleno centro.
En México hasta las piedras del edific
io de Correos han venido de Europa,
como todo lo que aquí se considera digno
de ser mirado. De Italia, Francia, España
o Inglaterra llegan los materiales de co
nstrucción y también los arquitectos, y
arquitectos, los arquitectos nativos se
encargan de levantar casas igualitas a las de Roma, París, Madrid o Londres.
Mientras tanto, los pintores mexicanos pi
tasis, rechonchos
cupidos y señoras de alta sociedad al
modo europeo de hace medio siglo y los
escultores titulan en francés,
Malgré Tout, Désespoir, Aprés l’Orgie,
monumentales mármoles y bronces.
Al margen del arte oficial y lejos de sus figurones, el grabador José Guadalupe
Posada es el genial
desnudador de su país y de su
tiempo. Ningún crítico lo toma en
serio. No tiene ningún alumno, aunque
hay un par de jóvenes artistas mexicanos
co y Diego Rivera acuden
al pequeño taller de Posada y lo miran
trabajar, devotamente, como en misa,
mientras van cayendo al suelo las viruta
1910
Ciudad de México
En el apogeo de las celebraciones del Centenario, don Porfirio inaugura un
manicomio. Poco después, coloca la
primera piedra de una nueva cárcel.
Condecorado hasta en la barriga, su empl
umada cabeza reina allá en lo alto
de una nube de sombreros de copa y casco
s imperiales. Sus cortesanos, reumáticos
ancianos de levita y polainas y flor en el ojal, bailan al ritmo de
Viva mi desgracia,
el vals de moda. Una orquesta de ciento
cincuenta músicos toca bajo treinta mil
estrellas eléctricas en el gr
an salón del Palacio Nacional.
Porfirio, ocho veces reelegido por él
mismo, aprovecha uno de estos históricos
bailes para anunciar que ya se viene su
noveno período presidencial. Al mismo tiem
po, confirma la concesión del cobre, el
nueve años. Lleva más de treinta años el di
ctador, inmóvil, sord
o, administrando el
más vasto territorio tropical
de los Estados Unidos.
Una de estas noches, en plena farra patrió
(40, 44 y 391)
1911
Anenecuilco
las praderas, cuidadoso de no importunar el hondo sueño de la tierra. Emiliano
Zapata es hombre de silencios. Él dice ca
llando. Los campesinos
aldea, casitas de adobe y palma salpicadas
en la colina, han hecho jefe a Zapata y
le han entregado los papeles del tiempo
de los virreyes, para que él sepa
guardarlos y defenderlos. Ese manojo de
documentos prueba que esta comunidad,
aquí arraigada desde siempre,
no es intrusa en su tierra.
La comunidad de Anenecuilco está estrangulada, como todas las demás
comunidades de la región me
xicana de Morelos. Cada vez hay menos islas de maíz
Tequesquitengo, condenada a morir porque
e en peones de cuadrilla, no queda más
que la cruz de la torre de la iglesia. Las inmensas plantaciones embisten tragando
tierras, aguas y bosques. No dejan si
tio ni para enterrar a los muertos:
Matones y leguleyos se ocupan del de
comunidades escuchan conciertos en sus jard
ines y crían caballos de polo y perros
Zapata, caudillo de los lugareños avasallados, entierra los títulos virreinales
bajo el piso de la iglesia de Anenecuilco y se lanza a la pelea. Su tropa de indios,
bien plantada, bien montada,
Ciudad de México
Madero
cción en el sur, todo el norte de
ro. Al cabo de más de treinta años de
trono continuo, Porfirio Díaz se desploma en un par
de meses.
Madero, el nuevo presidente, es virtuoso
hijo de la Constitución liberal. Él
quiere salvar a México por la vía de la reforma jurídica. Zapata exige la reforma
agraria. Ante el clamor de los camp
1911
Campos de Chihuahua
De todos los jefes norteños que han llevado a Madero a la presidencia de
México, Pancho Villa es el más querido y queredor.
Le gusta casarse y lo hace a cada rato
. Con una pistola en la nuca, no hay
cura que se niegue ni muchacha que se resi
sta. También le gusta
sierto muy temprano:
Para mí la guerra empezó cuando nací.
Era casi niño cuando vengó a la hermana. De las muchas muertes que debe,
la primera fue de patrón; y tuvo que hacerse cuatrero.
Había nacido llamándose Doroteo Arango. Pancho Villa era otro, un
querido: cuando los guardias rurales
mataron a Pancho Villa, Doroteo Arango le re
cogió el nombre y se lo quedó. Él pasó
a llamarse Pancho Villa, contra la muerte y el olvido, para que su amigo siguiera
1911
Machu Picchu
El último santuario de los incas
El río Urubamba, espumoso, rugidor,
llevaba siglos echando su poderoso alie
nto sobre las piedras sagradas, y esos
vapores las habían cubierto con un manto
de espesa selva que les guardaba el
sueño. Así había seguido sien
Entre montañas de nieve que no fi
guran en los mapas, un arqueólogo
norteamericano, Hiram Bingham, encuentra Machu Picchu.
Un niño de por aquí lo lleva de la mano a lo largo de los despeñaderos hasta
el alto trono enmascarado por las nubes
blancas piedras vivas bajo
el verdor y las revela, despiertas, al mundo.
1912
Quito
Una mujer alta, toda vestida de negro,
maldice al presidente Alfaro mientras
clava el puñal en su cadáver. Después levanta en la punta de un palo, bandera
ado jirón de su camisa.
Tras la mujer de negro, marchan los ve
ngadores de la Santa Madre Iglesia.
Con sogas van arrastrando, por los pies,
al muerto desnudo. Desde las ventanas,
llueven flores. Chillan vivas a la religión las viejas comesantos, tragahostias,
cuentachismes. Se enchastran de sangre
las calles empedradas, que los perros y
las lluvias nunca podrán lavar del todo. En el fuego culmina la carnicería. Se
enciende una gran hoguera y allí echan
lo que queda del viejo Alfaro. Después
pisotean sus cenizas los matones y lo
s hampones a sueldo de señoritos.
Eloy Alfaro había osado expropiar las ti
erras de la Iglesia, dueña de mucho
Ecuador, y con sus rentas había creado e
scuelas y hospitales. Amigo de Dios pero
no del Papa, había implantado el divorcio
y había liberado a los indios presos por
deudas. A nadie odiaban tanto los de so
tana ni temían tanto los de levita.
Cae la noche. Huele a carne quemada el
aire de Quito. La banda militar toca
(12, 24, 265 y 332)
No se me acerque nadie.
Háganse a un lado:
tengo un mal contagioso,

Solo soy, solo nací,
solo me parió mi madre,
y solito me mantengo
como la pluma en el aire.
¿Para qué quiere el ciego
casa pintada,
ni a la calle balcones,
si no ve nada?
1912
Cantón Santa Ana
Crónica de costumbres de Manabí
Eloy Alfaro había nacido en la costa del
Ecuador, en la prov
incia de Manabí. En
esta tierra caliente, comarca de insolenc
ias y violencias, nadie ha hecho el menor
caso de la ley de divorcio que Alfaro sacó adelante contra viento y marea: aquí es
más fácil enviudar que enredarse en trámit
es. En la cama donde dos se duermen, a
veces despierta uno. Los ma
nabitas han ganado fama
de pocas pulgas, ningún
dinero y mucho corazón.
Martín Vera era un raro en Manabí. Se
le había herrumbrado el cuchillo, de
tanto tenerlo quieto en la vaina. Cuando
el cerdo de los veci
tierrita, y le comió las yu
cas Martín fue a hablar con ellos, con los Rosado, y
encerraran. A la segunda escapada, Martín se ofreció a
reparar, gratis, las destartaladas paredes del chiquero. Pero a la tercera correría,
Cayó el pernicioso cuan redondo era. Los Ro
sado lo arrastraron hacia su tierra, para
darle porcina sepultura.
Los Vera y los Rosado dejaron de saludarse. Unos días después, iba el
verdugo del chancho por el despeñadero de
El Calvo, prendido a las crines de su
mula, cuando un balazo lo dejó colgado del estribo. La mula trajo a Martín Vera de
nguna rezadora pudo ayudarlo a bien morir.
Huyeron los Rosado. Cuando los hijos
de Martín les dieron caza en un
convento vacío, cerca de Colimas, armaro
n un buen incendio a su alrededor. Los
Rosado, treinta en total, tuvieron que eleg
ir la muerte. Unos acabaron por fuego,
hechos chicharrón, y otros por bala, hechos colador.
Ocurrió hace un año. Ya la selva ha devo
rado los plantíos de las dos familias,
tierra sin nadie.
1912
Pajeú de Flores
En los desiertos del nordeste del Brasil, los que mandan heredan la tierra y el
odio: tierra triste, tierra muerta de sed,
generación en generación, de
venganza en venganza, por siempre jamás. En Ceará
exterminio los Montes y los Feitosas. En Paraíba, los Dantas y los Nóbregas se
matan entre sí. En Pernambuco, en la co
marca del río Pajeú, cada Pereira recién
tes y padrinos la orden de cazar su Carvalho; y cada
Carvalho que nace viene al mundo para liquidar al Pereira que le toca.
Del lado de los Pereiras, contra los
Carvalhos, dispara sus primeros tiros
Virgulino da Silva Ferreira, llamado Lampiao. Casi niño todavía, se hace cangaceiro.
No vale mucho la vida por estos para
jes, donde no hay más hospital que el
cementerio. Si Lampiao fuera hijo de ri
1912

Vida cotidiana en el Mar Caribe: una invasión
La enmienda Platt, obra del senador Platt, de Connecticut, es la llave que los
Estados Unidos usan para entrar en Cuba
a la hora que quieren. La enmienda, que
ón cubana, autoriza a los Estados Unidos a invadir y a
r cuál es el presidente adecuado para
Cuba.
El presidente adecuado para Cuba, Mari
o García Menocal, que también preside
la Cuban American Sugar Company, aplic
a la enmienda Platt convocando a los
marines
para que desalboroten el alboroto
ninguno de ellos tiene una gran opinión so
bre la propiedad privada. De modo que
dos barcos de guerra acuden y los
marines
desembarcan en la playa de Daiquirí y
corren a proteger las minas de hierro y cobre de las empresas Spanish American y
Cuban Copper, amenazadas por la ira negra,
y los molinos de azúcar a lo largo de
las vías de la Guantánamo and Western Railroad.
1912
Niquinohomo
Nicaragua paga a los Estados Unidos una colosal indemnización por
daños
Esos daños han sido infligidos por el caído presidente Zelaya, quien
ofendió gravemente a las empresas nort
banqueros de los Estados Unidos le
ización. Y como además de carecer de
fondos, Nicaragua carece de garantía, el
Unidos, Philander Knox,
envía nuevamente a los
marines,
aduanas, los bancos naci
onales y el ferrocarril.
Benjamín Zeledón encabeza la resistenci
a. Tiene cara de nuevo y ojos de
asombro el jefe de los patriotas. Los inva
porque Zeledón escupe sobre el dinero, pero lo derriban por traición.
Augusto César Sandino, un peón cualquiera de un pueblito
cualquiera, ve
r el polvo, atado de pies y manos a la
montura de un invasor borracho.
1912

Huerta
tiene cara de muerto maligno. Los lent
es negros, fulgurantes, son lo único
vivo de su cara.
súbitamente a la Democracia el día en qu
e la dictadura cayó. Ahora es el brazo
derecho del presidente Madero, y se ha lanz
ado a la cacería de revolucionarios. Al
norte atrapa a Pancho Villa y al sur a G
ildardo Magaña, lugarteniente de Zapata, y
n acariciando los gatillos, cuando el perdón
del presidente interrumpe la ceremonia:
Vino la muerte a buscarme
—suspira Villa—,
pero se equivocó de hora.
Los dos resucitados van a parar a una mism
a celda en la prisión de Tlatelolco.
Conversando pasan los días y los meses. Ma
gaña habla de Zapata y de su plan de
reforma agraria y del presidente Madero, que se hace el sordo porque quiere
os y con los terratenientes,
la vez.
Un pequeño pizarrón y un par de libros
llegan a la celda. Pancho Villa sabe
leer personas, pero no letras. Magaña le
enseña; y juntos van entrando, palabra
por palabra, estocada tras estocada, en los castillos de
Después emprenden viaje por
Don Quijote de La Mancha,
España; y Pancho Villa, el feroz guerrero
del desierto, acaricia las páginas con
mano de amante. Magaña le cuenta:
Este libro,.. ¿Sabes? Lo escribió un preso. Uno como nosotros.
1913
Ciudad de México
El presidente Madero aplica un impuesto, un impuestito, a las jamás tocadas
con la invasión. Anuncia el embajador que
varios barcos de guerra avanzan sobre
los puertos de México, mientras el ge
neral Huerta se subleva y embiste a
cañonazos contra el Palacio Nacional.
El destino de Madero se discute en el Salón de Fumar de la embajada de los
Estados Unidos. Se resuelve aplicarle la ley de fugas. Lo suben a un auto y al rato
le ordenan bajar y lo acribillan en la calle.
El general Huerta, nuevo presidente, ac
ude a un banquete en el Jockey Club.
Allí anuncia que tiene un buen remedio, una soga de dieciocho centavos, para
acabar con Emiliano Zapata y Pancho Villa y los demás enemigos del orden.
1913
Jonacatepec
Los oficiales de Huerta, veteranos en el oficio de masacrar indios rebeldes, se
proponen limpiar las comarcas del sur incendiando pueblos y cazando campesinos.
Cae muerto o preso todo el que encuentran
porque, ¿quién que en el sur sea no es
El ejército de Zapata anda hambriento y enfermo, desflecado, pero el jefe de
los sin tierra sabe lo que qu
e hace; y ni las quemas ni
las levas pueden contra es
o. Mientras los diarios de la capital informan que
han sido
destruidas por completo las hordas zapatistas,
Zapata vuela trenes, sorprende y
pueblos, asalta ciudades y deambula a su antojo por
montes y barrancas, peleando y amando como si nada.
Zapata duerme donde quiere y con la que quiere, pero entre todas prefiere a
dos que son una.
Éramos gemelas. Las dos éramos Luces,
por el día en que nos bautizamos, y
las dos Gregorias por el día en que nacimos.
A ella le decían Luz y a mí Gregoria y
ya allí estábamos las dos señoritas en la ca
sa cuando el zapatismo llegó. Y entonces
el jefe Zapata empezó a convencer a mi hermana de que se fuera con él:
Mira, vente.
Ya después, en esto de andar andando, murió mi hermana, en Huautla, de un
mal que le nombran, ¿cómo le nombran?,
San Vito, mal de San Vito. Tres días y
Zapata sin comer ni beber nada.
Estábamos acabando de arder las cerita
me lleva a la fuerza. Dijo que yo le pe
rtenecía porque éramos una mi hermana y
yo...
1913
Campos de Chihuahua
Cantan los gallos a la hora que quieren. Se ha puesto esta tierra loca y
ardiente; y todo el mundo se alza.
—Ya nos vamos, mujer, nos vamos a la guerra.
yo por qué?
—¿Quieres que en la guerra me muera de hambre? ¿Quién va a hacerme las
tortillas?
r llanos y montañas a los peones
armados. Si la vida no vale nada, ¿cuánto vale la muerte? Como dados se echan los
hombres a rodar, que se vino el alboro
to, y rodando en el tiroteo encuentran
venganza o encuentran
olvido, tierrita de a
limento o de cobija.
—¡Viene Pancho Villa!
—¡Viene Pancho Villa! —se
persignan los mayorales.
—¿Dónde, dónde está? —pregunta el ge
neral Huerta, Huerta
el usurpador.
—En el norte, sur, este y oeste; y también en ninguna parte —comprueba el
comandante de la guarnición de Chihuahua.
El general no es malo. Es emocionadito
—explican sus oficiales.
Por emocionadito, y por la pura alegría, a veces despanzurra de un balazo al
do buenas noticias desde el frente.
1913
Culiacán
Las balas
Hay balas con imaginación, que se divier
ten afligiendo carne, descubre Martín
Luis Guzmán. Él conocía las
balas serias, que sirven al
furor humano, pero no sabía
de las balas que juegan con el humano dolor.
Por tener mala puntería y buena vol
untad, el joven novelista Guzmán se
convierte en director de uno de los hospitales de Pancho Villa. Los heridos se
amontonan en la mugre sin más remedio
de las balas fantaseadoras, capaces de va
ciar un ojo dejando vivo el cuerpo o de
siniestro goce de las balas que habiendo
recibido orden de matar a un soldado, lo
condenan a nunca más dormir o nunca más sentarse o nunca más comer con la
1913
Campos de Chihuahua
Una de estas mañanas me asesiné,
en algún polvoriento camino de México, y el hecho me produjo una honda
impresión.
No ha sido éste el primer crimen qu
e he cometido. Desde que hace setenta y
un años nací en Ohio y recibí el nombre
de Ambrose Bierce hasta mi reciente
deceso, he destripado a mis
padres y a diversos familiares, amigos y colegas. Estos
conmovedores episodios han salpicado de
sangre mis días o mis cuentos, que me
da lo mismo: la diferencia entre la vida que viví y la vida que escribí es asunto de
los farsantes que en el mundo ejecutan la
ley humana, la crítica literaria y la
voluntad de Dios.
Para poner fin a mis días, me sumé a las
tropas de Pancho Villa y elegí una de
las muchas balas perdidas que en estos
mexicana. Este método me resultó más prác
tico que la horca, más barato que el
veneno, más cómodo que disparar con mi
propio dedo y más digno que esperar a
que la enfermedad o la vejez se hicieran cargo de la faena.
1914
Montevideo
Escribe artículos calumniando a los santos y pronuncia discursos atacando al
negocio de venta de terreno
s en el Más Allá. Cuando asumió la presidencia de
Uruguay, no tuvo más remedio que jurar po
r Dios y por los Santos Evangelios, pero
en seguida aclaró que no creía en nada de eso.
José Batlle y Ordóñez gobi
erna desafiando a los pode
rosos del cielo y de la
y la jornada de trabajo de ocho horas; y
el Diablo será el macho vengador de las
ofensas por él infligidas al gremio masculino.
Está legalizando el libertinaje
—dicen sus enemigos, cuando Batlle aprueba
la ley que permite a las mujeres divorciarse por su sola voluntad.
Está disolviendo la familia
El cerebro de la mujer es inferior
—dicen, cuando crea la universidad
femenina y cuando anuncia que pronto
las mujeres votarán, para que la
democracia uruguaya no camine con una
sola pierna y para que no sean las
1914
San Ignacio
Quiroga
Desde la selva del río Paraná, donde vi
ve en voluntario destierro, Horacio
esa convicción ardiente en cosas bellas.
Pero Quiroga está definitivamente lejos
del Uruguay. Dejó el país hace unos
años, por huir de la sombra de la muerte. Una maldición le tapa el cielo desde que
mató a su mejor amigo queriendo defender
lo; o quizás desde an
tes, quizás desde
En la selva, a un paso de las ruinas de
las misiones de los jesuitas, Quiroga
vive rodeado de bichos y palmeras. Escr
ibe cuentos sin desvíos, de la misma
mismo áspero amor con que trabaja la
ra y el hierro.
Lo que Quiroga busca no podría encontrarlo nunca fuera de aquí. Aquí sí,
aunque sea muy de vez en cuando. En es
ta casa que sus mano
s han alzado sobre
el río, Quiroga tiene, a veces, la dich
a de escuchar voces más poderosas que el
rtidumbres de vida, que mientras duran
son indudables como el sol.
(20, 357, 358 y 390)
1914
Montevideo
fue citada por el hombre qu
queriendo tenerla, queriendo quedársela, él la amó y la mató y se mató.
Publican los diarios uruguayos la foto del cuerpo que yace tumbado junto a la
cama, Delmira abatida por dos tiros de revólver, desnuda como sus poemas, las
medias caídas, toda desvestida de rojo:
Vamos más lejos en la noche, vamos...
Delmira Agustini escribía en trance. Había cantado a las fiebres del amor sin
pacatos disimulos, y había si
do condenada por quienes ca
stidad es un deber femenino y el deseo,
como la razón, un privilegio masculino. En el Uruguay marchan las leyes por
delante de la gente, que todavía separa el
alma del cuerpo como si fueran la Bella y
la Bestia. De modo que ante el cadáver de
Delmira se derraman lágrimas y frases a
dolientes suspiran con alivio: la muerta muerta está, y más vale así.
su voz y eco de su cuerpo todos los
amantes que en las noches del mundo ardan? ¿No le harán un lugarcito en las
noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies
resplandecientes?
1914
Ciudad Jiménez
ravilla en maravilla, anda John Reed por los caminos
del norte de México. Va en busca de Pancho Villa y lo encuentra, en otros, en todos,
a cada paso.
Reed, cronista de la revolución, duerme
donde lo sorprenda la noche. Nunca
nadie le roba nada, ni lo deja nadie pagar nada que no sea música de baile; y
nunca falta quien le ofrezca un pedazo de tortilla o un lugar sobre el caballo.
¿De dónde viene usted?
De Nueva York.
o a que por allá no se ven vacas tan
buenas como las que pasan por
las calles de Ciudad Jiménez.
Una mujer lleva un cántaro en la cabeza. Otra, en cuclillas, amamanta a un
niño. Otra, de rodillas, muele maíz. Envuel
tos en desteñidos sarapes, los hombres
beben y fuman en rueda.
Oye, Juanito. ¿Por qué
tu gente no nos quiere a los mexicanos? ¿Por qué
nos llaman grasientos?
Todo el mundo tiene algo que preguntar
a este rubio flaquito, de lentes, con
cara de venido por error:
Oye, Juanito. ¿Cómo se
dice mula en inglés?
—En inglés, mula se dice: cabezona,
testaruda, hija de la chingada...
1914
Salt Lake City
Lo condenan por cantar baladas rojas qu
e toman el pelo a Dios, despabilan al
obrero y maldicen al dinero. La sentenci
ll es un trovador
a de salto y crimen. No hay pruebas, los testigos
cambian de versión cada vez que declaran
y los abogados actúan como si fueran
que toman las decisiones en Salt Lake City. Joe Hill será atado a una silla y le
pegarán un círculo de cartulina sobre el cora
zón para que haga blanco el pelotón de
fusilamiento.
Joe Hill vino de Suecia. En los Estados Unidos anduvo por los caminos. En las
ciudades limpió escupideras y levantó pare
des, en los campos apiló trigo y recogió
fruta, excavó cobre en las minas, cargó
fardos en los muelles, durmió bajo los
puentes y en los graneros y cantó a toda
hora y en todas partes, y nunca dejó de
cantar. Cantando se despide de sus camaradas, y les dice que se va a Marte a
perturbar la paz social.


1914
Torreón
Sobre rieles marchan al tiroteo
En el vagón rojo, que luce su nombre
Pancho Villa recibe a John Reed. Lo recibe
en calzoncillos, lo convida con café y lo
estudia un largo rato. Cuando decide que es
te gringo merece la
verdad, empieza a
hablar:
Los políticos de chocolate quieren triu
nfar sin ensuciarse las manos. Estos
perfumados...
Luego lo lleva a visitar un hospital de
campaña, un tren con quirófano y
le muestra los vagones que llevan a los
frentes de guerra el maíz, el azúcar, el
café y el tabaco. También le muestra el
andén donde se fusila a los traidores.
irio Díaz, clave de paz y orden, llave
maestra del progreso de un país sin ríos
ni caminos: no habían nacido para
transportar pueblo armado, sino materi
as primas baratas, obreros dóciles y
l Villa hace la guerra en tren. Desde
soldados. A Ciudad Juárez entraron los ho
mbres de Villa agazapados en inocentes
bo de unos pocos balazos disparados más
por júbilo que por necesidad. En tren
marchan las tropas villistas hacia las
avanzadas de la guerra. Jadea la locomotora trepando a duras penas los desollados
lomeríos del norte, y tras el penacho de humo negro vienen crujiendo con mucho
caballos. Se ven los techos del tren
cubiertos de fusiles y sombrerotes y fogones. Allí arriba, entre los soldados que
cantan mañanitas y tirotean el aire, los
niños berrean y las mujeres cocinan: las
mujeres, las soldaderas, luciendo vestidos
de novia y zapatos de seda del último
1914
Campos de Morelos
Es tiempo de andar y pelear
y suenan como derrumbamientos de mont
añas los ecos de los truenos y los
balazos. El ejército de Zapata,
se abre camino
hacia la ciudad de México.
Junto al jefe Zapata, cavila y limpia su fu
sil el general Genovevo de la O, cara
de sol con bigotones, mientras Otilio Mo
ntano, anarquista, discute un manifiesto
nio Díaz Soto y Gama.
Entre los oficiales y asesores de Zapata, hay una sola mujer. La coronela Rosa
Bobadilla, que ganó su grado en batalla, manda una tropa de hombres de caballería
y les tiene prohibido que beban ni una
gota de tequila. Ellos la obedecen,
guen convencidos de que las mujeres nomás sirven
para adornar el mundo o hacer hijos y cocina
r maíz, chile, frijoles y lo que socorra
Dios y dé licencia.
1914
Ciudad de México
Huerta huye
en el mismo barco que se había lle
vado de México a Porfirio Díaz.
Los andrajos ganan la guerra contra los encajes. La marea campesina se
abate sobre la capital desde el norte y desde el sur. Zapata,
el Atila de Morelos,
Pancho Villa,
vengando ofensas. En vísperas de Navida
d, los diarios de la ciudad de México
ostentan una orla negra en primera pági
na. El luto anuncia la llegada de los
forajidos, los bárbaros violador
es de señoritas y cerraduras.
Años turbulentos. Ya no se sabe quién es
quién. La ciudad
en el eje del mundo estaban los amos, en
sus casonas de treinta lacayos y pianos
y candelabros y baños de mármol de
Carrara; y alrededor los siervos, el pobrerío
dido por el pulque,
hundido en la basura, condenado al salario
o la propina que apenas da para comer,
muy de vez en cuando, alguito de leche agua
da o café de frijoles o carne de burro.
1915
Ciudad de México
El casi poder
Un golpecito de aldaba, entre queriendo
y no queriendo, y una puerta que se
entre las manos pide, por amor de Dios, ag
ua o tortillas. Los hombres de Zapata,
indios de calzón blanco y cananas cruzadas
al pecho, merodean por las calles de la
ciudad que los desprecia y los teme. En ni
nguna casa los invitan a pasar. Dos por
también extranjeros, perdidos, ciegos.
s, chas-ches, en los escalones de
mármol; pies que se asustan del placer de la alfombra; rostros mirándose con
extrañeza en el espejo de los pisos encera
al Palacio Nacional y lo reco
rren como pidiendo disculpas,
de salón en salón. Pancho
Villa se sienta en el dorado sill
ón que fue trono de Porfirio Díaz,
y a su lado Zapata, traje muy bordado,
cara de estar sin estar, contesta con
murmullos las preguntas de los periodistas.
Los generales campesinos han triunfad
o, pero no saben qué hacer con la
victoria:
Este rancho está muy grande para nosotros.
El poder es asunto de doctores, amen
azante misterio que sólo pueden
tendidos en alta política,
los que duermen en
almohadas blanditas.
Cuando cae la noche, Zapata se ma
rcha a un hotelucho, a un paso del
ferrocarril que conduce a su tierra, y Villa a su tren militar. Al cabo de unos días, se
despiden de la ciudad de México.
Los peones de las haciendas, los indios
de las comunidades, los parias del
r y por un rato lo han ocupado, como de
visita, en puntas de pie,
antes esta excursión a la
luna. Ajenos a la gloria del triunfo regres
an, por fin, a las tierras donde saben andar
No podría imaginar mejor noticia el he
redero de Huerta, el general Venustiano
Carranza, cuyas descalabradas tropas se
están recuperando con ayuda de los
Estados Unidos.
(47, 194, 246 y 260)
1915
Tlaltizapán
En un antiguo molino del pueblo de Tl
altizapán, Zapata instala su cuartel
general. Atrincherado en su región, lejos de los señores patilludos y las damas
emplumadas, lejos de la gran ciudad vi
stosa y tramposa, el caudillo de Morelos
liquida los latifundios. Nacionaliza los ingenios azucareros y las destilerías, sin
pagar un centavo, y devuelve a las comuni
dades las tierras robadas a lo largo de
los siglos. Renacen los pueblos libres, co
nciencia y memoria de las tradiciones
indias, y con ellos renace la democracia local. Aquí no deciden los burócratas ni los
generales: decide la com
unidad discutiendo en asambl
ea. Queda prohibido vender
tierra o alquilarla. Queda prohibida la codicia.
A la sombra de los laureles, en la plaza
del pueblo, no sólo se habla de gallos,
caballos y lluvias. El ejército de Zapata, lig
a de comunidades armadas, vela la tierra
recobrada y aceita las armas y recarga viejo
s cartuchos de máuser y treinta-treinta.
relos con sus trípodes y otros raros
instrumentos, para ayudar a la reforma ag
raria, Los campesinos reciben con lluvias
Cuernavaca; pero los perros ladran a los
ejército de Pancho Villa está siendo aniquilado.
(468)
1915
En Texas, en el destierro, un médico del ejército de Pancho Villa cuenta la
revolución mexicana como una furia inútil. Según la novela
Mariano Azuela, ésta es una historia de
ciegos borrachos, que
por qué ni contra quién y pegan manotazo
s de bestia buscando cosas que robar o
hembras para revolcarse, en un país que huele a pólvora y a fritura de fonda.
1916
Tlaltizapán
Carranza
dos en cuatro largas batallas. Desde
trincheras defendidas por alambradas de
fogosa caballería de Villa, que se ha he
Venustiano Carranza, presidente a pesar de
Villa y de Zapata, se hace fuerte
en la ciudad de México y em
prende la guerra del sur:
Esto de repartir tierras es descabellado
—dice.
distribuidas por Zapata; otro
Fusilando y quemando, rifles y antorchas,
los del gobierno se abalanzan sobre
los campos florecidos de Morelos. A quin
ientos matan en Tlaltizapán, y a muchos
más por todas partes. Los prisioneros se ve
nden en Yucatán, mano de obra esclava
para las plantaciones de henequén, como
en los tiempos de Porfirio Díaz; y las
de guerra, se venden en los mercados de la capital.
En las montañas, el digno Zapata resist
e. Cuando están por llegar las lluvias,
la revolución se suspende por siembra;
increíble, continúa.
(246, 260 y 468)
1916
Buenos Aires
envuelta en la bandera ar
gentina, Isadora Duncan
baila el himno nacional.
a la mañana siguiente todo el mundo lo sa
be: el empresario rompe el contrato, las
buenas familias devuelven sus entradas al
Teatro Colón y la prensa exige la
expulsión inmediata de esta pecadora nort
eamericana que ha venido a la Argentina
a mancillar los símbolos patrios.
Isadora no entiende nada. Ningún fran
cés protestó cuando ella bailó la
Marsellesa con un chal rojo por todo vestido. Si se puede bailar una emoción, si se
puede bailar una idea, ¿por qué
no se puede bailar un himno?
La libertad ofende. Mujer de ojos brilla
la escuela, el matrimonio, la danza clásica
y de todo lo que enjaule al viento. Ella
baila porque bailando goza, y baila lo qu
e quiere, cuando quiere y como quiere, y
las orquestas callan ante la música que nace de su cuerpo.
1916
Nueva Orleans
El jazz
De los esclavos proviene la
más libre de las músicas. El
pedir permiso, tiene por abuelos a los ne
gros que trabajaban cantando en las
plantaciones de sus amos, en el sur de
los Estados Unidos, y por padres a los
músicos de los burdeles negros de Nueva Or
leans. Las bandas de los burdeles tocan
e los ponen a salvo de golpes y puñaladas
cuando se arma la gorda. De sus impr
ovisaciones nace la loca música nueva.
Con lo que ahorró repartiendo diarios,
despereza largamente, largamente, saludand
y ha sido criado, como el
en los puteros.
1916
Columbus
América Latina invade los Estados Unidos
Llueve hacia arriba. La gallin
a muerde al zorro y la liebre fusila al cazador. Por
primera y única vez en la historia, soldad
os mexicanos invaden los Estados Unidos.
Con la descuajaringada tropa que le queda, quinientos hombres de los
muchos miles que tenía, Pancho Vill
a atraviesa la frontera y gritando
¡Viva México!
1916
En Nicaragua, tierra ocupada, tierra humillada, Rubén Darío muere.
zo al hígado. El embalsamador, el
peluquero, el maquillador y el sastre le atormentan los restos.
Se le infligen suntuosos funerales. Huel
e a incienso y a mirra
de febrero en la ciudad de León. Las más
distinguidas señoritas, envueltas en lirios
las Vírgenes de Minerva que van regando
flores al paso de
la capilla ardiente.
cadáver de Darío luce durante el día
guantes al tono. Por toda una semana, día tr
as noche, noche tras día, se lo azota
con cursis versos, en recitales de nunca ac
abar, y se le propinan discursos que lo
Rugen los cañones: el gobierno contri
buye al martirio descerrajando honores
creía en el divorcio y en la enseñanza laica
cae al hoyo convertido en Príncipe de la
Iglesia.
(129, 229 y 454)
1917
Campos de Chihuahua y Durango
diez mil soldados y mucha artillería, entra en
México para cobrar a Pancho Villa el insole
nte ataque a la ciudad norteamericana de
Columbus.
¡En jaula de hierro nos vamos a llevar a ese asesino!
John Pershing, y le hace eco
el trueno de sus cañones.
A través de los inmensos secarrales del norte, el general Pershing encuentra
Aquí yace Pancho Villa
— sin Villa adentro. Encuentra serpientes y
lagartijas y piedras mudas y campesinos
que murmuran pistas falsas cuando los
golpean, los amenazan o les ofrecen en
recompensa todo el oro del mundo.
Al cabo de algunos meses,
casi un año, Pershing se vuelve a los Estados
de soldados hartos de respirar polvo y
de recibir pedradas y mentiras en cada pu
eblito del cascajoso desierto. Dos jóvenes
tenientes marchan a la cabeza de la procesión de humillados. Ambos han hecho en
México su bautismo de fuego. Dwight Eisenho
iniciando con mala pata el camino de la gloria militar. George Patton escupe al irse
este país ignorante y medio salvaje.
Desde la cresta de una loma, Pancho Villa contempla y comenta:
Vinieron como águilas y se
van como gallinas mojadas.
1918
La docta Córdoba y sus mohosos doctores
Ya la universidad argentina de Córdoba
no niega el título a quien no pueda
probar su blanca estirpe, como ocurría hasta hace unos años, pero todavía en
Filosofía del Derecho se estudia el tema
y los
estudiantes de Medicina
se reciben sin haber vi
sto nunca un enfermo.
Los profesores, venerables espectros, co
pian a Europa con varios siglos de
atraso, perdido mundo de caballeros y beatas
l pasado colonial,
y con orlas y con borlas recompensan los mé
ritos del loro y las virtudes del mono.
Los estudiantes cordobeses, hartos, estall
an. Se declaran en huelga contra los
carceleros del espíritu y llaman a los estudiantes y a los obreros de toda América
Latina a luchar juntos por una cultura pr
opia. Poderosos ecos les responden, desde
1918
Córdoba
«Los dolores que quedan son
proclama el manifiesto
de los estudiantes
...Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba
se redime. Desde hoy contamos para el
país una vergüenza menos y una libertad
más. Los dolores que quedan son la
s libertades que faltan. Creemos no
equivocarnos, las resonancias del corazón
nos lo advierten: estamos pisando sobre
la revolución, estamos viviendo una hora americana...
Las universidades han sido hasta aquí el
refugio secular de los mediocres, la
renta de los ignorantes, la hospital
ización segura de los inválidos y
lo que es peor
nizar y de insensibilizar hallaron la
n llegado a ser así fiel reflejo de esas
sociedades decadentes que se empeñan en
ofrecer el triste espectáculo de una
inmovilidad senil. Por ello es que la ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas,
pasa silenciosa o entra mutilada y gr
otesca al servicio burocrático...
1918
Llegó al cuartel de Ilopango empujado
por el hambre, que le había escondido
los ojos allá en el fondo de la cara.
En el cuartel, a cambio de comida, Miguel empezó haciendo mandados y
lustrando botas de tenientes. Rápidament
e aprendió a partir cocos de un solo
cartuchos. Así se hizo soldado. Al cabo
de un año de vida cuartelera, el pobre
muchachito no da más. Después de tant
o aguantar oficiales borrachos que lo
escapa. Y esta noche, la noche de su fuga, estalla el
terremoto en Ilopango. Miguel lo escucha de
lejos. Un día sí y otro también tiembla
la tierra en El Salvador, paisito de gente caliente, y entre temblor y temblor algún
terremoto de verdad, un señor terremoto
como éste, irrumpe y rompe. Esta noche
el terremoto desploma el cuartel, ya sin
Miguel, hasta la última
piedra; y todos los
oficiales y todos los soldados muer
Y así ocurre el tercer nacimiento de
Miguel Mármol, a los trece años de su
1918
Montañas de Morelos
Tierra arrasada, tierra viva
Los cerdos, las vacas, las gallinas, ¿son zapatistas? ¿Y
los jarros y las ollas y
las cazuelas? Las tropas del gobierno han ex
terminado a la mitad de la población de
Morelos, en estos años de obstinada gue
rra campesina y se han llevado todo. Sólo
piedras y tallos carbonizados se ven en
los campos; algún resto de casa, alguna
mujer tirando de un arado. De los hombre
anda fuera de la ley.
Pero la guerra sigue. La guerra seguirá mientras siga el maíz brotando en
1918
La nueva burguesía nace mintiendo
—Luchamos por la tierra
comer… Con elecciones o sin elecciones
, anda el pueblo rumiando amarguras.
Mientras arranca la tierra a los campesinos de Morelos y les arrasa las aldeas,
el presidente Carranza habla de reforma agra
ria. Mientras aplica el terror de Estado
contra los pobres, les otorga el derech
o de votar por los ricos y brinda a los
La nueva burguesía mexicana, hija vora
z de la guerra y del saqueo, entona
himnos de alabanza a la Revolución mientras la engulle con cuchillo y tenedor en
1919

Este hombre les enseñó que
de sufrir y espera de morir
A traición tenía que ser. Mintiendo amistad, un oficial del gobierno lo lleva
a la trampa. Mil soldados lo están esperando, mil fusiles lo voltean del caballo.
Después lo traen a Cuautla.
Lo muestran boca arriba.
Desde todas las comarcas acuden los campesinos. Varios días dura el
silencioso desfile. Al llegar ante el cuer
miran cuidadosamente y niegan con la cabeza. Nadie cree: le falta una verruga, le
sobra una cicatriz, este traje no es el
suyo, puede ser de cualquiera esta cara
hinchada de tanta bala.
—Dicen que se fue con un compadre para Arabia.
Que no, que el jefe Zapata no se raja.
Lo han visto por las cumbres de Quilamula.
Anoche estaba el caballo bebiendo en el río.
ni creerán nunca, que Emiliano Zapata
Corrido de la muerte de Zapata
Estrellita que en las noches
te prendes de aquellos picos,
que era azote de los ricos?
Trinitaria de los campos
de las vegas de Morelos,
si preguntan por Zapata
di que ya se fue a los Cielos.
¿qué te dijo aquel clavel?
Dice que no ha muerto el jefe,
que Zapata ha de volver.
1919
Hollywood
De los desperdicios de los estudios Keystone, Charles Chaplin eligió las
prendas más inútiles, por demasiado gran
des o demasiado pequeñas o demasiado
enano, un sombrero hongo y unos ruinos
os zapatones. Cuando tuvo todo eso,
agregó un bigote de utilería y un bast
ón. Y entonces, ese montoncito de
despreciados harapos se alzó y saludó a su
autor con una ridícu
la reverencia y se
andar, chocó con un árbol y le pidió
1919
Hollywood
Hace reír el hombre que nunca ríe.
Como Chaplin, Buster Keaton es un mago de Hollywood. Él también ha creado
aton, sombrero de paja, cara de piedra,
la misma guerra desopilante contra los policías, los matones y las máquinas.
Siempre impasible, helado por fuera, ardi
ente por dentro, muy dignamente camina
o por el fondo de la mar.
Keaton no es tan popular como Chaplin.
Sus películas divier
ten, pero tienen
demasiado misterio y melancolía.
(128 y 382)
1919
Se ven numerosas mujeres con niños en brazos. El sano esparcimiento
iza a Ell Persons, atado a
una estaca, y las llamas le arrancan los primeros aullidos.
duran estas cosas. Algunos revuelven
las cenizas buscando algún hueso de
ahorcados por la multitud blanca, este año,
en los estados norteamericanos del sur,
posible brillo de lascivia, o por decirle
sombrero al dirigirle la palabra.
De todos estos linchados, algunos vest
ían uniforme militar de los Estados
Unidos de América y habían perseguido a Pa
ncho Villa por los desiertos del norte de
dos de la guerra mundial.
(51, 113 y 242)
1921
El presidente Epitácio Pessoa hace una recomendación a los dirigentes del
fútbol brasileño. Por razones de prestigio patrio, les sugiere que no envíen a ningún
jugador de piel oscura al pr
óximo Campeonato Sudamericano.
Sin embargo, el Brasil fue campeón del
último Sudamericano gracias a que el
de una joyería. Frie
alemán y negra, es el mejor jugador brasil
eño. Siempre llega último a la cancha. Le
lleva por lo menos media hora plancharse
durante el juego, no se le mueve un pelito ni al cabecear la pelota.
El fútbol, diversión elegante para desp
ués de la misa, es cosa de blancos.
—gritan los hinchas contra Carlos Alberto,
otro jugador mulato, el único mulato del cl
ub Fluminense, que con polvo de arroz se
1921
Río de Janeiro
Pixinguinha
Se anuncia que el conjunto
Los batutas
indignación en la prensa brasileña. ¿Qué van a pensar del Brasil los europeos?
¿Creerán que este país es una colonia africana? En el repertorio de
hay arias de ópera ni valses, sino maxixes, lundús, corta jacas, batuques,
tocan cosas de negros: se publican artícu
los exhortando al gobierno a que evite
tamaño desprestigio. De inmediato el Ministerio de Relaciones Exteriores aclara que
Los batutas
no llevan misión oficial ni oficiosa.
Pixinguinha, uno de los negros del
conjunto, es el mejor músico del Brasil. Él
no lo sabe, ni le interesa el tema. Está
muy ocupado buscando en su flauta, con en
diablada alegría, los sonidos robados a
1921
El escritor brasileño de moda
inaugura la piscina de un club deportivo.
El discurso de Coelho Neto exaltando
las virtudes de la piscina arranca lágrim
poderes del Mar, del Cielo y de la Tierra
para esta solemnidad de tal magnitud que
no la podemos evaluar sino rastreando,
a través de las Sombras del Tiempo, su
proyección en el Futuro.
Postre para ricos
escritor maldito, por mulato y por rebelde, y maldiciendo agoniza en algún hospital
cultura ornamental. Ellos cantan las glorias
de un Brasil feliz, sin negros, ni obreros,
ni pobres, pero con sabios economistas in
ventores de una fórmula, muy original,
que consiste en aplicar más impuestos al
pueblo, y con doscientos sesenta y dos
generales que tienen la función de diseñar nuevos uniformes para el desfile del año
1922
Toronto
Este indulto
salva a millones de personas conden
adas a muerte temprana. No es un
indulto de rey, ni de presidente siquiera.
la semana pasada andaba buscando empl
A partir de una corazonada que le quitó el sueño, y al cabo de mucho error y
insulina, segregada por el páncreas,
reduce el azúcar en la sangre; y así deja
sin efecto las muchas penas de muerte

1922
Leavenworth
Por seguir creyendo que todo es de todos
Ricardo, el más talentoso y peligroso
de los hermanos Flores Magón, ha
estado ausente de la revolución que tanto
ayudó a desatar. Mientras el destino de
México se jugaba en los campos de batalla
, él picaba piedras, engrillado, en una
Un tribunal de los Estados Unidos lo ha
bía condenado a veinte años de trabajo
forzado por haber firmado un manifiesto an
día. Nunca lo pidió.
Cuando muera, mis amigos
quizás escriban en mi tumba: «Aquí yace un
soñador», y mis enemigos: «Aquí yace un loco
». Pero no habrá nadie que se atreva
a estampar esta inscripción: «Aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas».
En su celda, lejos de su tierra, lo estrangulan.
Paro cardíaco,
1922
Campos de la Patagonia
Hace tres años, los jóvenes aristócratas de La Liga Patriótica Argentina
salieron de cacería por los barrios de Buenos
Aires. El safari fu
e un éxito. Los niños
bien mataron obreros y judíos en cantid
ad, durante toda una semana, y ninguno
fue a parar a la cárcel por hacerlo sin permiso.
Ahora es el ejército quien practica el tiro
al blanco con los trabajadores, en las
coronel Héctor Benigno Varela, recorren los latifundios de la Patagonia fusilando
peones en huelga. Los acompañan fervoros
os voluntarios de la Liga Patriótica
Argentina. A nadie se ejecuta sin juicio
previo. Cada juicio demora menos que
fumar un cigarrillo. Estancieros y oficiales hacen de jueces. De a montones
sas comunes cavadas por ellos.
Al presidente Hipólito Yrigoyen no le
gustan nada estas maneras de acabar
con los anarquistas y los rojos en genera
l, pero no mueve un dedo contra los
1923
Río Guayas
centenares de cruces coronadas de fl
ores del cerro, florida escuadra de
minúsculos navíos navegando al vaivén de
recuerda a un obrero asesinado. El pueblo ha
echado al agua esta
para que descansen en sagrado los obreros que en el fondo del río yacen.
Fue hace un año, en el puerto de
Guayaquil. Hacía horas que estaba
salvoconducto de los sindicatos. Los trabaj
adores, hartos de comer hambre, habían
declarado la primera huelga general en la historia del Ecuador. Las mujeres,
neras, vendedoras ambulantes, habían formado el
comité Rosa Luxemburgo;
Hoy la chusma se levantó riendo
. Mañana se recogerá llorando
—anunció
Carlos Arroyo, presidente de la Cámara
de Diputados. Y el presidente de la
república, José Luis Tamayo, or
Cueste lo que cueste.
Los huelguistas se habían concentrado, en inmensa manifestación, cuando
avanzaron marcando el paso, por las calles
de alrededor, las botas militares. A los
primeros balazos, muchos obreros quisiero
n huir, como de hormiguero pateado, y
fueron los primeros en caer.
A quién sabe cuántos arrojaron al fo
ndo del río Guayas, con los vientres
(192, 332 y 472)
1923
Acapulco
en el proceso democrático
Cuando acabó la película de Tom Mix, hu
bo discurso. Parado ante la pantalla
del único cine de Acapulco,
Juan Escudero sorprendió
contra los mercaderes chupasangres. Cuando
los de uniforme se le echaron encima,
ya había nacido el Partido Obrero de Acapulco, bautizado por ovación.
En poco tiempo, el Partido Obrero ha cr
ecido y ha ganado las elecciones y ha
clavado su bandera rojinegra sobre el palaci
o municipal. Juan E
patilludo, mostachos en punta, es el nuevo alcalde, el alcalde socialista: en un abrir
y cerrar de ojos convierte al palacio en
emprende la campaña de alfa
las tres empresas que poseen el agua, el
aire, el suelo y la mugre de este cochino
puerto mexicano abandonado de Dios y del
gobierno federal. Entonces los dueños
que el pueblo corrija su error, pero
vuelve a ganar el Partido Obrero de Ac
apulco. De modo que no hay más remedio
que convocar al ejército, que de inmediato
procede a normalizar la situación. El
victorioso Juan Escudero recibe
dos tiros, uno en el brazo y otro en la frente, tiro de
ados prenden fuego al palacio municipal.
1923
Acapulco
resucita y sigue ganando elecciones. En
silla de ruedas, mutilado, casi mudo,
diputado dictándole discursos a un muchacho que le
a viva voz desde las tribunas.
Los dueños de Acapulco deciden pagar tr
einta mil pesos a la patrulla militar,
para que esta vez dispare como se debe. En los libros mayores de contabilidad de
las empresas se registra la salida de los
fondos, pero no el de
stino. Y por fin Juan
Escudero cae fusiladísimo, muerto de
muerte total, para que no se diga.
1923
Azángaro
La familia lo quería doctor y en lugar de doctor se hizo indio, como si no le
resultara bastante maldición su giba de
tatura de enano.
carrera de Derecho en Puno y juró seguir la huella de
Túpac Amaru. Desde entonces habla quec
quena. Día y noche va y vien
e sublevando gente por la sierra del Perú, donde los
Los policías sueñan con atrapar al cont
rahecho Urviola y lo
hace águila volando sobre la cordillera.
1923
El Callao
Mariátegui
En barco regresa al Perú, después de vi
Mariátegui. Cuando se marchó era un bohemio de la noche limeña, cronista de
América: Mariátegui encontró el marxismo
y encontró a Mariátegui y así supo ver,
de lejos, a la distancia, al
Perú que de cerca no veía.
Cree Mariátegui que el marxismo
integra el progreso humano tan
indiscutiblemente como la vacuna antivariólica o la teoría de la relatividad, pero
para peruanizar al Perú hay que empezar
por peruanizar al marxismo, que no es
catecismo ni copia al calco sino llave para
entrar en el país profundo. Y las claves
del país profundo están en las comunidades indias, despojadas por el latifundio
estéril pero invictas en sus socia
listas tradiciones de trabajo y vida.
(32, 277 y 355)
1923
Buenos Aires
da los catálogos de armas de fuego, como si
s. El uniforme del ejército argentino le
parece la piel humana más bella. Le gust
a desollar vivos a los zorros que caen en
sus trampas y hacer puntería sobre obrero
s en fuga, y más si son rojos, y mucho
más si son rojos extranjeros.
Jorge Ernesto Pérez Millán Témperle
y se alistó como voluntario en
las tropas
del teniente coronel Varela y el año pasado marchó a la Patagonia a liquidar
alegremente a cuanto peón huelguista se
le pusiera a tiro. Y después, cuando el
anarquista alemán Kurt Wilckens, justiciero
de pobres, arrojó la bomba que voló al
teniente coronel Varela, este cazador de ob
reros juró de viva voz que vengaría a su
Y lo venga. En nombre de la Liga Patriótica Argentina, Jorge Ernesto Pérez
Millán Témperley dispara un balazo de má
user al pecho de Wilckens, que está
durmiendo en la celda. En seguida se hace fotografiar, el arma en la mano, el gesto
marcial del deber cumplido, para la posteridad.
1923
Tampico
Un barco fantasma, viejo navío destinado al naufragio, llega a las costas de
México. Entre sus marinero
s, vagabundos sin nombre ni nación, viene un
sobreviviente de la revolución aniquilada en Alemania.
Este camarada de Rosa Luxemburgo, fu
gitivo del hambre y de la policía,
escribe en Tampico su primera novela. La firma Bruno Traven. Con ese nombre se
hará famoso, pero nadie conocerá nunca su
rostro, ni su voz, ni su huella. Traven
decide ser un misterio, para qu
de un mundo donde el contrato de matrimon
io y el testamento importan más que el
1923
Campos de Durango
mejores sueños; y después se despierta te
mpranito a pastorear ganado junto a sus
viejos compañeros de pelea.
Villa sigue siendo el hombre más popula
r en los campos del norte de México,
aunque a los del gobierno no les guste ni un poquito. Hoy hace tres años que Villa
convirtió en cooperativa la hacienda dé Canutillo, que ya luce hospital y escuela, y
un mundo de gente ha venido a celebrar.
Está Villa escuchando sus corridos favoritos cuando don Fernando, peregrino
de Granada, cuenta que John
Reed ha muerto en Moscú.
—¿Que Juanito murió? ¿Mi cuate Juanito?
Se queda Villa entre creyendo y no creyendo.
—Yo lo vi —se disculpa don Fernando—.
Está enterrado con los héroes de la
revolución de allá.
Ni respira la gente. Nadie molesta al silencio. Don Fernando murmura:
—Fue por tifus, no por bala.
Y Villa cabecea:
—Así que murió Juanito.
Y repite:
—Así que murió Juanito.
Y calla. Y mirando lejos, dice:
—Yo nunca había escuchado la palabra
socialismo.
Él me explicó.
Y en seguida se alza y abriendo los
brazos, increpa a los mudos guitarreros:
la música? ¿Qué hay de la música? ¡Ándale!
1923
Un millón de muertos puso el pueblo
en diez años de guerra, para que finalmente los jefes militares se apoderen de
las mejores tierras y de los mejores nego
cios. Los oficiales de la revolución
comparten el poder y la gloria con los
doctores desplumadores de indios y los
políticos de alquiler, brillantes orad
Lenin mexicano.
En el camino de la reconciliación
epancia se supera
mediante contratos de obras públicas, conc
esiones de tierras o favores a bolsillo
fine su estilo de gobierno con una frase
que hará escuela en México:
No hay general que resista un ca
ñonazo de cincuenta mil pesos.
1923
Parral
Con el general Villa se equivoca Obregón.
A Pancho Villa no hay más remedio que matarlo a balazos.
Llega a Parral en auto, de
mañanita. Al verlo, alguien se frota la cara con un
pañuelo rojo. Doce hombres reciben
Parral era su ciudad preferida,
Parral me gusta tanto, tanto,
y el día que las
mujeres y los niños de Parral corrieron
a pedradas a los invasores gringos, a
Pancho Villa se le saltó el corazón, se
le desbocaron los caballos de adentro, y
entonces lanzó un tremendo grito de alegría:
¡Parral me gusta hasta para morirme!
1924
Mérida de Yucatán
Algo más sobre la función
de las fuerzas del orden
en el proceso democrático
Felipe Carrillo Puerto, también invulnerable al cañón con que Obregón dispara
pesos, enfrenta al pelotón de fusila
miento una húmeda madrugada de enero.

No soy católico.
¿Y un notario?
No tengo nada que dejar.
Había sido coronel del ejército de Zapa
ta, en Morelos, antes de fundar el
Partido Socialista Obrero en Yucatán. En
tierras yucatecas, Carr
illo Puerto decía sus
discursos en lengua maya. En lengua maya explicaba que Marx era hermano de
Jacinto Canek y de Cecilio Chi y que el
socialismo, heredero de la tradición
comunitaria, daba dimensión futura
Él encabezaba, hasta ayer, el gobierno so
cialista de Yucatán. Infinitos fraudes
y prepotencias no habían podido evitar qu
e los socialistas ganaran, de lejos, las
elecciones; y después no hubo manera de
evitar que cumplieran sus promesas. Los
sacrilegios contra el sagrado latifundio, el
desataron la cólera de los amos del he
nequén y de la International Harvester
Company. Por su parte, el arzobispo sufría
enseñanza laica, el amor libre y los bautismos rojos, así llamados porque los niños
recibían su nombre sobre un colchón de flor
es rojas, y con su nombre recibían los
votos por una larga militancia socialista. Así que hubo que llamar al ejército para
que acabara con tanto escándalo.
El fusilamiento de Felipe Carrillo Puerto repite la historia de Juan Escudero en
Acapulco. Un par de años ha durado el go
bierno de los humillados en Yucatán. Los
humillados tenían el gobierno y las armas de la razón. Los humilladores no tenían el
gobierno, pero tenían la razón de las arma
s. Y como en todo México, a muerte se

1924
multitud que anda. El pueblo es analfabe
to, sí, pero no ciego: Rivera, Orozco y
Siqueiros se lanzan al asalto de las pare
des de México. Pintan lo que nunca: sobre
la cal húmeda nace un arte de veras nacional
, hijo de la revolución mexicana y de
estos tiempos de partos y funerales.
arte enano, castrado, cobarde, de
un país entrenado para negarse. Súbi
tamente las naturalezas muertas y los
difuntos paisajes se hacen realidades loca
mente vivas y los pobres de la tierra se
vuelven sujetos de arte y de historia
A los muralistas les llueven agravios. Elogios, ni uno. Pero ellos continúan,
impávidos, trepados a los andamios, su
tarea. Dieciséis horas diarias sin parar
trabaja Rivera, ojos y buche de sapo, dien
tes de pez. Lleva una
Para orientar a la crítica
1924
pinta a Felipe Carrillo Puer
to, redentor de Yucatán, con un balazo en pleno
undo, resucitado o no enterado de su propia muerte, y
pinta a Emiliano Zapata sublevando pueblo, y pinta al pu
eblo: todos los pueblos de
México, reunidos en la epopeya del trabaj
o y la guerra y la fiesta, sobre mil
cubriendo de colores el mundo, Diego se divierte mintiendo. A quien quiera
mo su panza y su pasión de crear y su
Hace apenas tres años que ha vuelto
de Europa. Allá en París, Diego fue
pintor de vanguardia y se hartó de los
ismos; y cuando ya estaba apagándose,
to, llegó a México y recibi
ó las luces de su tierra
hasta incendiarse los ojos.
1924
Diego Rivera redondea, José Clem
ente Orozco afila. Rivera pinta
, frutas voluptuosas; Orozco pinta
desesperaciones, cuerpos huesudos y deso
llados, un maguey mutilado que sangra.
Lo que en Rivera es alegría, en Orozco
es tragedia. En Rivera hay ternura y
co, severidad y crispación. La
revolución mexicana de
Orozco tiene grandeza, como la de Ri
vera; pero donde Rivera nos habla de
esperanza, Orozco parece decirnos que se
a quien sea quien robe el sagrado fuego a
los dioses, lo negará a los hombres.
1924
Huraño es Orozco, escondido, turbulento hacia adentro. Espectacular,
ampuloso, turbulento hacia afuera es Davi
d Alfaro Siqueiros. Orozco practica la
pintura como ceremonia de la soledad.
Siqueiros pinta por militancia de la
solidaridad.
No hay más ruta que la nuestra,
dice Siqueiros. A la cultura europea,
que considera enclenque, opone su propia energía musculosa. Orozco duda,
desconfía de lo que hace. Siqueiros embiste,
seguro de que su patriótica arrogancia
no es mala medicina para un país
enfermo de complejo de inferioridad.
«El pueblo es el héroe de la pintura mural mexicana»,
dice Diego Rivera
La verdadera novedad de la pintura mexicana, en el sentido en que la
iniciamos con Orozco y Siqueiros, fue hacer
del pueblo el héroe de la pintura mural.
Hasta entonces los héroes de la pintura mu
ral habían sido los dioses, los ángeles,
los arcángeles, los santos, los héroes de
la guerra, los reyes y emperadores y
prelados, los grandes jefes militares y polític
os, apareciendo el pueblo como el coro
estelares de la tragedia...
1924
Regla
El alcalde del pueblo cubano de Regl
a convoca al gentío. Desde la vecina
ciudad de La Habana ha llegado la noti
cia de la muerte de Lenin en la Unión
Lenin conquistó merecida simpatía entre
de este término municipal. Por tal moti
vo, a las cinco de la tarde del próximo
domingo sus habitantes harán dos minutos
de silencio y meditación, durante los
cuales personas y vehículos quedarán
A las cinco en punto de la tarde del do
sube a la loma del Fortín. Más de mil personas lo acompañan, a pesar de la lluvia
furiosa. Y bajo la lluvia transcurren lo
ncio y meditación.
Después, el alcalde planta un olivo en lo
alto de la colina, en homenaje al hombre
que tan para siempre ha clavado la bandera
roja allá en el centro de la nieve.
1926
San Albino
Hombre corto y flaco, fideofino, lo vo
laría el ventarrón si no estuviera tan
de Nicaragua.
En esta tierra, su tierra, Augusto Césa
cuenta lo que su tierra le ha dicho. Cu
ando Sandino se echa a dormir sobre su
de su tierra invadida y humillada y
pregunta
cuántos de ustedes la aman tanto como yo.
Veintinueve mineros de San Al
bino dan un paso al frente.
Estos son los primeros soldados del ejército de liberación de Nicaragua.
empresa norteamericana y duermen amon
tonados en un galpón. Con dinamita
vuelan la mina; y se van tras
de Sandino a la montaña.
Sandino anda en un
1926
Puerto Cabezas
Las mujeres más dignas del mundo
son las putas de Puerto Cabezas. Ellas
conocen, por confidencias de cama, el
lugar exacto donde los
marines
llas, que jugándose la vida desafían a las tropas
extranjeras de ocupación, Sandino y sus ho
mbres rescatan de las aguas, a la luz de
las antorchas, sus primeras ar
mas y sus primeras municiones.
1926
Juazeiro do Norte
El padre Cícero
, cuatro ranchos escupidos en la
a Dios señaló con su dedo
que ella fuera la Ciudad Santa. De a mi
les acuden, desde entonces, los afligidos.
Hacia aquí conducen todos los caminos de
l martirio y del milagro. Escuálidos
peregrinos venidos del Brasil entero, largas filas de harapos y muñones, han
ca del sertón nordestino. En esta nueva
Jerusalén restauradora de la fe, memoria de
los olvidados, brújula de los perdidos,
el modesto arroyo Salgadinho se llama
ahora río Jordán. Rodeado de beatas que
alzan sangrantes crucifijos de bronce, el pa
dre Cícero anuncia que Jesucristo está al
llegar.
El padre Cícero Romao Batista es el du
eño de las tierras y las almas. Este
salvador de los náufragos del desierto,
amansador de locos y criminales, otorga
hijos a la mujer estéril, lluvia a la tierra
seca, luz al ciego y
al pobre algunas migas
del pan que él come.
1926
Juazeiro do Norte
Por milagro divino un bandido se convierte en capitán
s de Lampiao. Campanas y cohetes les
dan la bienvenida a la ciudad de Juazeiro. Los cangaceiros lucen arsenal completo y
frondoso medallerío sobre las armaduras de cuero.
Al pie de la estatua del padre Cícero,
el padre Cícero bendice al jefe de la
banda. Ya se sabe que el bandido Lampiao jamás asalta una casa que tenga alguna
imagen del padre Cícero, ni mata jamás a nadie que sea devoto de santo tan
En nombre del gobierno del Brasil, el padre Cícero otorga a Lampiao grado de
capitán de ejército, tres tiras azules en cada hombro, y le cambia las viejas
derrotar a los rebeldes del teniente Luis
Carlos Prestes, que recorren el Brasil
predicando democracia y otras ideas demo
níacas; pero no bien abandona esta
ciudad se olvida de la Columna Preste
(120, 133 y 263)
1926
Nueva York
Anoche, en una cantina italiana, Rodolfo Valentino cayó fulminado por un
as en los cinco co
ntinentes. Ellas
adoraban al fino felino latino en las pantallas-altares de los cines-templos de todos
los pueblos y ciudades. Con él cabalgaban
hacia el oasis, empu
del desierto, y con él entraban en trágicos
ruedos de toros y en
misteriosos palacios
y bailaban sobre suelo de espejos y se desnudaban en los aposentos del príncipe
hindú o del hijo del sheik: eran atravesadas
por la mirada de él, lánguido taladro, y
estrujadas por sus brazos se sumergían en hondos lechos de seda.
Él ni se enteraba. Valentino, el di
os de Hollywood que fumaba besando y
miraba matando, el que cada día recibía mil cartas de amor, era en realidad un
hombre que dormía solo y soñaba con la mamá.
1927
los bajos fondos, donde todo el que moría er
a velado con un platillo sobre el pecho,
que pagar el entierro. Pero ella muere
ahora y su hijo Louie tiene la alegría de
regalarle un hermoso funeral, el funeral de
lujo que ella hubiera soñado al fin de un sueño en que Dios la hacía blanca y
millonaria.
Louis Armstrong había crecido sin comer más que sobras y música, hasta que
pudo huir de Nueva Orleans hacia Chic
ago trayéndose por todo equipaje una
pasado y él está bien gordo, porque come
vengándose, y si volviera al sur quizás
ohibidos para negros o imposibles para
pobres y hasta podría caminar por casi todas las calles sin ser expulsado. Él es el
y eso no hay quien lo discuta: su
aúlla como bestia herida y ríe a ca
rcajada plena celebrando, eufórica,
inmensamente poderosa, el
1927
Nueva York
Esta mujer canta sus lastimaduras con
la voz de la gloria y nadie puede
hacerse el sordo o el distraído. Pulmon
es de la honda noche: Bessie Smith,
inmensamente gorda, inmensamente negra,
maldice a los ladrones de la Creación.
son los himnos religiosos de las
suburbios: anuncian que serán destrona
dos los blancos y machos y ricos que
humillan al mundo.
1927
Rapallo
Hace veinte años que Ezra Pound se marchó de América. Hijo de los poetas,
es de Altamira, y de
sconocidas palabras
capaces de conversar con dioses más antiguos que los peces.
uivoca de enemigos.
(261, 349 y 437)
1927
Charlestown
«Hermoso día»,
A la medianoche de este lunes de agosto
, dos obreros italianos se sentarán en
la silla eléctrica de la Casa de la Muerte de la prisión de Charlestown. Nicola Sacco,
Las vidas de Sacco y Vanzetti están en manos de un mercader que ha ganado
cuarenta millones de dólares vendiend
o autos Packard. Alvan Tufts Fuller,
escritorio de madera tallada. Él se nieg
resuena desde los cuatro puntos cardinales
corrección del proceso y en la validez de
las pruebas; y además cree que merecen
la muerte todos los malditos anarquista
s y mugrientos extran
arruinar este país.
1927
Araraquara
Mário de Andrade
es un desafiador de la servil y dulzona y grandilocuente cultura oficial, un
vidia de la música y que son sin embargo
capaces de ver y decir al Brasil y también
capaces de masticarlo, por ser el Brasil
un sabroso maní caliente.
En vacaciones, por el puro gusto de
divertirse, Mário de Andrade transcribe
dichos y hechos de Macunaíma, héroe sin
ningún carácter, tal como los escuchó del
dorado pico de un papagayo
. Según el papagayo, Macuna
os no pronunció una palabra, por pereza,
, a escupir a la cara de sus hermanos y
Macunaíma atraviesan todos los tiempos y
todos los espacios del Brasil, en una
gran tomadura de pelo que no deja sa
nto por desvestir ni
Macunaíma es más real que su autor. Como todo brasileño de carne y hueso,
Mário de Andrade es un delirio de la imaginación.
1927
París
y enamorado, Heitor Villa-Lobos silba una canción vagabunda.
En Brasil, los críticos de la contra
ejecutada por epilépticos y escuchada por paranoicos, pero en Francia lo reciben
con ovaciones. La prensa de París apla
publican artículos sobre la vi
da del maestro. Un diario
cuenta que una vez Villa-Lobos fue atado a
una parrilla y casi asado por los indios
antropófagos, cuando él andaba por la selv
a amazónica, con una victrola en brazos,
difundiendo a Bach.
En una de las fiestas que París le of
rece entre concierto y concierto, una
señora la pregunta si ha comido gente cruda, y si le gustó.
1927
Llanos de Jalisco
cruz de palo
México, en busca de martirio y gloria. Echan vivas a un Cristo Rey que en la cabeza
lleva enjoyada corona en vez de espinas,
y vivas al Papa, que no se resigna a
perder los pocos privilegios clericales que en México quedaban en pie.
Los campesinos pobres vienen de mori
la tierra. Condenados a vivir muriendo, ah
ora pasan a morir por una Iglesia que les
1927
San Gabriel de Jalisco
Un niño mira
La madre le tapó los ojos para que no
viera al abuelo colgado de los pies. Y
después las manos de la madre no lo dejaron ver al padre agujereado por los
balazos de los bandoleros, ni a los tíos balanceándose, al soplo del aire, allá en lo
Ahora la madre también se murió o se cansó de defenderle los ojos. Sentado
en la cerca de piedra que culebrea po
r las lomas, Juan Rulfo contempla a ojo
desnudo su tierra áspera. Ve
emergiendo del humo y, tras ellos, allá lejos, un incendio. Ve la hilera de los
ahorcados, pura ropa en jirones vaciada por los buitres, y ve una procesión de
mujeres vestidas de negro.
Juan Rulfo es un niño de nueve años ro
deado de fantasmas que se le parecen.
Aquí no hay nada viviente. No hay más
voces que los aullidos de los coyotes,
ni más aire que el negro vien
to que sube en tremolina. En los llanos de Jalisco, los
vivos son muertos que disimulan.
1927

La guerra de los tigres y los pájaros
marines
desembarcaron en Nica
ragua por un ratito,
para proteger las vidas y las propiedades
de los ciudadanos de los Estados Unidos,
y se olvidaron de irse. Contra ellos se le
vantan, ahora, estas montañas del norte.
Por aquí son escasas las aldeas; pero quie
n no se hace soldado de Sandino, se
convierte en su espía o mensajero. Desde la voladura de la mina de San Albino y la
primera batalla, ocurrida en la comarca de Muy Muy, la tropa libertadora viene
Todo el ejército de Honduras está en
armas a Sandino a través del río, pero
los guerrilleros arrancan fusiles a los
decapitar; y hacen un buen desparramo las
granadas de latas de sardinas llenas de
vidrios, clavos, tu
ercas y dinamita.
Los aviones norteamericanos bombardean
al tuntún, arrasand
marines
vagan por la selva, entre abismos y al
tos picos, asados de sol, ahogados
de lluvia, asfixiados de polvo, queman
do y matando todo lo que a su paso
encuentran. Hasta los monito
A Sandino le ofrecen el perdón y diez
dólares por cada dí
a de los que lleva
alzado. El capitán Hatfield le intima la rendición. Desde la fortaleza de El Chipote,
misteriosa cumbre envuelta en
brumas, llega la respuesta:
Y el saludo:
Su obediente servidor, que dese
a ponerlo en un hermoso ataúd
con lindos ramos de flores.
Y la firma de Sandino.
Muerden como tigres y vuelan como pá
jaros los soldados patriotas. Donde
l tigre a la cara del enorme enemigo, y
en un batir de alas desaparecen.
1928
San Rafael del Norte
bombardean la fortaleza de Sandino en la montaña de
El Chipote, cercada y acosada por el cañoneo de los
Durante varios días y
noches truena y tiembla toda la región,
se lanzan al ataque contra las trincheras
de piedra erizadas de fusiles. La heroica
acción culmina sin muertos ni heridos, porque los atacantes encuentran soldados de
Pronto los diarios norteamericanos informan sobre esta batalla de El Chipote.
marines
han abatido a una legión de muñecos de anchos
sombreros y pañuelos rojinegros. En cambio
, aseguran que el propio Sandino figura
En el lejano pueblo de San Rafael de
l Norte, Sandino escucha cantar a su
gente a la luz de las fogatas. Allí recibe la noticia de su propia muerte:
Dios y nuestras montañas están con noso
tros. Y al fin y al cabo, la muerte
no es más que un momentito de dolor.
En los últimos meses, treinta y seis
buques de guerra y seis mil nuevos
marines,
batallitas, han perdido casi todas. La pres
a se les ha escurrido
varias veces, nadie
sabe cómo, de entre las manos.
Sandino, estos rotosos guerreros ma
estros del coraje y la diablura.
(118, 361 y 419)
«Todo era hermanable»
Juan Pablo Ramírez:
Hicimos muñecos de zacate
y los pusimos. Dejamos
plantados ganchos de palos con sombreros.
disparando, volando bombas allí, ¡y yo hasta me meaba de la risa!
Los invasores representaban el elefante y nosotros la
serpiente. Ellos eran la inmovi
lidad; nosotros, la movilidad.
Pedro Antonio Aráuz:
Los yanquis morían tristemente, los ingratos. Es que no
conocían lo que era el sistema
de la montaña de nuestro país.
A nosotros nos ayudaban los campesinos, ellos
trabajaban con nosotros, sentían por nosotros.
Cosme Castro Andino:
Nosotros éramos sin sueldo. Cuando llegábamos a un
pueblo y nos daban comida, nos la
repartíamos. Todo era hermanable.
Noticiero
En emotiva ceremonia, diez oficiales de marina reciben en Washington la Cruz
del Mérito,
por servicios distinguidos y heroísmo extraordinario
en la guerra contra
«The Washington Herald» y otros di
arios denuncian a toda página los
crímenes de la
y publican documentos
recién llegados de México
. Los documentos, que lucen una impresionante cantidad
presidente mexicano Calles está enviando a
Sandino armas y propaganda bolchevique por medio de los diplomáticos soviéticos.
Fuentes oficiosas del Departamento de Esta
do explican que el presidente Calles
empezó a dar evidencias de su ideología
comunista cuando elevó los impuestos de
plenamente cuando su gobierno abrió
relaciones diplomáticas con la Unión
dos Unidos advierte que
no permitirá que soldados
exportando el bolchevismo.
Después de
má sería el objetivo de la expansión soviética en
América Central.
El senador Shortdridge afirma que lo
s ciudadanos de los Estados Unidos
merecen tanta protección como
los de la antigua Roma
y el senador Bingham
Estamos obligados a aceptar nuestra f
unción de policías internacionales.
El
senador Bingham, famoso arqueólogo que ha
ce dieciséis años descubrió las ruinas
de Machu Picchu en el Perú, no ha oculta
do jamás su admiración por las obras de
Desde la oposición, el senador Borah niega a su país el derecho de actuar
nador Wheeler sugiere al gobierno que
marines
a Chicago, no a Nicaragua, si
verdaderamente quiere perseguir
bandidos. Por su parte, el periódico «The
Nation» opina que el presidente de los
Estados Unidos llama
bandido
a Sandino con el mismo criterio con que el rey Jorge
III de Inglaterra podía haber llamado
1928
Los niños norteamericanos estudian ge
ografía en mapas donde Nicaragua es
una mancha de color sobre la que se lee:
Protectorado de los Estados Unidos de

Cuando los Estados Unidos decidieron
que Nicaragua no podía gobernarse por
su cuenta, había cuarenta escuelas públicas
en la región de la costa atlántica.
Ahora hay seis. La potencia tutelar no ha tendido una vía, ni ha abierto una sola
mucho más de lo que debía. El país oc
ocupación; y los ocupantes siguen ocupando
Las aduanas de Nicaragua están en po
der de los banqueros norteamericanos
acreedores. Los banqueros han designado
al norteamericano Clifford D. Ham
neral. Clifford D. Ham es, además,
corresponsal de la agencia de noticias Unit
ed Press. El vice-interventor de aduanas
y vice-recaudador general, el norteamerica
no Irving Lindbergh, es corresponsal de
la agencia de noticias Asso
ciated Press. Así, Ham y Lindbergh no sólo usurpan los
aranceles de Nicaragua: también usurpan la información. Son ellos quienes
informan a la opinión pública internacional sobre las fechorías de Sandino,
bandolero criminal y agente bolchevique.
Un coronel norteamericano dirige el e
jército de Nicaragua, National Guard o
n norteamericano encabeza
no Frank McCoy preside la Junta Nacional de
marines
custodiadas por doce aviones de los Estados Unidos. Los nicaragüenses votan, los
norteamericanos eligen. Apenas electo,
el nuevo presidente anuncia que los
marines
seguirán en Nicaragua. Esta inolvidable fiesta cívica ha sido organizada por
el general Logan Feland, comandante
de las fuerzas de ocupación.
El general Feland, mucho músculo, mu
cha ceja, cruza sus pies sobre el
escritorio. A propósito de Sandino, bosteza y dice:
Ese pájaro ha de caer algún día.
1928
Obregón
En la hacienda del Náinari, en el valle mexicano del Yaqui, aullaban los perros.
¡Que se callen!
—mandó el general Álvaro Obregón.
Y los perros ladraron más.
¡Que les den de comer!
—mandó el general.
Y los perros no hicieron caso de la
ron el alboroto.
¡Échenles carne fresca!
Y tampoco la carne fresca hizo callar a los perros. Y fueron golpeados, pero
continuó el clamor de la jauría.
Yo sé lo que quieren
julio, en Culiacán, estaba Obregón
rindo a la sombra de los po
rtales, cuando sonaron las
Mocho, tocan por ti.
Y al día siguiente, en Escuinapa, después de un festín de tamales barbudos de
buena amiga, le
No vayas. Te van a matar.
a la capital. Obregón había sabido
abrirse camino, a tiros y sombrerazos, en
los tiempos en que zumbaban las balas
matadores y vencedor de vencedores, y
había conquistado poder y glor
ia y dinero sin perder más que la mano que Pancho
Villa le voló, de modo que no iba a anda
rse con vueltas ahora que sabía que se le
estaban acabando los días de la vida. Siguió como si nada, pero triste. Había
perdido, al fin y al cabo, su única inocenci
a: la dicha de ignorar su propia muerte.
Hoy, 17 de julio de 1928, dos meses después de que los perros ladraran en
Náinari, un fanático de Cristo Rey mata al
reelecto presidente Álvaro Obregón en un
restaurante de la
ciudad de México.
1928
Villahermosa
El comecuras
Apenas muere Obregón, volteado por
gobernador del estado mexicano de Ta
manda demoler la catedral hasta la última
piedra y con el bronce de las campanas
Cree Garrido que la religión católica me
miedo, aterrorizándolos con la amenaza del
en Tabasco, dice Garrido, la religión de
be salir. Y a patadas la saca: decapita
santos, arrasa iglesias, arranca las cruces del cementerio, obliga a los curas a
s lugares con nombres de santos. La
capital del estado, San Juan Bautista, pasa
a llamarse Villahermosa. Y en solemne
ceremonia dispone que un toro semental se llame Obispo y un asno responda al
nombre de Papa.
1928
Al sur de Santa Marta
Bananización
Eran no más que perdidas aldeas de
la costa de Colombia, un callejón de
polvo entre el río y el cementerio, un bostezo entre dos sueños, cuando el tren
amarillo de la United Fruit Company llegó
desde la mar. Tosiendo humo, el tren
atravesó los pantanos y se abrió paso en
la selva, y al emerger en la fulgurante
claridad anunció, silbando, que la edad del banano había nacido.
Entonces toda la comarca despertó
Ciénaga, Aracataca y Fundación tuvieron
telégrafo y correo y nuevas calles con
billares y burdeles; y por millares acudían los campesinos, olvidaban la mula en el
palenque y se hacían obreros.
Durante años esos obreros fueron
malezas y racimos a menos de un dólar po
r día, y aceptaron vivir en inmundos
barracones y morir de paludi
smo o tuberculosis. Despué
1928
Aracataca
Calor y sopor y rencor. Los bananos se pudren en las cepas. Duermen los
bodegas sin fruta, los ventila
dores han dejado de girar.
Hay cuatrocientos huelguistas presos, pe
ro la huelga sigue como si nada.
En Aracataca, la United Fruit ofrece
una cena de homenaje al Jefe Civil y
Militar de la región. A los
postres, el general Carlos Cortés Vargas maldice a los
y anuncia que
mañana marchará hacia Ciénaga, a la ca
beza de las fuerzas del orden, para
1928
Ciénaga
En las orillas de Ciénaga, un oleaje
de mar y de banderas. Los huelguistas
han venido desde todas las
distancias, hombres de ma
rodeados de fogatas, esperan. Les han
huelga.
En lugar del gerente de la United Fruit, llega el general Cortés Vargas. En
lugar del acuerdo, les lee un ultimátum.
La multitud no se mueve. Tres veces suena, advirtiendo, el clarín militar.
Y entonces, de pronto, revienta el mund
o, súbito trueno
Queda la plaza alfombrada de muertos. Los soldados la barren y la lavan,
durante toda la noche, mientras los barcos arrojan a los muertos mar adentro; y al
amanecer no pasa nada.
En Macondo no ha pasado nada, ni
está pasando, ni pasará nunca.
1928
Aracataca
García Márquez
Se desata la persecución de los huelg
uistas heridos y escondidos. Como a
conejos los cazan, tirando al bulto desde
el tren en marcha; y en las estaciones
te capturan en Aracataca, en una sola
noche. Los soldados despiertan al cura y le arrancan la llave del cementerio. En
cura escucha las descargas.
No lejos del cementerio, un niño berrea en la cuna.
Pasarán los años y este niño revelará
que fue atacada por la peste del olvido
y perdió el nombre de las cosas. Él
descubrirá los pergaminos que cuentan que
plaza y que aquí la Mamá Grande es du
eña de vidas y haciendas y de las aguas
llovidas y por llover, y que entre lluvia y lluvia Remedios la Bella se va al cielo y en
el aire se cruza con un ángel viejito
y desplumado que vien
e cayendo rumbo al
gallinero.
1928
Noticiero
La prensa informa sobre los recientes
acontecimientos en la zona bananera.
Según las fuentes oficiales, los desmanes
de los huelguistas han dejado un saldo de
destruido y ocho obreros muertos cuan
do intentaban agredir al ejército.
El presidente de la república acusa a los huelguistas de traición y felonía.
Ellos
han atravesado con su puñal envenenado
el corazón amante de la Patria,
Vargas y anuncia promociones y recompensas para los demás oficiales participantes
en los sucesos de notoriedad.
En espectacular discurso, el joven le
gislador liberal Jorge Eliécer Gaitán
carnicería cumpliendo órdenes de una
empresa extranjera. La United Fruit
Company, que según Gaitán dirigió la matanz
a de obreros, ha reducido los jornales
después del aplastamiento de la huelga. La United Fruit paga los jornales con
cupones y no con dinero. Subrayó el legi
slador que la empresa explota tierras
Estado colombiano y está exonerada de impuestos.
1929
El dictador de Cuba, Gerardo Machado,
lo manda matar. Julio Antonio Mella
no es más que un estudiante desterrado
correr la liebre y en publicar artículos, para poquitos lectores, contra el racismo y el
colonialismo enmascarado; pero el dictador no se equivoca al considerarlo el más
peligroso de sus enemigos. Machado lo
tiene en la mira desde que los
relampagueantes discursos de Mella estrem
ecían al estudiantado de La Habana.
Mella ardía denunciando a la dictadura y
burlándose de la decrepitud de la
universidad cubana, que es una fábrica
de profesionales con mentalidad de
convento español de la colonia.
Una noche, anda Mella caminando del br
azo de su compañera, Tina Modotti,
cuando los asesinos lo liquidan a balazos.
Tina grita, pero no llora ante el cuerpo caído.
Tina llora después, cuando llega a ca
sa, al amanecer, y ve los zapatos de
Mella, vacíos, que están como
Hasta hace unas horas, esta mujer era tan feliz que sentía envidia de sí
1929
El gobierno de Cuba no
tiene nada que ver, afirma
n los diarios mexicanos de
derecha. Mella ha sido víct
ima de un crimen pasional,
digan lo que digan las
juderías del bolchevismo moscovita.
Revela la prensa que Tina Modotti,
mujer de
dudosa decencia,
reaccionó con frialdad ante el trágico episodio y posteriormente,
en sus declaraciones policiales, incurrió en contra
dicciones sospechosas.
Tina, fotógrafa italiana, ha
ías ofrecen un espejo de grandeza a las
cosas simples de cada día y a las sencillas
gentes que aquí trabajan con las manos.
Pero ella es culpable de libertad. Vivía sola cuando descubrió a Mella,
unió a él sin boda. Antes ha
bía sido actriz en Hollyw
ood y modelo y amante de
artistas; y no hay hombre que
al verla no se ponga nervioso
de una perdida —y para colmo extranjera y comunista. La policía difunde fotos que
able belleza, mientras se inician los trámites para
expulsarla de México.
1929
Tina Modotti no está sola frente a sus inquisidores. La acompañan, de un
brazo y del otro, sus camaradas Diego Rivera
y Frida Kahlo: el inmenso buda pintor
y su pequeña Frida, pintora también, la
más palabrotas y bebe más tequila que un
mariachi de Jalisco.
Frida ríe a carcajadas y pinta espléndidas
telas al óleo desde el día en que fue
condenada al dolor incesante.
El primer dolor ocurrió allá lejos, en
la infancia, cuando sus padres la
disfrazaron de ángel y ella quiso volar co
n alas de paja; pero el dolor de nunca
acabar llegó por un accidente en la calle, cuando un fierro de tran
vía se le clavó en
el cuerpo de lado a lado, como una lanza, y
le trituró los huesos. Desde entonces
ella es un dolor que sobrevive. La han op
erado, en vano, muchas veces; y en la
cama del hospital empezó a pintar su
1929
Capela
asil asalta el pueblo de Capela. El
jefe Lampiao, que jamás sonríe, fija un pr
entas los notables del lugar reúnen el
dinero, él pasea por las calles. Todo el pu
eblo lo sigue. Sus cr
le han ganado la admiración general.
Lampiao, el rey tuerto, señor de los páramos, refulge al sol. Brillan sus lentes
or distraído, y brilla su puñal largo como
de diamantes y en la frente las libras
esterlinas cosidas a la vincha.
noche cena en el hotel. El telegrafista del pueblo, sentado a su lado, prueba el
primer bocado de cada plato. Después La
mpiao se echa unos tragos, mientras lee
La vida de Jesús,
de Ellen G. White. Acaba la jorn
ada en el burdel. Elige a la más
gorda, una tal Enedina. Con ella pasa toda
la noche. Al amanecer, Enedina ya es
famosa. Durante años los hombres harán fila ante su puerta.
1929
Atlantic City
El trust del crimen
El hampa organizada de los Estados
Unidos celebra su primer congreso
nacional, en los salones del hotel President. Asisten al evento calificados
representantes de las bandas de gángsters
que operan en las ciudades principales.
Ramas de olivo, bandera blanca: el cong
reso resuelve que las bandas rivales
paz, los ejecutivos de la indu
stria del crimen siguen el
buen ejemplo de la industria
gángsters poderosos reparten mercados, fi
jan precios y se ponen de acuerdo para
En estos últimos años, los empresario
s del crimen han diversificado sus
actividades y han modernizado sus métodos
de organización del trabajo. Ahora no
solamente practican la extorsión, el asesin
sino que además poseen grandes dest
ilerías, hoteles, casinos, bancos y
contabilidad. Ingenieros, economistas y expertos en publicidad dirigen los equipos
erdicio de recursos y asegur
an el continuo ascenso de
las tasas de ganancia.
Al Capone preside el directorio de la sociedad anónima más lucrativa de
cuantas actúan en el ramo. Él gana
1929

Diez mil estudiantes corean el nombre de
Al Capone, en el campo de deportes
de la Northwestern University. El popular Capone saluda a la multitud con ambas
manos. Doce guardaespaldas lo escolt
an. A la salida lo espera un cadillac
acorazado. Capone luce una rosa en el
ojal y un diamante en la corbata, pero
debajo lleva chaleco de acero y su
corazón late contra una pistola 45.
a las funerarias, a las florerías y a las
en ropa agujereada a balazos; y paga
generosos sueldos a los policías, jueces, le
gisladores y alcaldes que trabajan para
que el lugar de la mujer está en la cocina. Patriota fervoroso, sobre su escritorio
prestigio, no hay quien ofrezca mejor serv
icio para romper huelgas, apalear obreros
y enviar rebeldes al otro mundo. Él es
contra el peligro comunista
El bolchevismo está llamando a nuestr
a puerta. No debemos dejarle entrar.
Tenemos que permanecer unidos y defend
ernos contra él con plena decisión.
América debe permanecer incólume e inco
rrupta. Debemos proteger a los obreros
, y cuidar de que sus mentes se mantengan

1929
Nueva York
El hombre que nadie conoce,
el libro de Bruce
moderno mundo de los negocios. Jesús
fue un empresario conquistador de
sentido de la publicidad
vendedores hechos a su imagen y semejanza.
Con fe religiosa cree el capitalismo en
norteamericano no se siente un elegido?
La Bolsa es un casino donde todos juegan
y nadie pierde. Dios los ha hecho prósperos. El empresar
io Henry Ford quisiera no
dormir nunca, para ganar más dinero.
Del Manifiesto Capitalista de Henry Ford,
El bolchevismo ha fracasado porque er
a, a la vez, antinatural e inmoral.
Nuestro sistema se mantiene en pie...
No puede haber nada más absurdo, ni
cabe imaginar peor servicio a la
humanidad en general, que la insistenci
a en que todos los hombres son iguales...
El dinero aparece naturalmente co
mo resultado del servicio. Y es
absolutamente necesario tener
dinero. Pero nosotros no queremos olvidar que el fin
dad de realizar más servicio. En mi mente
no cabe nada más aborrecible que una vi
ningún derecho al ocio. En la civiliz
ación no hay lugar para el haragán...
En nuestra primera publicidad, mostramos
la utilidad del automóvil. Dijimos:
«A menudo escuchamos mencionar el viejo proverbio
Tiempo es dinero
pero
sin embargo son pocos los homb
nales que actúan como si
realmente creyeran en esta verdad...»
1929
Nueva York
ucción y la producción más que el
consumo y todo crece a ritmo de vértigo hasta que estalla, súbita, la crisis. El
derrumbamiento de la Bolsa de Nueva York
reduce a cenizas, en un solo día, las
ganancias de años. De pronto las más
valiosas acciones se convierten en
papeluchos que no sirven ni para envolver pescado.
Caen, en picada, las cotizaciones, y en pi
cada caen los precios y los salarios y
más de un hombre de negocios desde la
azotea. Cierran fábricas y bancos; se
arruinan los granjeros. Los obreros sin tr
abajo se calientan las manos ante las
fogatas de basura y mascan chicle para consolar la boca. Las más altas empresas
se vienen abajo; y hasta Al Ca
pone se desploma sin levante.
1930
La Paz
del Príncipe de Gales
La Bolsa de Nueva York arrastra varios gobiernos al abismo. Los precios
internacionales se derrumban y con ellos se vienen al suelo, uno tras otro, diversos
a Latina, plumas que se de
sprenden de las alas del
águila; y nuevas dictaduras nacen, para hambrear el hambre.
En Bolivia, la ruina del precio del estaño tumba al presidente Hernando Siles y
coloca, en su lugar, a un general a suel
do de Patiño, rey de las minas. Una
turbamulta acompaña al motín militar. Los
forajidos asaltan el
palacio de gobierno,
con permiso de saqueo. En pleno alboroto,
se llevan muebles, alfombras, cuadros y
todo lo demás. Todo: también se llevan
y cañerías.
En esos días visita Bolivia el príncipe de Gales. El pueblo espera un príncipe
como Dios manda, de esos que cabalgan
en caballo blanco, con espada al cinto y
y provoca general decepción la
llegada de este señor de
bastón, que baja del ferrocarril con cara de cansado.
Por la noche, el nuevo presidente le
palacio de gobierno. A los postres, cuando están por comenzar los discursos, Su
Alteza cuchichea dramáticas palabras al
edecán, que las transmite al presidente.
El presidente palidece. Una pierna del
palacio no hay dónde, no hay cómo. Sin vac
ilar, el presidente designa una comitiva,
que encabezan el Ministro de Relaciones Ex
teriores y el Comandante en Jefe de las
Fuerzas Armadas.
La vistosa comitiva, coronada de galera
itos, a través de la Plaza de Armas. Al
llegar a la esquina, entran todos al hotel Pa
rís. El Ministro de
Relaciones Exteriores
abre la puerta que dice
Caballeros,
para que pase el heredero de la corona imperial
británica.
1930
Buenos Aires
Yrigoyen
Al despeñadero de la crisis mundial
llega también el presidente argentino
Hipólito Yrigoyen. Lo condena el desplome de los precios de la carne y del trigo.
Callado y solo, Yrigoyen asiste al fin
de su poder. Desde otro tiempo, desde
otro mundo: este viejo tozudo se niega to
davía a usar teléfono y jamás ha entrado
a un cine, desconfía de los automóviles y no
cree en los aviones. Ha conquistado al
pueblo sin discursos, conversando, conv
enciendo a uno por uno, poquito a poco.
Ahora lo maldicen los mismos que ayer de
senganchaban los caballos de su carruaje
para llevarlo a pulso. La multitud arroja a la calle los muebles de su casa.
El golpe militar que voltea a Yrigoyen ha
sido cocinado, al calor de la súbita
crisis, en los salones del Jockey Club y del Círculo de Armas. El achacoso patriarca,
argentino a la Standard Oil y a la Shell; y para colmo quiso enfrentar la catástrofe
de los precios comerciando con la Unión Soviética.
Ha sonado otra vez, para bien de
l mundo, la hora de la espada
En pleno cuartelazo, el
joven capitán Juan Domingo Perón ve que sale del
palacio de gobierno, corriendo a todo lo
que da, un entusiasta que grita: 1
¡Viva la Patria! ¡Viva la Revolución!
arrollada bajo el brazo. Dentro de la
bandera, la máquina de escribir que acaba de robar.
(178, 341 y 365)
1930
París
Ortiz Echagüe, periodista,
Cada vez que vuelvo de Buenos Aires,
los argentinos de París me preguntan:
¿Cómo están las vacas?
Hay que venir a París para darse cuenta de la importancia de la vaca

la vida— unos vecinos de mesa me
preguntaron, con familiaridad, de madrugada:
Diga, che, y por allá, ¿cómo andan las vacas?
Por los suelos
¿Y no se levantarán?
Me parece difícil.
¿Usted no tiene vacas?
Yo me palpé los bolsillos maqu
inalmente y contesté que no.
No sabe, amigo, la suerte que tiene.
En ese punto, tres bandoneones rompiero
n a llorar su nostalgia y nos cortaron

—¿Cómo están las vacas? —me han pr
eguntado maitres d’
hotel y músicos,
floristas y mozos, pálidos ba
ilarines, porteros, galoneados
, diligentes chasseurs y,
sobre todo, mujeres pintadas, esas pobres mujeres ojerosas y anémicas...
1930
forman la santísima trinidad del poder en la Argentina. Los matones del
En pleno centro de Buenos Aires, los pi
stoleros de guante blanco usan leyes y
contabilidad y doble moral, no desvalijan con ganzúas, que para algo son doctores:
de caudales del país. Pero al otro lado
del Riachuelo, en Avellaneda, el Partido
Conservador practica política y negocios a tiro limpio.
Don Alberto Barceló, senador de la naci
ón, hace y deshace desde su trono de
Avellaneda. En procesión llegan los parias
berto algún dinerito,
un consejo de padre y un abrazo confianzudo. El hermano, Enrique el
Manco, se
ocupa de los burdeles. Don Alberto tiene a
su cargo la timba y la paz social. Fuma
en boquilla; espía el mundo por entre los párpados hinchados. Sus muchachos
rompen huelgas, incendian bibliotecas, empastelan imprentas y envían al otro
mundo a sindicalistas y judíos y a todo el
que se olvide de pagar y de obedecer, en
esta hora de crisis tan propicia al desord
en. Después el bueno de don Alberto regala
cien pesos a los huérfanos.
1930
Castex
El último gaucho alzado
se desgració muy jove
n, cuando le metió
un tiro en la frente a un policía que lo había humillado, y ahora no tiene más
sierto batido por el
mala, jineteando un zaino que salta como si nada los
castigando a los poderosos que los verdugue
an y les tragan la tierra. Al final de
1930
Santo Domingo
contra los muelles, despedaza los
puentes, arranca de raíz los árboles y los
revolea por los aires; por los aires vuelan
los techos de lata, como hachas locas, de
capitando gente. Esta isla está siendo
arrasada por los vientos, fusilada por los rayos, ahogada por las aguas de la lluvia y
de la mar. El huracán embiste vengándo
se o ejecutando una maldición descomunal,
que tal parece que la República Dominicana
hubiera sido condenada a pagar, ella
solita, todas las cuentas qu
Después, cuando el huracán se va, em
pieza la quema. Hay muchos cadáveres
es liquiden lo poco que queda vivo y en
pie. Durante una semana una inmensa nube de humo negro flota suspendida sobre
la ciudad de Santo Domingo.
Así transcurren los primeros días del go
bierno del general Rafael Leónidas
eras del ciclón, traído por la no menos
catastrófica caída del precio internacional del azúcar.
1930
Miguel a los veinticinco
La crisis también revuelca por los suel
os el precio del café. Los granos se
pudren en las ramas; un olor dulzón, de ca
fé podrido, pesa en el aire. En toda
América Central, los finqueros arrojan a
los peones al camino. Los pocos peones
que tienen trabajo reciben la
En plena crisis nace el Partido Comunista de El Salvador. Miguel es uno de los
fundadores. Maestro artesano en el oficio
de zapatería, Miguel trabaja salteado. La
policía le anda pisando los talones. Él agit
a el ambiente, recluta
gente, se esconde y
huye.
Una mañana Miguel se acerca, disfraza
do, a su casa. La ve sin vigilancia.
Escucha llorar a su hijo y entra. El niño
está solo, chillando a pleno pulmón. Miguel
se pone a cambiarle los pañales cuando en eso alza la mirada y por la ventana
descubre que los agentes están rodeando la casa.
—le dice al cagadito, y lo deja
a medio mudar. Pega un salto de
gato y consigue deslizarse por un agujero
entre las tejas rotosas, mientras suenan
Y así ocurre el cuarto nacimiento de Mi
guel Mármol, a los veinticinco años de
1930
Nueva York
De mala manera, a las bofetadas, la crisis despierta a los norteamericanos. La
catástrofe de la Bolsa de Valores de Nueva York ha roto el Gran Sueño, que
tierras de automóv
No hay quien venda optimismo en el mercado. Se entristece la moda. Caras
largas, ropas largas, largos cabellos: se acabaron los alocados años veinte y con
a y el cabello corto de las mujeres.
Verticalmente baja el consumo de todo. Sólo aumentan las ventas de
cigarrillos, horóscopos y bombillas de veinti
cinco vatios, que dan luz mortecina pero
ntescos monstruos desatados, King
Kong, Frankestein, inexplicables como la economía, imparables como la crisis, que
siembran el terror en las calles de las ciudades.
1930
Achuapa
Nicaragua, país condenado a producir
baratas sobremesas, bananas y café y
azúcar, continúa arruinando la digestión de sus clientes.
El jefe sandinista Miguel Ángel Ortez
festeja el fin de año aniquilando una
marines
Achuapa. El mismo día, otra
patrulla cae en la ceja de un desp
En vano los invasores intentan venc
er por hambre, incendiando ranchos y
sembradíos. Muchas familias se echan al monte, errantes y sin amparo; dejan a sus
Creen los campesinos que Sandino sabe cómo atraer el arcoiris. El arcoiris
viene hacia él y se achica
mucho, mucho, para que él
pueda recogerlo entre dos
1931
Alumbrado por aromosas astillas de ocote, Sandino escribe cartas y
También escribe informes, para que se lean
en voz alta en los campamentos, sobre
la situación militar y
política en Nicaragua
manifiestos que condenan a los traidores
(No encontrarán
anuncian que pronto resonarán, en todas pa
opresores, y que más temprano que tarde el Juicio Final destruirá la injusticia para
que el mundo sea, por fin, lo que
quiso ser cuando todavía no era.
«Ni vamos a poder andar de tantas flores»
Si le da sueño, hambre o miedecito, pí
dale a Dios que lo conforte... Dios nos
dará este otro triunfo, que será el defi
nitivo, porque estoy se
ustedes quedarán cubiertos de glorias!
Cuando entremos en Mana
gua, hasta que ni vamos a poder andar de tantas
1931
Santos López
Quien entra en el ejército libertador gana el derecho de ser llamado
hermano.
Dinero no gana. Ningún dinero
, nunca. Por su cuenta ha de ganarse el fusil, en
pelea, y quizás un uniforme de algún difunto
marine,
con mucho dobladillo.
Santos López está con Sandino desde el primer día. Desde los ocho años
cuando el levantamiento en la mina de
San Albino. En la tropa patriota fue agua
tero y mensajero y espía entre enemigos
borrachos o distraídos, y junto a otros comp
inches de su edad se especializó en
tender emboscadas y en armar alboroto con
latas y triquitraques para que poquitos
parecieran muy montón.
(236, 267 y 361)
1931
Browning último modelo, rescatada de
uno de los aviones norteamericanos
volteados a tiros de fusil.
En manos de Tranquilino Jarquín, esa Browning dispara y canta.
Tranquilino es cocinero, además de artillero cantador. Luce un diente en la
risa y una orquídea en el sombrero; y mi
entras revuelve la gran olla humeante,
escasa de carne pero no de aroma, se
echa al buche un buen trago de ron.
En el ejército de Sandino está prohibid
o beber, pero Tranqu
ilino puede. Mucho
trabajo le costó conseguir el privilegio,
hasta que convenció al general. Sin unos
traguitos no funciona este artista del cuch
arón y del gatillo. Cuando lo someten a
1931
ráfagas canta tangos, marchas y corridos la Browning de Tranquilino; y el clarín de
Cabrerita gime requiebros de amor y proclama valentías.
Antes del alba despierta a los soldados; y en
la noche los duerme, soplando bajito y
demorándose en las notas.
Sandino desde que empezó la guerra. La na
turaleza le ha dado un metro y medio
1931
Hanwell
El ganador
Carlitos el Vagabundo visita la escuel
a Hanwell. Camina en una pierna, como
patinando; se retuerce la oreja y de la
oreja salta un chorro de agua. Centenares
de niños, huérfanos, pobres o
abandonados, ríen a carcajadas.
Hace treinta y cinco años, Charles Chaplin era uno de estos niños. Ahora
reconoce la silla donde se sentaba y el
castigado con vara de abedul. Cuando
huía a Londres, en aquellos tiempos,
en jugo de carne: la nariz de Chaplin re
cuerda todavía aquel aroma que atravesaba
los cristales para burlarse
de él. Y en su memoria han quedado grabados los precios
de otros manjares imposibles: una taza
de té, medio peniqu
e; una ración de
arenque, un penique; un
pastel, dos peniques.
Hace veinte años se fue de Inglate
rra en un barco de ganado y ahora ha
vuelto convertido en el hombre más famo
so del mundo. Como sombra lo sigue una
nube de periodistas y vaya donde vaya encuentra multitudes ansiosas por verlo y
tocarlo. Puede hacer lo que quiera. En pl
ena euforia del cine sonoro, sus películas
mudas tienen un éxito arrasador. Y pued
e gastar lo que quiera —aunque nunca
quiere. En las películas, Carlitos el Vaga
bundo, pobre hoja al viento, ignora el
dinero; pero en la realidad, Charles Ch
aplin, que transpira millones, cuida los
centavos y es incapaz de mirar un cuadro si
n calcularle el precio. Jamás le ocurrirá
lo que a Buster Keaton, hombre de bolsillo abierto, a quien se le vuela todo lo que
1932
Hollywood
El perdedor
Buster Keaton llega a los estudios de
arrastrando la resaca de la borrachera de
anoche, ojos de fiebre
, lengua de cobre,
músculos de trapo, y quién sabe cómo hace
a para recitar los chistes idiotas que le
Ahora las películas son sonoras y Keaton
tiene prohibido improvisar. Tampoco
a la risa, prisionera, y la desencadena. Ke
aton, genio de la libertad y del silencio,
d aunque el talento se reduzca a la nada,
según mandan las normas de producción de
las fábricas de películas en la época del
cine sonoro, alta industria, gran negocio: han quedado atrás, por siempre atrás, los
era una aventura loca.
Cada día Keaton se entiende mejor co
n los perros y las vacas. Cada noche
y suplica a su propia memoria que beba y calle.
1932
Eisenstein
bolchevique, homosexual y libertino,
Hollywood lo tratan de
perro rojo y amigo de asesinos.
Serguei Eisenstein ha venido a México
para filmar una epopeya indígena. A
n. La censura mexicana le prohíbe algunas escenas,
porque está bien la verdad pero no tanta
y el productor norteamericano le usurpa el
material filmado y lo deja en manos de quien quiera descuartizarlo.
La película de Eisenstein,
Que viva México,
ya no es más que un montón de
delirio surgido del lugar donde el fondo de la mar se toca con el centro de la tierra:
pirámides que son volcanes a punto de esta
llar, lianas entrelazadas como cuerpos
ávidos, piedras que respiran...
1932
Caminos de Santa Fe
no sabía que era titiritero, hasta que una tarde, estando con un amigo en un
balcón alto de Buenos Aires, vio pasar po
r la calle un carro de heno. Sobre el heno
había un muchacho echado cara al cielo, las manos en la nuca, las piernas
cruzadas, fumando. El amigo y él lo vieron y sintieron, los dos, una insoportable
ndo, prendido a una melena de mujer,
desde ese balcón de Buenos Aires hacia la
sur; y el titiritero descubrió que era titirite
ro, oficio de libres, y se lanzó al camino
mago alegrador, se llama Javier Villafañe.
Javier viaja acompañado por sus hijos,
que tienen carne de papel y engrudo.
El más hijo de sus hijos es Maese
Trotamundos, narigón tristón, de capa negr
a y corbata voladora: mientras dura la
función prolonga la mano de Javier y desp
ués duerme y sueña a sus pies, dentro de
una caja de zapatos.
1932
Izalco
El uso del derecho de voto y sus penosas consecuencias
El general Maximiliano Hernández Martín
ez, presidente por golpe de Estado,
convoca al pueblo de El Salvador a eleg
ir diputados y alcaldes. A pesar de mil
na las elecciones. El general se indigna
y dice que así no vale. Queda suspendido po
r siempre jamás el escrutinio de votos.
Los comunistas, estafados se
alzan. Estalla el pueblo el mismo día que estalla
el volcán Izalco. Mientras corre la lava ardiente por las laderas y las nubes de
ceniza cubren el cielo, los campesinos
en Izalco, Tacuba, Juayúa y otros pueblo
s. Por tres días ocupan el poder los
Por tres días. Y tres meses dura la
matanza. Farabundo Martí y otros
dirigentes comunistas caen ante los pelo
tones de fusilamiento. Los soldados matan
a golpes al jefe indio José Feliciano Ama,
cabeza de la rebelión
en Izalco; después
principal y obligan a los niños de las
Treinta mil campesinos, condenados por
sospecha o chisme de vieja, excavan sus propias
tumbas con las manos. Mueren niños tamb
ién, porque a los comunistas, como a
las culebras, hay que matarlos de chicos
. Por dondequiera rasquen las pezuñas de
un perro o de un cerdo, aparecen restos de
gente. Uno de los fusilados es el obrero
zapatero Miguel Mármol.
(9, 21 y 404)
1932
Soyapango
Miguel a los veintiséis
Los llevan en camión, amarra
dos. Miguel reconoce los lugares de su infancia:
—Qué suerte
Voy a morir cerca de donde tengo enterrado el

Los bajan a culatazos. Van fusilando de a dos. Los faros del camión y la luna
hacen luz de sobra.
Después de unas cuantas descargas,
llega el turno de Miguel y de un
so. El ruso y Miguel se estrechan las
manos, atadas a la espalda, y enfrentan al
pelotón. A Miguel le pica todo el cuerpo,
eso está pensando mientras escucha
¡Preparen! ¡Apunten! ¡Fuego!
Cuando Miguel despierta, hay un montón
de cuerpos goteando sangre encima
endo y manando sangre y en el
cuerpo y en el alma y en
la ropa le duelen los balazos. Escucha el cerrojo de un fusil. Un tiro de gracia. Otro.
Otro. Con los ojos nublados de sangre, Miguel
espera su bala final, pero en vez de
A patadas los soldados arrojan los cuerpo
s a la fosa y echan tierra. Cuando el
camión se va, Miguel, todo baleado y tajea
do, empieza a moverse. Le lleva siglos
desprenderse de tanto muerto y tanta ti
erra. Por fin consigue caminar, a paso
ferozmente lento, mas cayéndose que paránd
ose, y muy de a poco se va alejando.
Se lleva el sombrero de un camarada que se llamaba Serafín.
Y así ocurre el quinto nacimiento de Miguel Mármol, a los veintiséis años de su
1932
en arrollador avance que llega hasta
las riberas del lago de Managua y las
tropas de ocupación se repl
iegan en desbandada. Mientras
tanto dos fotografías se
difunden por los diarios del mundo. Una
muestra al teniente Pensington, de la
Marina de Guerra de los Estados Unidos, alzando en trofeo la cabeza cortada de un
campesino nicaragüense. En la otra sonríe
el estado mayor en pleno de la National
s botas y sombreros de safari. Al centro
está sentado el director del cuerpo, corone
l Calvin B. Mathews.
Detrás, aparece la
jungla. A los pies del grupo, echado en el
suelo, hay un perro. La jungla y el perro
1932
San Salvador
De quienes salvaron a Miguel, no ha quedado ni uno vivo. Los soldados han
on en una zanja, y a quienes lo pasaron
por el río en silla de mano
s, y a quienes lo escondieron en una cueva, y a quienes
consiguieron traerlo hasta esta casa, la ca
sa de su hermana, en San Salvador. A la
cuando vio el espectro de
Miguel cosido a tiros y
El oficio fúnebre continúa. Miguel se
altar armado en su memoria,
sin más remedio que el agua
que la hermana aplica, con
santa paciencia, sobre las
heridas purulentas. Yace
cortina, ardiente de fiebre
; y así pasa el día de su
cumpleaños escuchando las alabanzas que
le dedican los desconsolados parientes y
vecinos que por él lloran a mares y rezan sin parar.
Una noche de éstas, una patrulla
—Por el alma de mi difunto hermano.
Los soldados entran, se asoman
al altar, fruncen narices.
La hermana de Miguel estruja el rosario.
Tiemblan las velas ante la imagen de
Nuestro Señor Jesucristo. A Miguel le vi
enen súbitas ganas de toser. Pero los
—Que en paz descanse —dicen, y siguen de largo.
ento de Miguel Mármol, a lo
1933
La primera derrota militar de los Estados Unidos
El primer día del año abandonan Nicaragua los
con todos sus barcos
y sus aviones. El esmirriado general de lo
s patriotas, el hombrecito que parece una
humillado a un imperio.
La prensa norteamericana lamenta los
muchos muertos en tantos años de
ocupación, pero destaca el valor del en
trenamiento realizado por los aviadores.
Gracias a la guerra contra Sandino, lo
s Estados Unidos han podido ensayar por
primera vez el bombardeo en picada, desd
e aviones Fokker y Cu
diseñados para combatir en Nicaragua.
Al irse, el coronel Mathews deja en su
lugar a un oficial nativo simpático y fiel.
Somoza es el nuevo director de
la National Guard, que pasa a
llamarse Guardia Nacional.
No bien llega a Managua, el
triunfante Sandino declara:
Ya somos libres. No dispararé un tiro más.
El presidente de Nicaragua, Juan Bautis
ta Sacasa, le da un abrazo. El general
Somoza también le da un abrazo.
1933
Campo Jordán
Están en guerra Bolivia y el Paragu
ay. Los dos pueblos más pobres de
América del Sur, los que no tienen ma
r, los más vencidos y despojados, se
aniquilan mutuamente por un pedazo de ma
pa. Escondidas entre los pliegues de
ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el
Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a odiarse en
nombre de una tierra que no aman, que na
die ama: el Chaco es un desierto gris,
ntes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente.
Todo tiene sed en este mundo de espanto.
Las mariposas se apiñan, desesperadas,
sobre las pocas gotas de agua. Los boliviano
s vienen de la heladera al horno: han
sido arrancados de las cumbres de lo
s Andes y arrojados a estos calcinados
la, pero más mueren de sed.
Nubes de moscas y mosquitos persigue
n a los soldados, que agachan la
la maraña, a marchas forzadas, contra las
líneas enemigas. De un lado y del otro, el pueblo descalzo es la carne de cañón que
paga los errores de los ofic
iales. Los esclavos del patr
ón feudal y del cura rural
mueren de uniforme, al servicio de la imperial angurria.
Habla uno de los soldados bolivianos
que marcha hacia la muerte. No dice
nada sobre la gloria, nada sobr
e la patria. Dice, resollando:
Maldita la hora en que nací hombre.
Contará Augusto Céspedes, del lado bo
liviano, la patética epopeya. Un
pozo, a pico y pala, en busca de agua.
Ya se ha evaporado lo poco que llovió y
no hay nada de agua por donde se mire o
úan excavando, día tras día, atados al
pozo, pozo adentro, boca de arena cada
vez más honda, cada vez más muda; y
cuando los paraguayos, también acosados
por la sed, se lanzan al asalto, los
bolivianos mueren defendiendo el
pozo, como si tuviera agua.
Contará Augusto Roa Bastos, del lado paraguayo, la patética epopeya.
También él hablará de los pozo
s convertidos en fosas, y de
los vivos que sólo se distinguen de los muertos porque se mueven, pero se mueven
como borrachos que han olvidado el cami
no de su casa. Él acompañará a los
soldados perdidos, que no tienen ni una
gota de agua para perder en lágrimas.
1934
Cine de terror: Guión para
dos actores y algunos extras
Somoza sale de la casa de Arthur
Bliss Lane, embajador de los Estados
Sandino llega a la casa de Sacasa, presidente de Nicaragua.
con sus oficiales, Sandino se sienta a
Somoza cuenta a sus oficiales que el embajador acaba de darle su apoyo
incondicional para matar a Sandino.
Sandino cuenta al presidente los problemas de la cooperativa de Wiwilí, donde
él y sus soldados trabajan la tie
rra desde hace más de un año.
Somoza explica a sus oficiales que Sandino es un comunista enemigo del
orden, que tiene escondidas muchas
más armas que las que ha entregado.
Sandino explica al presidente que Somoza no lo deja trabajar en paz.
Somoza discute con sus oficiales si Sa
ndino ha de morir por veneno, tiro,
incendio de avión o emboscada en las montañas.
e el creciente poder de la Guardia
Nacional, dirigida por Somoza
, y le advierte que pronto Somoza lo volteará de un
soplido para sentarse en
el sillón presidencial.
talles prácticos y se despide de sus
oficiales.
Sandino termina de beber su café y se despide del presidente.
Somoza marcha al recital de una po
lugar llamado La Calavera, sobre el Camino Solo.
Decide el gobierno que el crimen no existe
Esa noche, el coronel Santos López esca
Managua. Con una
pierna sangrando, séptimo tiro de sus años de guerra, trepa a los tejados, se
agazapa y finalmente emprende una espantosa caminata
Al día siguiente, mientras
Santos López anda arrastrando su pierna herida por
la orilla del lago, hay matanza al por
mayor en las montañas. Somoza manda
arrasar la cooperativa de Wiwilí. La
Guardia Nacional ataca por sorpresa y
extermina a los campesinos que habían sido soldados de Sandino y ahora estaban
sembrando tabaco y plátanos y tenían un
hospital a medio hacer. Se salvan las
mulas, pero no los niños.
de los Estados Unidos, en Managua, y en lo
s clubes de alta soci
edad de León y de
n de olvidar. Una amnistía
borra todos los delitos
1934
San Salvador
Miguel a los veintinueve
cía salvadoreña, Miguel en
cuentra refugio en casa
de la amante del cónsul de España.
Una noche se desata una tempestad. Desd
e la ventana, Miguel ve que el río
crece y que allá lejos, en el recodo, la
correntada está a punto de embestir el
rancho de barro y cañas donde viven su mu
fiando al ventarrón
na su sólido escondite y sale disparado
en busca de los suyos.
Pasan la noche todos abrazados, apoyados contra las frágiles paredes,
escuchando rugir al viento y al río. Al alba, cuando por fin callan el aire y el agua, el
ranchito está un poco chueco y mojado, pero
no volteado. Miguel se despide de su
familia y regresa a su refugio.
Pero no lo encuentra. De aquella casa de bien plantados pilares, no queda ni
un ladrillo de recuerdo. La furia del río ha socavado la barranca, ha arrancado los
cimientos y se ha llevado al diablo a la ca
sa, a la amante del cónsul y a la mucama,
que han muerto ahogadas.
Y así ocurre el séptimo nacimiento de
Miguel Mármol, a los veintinueve años
de su edad.
1935
Camino de Villamontes a Boyuibe
acaba la guerra del Chaco. Tres añ
paraguayos y bolivianos cruzaron las primeras balas en un caserío llamado
Masamaclay —que en lengua de indios significa
lugar donde pelearon dos
hermanos.
Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan los
soldados, muy de a poco, y van emergien
do de las trincheras. Los haraposos
fantasmas, ciegos de sol, caminan a los tumbos por campos de nadie hasta que
quedan frente a frente el regimiento Sant
a Cruz, de Bolivia, y el regimiento Toledo,
órdenes recién recibi
con quien era enemigo hasta hace un rato. Sólo está permitida la venia militar; y
así se saludan. Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la
algarabía. Los soldados rompen la formació
n, arrojan las gorras y las armas al aire
los bolivianos, los bolivianos hacia los
paraguayos, bien abiertos los brazos, gr
itando, cantando, llorando, y abrazándose
ruedan por la arena caliente.
1935
El dictador de Venezuela, Juan Vi
cente Gómez, muere y sigue mandando.
ahora no hay quien se atreva a chistar. Cu
ando el ataúd del terrible viejito queda
tierra, por fin los
presos derriban las
puertas de las cárceles y se desata
el pueblo en griteríos y saqueos.
Gómez muere solterón. Ha engendrado hijos a montones, amando como
quien mea, pero jamás ha pasado toda una
noche en brazos de una mujer. La luz
del alba lo ha encontrado siempre solo, en
su cama de hierro, bajo la imagen de la
Virgen María y junto a los
Nunca gastó ni una moneda. Todo lo paga
pagó las cuentas del médico que le aplicaba
(114, 333 y 366)
1935
Buenos Aires
Le horroriza todo lo que reúne a la gente, como el fútbol o la política, y todo
lo que la multiplica, como el espejo o el acto del amor. No reconoce otra realidad
que la que existe en el pasado, en el pa
sado de sus antepasados, y en los libros
escritos por quienes supieron
nombrarla. El resto es humo.
Con alta finura y filoso ingenio, Jorge Luis Borges cuenta la
Historia universal
de la infamia.
De la infamia nacional, la que lo rodea, ni se entera.
1935
Buenos Aires
Estos años infames
En Londres, el gobierno argentino fi
rma un tratado comercial que vende el
país por moneditas. En las opulentas qu
intas al norte de Buenos Aires, la
valen sus hijos más pobres? A precio de ganga están los brazos obreros y es fácil
encontrar muchachas que se desnudan
por un café con leche. Brotan nuevas
fábricas y con ellas los barrios de latas,
acosados por la policía y la tuberculosis,
donde la yerba de ayer se seca al sol y el mate engrupe el hambre. La policía
argentina inventa la picana eléctrica para
convencer a los que dudan y enderezar a
En la noche de Buenos Aires, el
la milonguita al
bacán, el burrero busca el dato y el cu
entamusas algún otario
desocupado busca empleo en el primer di
ario de la madrugada. Van y vienen por
las calles el bohemio, el calavera, el ti
mbero y demás murciélagos, todos solos de
sola soledad, mientras el último tango de Discepolín canta que el mundo fue y será
una porquería.
(176, 365 y 412)
1935
Buenos Aires
Discepolín
Enrique Santos Discépolo cr
pensamientos tristes que
se pueden bailar,
cuando andaba de cómico de la
de las pulgas, enormes, de tamaño casi
humano, y para ellas tarareaba tangos que hablaban de gente sin plata y sin fe.
1935
Buenos Aires
Parece una flaquita del montón, paliducha
, desteñida, ni fea ni linda, que usa
ropa de segunda mano y repite sin chista
r las rutinas de la pobreza. Como todas
los domingos va al cine y sueña con ser
Norma Shearer y todas las tardecitas, en la estación del pueblo, mira pasar el tren
harta. Ha cumplido quince años y está
harta: trepa al tren y se larga.
Esta chiquilina no tiene nada. No tiene padre ni dinero; no es dueña de
ninguna cosa. Ni siquiera tiene una memoria que la ayude.
Desde que nació en el pueblo de Los
condenada a la humillación, y ahora es una nadie entre los miles de nadies que los
multitud de provinci
anos de pelo chuzo
y piel morena, obreros y sirvie
ntas que entran en la boca de la ciudad y son por ella
s los mastica y los domingos escupe los
A los pies de la gran mole arrogante,
altas cumbres de cemento, Evita se
paraliza. El pánico no la deja hacer otra
cosa que estrujarse las manos, rojas de
frío, y llorar. Después se traga las lágrimas
valija de cartón y se hunde en la ciudad.
1935
Buenos Aires
Alfonsina
A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir
leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las
ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo
han explicado y Alfonsina Storni nunca lo
creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador.
Cuando hace años llegó a Buenos Aire
s desde provincias, Alfonsina traía unos
vientre un hijo sin padre legal. En esta
ciudad trabajó en lo que hubiera; y robaba
sus tristezas. Mientras pulía las palabras,
verso a verso, noche a noche, cruzaba los
dedos y besaba las barajas que anunc
iaban viajes y herencias y amores.
El tiempo ha pasado, casi
un cuarto de siglo; y nada
le regaló la suerte. Pero
peleando a brazo partido Alfonsina ha sido
mundo. Su cara de ratona traviesa nunc
a falta en las fotos que congregan a los
escritores argentinos más ilustres.
Este año, en el verano, supo que
tenía cáncer. Desde entonces escribe
poemas que hablan del abrazo de la mar y de
la casa que la espera allá en el fondo,
en la avenida de las madréporas.
1935
Medellín
Cada vez que canta, canta como nunca.
Tiene voz de colores. Hace fulgurar
Invicta queda su estampa ganadora, la
misterio; su vida, un enigma. La tragedia tenía que salvarlo de toda explicación y
decadencia. Sus adoradores no le hubieran
perdonado la vejez. En el aeropuerto de
Medellín, Gardel estalla
1936
Buenos Aires
publica en los diarios de Buenos Aire
s. Ahora aparece una revista mensual
rsonaje: Patoruzú es un señor latifundista, dueño de
e vive en hoteles de cinco
estrellas en Buenos Aires,
derrochando millones a manos llenas, y cr
ee con fervor en la propiedad privada y
en la civilización del consumo. Dante Quinte
rno dice que Patoruzú
1936
Río de Janeiro
Olga y él
A la cabeza de su ejército rebelde, Luis Carlos Prestes había atravesado a pie
el inmenso Brasil de punta a punta, ida
y vuelta desde las praderas del sur hasta
los desiertos del nordeste, a través de la
selva amazónica. En tres años de marcha,
la Columna Prestes había peleado contra la dictadura de los señores del café y del
azúcar sin sufrir jamás una derrota. De modo que Olga Benário lo imaginaba
gigantesco y devastador. Menuda sorpresa se
Prestes resultó ser un hombrecito frágil, que se
miraba a los ojos. Ella, fogueada en la
s luchas revolucionarias en Alemania,
militante sin fronteras, se
vino al Brasil. Y él, que nunca había conocido mujer, fue
por ella amado y fundado.
los llevan a cárceles diferentes.
Desde Alemania, Hitler reclama a Olga po
llegan a buscarla a la cárcel, se amotinan
para evitar una matanza inútil, y se deja llevar. Asomado a la rejilla de su celda, el
novelista Graciliano Ramos la ve pa
sar, esposada, panzona de embarazo.
En los muelles, la espera un navío que ostenta la cruz esvástica. El capitán
tiene órdenes de no parar hasta Hamburgo.
Allá Olga será encerrada en un campo
de concentración, asfixiada en una cáma
ra de gas, carbonizada en un horno.
(263, 302 y 364)
1936
ñola se ha incubado en cuarteles,
lacayos del rey y señore
s feudales de horca
maldice invocando a las balas que les hallarán un día el sitio del corazón. En
Granada ha caído Federico García Lorc
a, su más hermano. Los fascistas han
homosexual y rojo.
Anda Neruda sobre el suelo español empapado de sangre. Viendo lo que ve,
se transforma. El distraído de la política
pide a la poesía que se haga útil como
1936
San Salvador
Martínez
A la cabeza del levantamiento, Francisco Franco se proclama Generalísimo y
cimiento diplomático llega a la ciudad de
Burgos desde este lejano mar Caribe. El
general Maximiliano Hernández Martínez,
dictador de El Salvador, es el primero en fe
licitar a la recién na
Martínez, el abuelo bonachón que ases
inó a treinta mil salvadoreños, cree que
matar hormigas es más criminal que mata
r gente, porque las hormigas no se
reencarnan. Cada domingo el Maestro Martín
ez habla al país, por radio, sobre la
situación política internacional, los parásitos intestinales, la reencarnación de las
almas y el peligro comunista. Habitual
mente cura las enfermedades de sus
ministros y funcionarios con agüitas de colo
res que guarda en botellones en el patio
del palacio presidencial, pero cuando se
desató la epidemia de viruela supo
espantar la peste envolviendo en celofán rojo los faroles de las calles.
Para descubrir las conspiraciones, balanc
humeante. Ante dificultades graves, recurre
al presidente Roosevelt: por telepatía
se comunica directamente
con la Casa Blanca.
1936
San Salvador
Después del derrumbamiento de su escondite en la barranca, Miguel había
caído preso. Casi dos años estuvo
esposado en celda solitaria.
Recién salido de la cárcel, deambula por los caminos, pari
a rotoso, sin nada.
No tiene partido, porque sus camaradas
del Partido Comunista sospechan que el
dictador Martínez lo ha deja
do libre a cambio de traición. No tiene trabajo, porque
el dictador Martínez impide
que le den. No tiene mujer,
a los hijos, ni tiene casa, ni
nombre tiene siquiera: está
ol no existe desde que fue ejecutado en 1932.
Decide acabar de una vez. Ya basta
de tristear la pena negra. De un
aparece un niño a lomo de burro. El
niño lo saluda, revoleando un enorme
mitad del coco abierto, agua de beber, pu
si este niño desconocido lo hubiera
invitado a una espl
se levanta y
caminando se va de la muerte.
Y así ocurre el octavo nacimiento de Miguel Mármol, a los treinta y un años de
1936
Ciudad de Guatemala
Lo primerió Martínez, por unas horas, pe
ro Ubico es el segundo en reconocer
a Franco. Diez días antes que Hitler y Musso
lini, Ubico otorga sello de legitimidad al
alzamiento contra la democracia española.
El general Jorge Ubico, jefe de Estado
efigies de Napoleón Bonaparte. Se le
parece, dice, como mellizo. Pero Ubico
de Europa. La suya es la guerra
contra los malos pensamientos.
Contra los malos pensamientos, disciplina militar. Ubico militariza a los
empleados del correo, a los músicos de la
orquesta sinfónica y a los niños de las
escuelas. Como la barriga llena es madre de los malos pensamientos, manda
reducir a la mitad los salarios en las plantaciones de la United Fruit. Castiga el ocio,
padre de los malos pensamientos, obligando a los culpables a trabajar gratis las
tierras de su propiedad. Para arrancar los malos pensamientos a los
revolucionarios, inventa una corona de acero que les estruja la cabeza en los
sótanos de la policía.
Ubico ha impuesto a los indios una contribución forzosa de cinco centavos
mensuales para levantar un gran monumento a Ubico. Ante el escultor, mano al
pecho, posa.
1936
Ciudad Trujillo
se corrige el nombre de la capita
l de la República Dominicana. Santo
es, pasa a llamarse Ciudad Trujillo.
También el puerto se llama ahora Trujillo y Trujillo se llaman muchos pueblos y
plazas y mercados y avenidas. Desde Ciudad Trujillo, el generalísimo Rafael
Leónidas Trujillo hace llegar al generalísimo Francisco Franco su más fervorosa
adhesión. Trujillo, incansable azote de
rojos y de herejes, ha nacido, como
norteamericana. Su natural modestia no
le impide aceptar que su nombre figure en
las placas de todos los automóviles y su
efigie en todos los sellos de correo. No
se ha opuesto a que se otorgue a su hijo
Ramfis, de tres años de edad, el grado
de coronel, por tratarse de un acto de
estricta justicia. Su sentido de la responsabilidad lo obliga a designar
personalmente ministros y porteros, obispos
y reinas de belleza. Para estimular el
lo el monopolio de la sal, el tabaco, el
aceite, el cemento, la harina y los fósforos. En defensa de la salud pública, Trujillo
clausura los comercios que no venden carne de los mataderos de Trujillo o leche de
sus tambos; y por razones de seguridad pú
blica hace obligatorias las pólizas que
oporciona riego y caminos a sus tierras y
clientes a sus fábricas. Por orden de Truj
illo, dueño de la fábrica de zapatos,
marcha preso quien osa pisar descalzo la
s calles de cualquier pueblo o ciudad.
roso, pero él no discute nunca. En la cena alza la
copa y brinda con el gobernador o diputa
do que después del café irá a parar al
cementerio. Cuando una tierra le interesa
, no la compra: la ocupa. Cuando una
mujer le gusta, no la seduce: la señala.
(89, 101 y 177)
Cuando las lluvias torrenciales están ahogando los cultivos en la República
Dominicana, se requieren los
servicios de un buen rezado
r, capaz de caminar bajo
ientes plegarias a Dios y a Santa Bárbara
Bendita. Los mellizos suelen ser eficaces
amarradores del agua y espantadores del
usan otra técnica. Buscan dos piedras
grandes, con forma de huevo, dos piedras de
esas que pule el río: las atan bien
atadas a un cordel, una en cada extremo, y las cuelgan de la rama de un árbol.
Entonces el Altísimo pega un alarido y
se marcha con sus nubes negras a otra
Mujer de misa diaria y continua oración y penitencia, la madre de María la O
que por milagro hiciera a su hija obediente
y buena, y le rogaba perdón para las insolencias de la descarada.
Una noche de Viernes Santo, María la O
—Piensa que están matando a Nuestro Señor Jesucristo...
La ira de Dios deja por siempre pegados a
quienes hacen el amor en Viernes Santo.
María la O no iba al encuentro de ni
ngún amante, pero co
desnuda en el río y el agua le hacía co
squillas en el cuerpo, en los recodos
prohibidos del cuerpo, y ella se estremecía de placer.
Después quiso salir del río y no pudo.
Quiso separar las piernas y no pudo.
Estaba toda cubierta de escamas y
Y en las aguas de los ríos dominicano
s sigue estando María la O, que nunca
fue perdonada.
1937
Dajabón
Los condenados son negros de Haití, que trabajan en la República
Dominicana. Un día y medio dura esta oper
ación militar de exorcismo, planificada
los soldados encierran a los jornaleros
haitianos en los corrales, rebaños de
hombres, mujeres y niños, y los liquidan
pies y manos y a punta de bayo
Trujillo, que se empolva la cara varias veces al día, quiere que la República
Dominicana sea blanca.
(101, 177 y 286)
1937
Washington
Noticiero
Dos semanas después, el gobierno de Ha
ití expresa ante el gobierno de la
República Dominicana
su preocupación por los recien
tes incidentes fronterizos.
El
gobierno de la República Do
En nombre del imperativo de la seguri
dad continental, el gobierno de los
Estados Unidos propone al presidente Tr
ujillo que pague una indemnización para
evitar posibles fricciones en
reconoce la muerte de dieciocho mil haitianos en territorio dominicano. Según el
mandatario, la cifra de veinticinco mil víctimas, manejada por algunas fuentes,
refleja el propósito de manipular deshonestamente los acontecimientos. Trujillo se
aviene a pagar al gobierno de Haití, po
r concepto de indemnización, veintinueve
dólares por cada muerto oficialmente reco
nocido, lo que arroja un total de 522.000
La Casa Blanca se felicita
porque se ha llegado a un acuerdo dentro del marco
de los tratados y procedimientos interamericanos establecidos.
Estado, Cordell Hull, decl
ara en Washington que
más grandes hombres de América Central
y de la mayor parte de Sudamérica.
Una vez pagada, en efectivo, la indemniz
Dominicana y de Haití se abrazan en la frontera.
1937
Río de Janeiro
la dictadura. Los diarios y las radios divu
lgan a tambor batiente el tenebroso Plan
Cohen, que obliga a Vargas a suprimir el Parlamento y las elecciones. La patria no
sucumbirá sin defenderse ante el avance
de las hordas de Moscú. El Plan Cohen,
que el gobierno ha descubierto en algún só
ón comunista contra el Brasil.
El plan se llama Cohen por un error de
la dactilógrafa, que escuchó mal el
dictado. El fabricante del plan, el capitán de ejército Ol
ympio Mourao Filho, lo había
bautizado Plan Kun en su manuscrito original, porque lo había inventado basándose
en los documentos de la fugaz revoluci
ón húngara encabezada por Bela Kun.
El nombre es lo de menos. El capi
tán Mourao Filho recibe un merecido
ascenso a mayor.
1937
Valle de Cariri
El delito de comunidad
por tierra. Los degüellan, los queman vivos, los crucific
an. Cuarenta años después
del exterminio de la comunidad de Canu
dos, el ejército brasileño arrasa la
comunidad de Caldeirao, isla de verdor
en el nordeste, por el mismo delito de
En Caldeirao nada era de nadie: ni los te
lares, ni los hornos de ladrillos, ni el
mar de los maizales en torno al caserío,
ni la vasta nieve de los algodonales que
había más allá. Dueños eran todos y ninguno,
y no había desnudos ni hambrientos.
Los menesterosos se habían hecho comune
ros al llamado de la Santa Cruz del
Desierto, que el beato José
Lourenço, peregrino del desierto, había cargado hasta
aquí. La Virgen María había elegido el lu
elegido el hombro del beato para traerla.
Donde el beato clavó la cruz, brotó agua
Pero este beato escuálido era el prós
pero sultán de un harem de once mil
vírgenes, según acusaron los diarios de l
ejanas ciudades; y por si fuera poco, era
también un agente de Moscú que esco
ndía un arsenal en sus graneros.
De la comunidad de Caldeirao, nada deja
ron, ni nadie. El potro Trancelim, que
sólo el Beato montaba, huye al galope
por los montes pedregosos. En vano busca
algún arbusto que convide sombra, ba
jo este sol de los infiernos.
1937
Río de Janeiro
Monteiro Lobato
La censura prohíbe
Antes, había fracasado en el negocio editoria
l, cuando tuvo la loca idea de vender
libros no sólo en librerías, sino también en farmacias y bazares y puestos de
periódicos.
Monteiro Lobato no ha nacido para editar
libros, sino para escribirlos. Lo suyo
es contar cuentos a los niños, saber con el
los, volar en ellos. En la Quinta del
Benteveo Amarillo, un cerdo de pocas luces es Marqués de Rabicó y una mazorca
de maíz se hace ilustrado vizconde, que pued
e leer la Biblia en latín y dirigirse en
inglés a los pollos Leghorn. El Marqués de
Rabicó se ha enamorado de Emilia, la
muñeca de trapo, que habla y habla sin pa
rar porque ha empezado tarde en la vida
y tiene mucha charla depositada.
1937
Lara en las escuelas, porque
Lara exalta a la Perdida, en cuyas ojeras se ven las palmeras borrachas de
sol, suplica amor a la Pervertida, y sueña
en el suntuoso lecho de la Cortesana de
cutis de seda, y en sublime arrebato arroja
rosas a los pies de la Pecadora y cubre
de incienso y joyas a la Ramera Vil, a cambio de las mieles de su boca.
1937
n la guerra que está ocurriendo a un
paso de su hotel, en la capital asediada por los soldados de Franco y los aviones de
¿Por qué ha acudido Hemingway a la soledad de España? Él no es
precisamente un militante, de los muchos venidos de todas partes del mundo a las
solidarias filas de las brigadas. Pero Hemingway escribe revelando la desesperada
búsqueda de la dignidad entre los hombres; y la dignidad es lo único que no está
racionado en estas trincheras de la república española.
1937
Acude el pueblo a reír. En las carpas suburbanas de la ciudad de México,
pobres teatritos de quita y pon, todas las candilejas iluminan a Cantinflas.
Hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos
ralo, pantalón caído, disparateando discursos a toda
velocidad. Su desbocado palabrerío sin
intelectualosos y los politiqueros, doctores
de mucho hablar diciendo nada, que en
infinitas frases persiguen al punto sin encontrarlo jamás. En estas tierras, la
inflación palabraria.
1937
México no se lava las manos ante la gu
erra de España. Lázaro Cárdenas, raro
presidente amigo del silencio y enemigo
del aspaviento, proclama su solidaridad,
pero sobre todo la practica: envía armas al
frente republicano, a través de la mar, y
recibe a los niños huérfanos que los barcos traen a montones.
Cárdenas gobierna escuchando. Es an
dariego y escuchador: de pueblo en
pueblo va, conociendo quejas
y necesidades con in
más de lo que hace. Como es hombre de palabra, habla muy poco. Hasta Cárdenas,
el arte de gobernar en México consis
tía en mover la lengua; pero él dice
no
todo el mundo le cree. En el verano de
l año pasado anunció la reforma agraria y
desde entonces no ha cesado de entreg
Lo odian cordialmente los que han convertido la revolución en negocio. Ellos
olvidado la lengua castellana, de tanto
andar entre indios, y que cualquier día de
éstos se va a aparecer vestido de
taparrabos y plumajes.
(45, 78 y 201)
1938
Anenecuilco
Antes que nadie, más que nadie, han luch
ado por la tierra los campesinos de
mucho tiempo y mucha sangre sigue más o menos en las
mismas la comunidad donde Emiliano Zapata nació y se alzó.
En el centro de la lucha de los campesinos hay un manojo de papeles,
mordidos por las polillas y los siglos. Esos
documentos prueban, con sello de virrey,
que esta comunidad es dueña de su comarc
a. Emiliano Zapata los había dejado en
manos de uno de sus soldados, Pancho Franco:
Si los pierdes, compadre, te secas colgado de una rama.
Varias veces Pancho Franco salvó por
un pelito los papeles y la vida. Varias
veces tuvo que buscar refugio en las
montañas, ante las embestidas de los
militares y los politiqueros.
El mejor amigo de la comunidad es el
presidente Lázaro Cárdenas, que ha
venido a Anenecuilco, ha escuchado a los
campesinos y ha reconocido y ampliado
sus derechos. El peor enemigo de la co
munidad es el voraz diputado Nicolás
ha apoderado de las mejores tierras y
quiere quedarse también con las peores.
1938
a la Shell. México paga ca
llevan treinta años saqueando el subsuelo y robando
impuestos y salarios cuando un buen día
Cárdenas decide que México es el dueño
Desde ese día, nadie consigue pegar un
ojo. El desafío despabila al país.
Inmensas multitudes se lanzan a las calles en manifestación incesante, llevando en
l, y con música de marimbas y campanas
los obreros ocupan los pozos y las refinerí
as. Pero las empresas se llevan a todos
los técnicos, amos del misterio, y no ha
y quien maneje los indescifrables tableros
de mando. La bandera nacional fl
la guerra: la guerra contra las dos em
todo la guerra contra la tradición latinoamericana de la impotencia, la colonial
no sé, no puedo.
(45, 201, 234 y 321)
1938
El desmadre
La Standard Oil exige la inmediata inva
sión de México. Cárd
enas advierte que
incendiará los pozos si asoma un solo so
ldado en la frontera. El presidente
Roosevelt silba y mira para otro lado, pero la corona inglesa hace suyas las furias
de la Shell y anuncia que no comprará ni
dice que tampoco. Otros países se suman al
bloqueo. México no encuentra quien le
venda una pieza de repuesto; los ba
rcos desaparecen de sus puertos.
Cárdenas no se baja de la mula. Busca clientes en las áreas prohibidas, la roja
Rusia, la Alemania nazi, la Italia fascist
a, mientras las instalaciones abandonadas
van resucitando poquito a poco: los
trabajadores mexicanos remiendan,
improvisan, inventan, se las arreglan como
puro entusiasmo, y
así la magia de la creación va
haciendo posible la dignidad.
(45, 201, 234 y 321)
1938
Cada mañana se sorprende de desper
tarse vivo. Aunque su casa tiene
guardias en los torreones y está rodeada
de alambradas eléctricas, León Trotski
sabe que es una fortaleza inútil. El creado
r del ejército rojo agradece a México, que
le ha dado refugio, pero más agradece a la suerte:
—comenta cada mañana a su mujer—.
Anoche no nos
mataron, y todavía te quejas.
Desde que Lenin murió de su muerte, Stalin ha liquidado, uno tras otro, a los
rusa. Para salvarla, dice Stalin. Para
i, hombre marcado para morir.
Porfiadamente, Trotski sigue creyendo
en el socialismo, por muy sucio que
Al fin y al cabo,
quién podría negar que el cristianismo es
mucho más que la Inquisición?
1938
Sertón del nordeste brasileño
Los cangaceiros
operan siempre en modesta escala y nu
nca sin motivo: no roban pueblos de
más de dos iglesias y matan solamente por encargo o por venganza que han jurado
besando el puñal. Actúan en las tierras quemadas del desierto, lejos de la mar y del
dragones. Al revés y al derech
o atraviesan las soledades del
nordeste del Brasil, de a caballo y de
a pie, con sus sombreros de media luna
padres. Pactando con el Ciel
o y con el Infierno han cerra
do sus cuerpos a la bala y
al puñal, para morir de muerte morida y no de muerte matada, pero a la corta o a
la larga acaban muy a la mala sus vidas jugadas, mil veces alabadas por las coplas
de los cantadores ciegos, Dios dirá, Dios
a andan sin dar tiempo a que el sudor se
(136, 348, 352 y 353)
1938
Angico
Los cazadores de cangaceiros
Para despistar, los cangaceiros imitan ruidos y huellas de bichos y usan falsas
suelas con el talón en la punta. Pero
el que sabe, sabe; y un buen rastreador
avés de esta morib
lugar, y por lo que huele. Los cangaceiros
son locos por el perfume. Se echan perfum
e por litros, y esa debilidad los delata.
Persiguiendo huellas y aromas, llegan los
rastreadores al escondrijo del jefe
Lampiao; y tras ellos la tropa. Tanto
se arriman los soldados, que escuchan a
Lampiao discutiendo con su mujer. María Bonita lo maldice, mientras fuma un
cigarro tras otro, sentada en una piedra a
la entrada de la cueva, y él contesta
Cae una garúa, leve.
(52, 348, 352 y 353)

1939
San Salvador de Bahía
Las mujeres de los dioses
Ruth Landes, antropóloga norteamericana
, viene al Brasil. Quiere conocer la
vida de los negros en un país
sin racismo. En Río de Janeiro la recibe el ministro
Osvaldo Aranha. El ministro le explica que
el gobierno se propone limpiar la raza
brasileña, sucia de sangre negra, porque
la sangre negra tiene la culpa del atraso
nacional. De Río, Ruth viaja
a Bahía. Los negros son amp
lia mayoría en esta ciudad,
s opulentos en azúcar y en esclavos, y
negro es todo lo que aquí vale la pena, desde la religión hasta la comida pasando
do el mundo cree, y los negros también,
que la piel clara es la prueba de la
buena calidad. Todo el mundo, no: Ruth
descubre el orgullo de la negritud en
En esos templos son casi siempre mu
jeres, sacerdotisas negras, quienes
reciben en sus cuerpos a los
splandecientes y redondas
como balas de cañón, ellas ofrecen a los
dioses sus cuerpos amplios, que parecen
casas donde da gusto llegar y quedarse. En e
llas entran los dioses y en ellas bailan.
De manos de las sacerdotisas poseídas, el pueblo recibe aliento y consuelo; y por
sus bocas escucha las voces del destino.
Las sacerdotisas negras de Bahía
aceptan amantes, no maridos. El
ro quita libertad y alegría. A ninguna le interesa
formalizar boda ante el cura o el juez:
ninguna quiere ser espo
sada esposa, señora
de. Cabeza erguida, lánguido balanceo: las
en como reinas de
la Creación. Ellas condenan a sus hombres al
incomparable tormento de sentir celos
Exú
El terremoto de los tambores perturba
el sueño de Río de Janeiro. Desde la
maleza, a la luz de las fogatas, Exú se bu
rla de los ricos y contra ellos lanza sus
mortales maleficios. Alevoso vengador de los sin nada, él ilumina la noche y
Si tira una pedrada a la floresta, la floresta sangra.
El dios del pobrerío es diablo tambié
n. Tiene dos cabezas: una de Jesús de
del otro mundo, diosito de
segunda, pero en las favelas de Río es el poderoso
dueño de la medianoche. Exú, capaz de ca
ricia y de crimen, puede salvar y puede
Él viene desde el fondo de la tierra. En
tra, violento, rompedor, por las plantas
de los pies descalzos. Le prestan cuerpo
y voz los hombres y mujeres que viven con
las ratas, entre cuatro latas colgadas de
divierten hasta rodar de risa.
Ella es Exú y también es una de sus mu
jeres, espejo y amante: María Padilha,
la más puta de las diablas con las que Exú gusta revolcarse en las hogueras.
No es difícil reconocerla cuando entra
en algún cuerpo. María Padilha chilla,
aúlla, insulta y ríe de muy mala manera, y al fin del trance exige bebidas caras y
cigarrillos importados. Hay que darle trat
o de gran señora y rogarle mucho para
que ella se digne ejercer su reconocida in
fluencia ante los dioses y los diablos que
más mandan.
María Padilha no entra en cualquier cuer
po. Ella elige, para manifestarse en
este mundo, a las mujeres que en los
suburbios de Río se ganan la vida
entregándose por monedas. Así, las despreci
adas se vuelven dignas de devoción: la
centro del altar. Brilla más qu
e todos los soles la basura
de la noche.
1939
Río de Janeiro
El samba
El Brasil es brasileño y Dios también, proclama Ari Barroso en la muy
patriótica y bailonguera música que se está
imponiendo en el
carnaval de Río de
Janeiro.
rnaval ofrece no ex
altan las virtudes
fechorías de los libres, maldicen a la miseria
y a la policía y despre
cian el trabajo. El
trabajo es cosa de otarios, porque a la vista está que el albañil no podrá nunca
El samba, ritmo negro, hijo de los cánt
icos que convocan a los dioses negros
de reojo. Merece desconfianza por negro y
de los perseguidos de la poli
cía. Pero el samba alegra las piernas y acaricia el alma
y no hay manera de ignorarlo cuando suen
a. Al ritmo del samba respira el universo
hasta el próximo miércoles de cenizas, mien
tras dura la fiesta que convierte a todo
1939
Río de Janeiro
Desde entonces anduvo de mano en
mano, de dueño en
dueño, hasta que
vino a parar a un burdel donde aprendió el
oficio de cocinero y las alegrías de la
cama. Ahí se hizo matón profesional, prot
ector de las putas y los putos y de todos
los bohemios sin amparo. Los policías le
mo para enviarlo
negro fortachón nunca va más allá del
hospital y de la cárcel.
Madame Satán es él de lunes a viernes,
un diablo de sombrero panamá que a
trompadas y navajazos domina las noches
del barrio de Lapa, mientras pasea
silbando y marcando el ritmo del samba co
n una cajita de fósf
oros; y los fines de
semana es ella, la diabla que acaba de ga
nar el concurso de fantasías de carnaval
con una mariconísima capa de murciélaga
dorada, que lleva un anillo en cada dedo
y que mueve las caderas como su amiga Carmen Miranda.
1939
Río de Janeiro
En el morro de Mangueira, Cartola es el
alma del samba y de todo lo demás.
A menudo se lo ve pasar en ráfaga, con el pantalón en la mano flameando
como bandera, corrido por
algún marido intolerante.
Entre farras y disparadas, le brotan de adentro melodías y quejas de amor
que él tararea y al rato olvida.
Cartola vende sus sambas al primero que aparezca y por lo poco que dé.
Siempre se asombra de que haya quien pague algo por eso.
1939
Abadía de Montserrat
Herida de muerte, la república española
s. Poco aire le
queda. El ejército de Fran
En la abadía de Montserrat, a modo de despedida, los milicianos publican los
versos que dos latinoamericanos han escrito en homenaje a España y su tragedia.
ano Vallejo se imprimen en papel hecho
eras enemigas y vendajes.
que caiga España, dolida y sola como
tenía ya el recuerdo, y por España fueron
sus últimos poemas, escritos a la mala,
entre cuatro lúgubres paredes. Cantó
Vallejo a la gesta del pueblo español en
armas y a toda su desmesura, amado sol,
1939
Washington
Roosevelt
Cuando Franklin Delano Roosevelt llegó
a la presidencia, había en los Estados
Unidos quince millones de trabajadores si
n trabajo, que miraban con caras de niños
perdidos. Muchos alzaban el pulgar en las
ciudad, descalzos o con cartones sobre las suelas agujereadas, teniendo por hoteles
los urinarios públicos y las estaciones del ferrocarril.
Para salvar a su nación, lo primero que
hizo Roosevelt fue enjaular el dinero:
cerró todos los bancos hasta que se desp
ejara el panorama. Y desde entonces ha
rnar por ella, y ha consolidado la
democracia amenazada por la crisis.
Con los dictadores latinoamericanos, si
n embargo, se lleva de lo más bien.
Roosevelt los protege, como protege a los automóviles Ford, a las heladeras
Kelvinator y a todos los demás producto
s industriales de los Estados Unidos.
1939
Washington
una salva de veintiún cañonazos le da la bienvenida en la academia militar de
West Point. Trujillo se ec
ha aire con un perfumado abanico de marfil y saluda
revoleando el plumaje de avestruz de
delegación de obispos, generales y cort
esanas, un médico y un brujo especialista
en mal de ojo. También lo acompaña el brigadier general Ramfis Trujillo, de nueve
años de edad, que arrastra
El general George Marshall ofrece a
Mayflower y el presidente Roosevelt lo recibe en la Casa Blanca. Legisladores,
gobernadores y periodistas cubren de alab
anzas al estadista ejemplar. Trujillo, que
paga sus muertos al contado, también al
contado compra elogios, con cargo al
Alpiste para pájaros
del presupuesto del Poder Ejecutivo de la República
Dominicana.
1939
Washington
Somoza
Antes de que los
marines
Tacho Somoza se dedicaba a falsificar mo
nedas de oro y a ganar con trampas en el
poker y el amor.
Desde que tiene todo el poder, el asesino de Sandino ha convertido el
presupuesto nacional en su cuenta person
al y se ha hecho dueño de las mejores
tierras del país. Ha liquidado a sus enem
igos tibios disparándoles préstamos del
han acabado en accidente o emboscada.
La visita de Somoza a los Estados Unid
os no es menos triunfal que la de
Trujillo. El presidente Roosevelt acude, co
n varios ministros, a darle la bienvenida
discursos. Somoza anuncia que la avenida principal de Managua, que atraviesa la
ciudad de la laguna al lago, pasa a llamarse avenida Roosevelt.
1939
Nueva York
Superman
En la revista «Action Comics» se pu
Este Hércules de nuestro tiempo custodia
la propiedad privada en el universo.
rápido que la luz y rompiendo las barrera
s del tiempo. Vaya donde vaya, en este
mundo o en otros, Superman restablece
el orden con más eficacia y rapidez que
marines
juntos. Con una mirada derrite el acero, con una patada tala
todos los árboles de la selva, con un puñetazo perfora varias montañas a la vez.
En su otra personalidad, Superman es el
timorato Clark Kent
, tan pobre diablo
como cualquiera de sus lectores.
1941
Nueva York
Las salas de cine se niegan a exhibir
El Ciudadano.
Sólo algunos teatritos de
morondanga se atreven a semejante desafío. En
El Ciudadano,
Orson Welles cuenta
la historia de un hombre enfermo de fieb
re de poder, y ese hombre se parece
demasiado a William Randolph Hearst.
Hearst posee dieciocho diarios, nueve
personas. Él sabe cómo excitar a la opinión pública. En su larga vida ha provocado
guerras y bancarrotas, ha hecho y desh
echo fortunas, ha creado ídolos, ha
demolido reputaciones. Son inventos su
yos las campañas escandalosas y las
columnas de chismes, buenas
para golpear, como a él le gusta, por debajo de la
cintura.
El más poderoso fabricante de opinión de los Estados Unidos cree que la raza
blanca es la única raza de veras humana.
Cree en la necesaria victoria del más
fuerte y cree que los comunistas tienen la
culpa de que los jóvenes beban alcohol.
También está convencido de que los ja
Los diarios de Hearst llevan más de
medio siglo alertand
se norteamericana de Pearl Harbor. Los
Estados Unidos entran en la segunda guerra mundial.
1942
Washington
La Cruz Roja no acepta sangre de negros
Salen los soldados de los Estados Unidos
hacia los frentes de guerra. Muchos
son negros, al mando de oficiales blancos.
Los que sobrevivan, volverán a casa. Los negros entrarán por la puerta de
atrás, y en los estados del sur tendrán un lu
gar aparte para vivir y trabajar y morir,
y hasta yacerán después de muertos en ce
menterio aparte. Los encapuchados del
Ku Klux Klan evitarán que los negros se
todo en los dormitorios de las blancas.
La guerra acepta negros. Miles y miles
de negros norteamericanos. La Cruz
Roja, no. La Cruz Roja de los Estados Unid
os prohíbe la sangre de negros en los
bancos de plasma. Así evita que la mezc
la de sangres se haga por inyección.
1942
Nueva York
Charles Drew es un inventor de vida. Sus investigaciones han hecho posible la
conservación de la sangre. Gracias a él
existen los bancos de plasma, que están
resucitando a miles de moribundos en
los campos de batalla de Europa.
Drew dirige el servicio
de plasma de la Cruz Roja en los Estados Unidos.
Cuando la Cruz Roja resuelve rechazar la sangre de negros, renuncia a su cargo.
Drew es negro.
1942
Oxford, Mississippi
Sentado en una mecedora, ante el pórtico de columnas de una mansión que
se está desmoronando, William Faulkner fuma
su pipa y escucha las confidencias de
los fantasmas.
Los amos de las plantaciones cuentan
Nada les produce tanto horror como la mezcla
de razas. Una gota de sangre negra,
aunque sólo sea una gota, es un destino que maldice la vida y obliga a pasar la
muerte entre los negros fuegos del infierno. Las dinastías del sur de los Estados
Unidos, nacidas del crimen y
al crimen condenadas, vigila
n el blanco fulgor de su
propio crepúsculo, injuriado por cualqu
ier negrura o sombra de negrura. Los
caballeros quisieran creer que la pureza
del linaje no perecerá, aunque perezca su
1942
Hollywood
Hollywood fabrica películas para conv
vigilia de la humanidad en trance de aniq
uilación. Bertoll Brecht, desterrado de la
Alemania de Hitler, está empleado en esta
industria de somníferos. El fundador de
un teatro que quiere abrir bien abiertos los oj
os de la gente, se gana la vida en los
estudios de la United Artists. Él es
uno más entre los muchos escritores que
trabajan para Hollywood con horario de oficina, compitiendo por escribir la mayor
cantidad de tonterías por jornada.
Un día de éstos, Brecht compra un pequ
eño Dios de la Suerte, al precio de
cuarenta centavos, en una tienda china. Lo
ubica en su escritorio, bien a la vista. A
erte se relame cada vez que lo obligan a
tomar veneno.
1942
Hollywood
Los buenos vecinos del sur
acompañan a los Estados Unidos en la guerra mundial. Es el tiempo de los
los países latinoamericanos aportan materias primas baratas,
baratos alimentos y algún soldado que otro.
El cine exalta la causa común. En las
películas rara vez falta el número southa
mericano, cantado y bailado en español o
portugués. El Pato Donald estrena un amigo
brasileño, el lorito José Carioca. En
islas del Pacífico o campos de Europa, los galanes de Hollywood liquidan japoneses
y alemanes por montones: cada galán tiene
al lado un latino simpático, indolente,
más bien tonto, que admira al rubio herm
ano del norte y le sirve de eco y sombra,
fiel escudero, aleg
re musiquero, mensajero y cocinero.
1942
Pampa de María Barzola
Método latinoamericano pa
ra reducir los costos
Bolivia es uno de los países que pagan la guerra. Desde siempre condenada a
ración de hambre, Bolivia contribuye a la
causa aliada vendiendo su estaño a un
precio diez veces más bajo qu
e el bajo precio habitual.
ganga: sus salarios, de casi nada
huelga sigue ocurriendo. Entonces el pres
idente, Enrique Peñaranda, ordena al
ejército que actúe de manera
Patiño, rey de las minas, manda
proceder sin vacilación.
Sus virreyes, Aramayo y Hochschild, aprueban. Las
La Patiño Mines paga algunos ataúdes,
pero se ahorra la indemnización. La
1943
Sans-Souci
Alejo Carpentier descubre, alucinado, el
reino de Henri Christophe. Recorre el
escritor cubano las altivas ruinas del delirio de aquel esclavo
ser monarca de Haití y se mató disparándo
colgada del cuello. Carpentier escucha lo
s himnos ceremoniales y los tambores
tras visita el palacio que
Versalles, y recorre su invulnerable fortaleza, inmensa mole que resistió rayos y
n sangre de toros sacrificados a los
En Haití, Carpentier aprende que no
hay magia más prodigiosa y deleitosa que
el viaje que conduce, realidad adentro,
cuerpo adentro, a las profundidades de
burócratas y la maravilla, cansada, se
tidigitación. En América, en
cambio, el surrealismo es
natural como la lluvia o la locura.
(85)
1943
arte haitiano. Todos pintan todo: telas,
cartones, latas, maderas, muros y lo que
zapatero remendón y el pescador, la lava
ndera del río y la vivandera del mercado.
En el país más pobre de América, expr
imido por Europa, invadido por Estados
pueblo se pone a gritar colores y no
hay quien lo haga callar.
(122, 142 y 385)
1943
Mont Rouis
Un granito de sal
En una cantina, rodeado de niños pa
nzones y perros esqueléticos, Héctor
Hyppolite pinta dioses con un pincel de pl
aparece por las tardes y lo ayuda.
Hyppolite pinta a los dioses que pintan
por su mano. Estos dioses pintores y
pintados, los dioses haitianos, habitan a la
vez la tierra, el ciel
capaces del bien y del mal, ofrece
n a sus hijos venganza y consuelo.
No todos han venido del África. Alg
unos han nacido aquí, como el Barón
negro sombrero de copa y bastón negro,
que es el dueño de los venenos y las tu
mbas. Del Barón Samedi depende que los
venenos maten y que los muertos descansen
en paz. A muchos muertos los hace
zombis y los condena a trabajar de esclavos.
Los zombis, muertos que caminan o vivos
aire de estupidez irremediab
le. Pero dos por tres se e
scapan y recuperan la vida
perdida, el alma robada: un solo granito
de sal alcanza para despertarlos. Un solo
cómo va a faltar sal en la morada de los esclavos que derrotaron
a Napoleón y fundaron la libertad en América?
(142, 233 y 295)
1944
Nueva York
Aprendiendo a ver
Es mediodía y James Baldwin está cami
nando con un amigo por las calles del
—le dice el amigo,
señalando el suelo.
Baldwin mira. No ve nada.
Mira, mira.
Nada. Allí no hay nada que
mirar, nada que ver. Un
contra el borde de la acera y nada más. Pero el amigo insiste:
¿Ves? ¿Estás viendo?
Y entonces Baldwin clava la mirada y ve. Ve una mancha de aceite
estremeciéndose en el charco. Después, en
la mancha de aceite ve el arcoiris. Y
más adentro, charco adentro, la calle
náufragos y los locos y los magos, y el mundo entero pasa, asombroso mundo lleno
de mundos que en el mundo fulguran; y así, gracias a un amigo, Baldwin ve, por
primera vez en su vida ve.
1945
Frontera entre Guatemala y El Salvador
Miguel a los cuarenta
Duerme en cavernas y cementerios. Condenado por el hambre a hipo
continuo, anda disputando miguitas con
las urracas y las palomas mustungonas. La
hermana, que lo encuentra de vez en cuando, le dice:
Dios te ha dado muchas habilidades, pe
ro te ha puesto el castigo de ser
comunista.
Desde que Miguel recuperó la confianza pl
ena de su partido, no ha dejado de
correr y padecer. Y ahora el partido ha
resuelto que el más sacrificado de sus
militantes se marche desde El Salvador hacia el exilio en Guatemala.
Miguel consigue pasar la frontera, al cabo de mil trajines y peligros. Ya es
noche cerrada. Se echa a dormir, exhausto,
bajo un árbol. Al alba, lo despierta una
enorme vaca amarilla, que le está
lamiendo los pies.

Y la vaca se asusta y huye a todo lo que da y mugiendo se mete en el monte.
Del monte emergen, en seguida, cinco toros vengadores. Miguel no puede escapar
hacia atrás ni hacia arriba.
A sus espaldas hay un abismo y el árbol es de tronco
liso. En tromba se le vienen encima los to
paran en seco y mirándolo fijo resoplan, ec
han fuego y humo, tiran cornadas al aire
y rastrillan el suelo arrancando maleza y polvareda.
a. Tartamudo de pánico, balbucea explicaciones. Los
toros lo miran, hombrecito mitad hambre
mitad susto, y se miran entre sí. Él se
encomienda a Marx y a san Francisco de Asís. Y por fin los toros le dan la espalda y
se alejan, cabizbajos, a paso lento.
Y así ocurre el noveno nacimiento de Mi
guel Mármol, a los cuarenta años de su
1945
Hiroshima y Nagasaki
eleva lentamente, rompe el cielo y se
derrumba. Tres días después, otro sol de
e el Japón. Debajo
quedan las cenizas de dos ciudades, un de
sierto de herrumbre, muchos miles de
muertos y más miles de condenados a mori
r de a pedazos a lo largo de los años
Estaba la guerra casi acabada, ya liquidados Hitler y Mussolini, cuando el
presidente Harry Truman dio la orden de
arrojar las bombas atómicas sobre las
poblaciones civiles de Hiro
shima y Nagasaki. En los
nacional exigía la pronta aniquilación del Peligro Amarillo. Ya era hora de acabar de
una buena vez con los humos imperiales de
este arrogante país asiático jamás
buenos, decía la prensa, estos monitos
traicioneros.
Ahora no caben dudas. Hay un gran
vencedor entre los vencedores. Los
Estados Unidos emergen de la guerra mund
ial intactos y más poderosos que nunca.
Actúan como si todo el
1945
Albert Einstein se siente como si su propia mano hubiera apretado el botón. Él
no hizo la bomba atómica, pero la bomb
a atómica no hubiera sido posible sin sus
descubrimientos. Ahora Einstein quisiera
haber sido otro, haberse dedicado al
inofensivo oficio de reparar cañerías
o levantar paredes en vez de andar
Cuando era niño, un profesor le dijo:
Nunca llegarás a nada.
Papando moscas, con cara de estar en la
luna, él se pregunta
ba cómo sería la
ar un rayo. Cuando se hizo hombre,
encontró la respuesta, que resultó ser la teoría de la relatividad. Recibió un premio
Nobel y mereció varios más, por las respuestas que desde entonces ha encontrado
para otras preguntas, nacidas del misterioso
vínculo entre las sonatas de Mozart y
que dibuja, en el
aire, el humo de su
larguísima pipa.
Einstein creía que la ciencia era una manera de revelar la belleza del universo.
s tristes ojos de la historia humana.
1945
Buenos Aires
El general MacArthur se hace cargo de
los japoneses y Spruille Braden se
ocupa de los argentinos. Para conducir a los argentinos por la buena senda de la
Democracia, el embajador norteamericano
Braden reúne a todos los partidos, desde
el Conservador hasta el Comunista, en un
frente único contra Juan Domingo Perón.
Según el Departamento de
Estado, el coronel Perón,
ministro de Trabajo del
gobierno, es el jefe de una banda de nazi
su escritorio guarda fotos de indias
desnudas de la Patagonia junto a las imágenes de Hitler y Mussolini.
Volando recorre Perón el camino a la
presidencia. Lleva del brazo a Evita,
actriz de radioteatro, de ojos febriles y
entradora voz; y cuando él se cansa o duda
o se asusta, es ella quien lo lleva. Pe
rón reúne más gente que todos los partidos
juntos. Cuando lo acusan de agitador, re
sponde que a mucha ho
los de punta en blanco, corean el nombre
del embajador Braden en las esquinas del
s y pañuelos, pero en los barrios obreros
gritan el nombre de Perón las descamisadas multitudes. El pueblo laburante,
desterrado en su propia tierra, mudo de ta
nto callar, encuentra patria y voz en este
raro ministro que se po
El prestigio popular de Perón crece y crece a medida que él desempolva
olvidadas leyes sociales o
crea leyes nuevas. Suyo es
el estatuto que obliga a
plantaciones. El estatuto no se queda en el
papel y así el peón de campo, casi cosa,
se hace obrero rural con sindicato y todo.
1945
Campos de Tucumán
está hecho una furia con estas novedades que han venido a perturbar sus
dominios. Los sindicatos obreros le dan más
bronca y susto que la cruz del cuchillo.
En las plantaciones de caña de azúcar
ocupa de la obediencia de los peones. Al
peón que se pone respondón y arisco, el
Familiar lo devora de un bocado. Hace ru
ido de cadenas y echa peste de azufre,
pero no se sabe si es el Diablo en person
a o simple funcionario. Sólo sus víctimas lo
han visto, y ninguna pudo contar el cuen
to. Dicen que dicen que por las noches el
Familiar ronda los galpones donde los peon
es duermen, hecho enorme serpiente, y
que acecha agazapado en los caminos, en
forma de perro de ojos en llamas, todo
negro, muy dentudo y uñudo.
En las provincias del norte argentino no se llora la muerte de los niños chicos.
Una boca menos en la tierra, en el cielo
un ángel más: la muerte se bebe y se
baila, desde el primer canto del gallo, con largos tragos de aloja y chicha y al son
del bombo y la guitarra. Mientras los baila
ntes giran y zapatean, se van pasando al
niño de brazo en brazo. Cuando el niño
ha sido bien mecido y festejado, rompen
todos a cantar para que empiece su vuelo al
Paraíso. Allá va el viajerito, vestido
con sus mejores galas, mientras crece la
canción. Y le dicen adiós encendiendo
1945
Campos de Tucumán
Tiene cara de indio que mira la montaña que lo mira, pero viene de las
llanuras del sur, de la pampa sin eco, que nada esconde, el gaucho cantor de los
misterios del norte argentino. Viene de a ca
ballo, parando en cada lugar, en cada
persona, al azar del camino. Por conti
nuar el camino canta, cantando lo que
anduvo, Atahualpa Yupanqui. Y por continua
r la historia: porque la historia del
pobre se canta o se pierde y bien lo sabe
él, que es zurdo para tocar la guitarra y
para pensar el mundo.
(202, 270 y 472)
1946
La Paz
En la cumbre, hay tres. Abajo, en la base de la montaña, hay tres millones. La
montaña es de estaño
y se llama Bolivia.
Los tres de la cumbre forman la Rosca minera. Simón Patiño está al centro. A
un costado tiene a Carlos Aramayo; al ot
ro, a Mauricio Hochschild. Patiño era un
y lo convirtió en uno de los hombres má
s ricos del mundo. Ahora usa chaleco con
cadena de oro y a su mesa sienta reye
s y presidentes. Aramayo viene de la
aristocracia local. Hochschild viene del avión que lo trajo. Cualquiera de los tres
tiene más dinero que el Estado.
ra. Para evitar impuestos, la sede de
Patiño está en Estados Unidos, la de Aramayo en Suiza y la de Hochschild en Chile.
Patiño paga a Bolivia 50 dó
lares al año por impuesto a la renta, Aramayo 22 y
Cada miembro de la Rosca dispone de
un diario y de varios ministros y
legisladores. Es tradición que el canciller reciba un salario mensual de la Patiño
Mines. Pero ahora el presidente, Gualbert
o Villarroel, quiere obligar a la Rosca a
pagar impuestos y salarios que no sean
simbólicos, así que se desata una
1946
La Paz
El presidente Villarroel no se defiende. Se abandona al destino, como si del
Contra él embisten matones a sueldo
, seguidos de un extraño y numeroso
cortejo donde se mezclan beatas y estudiantes. Alzando antorchas, banderas
negras y sábanas ensangrentadas, los amot
inados invaden el palacio de gobierno,
arrojan a Villarroel del balcón a la calle y lo cuelgan, desnudo, de un farol.
arroel había querido dar los mismos
y a la amante, al hijo legal y al hijo
natural.
El mundo entero saluda el crimen. Los
dueños de la Democr
han liquidado a este tirano a sueldo de
Hitler, que con imperdonable insolencia
que no cesa de trabajar por su propia desg
caída de lo que es y
la restauración de lo que era. Viven jornadas felices la Liga de Moral, la Asociación
erra, la embajada de los Estados Unidos,
toda la derecha, casi toda la izquierda, izquierda a la izquierda de la luna, y la
1946
Hollywood
Carmen Miranda
Toda brillosa de lentejuelas y collares,
coronada por una torre de bananas,
Carmen Miranda ondula sobre un fondo de paisaje tropical de cartón.
Nacida en Portugal, hija de un fígaro
es hoy por hoy el principal producto de
exportación del Brasil. El café viene
canta con las caderas y las manos y con la
s guiñadas de sus ojos, y con eso le
sobra. Es la mejor pagada de Hollyw
ood; posee diez casas y ocho pozos de
Pero la empresa Fox se niega a renova
rle el contrato. El
MacCarthy la ha denunciado por obscena,
porque durante una filmación, en pleno
baile, un fotógrafo delató intolerables desnudeces bajo su falda volandera. Y la
prensa ha revelado que ya en su más tierna infancia Carmen había recitado ante el
rey Alberto de Bélgica, acom
pañando los versos con descarados meneos y caídas
de ojos que provocaron escándalo a las mo
njas y al monarca prolongado insomnio.
1948
Vísperas
En la plácida Bogotá, morada de frailes y juristas, el general Marshall se reúne
con los cancilleres de los países latinoamericanos.
Mago de Occidente, el que riega con
dólares los suelos europeos devastados po
r la guerra? El general Marshall resiste,
impasible, con los audífonos pegados a las
sienes, el discurserío que arrecia. Sin
mover ni los párpados, aguanta las larguí
simas profesiones de fe democrática de
muchos delegados latinoamericanos ansi
muerto, mientras John McCloy, gere
nte del Banco Mundial, advierte:
Lo lamento, señores, pero
Más allá de los salones de la Nove
na Conferencia Panamericana, también
llueven discursos todo a lo largo y a lo ancho del país anfitrión. Los doctores
liberales anuncian que traerán la paz a Colombia,
brotar el olivo en las colinas de Atenas,
arrancar al sol fuerzas inéditas y prende
globo la tímida lamparilla votiva del tenebr
ario que se enciende en vísperas de la
traición en la noche de las tinieblas.
, proclaman y declaman, la realidad
existe. En los campos colombianos se libra
a tiros la guerra entre conservadores y
liberales; los políticos ponen las palabras y los campesinos ponen los muertos. Y ya
la violencia está llegando hasta Bogotá, ya
golpea a las puertas de la capital y
amenaza su rutina de siempre, siempre
los mismos pecados, siempre las mismas
ha lanzado a la arena y ha roto en pedazos a un pobre toro que se negaba a pelear.
1948
El país político,
dice Jorge Eliécer Gaitán,
nada tiene que ver con el país
nacional.
Gaitán es jefe del Partido Liberal, pe
ro es también su oveja negra. Lo
adoran los pobres de todas las banderas.
¿Qué diferencia hay entre el hambre
liberal y el hambre conservadora? ¡El paludismo no es conservador ni liberal!
La voz de Gaitán desata al pueblo que po
r su boca grita. Este hombre pone al
miedo de espaldas. De todas partes ac
uden a escucharlo, a escucharse, los
andrajosos, echando remo a través de la
por los caminos. Dicen que cuando Gaitán
habla se rompe la niebla en Bogotá; y
que hasta en el alto cielo san Pedro para la oreja y no permite que caiga la lluvia
sobre las gigantescas concentraciones re
unidas a la luz de las antorchas.
El altivo caudillo, enjuto rostro de estatua, denuncia sin pelos en la lengua a
la oligarquía y al ventrílocuo imperialista que la tiene sentada en sus rodillas,
oligarquía sin vida propia ni palabra propia, y anuncia la reforma agraria y otras
verdades que pondrán fin a tan larga mentira.
Si no lo matan, Gaitán será presidente de Colombia. Comprarlo, no se puede.
mbre que desprecia el placer, que duerme
solo, come poco y bebe nada y que no acepta anestesia ni para sacarse una muela?
1948
El bogotazo
A las dos de la tarde de este nueve de
abril, Gaitán tenía una cita. Iba a
recibir a un estudiante, uno de los estu
diantes latinoamericanos que se están
reuniendo en Bogotá al margen y en co
ntra de la ceremonia panamericana del
general Marshall.
A la una y media, el estudiante sale del hotel, dispuesto a echarse una suave
caminata hacia la oficina de Gaitán. Pero
a poco andar escucha ruidos de terremoto
y una avalancha humana se le viene encima.
El pobrerío, brotado de los suburbios
y descolgado de los cerros, avanza en
tromba hacia todos los lugares, huracán del
dolor y de la ira que viene barriendo la
ciudad, rompiendo vidrieras, volcando tranvías, incendiando edificios:
¡Lo mataron! ¡Lo mataron!
Ha sido en la calle, de tres balazos. El
reloj de Gaitán quedó parado a la una y
El estudiante, un cubano corpulento lla
cabeza una gorra sin visera y se deja
1948
indias y las alpargatas obreras, manos
curtidas por la tierra o por la cal, mano
s manchadas de aceite de máquinas o de
lustre de zapatos, y al torbellino acuden
los changadores y los estudiantes y los
camareros, las lavanderas del río y las vi
se desprende una mujer llevándose cuatro
dos encima, torpe y
feliz como osa enamorada; como conejo
huye un hombre con varios collares de
perlas en el pescuezo y como tortuga camina otro
con una nevera a la espalda.
En las esquinas, niños en harapos dirige
n el tránsito, los presos revientan los
bomberos. Bogotá es una inmensa fogata y el cielo una bóveda roja; de los
balcones de los ministerios incendiados llueven máquinas de escribir y llueven
balazos desde los campanarios de las iglesias en llamas. Los policías se esconden o
se cruzan de brazos ante la furia.
Desde el palacio presidencial, se ve veni
han rechazado ya dos ataques, pero el ge
ntío alcanzó a arrojar contra las puertas
del palacio al destripado pelele que había matado a Gaitán.
Doña Bertha, la primera dama, se ca
lza un revólver al cinto y llama por
teléfono a su confesor:
Padre, tenga la bondad de llevar a
mi hijo a la Embajada americana.
Desde otro teléfono, el presidente, Mari
ano Ospina Pérez, manda proteger la
casa del general Marshall y dicta órdenes
contra la chusma alzada. Después, se
sienta y espera. El rugido crece desde las calles.
contra el palacio presidencial. Los
tanques llevan gente encima, gente agitando banderas y gritando el nombre de
apuntan hacia atrás y empiezan a matar pueblo a montones.
1948
de un zapato. Una mujer aúlla con un niño muerto
en brazos. La ciudad humea. Se camina
con cuidado, por no pisar cadáveres. Un
cables del tranvía. Desde la escalinata de un
monasterio hecho carbón, un Cristo desnud
o y tiznado mira al cielo con los brazos
en cruz. Al pie de esa escalinata, un mendigo bebe y convida: la mitra del arzobispo
le tapa la cabeza hasta los ojos y una cortina de terciopelo morado le envuelve el
cuerpo, pero el mendigo se defiende del frío
bebiendo coñac francé
s en cáliz de oro,
y en copón de plata ofrece tragos a lo
s caminantes. Bebiendo y convidando, lo
voltea una bala del ejército.
Suenan los últimos tiros. La
ciudad, arrasada por el fuego, recupera el orden.
Al cabo de tres días de venganza y
locura, el pueblo desarmado vuelve al
humilladero de siempre, a trabajar y trastear.
El general Marshall no tiene dudas. El
bogotazo ha sido obra de Moscú. El
gobierno de Colombia suspende relaciones con la Unión Soviética.
1948
Valle de Upar
Yo quiero pegar un grito y no me dejan...
Grito vagabundo.
Arriesgan calabozo o
bala quienes lo canten. En el río Magdalena, lo cantan igual.
El pueblo de la costa colombiana
se defiende musiqueando. El
Grito
vagabundo
es un ritmo vallenato, uno de los cant
os de vaquería que dan noticia de
de paso, le alegran el aire.
navegan los trovadores de vallenatos.
ben el primer trago de todas las parrandas y lanzan su
desafío, salga quien salga, a duelo de copl
as. Como cuchilladas se cruzan los versos
vallenatos, que el acordeón lleva y trae, y
varios días y noches duran estas guerras
alegres en los mercados y en los reñidero
s de gallos. El más temible rival de los
improvisadores es Lucifer, gr
an musiquero, que en el infierno se aburre y dos por
tres se viene a América, disf
razado, en busca de fiesta.
1948
Wroclaw
Este pintor contiene a los mejores pint
desde los muy antiguos hasta los de hace
un rato, conviven, muy a la mala, dentro
de él. No es tarea fácil llevar adentro a gentes tan intratables, que pasan todo el
tiempo peleándose, de modo que al pint
or no le queda ni un minuto libre para
escuchar discursos, y mucho
menos para pronunciarlos.
Pero esta vez, primera y única vez en
un discurso. Ocurre el insólito acontecimi
ento en la ciudad polaca de Wroclaw,
durante el congreso mundial de intelectuales por la paz:
Yo tengo un amigo que debería estar aquí...
Picasso rinde homenaje
hombres desgraciados: Pablo Neruda, persegui
do por la policía en Chile, acorralado
como un perro...
1948
En algún lugar de Chile
En el diario «El Imparcial»
se lee, a toda página:
Se busca a Neruda por todo
Será premiado el personal de
Investigaciones que dé con el

De escondrijo en escondri
uno de los muchos que están sufriendo pers
ecución por ser rojos o por ser dignos o
por ser, y no se queja de esta suerte que
ha elegido. Él no lamenta la solidaridad
a esta pasión peleadora, a
unque le traiga líos, como
disfruta y celebra las campanas, el vino
1948
San José de Costa Rica
Al cabo de seis semanas de guerra y
llega al poder en Costa Rica.
era de la ley al Partido
los comunistas han impulsado en estos
últimos años. Al amparo del presidente Rafael Calderón, amigo de los comunistas,
se han multiplicado en Costa Rica sindicatos y cooperativas, los pequeños
educación.
El anticomunista Figueres no
toca las tierras de la United Fruit Company, muy
poderosa señora, pero nacionaliza los banc
os y disuelve el ejército, para que el
dinero no especule ni conspiren las armas.
Costa Rica quiere ponerse a salvo de las
feroces turbulencias de América Central.
(42, 243, 414 y 438)
1949
Washington
Entre ayer y mañana, un abismo: la revolución china se lanza al aire y salta.
Desde Pekín llegan noticias que en Washingt
on provocan cólera y espanto. Tras la
larga marcha de la humildad armada, han triunfado los rojos de Mao. Huye el
general Chiang Kai-chek. Los Estados Unidos le instalan nuevo trono en la isla de
morían de
frío los mendigos en las madrugadas, como en los antiguos tiempos de los
mandarines; pero no era en Pekín donde
se dictaban las órdenes. No eran los
chinos quienes designaban sus ministros y generales, redactaban sus leyes y
1949
La Habana
El radioteatro
—pide el actor al autor.
Onelio Jorge Cardoso tenía previsto dif
untear al Capitán Garfio en el próximo
episodio; pero si el personaje se muere de
espada en el navío de los piratas, el
actor se muere de hambre en la calle. El
vida infinita.
turas, de ésas que cortan la respiración. Sus
radioteatros no tienen, sin embargo, mucho
éxito. Él es avaro en mieles y no sabe
scurre ropa hasta la
última gota. José
Sánchez Arcilla, en cambio, sí que toca
las fibras más íntimas. En su novelón
El
collar de lágrimas,
ra el veredicto del perverso
destino en 965 capítulos que bañan a la
audiencia en duchas de llanto.
Pero el gran éxito radioteatral de todos los tiempos es
A la noche, a la hora señalada, sólo eso
se escucha, en misa
unánime. En los cines
interrumpen las películas; las calles se va
cían; los amantes suspenden sus amores,
los gallos sus riñas y las moscas sus vuelos.
del Junco. Este personaje de
El derecho de nacer
Ya vamos por el 271 y don Rafael sólo emit
e ruidos de garganta raspada. ¿Cuándo
conseguirá revelar la verdad a la buen
a mujer que una vez pecó sucumbiendo al
llamado de la loca pasión? ¿Cuándo tendrá
e Albertico Limonta,
su médico, es en realidad aquel fruto de
amor ilícito que ella abandonó, a poco de
nacer, en manos de una negra de alma blanca? ¿Cuándo, cuándo?
El público, que muere de
suspenso, ignora que don Rafael calla por huelga.
Este silencio cruel continuará hasta que el actor que encarna a don Rafael del Junco
consiga el aumento de sueldo que viene
exigiendo desde hace dos meses y medio.
1950
Río de Janeiro
Obdulio
pecho y pisa fuerte
capitán del equipo uruguayo, negro mandón
se achica. Obdulio
más crece mientras más ruge la inmensa multitud, enemiga, desde las tribunas.
Sorpresa y duelo en el estadio de Mara
caná: el Brasil, goleador, demoledor,
favorito de punta a punta, pierde el último partido en el último momento. El
Uruguay, jugando a muerte, gana el campeonato mundial de fútbol.
Al anochecer, Obdulio Varela huye del hotel, asediado por periodistas, hinchas
y curiosos. Obdulio prefiere celebrar en sole
dad. Se va a beber por ahí, en cualquier
Todo fue por Obedulio
—dicen, bañados en lágrimas, los que hace unas
horas vociferaban en el estadio—.
Obedulio nos ganó el partido.
Y Obdulio siente estupor por haberles tenido bronca, ahora que los ve de a
uno. La victoria empieza a pesarle en el lo
mo. Él arruinó la fiesta de esta buena
gente, y le vienen ganas de pedirles
maldad de ganar. De modo que sigue cami
nando por las calles de Río de Janeiro,
de bar en bar. Y así amanece, bebiendo, abrazado a los vencidos.
1950
Hollywood
Ha conquistado Hollywood cambiando de
nombre, de peso, de edad, de voz,
de labios y de cejas. Su cabellera pasó
del negro opaco al rojo llameante. Para
ampliarle la frente, le arrancaron pelo tr
as pelo mediante dolorosas descargas de
electricidad. En sus ojos pusi
eron pestañas como pétalos.
Rita Hayworth se disfrazó
de diosa, y quizás lo fue, a lo largo de los años
cuarenta. Ya los cincuenta exigen diosa nueva.
1950
Hollywood
Como Rita, esta muchacha ha sido
papada, nariz de punta redo
nda y demasiada dentadura: Hollywood le cortó grasa,
le suprimió cartílagos, le limó los dientes
oleaje de oro fulgurante. Después los técnicos la bautizaron Marilyn Monroe y le
inventaron una patética historia de infancia para contar a los periodistas.
La nueva Venus fabricada en Hollywood
segunda en películas de tercera. Ya no
vive de salchichas y café, ni
pasa frío en invierno. Ahora es una estrella, o sea: una
personita enmascarada que qu
isiera recordar, pero no puede, cierto momento en
que simplemente quiso ser salvada de la soledad.
1951
Llueven piedras sobre Luis Buñuel. Va
rios diarios y sindicatos piden que
e con infamia está pagando los favores
recibidos. La película que pr
ovoca la indignación nacional,
Los olvidados,
arrabales de la ciudad de México. En
miendo lo que encuentran y comiéndose
voran a picotazos, pedazo tras pedazo,
así van cumpliendo el oscuro destino que
su ciudad les eligió.
Un trueno misterioso, una misteriosa
fuerza, resuena en las películas de
Buñuel. Es un largo y profundo redoble de ta
mbores, los tambores de la infancia en
Calanda haciendo temblar el suelo bajo
los pies, aunque la banda sonora no
registre ruido ninguno y aunque el mundo simule silencio y perdón.
1952
Cerro San Fernando
está Colombia desde que Gaitán cayó as
esinado en una calle de Bogotá. En la
cordillera y en los llanos, en los páramos helados y en los valles ardientes, los
campesinos se matan entre sí, pobres cont
ra pobres, todos contra todos: en el
remolino de escarmientos y venganzas,
se lucen Sangrenegra, Zarpazo, Tarzán,
Malasuerte, La Cucaracha y otros artist
as descuartizadores, pero más feroces
Tolima, sin contar violadas ni mutilados,
desde Pantanillo al
cerro San Fernando. Para no dejar ni la sem
illa, los soldados arrojan niños al aire y
A mí no me traigan cuentos
—mandan los que mandan—.
Tráiganme orejas.
a sus espaldas, los campesinos que
consiguen huir y buscan amparo en lo ho
ndo del monte. Antes de enmontarse, en
rro, porque hace ruido.
(217, 227 y 408)
1952
La Paz
rincón que se le escape. La capital de Bolivia le pertenece, aunque lo ignoren los
cuatro señores que hasta anoche se creían
dueños de estas casas y estas gentes.
El Illimani, erguido rey, se
limpia de niebla. A sus pies, amanece la ciudad. Se
van apagando las fogatas, se escuchan la
s últimas ráfagas de
cascos amarillos de los mineros se impone
n a las gorras militares. Se desploma un
ejército que nunca había ganado contra los
de afuera ni perdido contra los de
adentro. El pueblo baila en cualquier esqu
ina. Al lindo viento de la cueca, flamean
pañuelos y ondulan trenzas y polleras.
En la profunda azulidad del cielo, fulgura la corona de tres picos: desde las
cumbres de nieve del Illimani, los dioses
contemplan la alegría de sus hijos en
armas, al cabo del largo combate palmo a palmo por las callecitas.
(17, 172 y 473)
1952
La Paz
Tambor del pueblo
que bate y rebate y dobla y redobla,
venganza del indio que duerme como
perro en el zaguán y saluda al amo hincando la rodilla: el ejército de los de abajo
ha peleado con bombas caseras y cartuchos de dinamita, hasta que por fin cayó en
sus manos el arsenal de los militares.
bolivianos. En las minas, los obreros pone
n la bandera nacional a media asta, que
así quedará hasta que el nuevo presidente
nacionalizar el
estaño. En Londres se lo ven venir: el pr
ecio del estaño cae en un tercio, como por
En la finca de Pairumani, los indios asan a la parrilla los toros de exposición
que Patiño había importado desde Holanda.
En corrales de mulas se convierten
las canchas de tenis de Aramayo,
tapizadas con polvo de ladr
(17, 172 y 473)
cómo se hace una bomba casera
pone la dinamita al centrito, una cápsula. Entonces,
fierro menudo, granza, tierri
ta. Vidrios pones, pues, clavitos. Entonces, se la tapa
biencito. Como así, ¿ves? En ahí se la enciende y... ¡shsss!, se tira. Si tienes honda,
más largo tiras. Mi marido sabe lanzar co
mo de aquí hasta seis esquinas. Mechita
larga pones, entonces.
1952
Cochabamba
En los campos de toda Bolivia se vive
n tiempos de cambio, vasta insurgencia
contra el latifundio y contra el miedo,
y en el valle de Cochabamba también las
mujeres lanzan, cantando y bailando, su desafío.
En las ceremonias de homenaje al Cristo
de Santa Vera Cruz, las campesinas
quechuas de todo el valle encienden vela
s, beben chicha y coplean y bailotean, al
son de acordeones y charangos,
en torno al crucificado.
do a Cristo un marido que no las
haga llorar, una mula cargada de maíz,
una oveja blanca y una oveja negra, una
dos tienen las manos. Y después cantan,
con voz estridente, siempre en lengua india,
su altiva protesta: al Cristo, al padre,
no quieren ser apaleadas bestias de carga.
Cantando disparan balas de burla, que
tienen por blanco a un macho desnudo,
bastante estragado por los años y los
bichos, que en la cruz duer
me o se hace el dormido.
Coplas descaradas que las indias de Cochabamba
cantan a Jesucristo
Santa Vera Cruz, Papito:
«Hija mía», estás diciendo.
¿Cómo pudiste engendrarme
si no tienes pajarito?
«Floja, floja», estás diciendo,
Santa Vera Cruz, Papito.
Pero más flojo eres tú
que estás parado durmiendo.
Zorrito cola enredada,
Cara de ratón, Viejito,
de nariz apolillada.
Tú no me quieres soltera.
Me condenas a los hijos,
a vestirlos mientras vivan
y enterrarlos cuando mueran.
¿Me vas a dar un marido
que me azote y me patee?
¿Por qué la flor que se abre
marchita marcha al olvido?
1952
Buenos Aires
o desnudo de ella
un muro de Buenos Aires.
La odiaban, la odian, los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los
día viviendo. Nacida para si
rvienta, o a lo sumo para
actriz de melodramas baratos, Ev
ita se había salido de su lugar.
La querían, la quieren, los malqueridos: por su boca ellos decían y maldecían.
Además, Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz
al desesperado, el incesant
e manantial que prodigaba em
pleos y colchones, zapatos
y máquinas de coser, dentaduras postizas
, ajuares de novia. Los míseros recibían
estas caridades desde al lado, no desd
e arriba, aunque Evita luciera joyas
ara abrigos de visón. No es que le
perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado
por sus atavíos de reina.
desfila el pueblo
llorando. Día tras día, noche tras noche,
la hilera de antorchas: una caravana de
dos semanas de largo.
Suspiran, aliviados, los usureros, los
mercaderes, los señores de la tierra.
Muerta Evita, el presidente Perón es un cuchillo sin filo.
1952
En alta mar
corrido por la policía
Viaja Charles Chaplin hacia Londres. Al
barco la noticia de que no podrá regresar a
los Estados Unidos. El gobierno le aplica
la ley contra extranjeros sospechosos de comunismo, depravación o locura.
En los Estados Unidos, Chaplin había
sido interrogado, ti
oficiales del FBI, Oficina Federal de Investigaciones, y del Servicio de Inmigración y
Naturalización:
¿Tiene usted origen judío?
¿Es usted comunista?
¿Ha cometido adulterio alguna vez?
El senador Richard Nixon y la
chismosa Hedda Hopper afirman:
Chaplin es
una amenaza para las instituciones.
A la entrada de los cines que exhiben sus
Chaplin a Rusia.

El FBI lleva casi treinta años buscando
pruebas de que Chaplin es en realidad
un judío llamado Israel Thonstein, que trab
aja de espía para Moscú. El FBI empezó
a sospechar en 1923, cuando el diario «P
ravda» publicó un artículo que decía:
Chaplin es un actor de indudable talento.
1952
llamado Buster Keaton ha regresado a la
pantalla, de la mano de Chaplin, al
cabo de largos años de olvido. Se estrena en Londres
Candilejas
y allí aparece
sparatado dúo musical que dura pocos
minutos y que se roba la película.
Ésta es la primera vez que Keaton y
Chaplin trabajan juntos. Se los ve
canosos y arrugados, pero con la misma gr
acia de los años mozos, cuando en los
tiempos del cine mudo hací
an un silencio más decidor que todas las palabras.
endo los mejores, los inco
mparables. Ellos conocen
mucho trabajo, y que dar de reír a los demás es lo más hermoso que hacerse
o girando en el universo.
1953
Washington
Noticiero
nistro de Defensa a Charles Wilson.
Wilson, ejecutivo de la empresa General
Motors, había declarado recientemente:
que es bueno para la General
Motors es bueno para América.
Al cabo de un largo proceso, son ejecutad
os en la silla eléctrica Ethel y Julius
Rosenberg. Los Rosenberg, acusados de espi
onaje al servicio de
los rusos, niegan
toda culpa hasta el final.
La ciudad norteamericana de Moscú exhorta a su homónima rusa a cambiar
de nombre. Las autoridades de esta pequeña ciudad del estado de Idaho reivindican
el derecho de llamarse Moscú con exclusiv
idad y solicitan que la capital soviética
para evitar asociaciones embarazosas.
mitad de los ciudadanos de los Esta
dos Unidos apoya decididamente la
campaña del senador MacCarthy contra la in
filtración comunista en la Democracia,
según revelan las encuestas de opinión pública.
Uno de los sospechosos que MacCarthy se
proponía interrogar próximamente,
el ingeniero Raymond Ka
plan, se suicida arrojándose bajo un camión.
rt Einstein exhorta a los intelectuales a negarse a dar
testimonio ante el Comité de Actividades Antiamericanas y a
prepararse para la
cárcel o la ruina económica.
De no actuar así, opina Einstein,
los intelectuales no
merecerían nada mejor que la esclav
1953
Washington
La cacería
El incorregible Albert Einstein es el principal
compañero de ruta
comunismo, según la lista del senador MacCar
thy. Para integrar la lista, basta con
tener amigos negros o con oponerse al en
vío de tropas norteamericanas a Corea;
pero el caso de Einstein es mucho más pe
sado y a MacCarthy le sobran pruebas de
roja y el corazón a la izquierda.
La sala de audiencias, donde arden los fuegos de la Inquisición, se convierte
en un circo. El nombre de Einstein no es
el único nombre famoso que allí resuena.
Desde hace tiempo, Hollywood está en
la mira del Comité
de Actividades
Antiamericanas. El Comité exige nombres; y los nombres de Hollywood provocan
escándalo. Quien calla, pierde el empleo
y arruina su carrera, o marcha preso,
Robeson, o es expulsado del país, como Cedric Belfrage. Ronald Reagan, galán
secundario, marca a los rojos y a los rosados que no merecen ser salvados de las
Taylor, se arrepien
haber actuado en una película donde los ru
sos sonreían. El dr
Ferrer y el director Elia Kazan señalan colegas con el dedo. Para que quede claro
que él no tiene nada con los comunistas, Kazan filma una película sobre el caudillo
mexicano Emiliano Zapata,
donde Zapata no es aquel silencioso campesino que
hizo la reforma agraria sino
un charlatán que dispara ti
ros y discursos en incesante
(41, 219 y 467)
1953
Washington
Su materia prima es el miedo colectivo. Se arremanga la camisa y pone
manos a la obra. Diestro alfarero de es
e barro, Joseph MacCarthy convierte el
pánico en histeria.
A los gritos exhorta a delatar. Él no ce
rrará su estrepitosa boca mientras su
patria siga infectada por la peste marxista
. Toda duda le suena a cobardía. Primero
acusa y después averigua. Él vende certezas a los vacilantes y atropella dispuesto a
dar un rodillazo en la ingle, o un demole
del derecho de propiedad o se opon
ga a la guerra y a los negocios.
1953
Robeson
Le prohíben viajar a Canadá o a cual
quier otro país. Cuando los obreros
canadienses lo invitan, Paul
Robeson canta para ellos po
por teléfono les jura que se mantendrá fi
ideas rojas, amigo de los amarillos
que en Corea resisten la inva
sión blanca, él canta en nomb
re de su pueblo insultado
y de todos los pueblos insultados que cantan
do alzan la cara y secan las lágrimas; y
canta con voz de cielo que true
na y de tierra que tiembla.
1953
Santiago de Cuba
Al alba del 26 de julio, se lanza al
asalto del cuartel Moncada un puñado de
pajaritos, se baten contra la dictadura de
Fulgencio Batista y co
ntra medio siglo de
colonia mentida de república.
Algunos, pocos, mueren en la batalla,
pero a más de setenta los remata el
ejército al cabo de una semana de tormento
s. Los torturadores arrancan los ojos de
Abel Santamaría y otros prisioneros.
El jefe de la rebelión, prisionero, pr
onuncia su alegato de defensa. Fidel
, que se da todo, sin
jueces lo escuchan, at
ónitos, sin perder palabra, pero su palabra no es para los
besados por los dioses: él habla para los
meados por los diablos, y por ellos, en
nombre de ellos, explica lo que ha hecho.
Fidel reivindica el antiguo derecho
Primero se hundirá esta isla en el mar antes de que consintamos en ser
esclavos de nadie.
Majestuoso, cabecea como un árbol. Acusa a Batista y a sus oficiales, que han
cambiado el uniforme por el delantal del carnicero. Y expone el programa de la
revolución. En Cuba podría
haber comida y trabajo para todos, y de sobra:
No, eso no es inconcebible...
(90, 392 y 422)
1953
Santiago de Cuba
El acusado se convierte
… Lo inconcebible es que haya hombres que se acuesten con hambre mientras
quede una pulgada de tierra sin sembrar;
lo inconcebible es que haya niños que
mueran sin asistencia médica; lo inconceb
ible es que el treinta por ciento de
nuestros campesinos no sepa firmar y el noventa y nueve por ciento no sepa
historia de Cuba; lo inconcebible es qu
e la mayoría de las familias de nuestros
campos esté viviendo en peores condicio
nes que los indios que encontró Colón al
descubrir la tierra más herm
De tanta miseria sólo es posible librarse
con la muerte; y a eso sí los ayuda el
los niños del campo está devorado por
parásitos que se les filtran desde la tie
rra por las uñas de los pies descalzos...
Más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas, está en
manos extranjeras. En Oriente, que es la
provincia más ancha, las tierras de la
United Fruit Company y de la West Indian
unen la costa norte con la costa sur…
Cuba sigue siendo una factoría produc
tora de materia prima. Se exporta
azúcar para importar caramelos, se exporta cuero para importar zapatos, se
exporta hierro para importar arados…
1953
Trono de bananas, corona de banana
sus vasallos de Guatemala pudier
Los indios son demasiado ignorantes para el marxismo
—solía decir, y era
aplaudido por los burócratas de la corte en su palacio real de Boston,
Massachusetts.
minios de la United Fruit Company
desde hace medio siglo, por obra y gracia
y de espías, lagos de baba, bosques de
león pero no era. La United Fruit tiene
en Guatemala las tierras que quiere, inme
nsos campos baldíos, y es dueña del
ferrocarril, del teléfono, del telégrafo, de
los puertos, de los barcos y de muchos
militares, políticos y periodistas. La
s desdichas de Sam Zemurray empezaron
el derecho de huelga. Pero ahora es peor: el nuevo presidente, Jacobo Arbenz,
pone en marcha la reforma agraria, arranca a la United Fruit las tierras no
cultivadas, empieza a repartirlas entre ci
1953
Ciudad de Guatemala
Arbenz
El presidente Truman puso el grito en
el cielo cuando los obreros empezaron a
ser personas en las plantaciones bananera
s de Guatemala. Y ahora el presidente
Eisenhower escupe relámpagos ante la expropiación de la United Fruit.
idera un atropello que el gobierno de
Guatemala se tome en serio los libros de contabilidad de la United Fruit. Arbenz
atribuido a sus tierras para defraudar impu
Estado, exige veinticinco veces más.
comunista, no se inspira en Lenin
sino en Abraham Lincoln. Su reforma ag
raria, que se propone modernizar el
capitalismo en Guatemala, es más modera
da que las leyes rurales norteamericanas
de hace casi un siglo.
1953
San Salvador
Dictador se busca
El general guatemalteco Miguel Ydígor
as Fuentes, distinguido matador de
indios, vive en el exilio desde la caída del dictador Ubico. Walter Turnbull viene a
San Salvador para plantearle un negocio. Turnbull, representante de la United Fruit
y de la CIA, le propone que se haga cargo
de Guatemala. Se le prestará el dinero
necesario para tomar el poder, si se comp
a la United Fruit sus tierras y privilegios y
devolver hasta el último centavo de este
pide tiempo para pensarlo, aunque desde
ya adelanta que las condiciones le parecen abusivas.
En un santiamén se riega la noticia.
Unos cuantos guatemaltecos exiliados,
militares y civiles, vuelan a Washington
golpear a las puertas de las embajadas de los Estados Unidos. José Luis Arenas,
presunto amigo del vicepresidente Nixon,
asegura que volteará al presidente
Arbenz por doscientos mil dólares. El gene
ral Federico Ponce dice que dispone de
un ejército de diez mil hombres listos para
asaltar el Palacio Nacional: anuncia un
precio módico, aunque prefiere no hablar
de cifras todavía. Sólo pide un pequeño
adelanto...
Un cáncer de garganta suprime al candidato preferido de la United Fruit, Juan
Córdova Cerna. En su lecho de agonía, el
doctor Córdova ronca el nombre de su
recomendado, el coronel Carlos Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth,
Kansas, hombre barato, obediente y burro.
1954
Washington
La Máquina de Decidir, pieza por pieza
ISENHOWER
Presidente de los Estados Unid
os. Derribó el gobierno de
Mohammed Mossadegh, en Irán, porque habí
orden de derribar también
el gobierno de Jacobo
Arbenz, en Guatemala.
EMURRAY
Principal accionista de la United
convierten automáticamente en declaraciones del gobierno de los Estados Unidos y
OHN
de la United Fruit.
ULLES
Director de la CIA. Hermano de
John Foster Dulles. Como él, ha
prestado servicios jurídicos a la United Fruit. Juntos organizan la Operación
OHN
OORS
Hermano de Thomas Cabot, que fue
presidente de la United Fruit.
MITH
rectorio de la United Fruit.
ABOT
ODGE
Senador. Representante de los Estados Unidos ante las
Naciones Unidas. Accionista de la United Fruit. En varías ocasiones ha recibido
de discursos en el Senado.
NNE
HITMAN
jefe de relaciones públicas de la United Fruit.
RADEN
Fue embajador de los Estados Unidos en varios países
latinoamericanos. Cobra sueldo de la United Fruit desde 1948. Exhorta a
Eisenhower, con gran
a suprimir por la fuerza el comunismo en
Guatemala.
OBERT
ILL
Embajador de los Estados Unidos
en Costa Rica. Colabora con la
l directorio de la United Fruit.
OHN
EURIFOY
Embajador de los Estados Unidos en Guatemala. Llamado
por su anterior gestión diplom
ática en Atenas. No habla una
palabra en lengua castellana. Se formó políticamente en el Senado, en Washington,
donde trabajó de ascensorista.
(416, 420 y 465)
1954
Se convierte al verdugo en víctima y a la víctima en verdugo.
Quienes preparan la invasión de Gu
atemala desde Honduras, atribuyen a
Guatemala la intención de invadir
Honduras y toda América Central.
A la vista están
los tentáculos del Kremlin,
denuncia John Moors Cabot de
sde la Casa Blanca. El
embajador Peurifoy advierte en Guatemala:
No podemos permitir que se establezca
una república soviética desde Texas hasta el Canal de Panamá.
escándalo es un cargamento de armas
embarcado desde Checoslovaquia. Los
Estados Unidos han prohibido la venta de armas a Guatemala.
NGRANAJE
1: Se bombardea a la opinión pública mundial con noticias y
artículos, declaraciones, pa
atrocidades comunistas en
Guatemala. Este materi
al pedagógico, que jamás
confiesa su origen, proviene de las oficinas de la United Fruit en Boston o de las
oficinas del gobierno en Washington.
NGRANAJE
2: El arzobispo de Guatemala,
Mariano Rossell Arellano, exhorta a
la población a sublevarse
contra el comunismo enemigo de Dios y de la Patria.
. El arzobispo hace
llegar a la capital la imagen del popular
Cristo de Esquipulas, que será nombrado
Capitán General de la Cruzada Libertadora.
NGRANAJE
3: En la Conferencia Panamericana, John Foster Dulles golpea la
mesa con el puño y arranca la bendición de la OEA a la proyectada invasión. En las
Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge bloque
Arbenz. La diplomacia norteamericana se mo
viliza en todo el mundo. Se obtiene la
complicidad de Inglaterra y Francia a cambio de un compromiso de silencio de los
Estados Unidos sobre los delicados asuntos del canal de Suez, Chipre e Indochina.
NGRANAJE
Honduras, Venezuela y República
Dominicana no sólo brindan campos de
entrenamiento, emisoras de radio y
aeropuertos a la Operación Guatemala. Ta
propaganda. Somoza reúne a la prensa
internacional en Managua y muestra unas
cuantas pistolas que llevan grabado el se
llo de la hoz y el martillo. Dice que
provienen de un submarino ruso y que
han sido interceptadas camino de
(416, 420 y 447)
1954
Ciudad de Guatemala
Guatemala no tiene aviones ni batería
norteamericanos, en aviones norteameri
canos, bombardean el país con toda
Una poderosa emisora de la CIA, instalad
a en la azotea de la embajada de los
Estados Unidos, difunde confusión y pánico
en todo el país: la Máquina de Mentir
rebelde, La Voz de la Liberación,
transmitiendo desde la jungla de Guatemala la marcha triunfal del coronel Castillo
Armas. Mientras tanto, Castillo Armas,
acampado con toda su tropa en una
plantación de la United Fruit en Honduras,
espera órdenes de la Máquina de Decidir.
lizado, a su propio derrumbe. Los
bombardeos aéreos llegan a la capital y re
vientan los depósitos
de combustible. El
gobierno se limita a enterrar a los muertos. El ejército mercenario,
Dios, Patria,
atraviesa la frontera. No encuentra re
los jefes militares rinden sus tropas sin
médico argentino de
veintipocos años, Ernesto Guevara, inte
nta, en vano, organizar la defensa
en la capital: no sabe cómo ni tiene con qué. Improvisadas milicias deambulan,
desarmadas, por las calles. Cuando Arbenz manda, por fin, abrir los arsenales, los
oficiales se niegan a obedecer.
Uno de estos días sombríos y sin grandeza, Guevara
sufre un ataque de asma y de indignació
n; y una medianoche
, al cabo de dos
semanas de bombardeos, el presidente Arbe
nz baja lentamente las escalinatas del
Palacio Nacional, cruza la calle y pide
(81, 416, 420 y 447)
1954
Los verdugos van haciendo cruces en la
larga lista de los marcados para morir, mi
entras el ejército de
apodera de Guatemala. Miguel figura en
quinto lugar entre los más peligrosos,
Salvador, no ha parado un instante en su
tarea de agitar obreros. Le echan los
perros. Quieren llevárselo colgado de un ca
ballo y exhibirlo por los caminos con la
pierde en los yuyales. Y así ocurre el dé
cimo nacimiento de Miguel Mármol, a los
cuarenta y nueve años de su edad.
(222)
1954
Ciudad de Guatemala
Noticiero
El arzobispo de Guatemala declara:
Admiro el sincero y ardiente patriotismo
del presidente Castillo Armas.
En ambiente de gran algara
la bendición del nuncio papal, monseñor Genaro Verrolino.
El presidente Eisenhower felicita en la
Casa Blanca a los responsables de la
CIA. Les dice:
Gracias por haber eliminado una cabeza de playa soviética en
nuestro hemisferio.
El jefe de la CIA, Alien Dulles, encarga a un periodista de la revista «Time» la
redacción de una nueva Cons
La revista «Time» publica un poema de
la esposa del embajador de los
Estados Unidos en Guatemala. Dice el po
ema que el señor y la señora Peurifoy
optimistic
porque Guatemala ha dejado de ser
comunistic.
En la primera reunión con el embajado
Castillo Armas expresa su preocupación por la insuficiencia de las cárceles locales,
que no disponen de las celdas necesarias
listas enviadas desde Washington por el
Departamento de Estado, los comunistas
guatemaltecos suman 72.000.
Se celebra una fiesta en la embajada
cantan a coro el himno de los Estados Unidos de América.
(416 y 420)
1954
Río de Janeiro
Quiere borrar la memoria de su propia
dictadura, viejo
siniestro, y en estos últimos años gobierna al Brasil como nadie nunca lo había
Se pone del lado de los salarios, no
de las ganancias. De inmediato los
Para que el Brasil deje de ser un colado
r, tapona la hemorragia de riquezas.
jeros se lanzan al sabotaje.
los monopolios, ofendidos, le responden
con una feroz ofensiva.
Defiende el precio del café sin arrojar
a la hoguera, como era costumbre, la
mitad de la cosecha. De inmediato los
Estados Unidos reducen a la mitad sus
En el Brasil, periodistas y políticos de
todos los colores y comarcas suman sus
dignidad de la muerte. Alza el revólver, apunta contra su propio corazón y dispara.
(427, 429 y 432)
1955
Medellín
Nostalgias
Ya va para veinte años que se incendió Carlos Gardel. La ciudad colombiana
se ha convertido en un centro de
peregrinación y culto.
Los devotos de Gardel se reconocen por
el sombrero inclinado, el pantalón
a la gomina, miran de reojo y sonríen
torcido. Se florean en cortes y quebradas,
a dar la mano, encender un cigarrillo o echa
r tiza al taco de
billar. Trasnochan
recostados contra algún farol arrabalero, silbando o tarareando tangos que explican
que las mujeres son todas putas menos mamá
, santa viejecita que Dios tenga en la
s, venden reliquias del
ídolo. Hay uno que ofrece dientes. Explicando que él estaba por allí nomás cuando
estalló el avión, lleva vendidos más de mil trescientos legítimos dientes de Gardel,
a un promedio de doce dólares la pieza.
Hace ya unos cuantos años que colocó el
primer diente. Lo compró un turista de Nueva York, miem
Al ver el souvenir, el cliente no pudo evitar que se le piantara un lagrimón.
1955
Asunción
le faltaba. Los militares co
nspiran sin disimulo, a la descarada luz del día, hasta
voltearlo. La noticia se celebra en los sa
lones y se llora en las cocinas: Perón ha
Sin oponer resistencia, Pe
rón abandona la Argentina. Se marcha al Paraguay,
al exilio.
En Asunción, vive días tristes. Se sien
te vencido, viejo y solo. Dice que su
gesto de renunciamiento ha evitado un millón de muertos, pero también dice que el
pueblo no supo defender lo que él le di
o y que por ingrato merece las desgracias
que le ocurrirán: que el pueb
lo piensa con la panza, no con la cabeza ni con el
Está una mañana Perón confidenciando
amarguras en casa de su anfitrión,
Ricardo Gayol, cuando en eso
entrecierra los ojos y dice:
Mi sonrisa los tenía locos. Mi sonrisa.
Alza entonces los brazos y sonríe como si
estuviera en el ba
lcón, ante la plaza
¿Quiere mi sonrisa?
El anfitrión lo mira, estupefacto.
Téngala, se la doy
—dice Perón. Se lleva dos dedos a la boca y le pone en la
palma de la mano una dentadura postiza.
1955
Ciudad de Guatemala
conquista de Guatemala,
Richard Nixon visita esta tierra ocupada.
El sindicato de los trabajadores de la
United Fruit y otros quinientos treinta y dos sindicatos han sido prohibidos por el
nuevo gobierno. Ahora el Código Penal co
ndena a muerte a los autores de huelgas.
Los partidos políticos están fuera de la ley. Se arrojan a la hoguera los libros de
Dostoievski y otros soviéticos.
El reino de la banana ha sido salvado de la reforma agraria. El vice-presidente
de los Estados Unidos felicita al presidente Castillo Armas. Por primera vez en la
historia, dice Nixon, un gobierno comuni
libre.
1956
Buenos Aires
Decide el gobierno que el peronismo no existe
la inexistencia de Perón, Evita y el peronismo. Queda prohibido mencionar sus
nombres y sus fechas. Sus imágenes son de
lito. Se manda demoler la residencia
presidencial, hasta la última piedra
, como si contagiara la peste.
Pero, ¿qué hacer con el cadáver embalsamado de Evita? Ella es el símbolo
, el estandarte de la soliviantada plebe
que durante diez años se ha paseado por
el poder como Perico por su casa. Los
generales arrojan el cuerpo dentro
lo mandan al destierro. Adónde, es se
o a una isla en medio de la mar. Evita
se convierte en una muerta errante, que
no saben, o no quieren saber,
que ella yace en su gente.
1956
El hijo de Somoza
Santa Marta, Santa Marta tiene tren,
musiquean los musiqueros, bailotean los
bailanderos,
Santa Marta tiene tren pe
ro no tiene tranvía;
Un avión norteamericano se lleva al
moribundo Tacho Somoza a un hospital
norteamericano, en la zona norteameri
cana del canal de Panamá, y en lecho
norteamericano muere. Después lo entierra
n en Nicaragua, con
honores de Príncipe
de la Iglesia.
r. Cada seis años levantaba por un día
a elecciones que lo confirma
ban en el trono. Luis, el
hijo mayor, el heredero,
es ahora el hombre más rico y poderoso de América
Central. El presidente Eisenhowe
r lo felicita desde Washington.
Luis Somoza se inclina ante la estatu
a de su padre, héroe de bronce que
galopa, inmóvil, en pleno centro de Managu
a. A la sombra de las patas del caballo,
pide consejo al fundador de la dinastía,
guía del buen gobierno, multiplicador de
cárceles y negocios; y después cubr
e de flores su tumba monumental.
Burlando la vigilancia de la guardia de
honor, la mano de alguien, mano de
todos, ha garabateado de apuro este ep
itafio sobre el mármol de la tumba:
yace Somoza, algo más podrido que en vida.
(10, 102 y 460)
1956
Santo Domingo
su imagen se vende en los mercados, entr
e las estampitas de la Virgen María,
san Jorge y otros milagrosos:
¡Santos, santos baratos!
Nada de lo dominicano le es ajeno. Le
pertenece todo: la primera noche de las
vírgenes y la última voluntad de los moribundos, las gentes y las vacas, la flota de
aviones y la cadena de prostíbulos, los ingenios de azúcar y los molinos de trigo, la
fábrica de cerveza y la planta embote
de la virilidad.
Desde hace veintiséis años, Trujillo ejerce
la vice-presidencia de Dios en la
República Dominicana. Cada cuatro añ
os, la fórmula ha sido bendita por
democráticas elecciones:
Dios y Trujillo,
proclaman los carteles en todos los muros
y todas las puertas.
En su obra
Meditaciones morales,
que le valió el título de Primera Dama de las
Letras Antillanas, doña María de Trujillo ha comparado a su marido con el Cid
Campeador y con Napoleón Bonaparte. La
semana practica la usura y los domingos
la mística, ha sido a su vez comparada
con santa Teresa de Jesús por la crítica local.
Con espada del Cid o sombrero de Napole
ón, Trujillo posa para las estatuas.
Las estatuas lo multiplican en bronce o má
rmol, con el mentón que no tiene y sin la
papada que tiene. Miles de estatuas: desd
e lo alto de los pedestales, Trujillo
cabalga y vigila hasta el último rincón de
cada ciudad o pueblito. En este país no
caga una mosca sin su permiso.
(63 y 101)
1956
La Habana
Noticiero
El ejército cubano ha desbaratado una
México. El ejército tendió un cerco en
bombardeó por tierra y aire, en un lugar ll
amado Alegría de Pío, en la provincia de
Oriente. Entre los numerosos muertos figura
n Fidel Castro, cabecilla de la banda, y
el agitador comunista argentino Ernesto Guevara.
Tras haber disfrutado de una larga te
mporada en la ciudad de Nueva York,
han regresado a La Habana el doctor Ernesto Sarrá y su gentilísima y elegante
esposa Loló, figuras del más alto rango en
También desde Nueva York, ha llegado Bi
el sombrero de castor, el popular
cantante declaró en el aeropuerto:
He venido a
Cuba a jugar al golf.
Una joven habanera estuvo a punto de
ganar el premio máximo en el
última, que quedó sin respuesta, era:
¿Cómo se llama el río que atraviesa París?
Extraordinario programa se correrá ma
ñana en el hipódromo de Marianao.
1956
Al pie de la Sierra Maestra
Los doce locos
vierte jugando con el barquito
Después de
mucho subibaja en las aguas del golf
o de México, desembarcan en lugar
tralla o los queman vivos las bombas
incendiarias.
Casi todos caen en la matanza. Los so
brevivientes caminan orientándose por
el cielo, pero se confunden de estrellas.
Los pantanos les tragan las mochilas y las
armas. No tienen para comer más que caña de azúcar y van regando a su paso el
leche condensada, por llevarlas con los
agujeritos para abajo. En un descuido mezc
lan con agua de mar la poca agua dulce
que les queda. Se pierden, se buscan. Al
fin un grupito descubre a otro grupito en
los acantilados, por error, y así se juntan los doce salvados de la aniquilación.
Estos hombres o sombras tienen en total
empezó la invasión. Pero esta noche está el
cielo blanco de estrellas y se respira un
aire más fresco y limpio que nunca, así que
Fidel dice, plantado an
Sierra Maestra;
Ya ganamos la guerra. ¡Se jodió Batista!
1957
Acuerdo conyugal entre conservadore
s y liberales. En una playa del mar
lombianos firman la componenda que pone fin a diez
años de exterminio mutuo.
Mutua amnistía se conceden
Desde ahora, alternarán la presidencia y
repartirán los empleos. Colombia podrá
votar, pero no elegir. Liberales y conser
vadores se turnarán en el poder, para
garantizar juntos el derecho de propiedad y de herencia sobre el país que sus
familias han comprado
o recibido de regalo.
Este pacto del riquerío es una
(8, 217 y 408)
1957
El santo Huevo de Colombia
Quemando pueblos y matando indios
, arrasando bosques y clavando
alambradas, los señores de la tierra han
ido empujando a los campesinos contra las
riberas de los ríos, en la región de la
costa colombiana. Muchos campesinos se han
las haciendas y se han hecho pescadores y
artistas del aguante y del rebusque. De ta
nto comer tortuga, han aprendido de ella:
la tortuga no suelta lo que atrapa con la boca y sabe sepultarse en
los playones
mientras dura el tiempo seco y los ga
vilanes amenazan. Con eso y la ayuda de
Dios, se va viviendo.
Pocos frailes quedan en estas comarcas ca
lientes. Aquí en la costa, nadie se
toma la misa en serio. De la boda y del
trabajo huye quien no sea paralítico y para
hamaca. Aquí Dios es un amado compinche y no un jefe de policía rezongón y
condenador.
Muerto está el aburrido Cristo del pueb
lo de Jegua, muñeco roto que no suda,
ni sangra, ni hace milagros, ni tiene quien le limpie la mierda de murciélagos desde
que el cura huyó llevándose toda la plat
ería. Pero en cambio está bien vivo,
sudando y sangrando y milagreando, Nuestro
Señor el Negrito, el Cristo moreno del
pueblo de San Benito Abad, que da consuelo a quien sepa acariciarlo con ganas. Y
eros que cada dos por tres aparecen por
la costa colombiana y aquí se quedan.
Una noche de tormenta, los pescadores descubrieron el rostro de Dios,
fulgurante a la luz de los relámpagos, en una piedra con forma de huevo. Desde
entonces celebran los milagros del santo
El cura párroco del pueblo de Majagual
anuncia que subirá por el río, a la
cabeza de un batallón de cruzados, arrojará esa sacrílega piedra al fondo de las
aguas y prenderá fuego a la capillita de palma.
misas muy musiqueras, los pescadores
montan guardia alrededor del santo Hu
evo. Hacha en mano, día y noche.
1957
Santo Lucío
Mientras el cura de Majagual declara la
guerra al santo Huevo, el cura de
Sucre expulsa del templo a
santa Lucía, porque santa
con pene nunca se vio.
Al principio pareció un ganglio, un bultito en el cuello, y después fue bajando,
bajando, y creciendo, creciendo, bajo la sa
mundo se hacía el distraído, hasta que por fin un niño gritó la terrible evidencia:
¡Santa Lucía tiene picha!
Condenado al exilio, santo Lucío encuen
tra refugio en un rancho, no lejos de
Al tiempo, los pescadores le elevan un
confianzudo, comparte las juergas de sus
Él, que supo ser ella, no figura en el
santoral del almanaque Brístol. Tampoco
el santo Huevo ha sido canonizado por
el Papa de Roma. Ni la santa Tabla,
desprendida de la caja de jabones donde una lavandera encontró a la Virgen María,
ni san Riñón, humilde riñón de vaca donde
un matarife vio la co
Cristo. Ni santo Domingo Vidal.
1957
A orillas del río Sinú
Santo Domingo Vidal
Era enano y paralítico. El pueblo lo
nombró santo, santo Domingo Vidal,
porque su palabra sentipensante adivinaba a qué lugar de esta costa colombiana
había ido a parar el caballo perdido y qué ga
llito finaría la próxima riña. Nunca
quiso cobrar nada por enseñar a los pobres a leer y a defenderse de las
langostas y de los terratenientes tragones.
Hijo de Lucifer, lo llamó la Iglesia. Un cura lo arrancó de su tumba, dentro de
la capilla del pueblo de Chimá, y a golpes de hacha y martillo le rompió los huesos.
Sus rotos restos fueron a parar a un rincón de
la plaza, y otro cura quiso tirarlos a
garras, y el otro acabó sin aire, revolcándose en su propia mierda.
Como el santo Huevo, o santo Lucío, o
tantos otros colegas lugareños, santo
Domingo Vidal continuó alegremente vivo en
el fervor de todos los que aquí aman y
en el bullanguero remolino de las gentes del común, que comparten la feroz lucha
por la tierra y la fiesta de sus frutos.
Santo Domingo Vidal ampara la antigu
a costumbre de los caseríos del río
Sinú, que se visitan ofreciéndose homenajes
nos de un pueblo
llevan en andas, hasta la plaza de otro pueblo, largas mesas cargadas de flores y
delicias del río y sus orillas, sancocho de
dorada o sábalo, postas de bagre, huevos
o, dulce de mongomongo; y mientras el
s cantan y bailan a su alrededor.
1957
Batista ofrece trescientos pesos y una va
ca parida a quien le traiga a Fidel
Castro vivo o muerto.
a, andan y crecen los guerrilleros.
guerra en la manigua. Aprenden a
desconfiar y a caminar de noche y a jamás
dormir dos veces en el mismo sitio, y
sobre todo aprenden a entenderse con la gente del lugar.
Cuando los doce destartalados sobrevivientes llegaron a esta sierra, no
río Yara sabían por la canción que lo
menciona. Pocos meses después, hay un
os cuantos campesinos en las filas
zafra cortan caña un tiempito y después
y los guerrilleros conocen y reconocen
eran nacido. Saben los nombres de los
lugares, y si no, los bautizan a su manera. Al arroyo de la Muerte lo han llamado así
porque en ese arroyo desertó un guerriller
o que a gritos había jurado que pelearía
hasta la muerte.
Otros mueren peleando, sin haber jurado nada.
, José de la Cruz, Crucito, trovador
de la sierra, había compuesto
en décimas guajiras toda la historia de la revolución
cubana. A falta de papel, guardaba las déci
mas en la memoria. Se las llevó la bala
que acaba de matarlo en el farallón de
camiones del ejército.
1957
El Uvero
Almeida
Juan Almeida dice que tiene adentro una alegría que to
do el tiempo le hace
cosquillas y lo obliga a reír y a saltar, muy porfiada alegría si se tiene en cuenta
que Almeida nació pobre y negro en esta
isla de playas privadas cerradas a los
pobres por pobres y a los negros porque
tiñen el agua, y que para más maldición
complicaciones echó a rodar la vida en este juego de dados de la revolución cubana
ndenado a prisión y a destierro y fue
navegante del
Granma
antes de ser el guerrillero que está siendo y que acaba de
recibir dos balazos, no mortales pero jodido
s, uno en la pierna izquierda y otro en
contra el cuartel del Uvero, a orillas de
la mar.
1957
Santiago de Cuba
Earl Smith, embajador de los Estados Unid
Santiago de Cuba. Mientras ocurre la
ceremonia y se derraman, caudalosos, los
discursos, un clamor viene creciendo al otro
lado de las cortinas. El embajador se
de negro, que avanzan cantando
el himno nacional y gritando
libertad.
Los policías
las derriban a garrotazos.
Al día siguiente, el embajador visita
la base militar
norteamericana de
Guantánamo. Después recorre la
s minas de hierro y níquel de la Freeport Sulphur
Company, que gracias a sus empeñosas gestiones acaban de ser exoneradas de
El embajador hace público su disgusto po
policía, aunque
reconoce que el gobierno tiene derecho a de
fenderse de la agresión comunista. Los
asesores han explicado al embajador que
Fidel es anormal desde la infancia, por
El embajador, que fue campeón de
considera que hay que sostener a cualquier
precio al general Batista. Batista jamás
ona que sea de los Estados Unidos. Con
Batista en el poder, los turi
, desde el avión, su linda
mulata para el fin de semana. La Habana
es una ciudad norteamericana llena de
máquinas traganíqueles de Nevada y mafi
osos de Chicago y con muchos teléfonos
para pedir que le traigan a uno la cena caliente en un
próximo vuelo desde Miami.
1957
El Hombrito
En el valle del Hombrito, los rebeldes mandan. Aquí han instalado un horno de
pan, una imprenta, que consiste en un
viejo mimeógrafo, y un consultorio médico
que funciona en un bohío de una sola pieza.
El médico es Ernesto Guevara, llamado
el Che, que de argentino tiene, además del sobrenombre, ciertas costumbres como
el mate y la ironía. Peregrino de América, se incorporó a las fuerzas de Fidel en
México. Allí había ido a parar
emala y se ganaba la vida
como fotógrafo, a peso la foto, y vendiendo estampitas de la Virgen de Guadalupe.
En el consultorio del Hombrito, el Che atiende a una caravana de niños
barrigudos, casi enanos, y muchachas viejas, gastadas en pocos años de mucho
parir y poco comer, y hombres que son co
mo pellejos secos y vacíos, porque la
cual en su propia momia.
Che tuvo que elegir entre una caja de
balas y una caja de remedios. No podía
cargar con las dos, y prefirió la caja
de balas. Ahora acaricia su viejo fusil
Thompson, que es el único instrumento
(209)
Chana la Vieja, campesin
Pobrecito el Che. Yo siempre lo veía
con aquella carga de su asma y decía:
«Ay, Virgen». Para el asma él se quedab
que con el asma se pone histérica, tose y abre los ojos y abre la boca. Pero el Che
trataba de amansar el asma. Se tiraba en
un rincón para que el asma descansara.
A él no le gustaba la lástima. Si una le decía: «Pobrecito», él le echaba a una
una miradita rápida que no quería decir nada y quería decir mucho.
Yo le preparaba algo calientico, que le
muy zalamero, me decía: «Ah, la novia mía». Pero de canalla que era.
1958
ila y hace bailar. En el Campeonato
Mundial de Suecia, se consagran Pelé y
Garrincha, para desmen
que los negros no sirven para jugar en clima frío.
Pelé, flaquito, casi niño, hincha el pech
o, para impresionar, y alza el mentón.
Él juega al fútbol como jugaría Dios, si
Dios decidiera dedi
carse seriamente al
asunto. Pelé cita a la pelota donde sea
y cuando sea y como sea, y ella nunca le
falla. A los altos aires la envía: ella describe una amplia curva y vuelve al pie,
obediente, agradecida, o quizás atada por
un elástico invisible. Pelé la levanta,
por el cuerpo: sin que toque el suelo la
va cambiando de pierna mientras se lanza,
corre que te corre, camino del gol. No
hay quien pueda atraparlo, a lazo ni a ba
lazo hasta que deja la pelota clavada,
blanca, fulgurante, en el fondo de la red.
Dentro y fuera de la cancha, se cuida.
Jamás pierde un mi
nuto de su tiempo,
ni se le cae nunca una moneda del bolsillo
. Hasta hace poco, lustraba zapatos en
los muelles del puerto. Pelé ha nacido para subir; y lo sabe.
1958
Garrincha
e viene, pero va. Los rivales caen
despatarrados al suelo, uno tras otro, cu
Garrincha desparramara cáscaras de ba
nana. Cuando ha eludido a todos,
incluyendo al arquero, se sienta sobre la
pelota, en la línea de gol. Entonces,
dirigentes se arrancan los pelos: Garrinc
ha juega por reír, no por ganar, alegre
pájaro de patas chuecas, y se olvida del re
sultado. Él todavía cree que el fútbol es
una fiesta, no un empleo ni un negocio.
Le gusta jugar a cambio de nada o por
unas cervezas, en playas y campitos, Tien
e muchos hijos, propios y arrimados.
Bebe y come como si fuera la última vez.
Manoabierta, todo lo da, todo lo pierde.
Garrincha ha nacido para derrumbarse; y no lo sabe.
1958
Sierra Maestra
La revolución es un
En plena guerra, bajo las balas, Fidel
hace la reforma agraria en la Sierra
Maestra. Los campesinos reciben su primer
a tierra y al mismo
tiempo su primer
primer juez, que dicen que es menos
Más de diez mil soldados del ejército de
Batista vienen sufriendo derrota tras
derrota. El ejército rebelde es infinitamente menor y está todavía mal armado, pero
adentro, adelante y atrás.
El futuro es ahora. Fidel lanza la ofensiva final, la invasión de punta a punta.
En dos columnas, una al mando del Che Gu
evara, la otra al mando de Camilo
Cienfuegos, ciento sesenta guerrilleros salen de las montañas a la conquista del
llano.
1958
Yaguajay
Atravesando como por magia bombardeos y emboscadas, las columnas
invasoras llegan al centro de la isla. Queda Cuba cortada en dos cuando Camilo
Cienfuegos se hace dueño del cuartel de Ya
guajay, tras once días de combate, y el
Che Guevara entra en la ciudad de Santa Cl
Batista la mitad del país.
Camilo Cienfuegos es corajudo y glotón
. Pelea tan de cerca que cuando mata
igo. Varias veces ha estado
a punto de morir de bala y una vez casi
murió de cabrito, por engullir un cabrito
entero después de mucho tiempo de andar comiendo un día no y otro tampoco.
fruncido sino de risa abierta de oreja a
oreja. La gesta épica que más lo enorgullece
es aquella ocasión en que engañó a una av
1959
La Habana
en el primer día del año. Mientras el
dictador aterriza en Santo Domingo y
ujillo, en La Habana los verdugos huyen, sálvese quien
pueda, en estampida.
Earl Smith, embajador norteamerica
no, comprueba, horrorizado, que las
calles han sido invadidas por la chusma
y por unos cuantos guerrilleros sucios,
peludos, descalzos, igualitos a la pandilla de Dillinger, que bailan guaguancó
marcando a tiros el compás.
La rumba
rumbero de fundamento: rumbero en la paz, en la guerra y en todo lo de
entremedio. Hasta para fajarse arma rumba el cubano, y entra al baile de los
balazos como arrolla la multitud tras los tambores que la llaman:
Yo gozo. Y si me tumban,
mala suerte. Pero gozo.
En cualquier calle o tierral se suelta la
música y no hay quien la pare. Suena
hay tambores ni cajones suena en los
; y hasta las orejas bailan.
(86, 198 y 324)
1959
La Habana
También Porfirio Rubirosa, embajado
r dominicano, asiste con pavor al
más que café. Las novedades le han
quitado el hambre. Mientras un ejército de
sirvientes clava cajones y cierra baúles y
nte un cigarrillo y pone a girar en el
tocadiscos su canción preferida, que se llama
En su cama, es fama, jamás se pone el sol. El hombre de Trujillo en Cuba es
un célebre encantador de princesas, here
deras y estrellas de cine. Rubirosa las
el ukelele antes de darl
es el amor o la paliza.
viene de la infancia, de cuando le
planta silvestre dominicana, un elix
ir de la virilidad que Trujillo
elabora y exporta a los Estados Unidos.
Rubirosa comenzó su carrera cuando Trujil
lo lo hizo yerno. La continuó como
embajador en París, vendiendo visas a
ias Doris Duke y Bárbara Hutton. Es el
al Casanova del Trópico, co
mo a los tiburones el olor
de la sangre.
1959
La Habana
«Sólo nos hemos ganado el derecho a comenzar»,
dice Fidel, que llega en lo alto de un ta
nque desde la sierra Maestra. Ante el
gentío que hierve, explica que es no más qu
e un principio todo esto que parece un
final. Mientras habla, las palo
mas descansan en sus hombros.
Está sin cultivar la mitad de la tierra.
Dicen las estadísticas que el año pasado
ha sido el más próspero de la historia
de Cuba; pero los campesinos, que no saben
leer estadísticas ni ninguna otra cosa, no
lo han notado para nada. Desde ahora,
otro gallo cantará: para que cante, la refo
rma agraria y la alfabe
en la sierra, las tareas más urgentes. Y an
tes, la liquidación de este ejército de
El torturador llamado Rompehuesos se
desmaya cada vez que el pelotón apunta. Lo tienen que amarrar a un poste.
1960
Brasilia
Una ciudad o delirio en medio de la nada
El Brasil estrena nueva capital. Nace Bras
ilia, súbita, en el centro de una cruz
trazada sobre el polvo rojo del desierto, mu
y lejos de la costa, muy lejos de todo.
A ritmo alucinante ha sido construida. Durante tres años éste fue un
hormiguero donde los obreros y los técnic
y día, compartiendo la tarea y el plato
y el techo. Pero cuando Brasilia queda
terminada, termina la fugaz ilusión de la fraternidad. Se cierran de golpe las
puertas: la ciudad no sirve a los sirvientes. Brasilia deja afuera a quienes la alzaron
con sus manos. Ellos vivirán amontonados en
los rancheríos que brotan a la buena
de Dios en las afueras.
Ésta es la ciudad del gobierno, la casa del poder, sin pueblo en las plazas ni
veredas para caminar. Brasilia está en la
luna: blanca, luminosa
, flota allá lejos,
a salvo de sus mugres y sus locuras.
No la había soñado así Oscar Niemeyer,
el arquitecto de sus palacios. Cuando
se celebra la gran fiesta inaugural, Niemeyer no aparece en el palco.
1960
Río de Janeiro
Odia el ángulo recto y el capitalismo.
Contra el capitalismo no es mucho lo
que puede hacer; pero contra el ángulo
recto, opresor del espacio, triunfa su
arquitectura libre y sensual y leve como las nubes.
Niemeyer concibe la morada humana en forma de cuerpo de mujer, costa
sinuosa o fruta del trópico. También en form
a de montaña, si la montaña se recorta
en bellas curvas contra el cielo, como es el
caso de las montañas de Río de Janeiro,
diseñadas por Dios el día aquel
en que Dios se creyó Niemeyer.
1960
Río de Janeiro
También osado y ondulante es el leng
uaje de Guimaraes Rosa, que construye
casas de palabras.
señor formal, cumplidor de horarios,
incapaz de cruzar la calle con luz roja. Sopla feroz la tragedia en los cuentos y las
novelas de este sonriente diplomático de carrera. Escribiendo viola todas las
normas este burgués conservador que
sueña con ingresar a la Academia.
1960
Artemisa
se agitan en el aire, se afilan ro
zándose unos con otros, frotándose,
música de fondo para la canción o discurs
o que Fidel está pronunciando desde la
tribuna. Al oriente de la isla, ante los obreros del azúcar, Fidel explica por qué su
Ante cada golpe, Cuba responde ni ca
yendo ni callando. El Departamento de
Estado no acepta la reforma agraria: Cuba entrega a los campesinos los latifundios
norteamericanos. Eisenhower envía avione
s a incendiar cañaverales y amenaza con
no comprar azúcar cubano: Cuba rompe el monopolio comercial cambiando azúcar
niegan a refinar petróleo soviético: Cuba
las nacionaliza. Cada discurso es un curso.
Durante horas y horas Fidel
razona, pregunta, aprende y enseña, defiende y acusa,
mientras Cuba se abre paso, a tienta
s todavía; y cada paso busca camino.
1961
Santo Domingo
de béisbol de porcelana, entre dorados cupidos y
danzarinas. Rodeado de bustos de Trujillo y fotos de Trujillo, Trujillo repasa las
últimas listas de conspiradores, enviad
as por sus espías. Con mano desdeñosa
tacha algunos nombres, hombres y mujer
es que no amanecerán, mientras los
torturadores arrancan nuevos nombres a lo
Las listas inspiran a Trujillo tristes reflexiones. A la cabeza de los
conspiradores figuran el emba
jador de los Estados Unidos y el arzobispo primado de
las Indias, que hasta ayer nomás compartían
su gobierno. El Imperio y la Iglesia
reniegan ahora del hijo tan fiel, que se
mundo, y escupen su mano pródiga. Mucho duele tamaña ingratitud al autor del
desarrollo capitalista de la República Do
minicana. Y sin embargo, entre todas las
la barriga y las paredes, Trujillo sigue
prefiriendo la Gran Cruz de la Orden de
San Gregorio Magno, que le otorgó el
Vaticano, y la medallita que hace muchos
años recompensó sus servicios a la
Infantería de Marina de los Estados Unidos.
nte, a pesar de todos los pesares, el
hombre que ha sido oficialmente llamado Benefactor de la Patria, Salvador de la
Patria, Padre de la Patria, Restaurador de
la Independencia Financiera, Campeón de
la Paz Mundial, Protector de la Cultura, Primer Anticomunista de las Américas, Líder
Egregio, Ilustrísimo y Generalísimo.
(60, 63 y 101)
1961
Santo Domingo
deja en herencia todo un país, además
de nueve mil seiscientas corbatas, dos
mil trajes, trescientos cincuenta uniforme
s y seiscientos pares de zapatos en sus
armarios de Santo Domingo y quinientos tr
einta millones de dólares en sus cuentas
Rafael Leónidas Trujillo ha caído en emboscada, acribillado en su automóvil.
cerse cargo del legado, el entierro y la
venganza.
Ramfis Trujillo, colega y amigo de Porfirio Rubirosa, ha adquirido cierta
notoriedad desde su reciente misión cultural en Hollywood. Allí obsequió
automóviles Mercedes Benz y abrigos de visón y de chinchilla a Kim Novak y Zsa
Zsa Gabor, en nombre del hambriento
pero generoso pu
eblo dominicano.
(60, 63 y 101)
1961
Bahía de Cochinos
A contraviento,
A contramuerte, siempre de ida, nunc
a de vuelta, la revolución cubana
continúa escandalosamente viva a no má
s de ocho minutos de
vuelo de Miami.
Para acabar con la insolencia, la CIA lanza una invasión desde Estados Unidos,
Guatemala y Nicaragua. Somoza II despide en
el muelle a los ex
Ejército Cubano de Liberación, que la CIA
ha fabricado y puesto en funcionamiento,
está formado por militares y policías de la dictad
desalojados herederos de las plantaciones
de azúcar, los bancos, los diarios, los
garitos, los burdeles y los partidos políticos.
¡Tráiganme un par de pelo
s de la barba de Castro!
—les encarga Somoza.
Aviones de los Estados Unidos entran en
el cielo de Cuba. Están camuflados.
volando bajo, al pueblo que los saluda, y descargan bombas sobre las ciudades.
rreno, los invasores desembarcan en los
pantanos de la Bahía de Cochinos. Mientras tanto, el presidente Kennedy juega al
golf en Virginia.
Kennedy ha dado la orden, pero había
sido Eisenhower quien había puesto en
marcha el plan de invasión. Eisenhower ha
bía dado su visto bueno a la invasión de
Cuba en el mismo escritorio donde antes ha
bía aprobado la invasión de Guatemala.
El jefe de la CIA, Alien Dulles, le aseguró que acabaría con Fidel Castro como había
acabado con Arbenz. Sería cosa de un par
de semanas, día más, día menos, y el
mismo equipo de la CIA se haría cargo de
l asunto: los mismos hombres, desde las
de los libertadores dese
ncadenaría la insurrección
el pueblo de Cuba, harto de hacer colas,
no esperaba más que la señal de alzarse.
1961
Playa Girón
de los Estados Unidos
En tres días acaba Cuba con los inva
sores. Entre los muertos, hay cuatro
los Estados Unidos, huyen o se hunden en la bahía de los Cochinos.
El presidente Kennedy asume la total re
sponsabilidad por este fiasco de la
formes de sus pícaros espías locales,
que cobran por decir lo que gusta escu
char; y, como siempre, confundió la
geografía con un mapa militar ajeno a la ge
nte y a la historia. Las ciénagas que la
CIA eligió para el desembarco habían sido
el lugar más miserable de toda Cuba, un
reino de cocodrilos y mosquitos, hasta
que la revolución llegó. Entonces el
entusiasmo humano transformó estos loda
zales, fundando en ellos escuelas,
hospitales y caminos. La gente de aquí fue
la primera en poner el pecho a las balas,
contra los invasores que venían a salvarla.
(88, 435 y 469)
1961
La Habana
Los invasores, parásitos y verdugos, jó
venes millonarios,
crímenes, responden a las preguntas de los periodistas. Nadie asume la
n ni de nada; todos eran co
Ramón Calviño, célebre torturador de
los tiempos de Batista, sufre amnesia
total ante las mujeres por él golpeadas y pateadas y violadas, que lo reconocen y lo
increpan. El padre Ismael de Lugo, capellán
de la brigada de asalto, busca amparo
leado del lado de Franco en la guerra
española, por consejo de la Virgen, y ahora
ha invadido Cuba para que la Virgen no
sufra más contemplando tanto comunismo.
El padre Lugo invoca una Virgen
empresaria, dueña de algún banco o plantaci
ón nacionalizada, que piensa y siente
como los otros mil doscientos prisioneros:
el derecho es el derecho de propiedad y
de herencia; la libertad, libertad de empr
esa. La sociedad modelo, una sociedad
anónima. La democracia ejemplar,
una asamblea de accionistas.
en la ética de la impunidad. Nadie
reconoce haber matado a nadie. Y al fin
y al cabo, tampoco la miseria firma sus
crímenes. Algunos periodistas les preguntan sobre las injusticias sociales, pero ellos
se lavan las manos, el sistema se lava la
s manos: los niños que en Cuba y en toda
América Latina mueren a poco de nacer, mueren de gastroenteritis, no de
1961
Washington
¿Quién invadió Cuba? Un diálogo en el Senado
de los Estados Unidos
Senador Capehart —
¿Cuántos aviones teníamos?
Alien Dulles (director de la CIA) —
¿Cuántos tenían los cubanos?
Senador Sparkman —
No, los americanos. ¿Cuántos?
Bueno, se trata de cubanos.
Los rebeldes.
Nosotros no los llamamos rebeldes.
Capehart —
Quiero decir: las fuer
zas revolucionarias.
Cuando él preguntó cuántos avio
nes teníamos, se refería a eso,
a las fuerzas anti-Castro.
Richard M. Bissell (sub-director de la CIA) —
Empezamos, señor, con dieciséis
1961
La Habana
Poco después de la invasión, se reúne el
los prisioneros serán canjeados por me
dicinas para niños. Después entrega
diplomas a cuarenta mil ca
Una vieja insiste en subir a la tribuna,
y tanto insiste que por fin la suben. En
vano manotea el aire, buscando el altísi
mo micrófono, hasta que Fidel se lo
Yo quería conocerlo, Fidel. Quería decirle...
Mire que me voy a poner colorado.
Pero la vieja, mil arrugas, cuatro huesi
tos, le descerraja elogios y gratitudes.
Ella ha aprendido a leer y a escribir a los ciento seis años de edad. Y se presenta.
Se llama de nombre María de la Cruz, por
ser nacida el mismo día de la invención
de la Santa Cruz, y de apellido Semanat, porque Semanat se llamaba la plantación
de caña donde ella nació esclava, hija
tiempo los amos mandaban al cepo a los
de la Cruz, porque los negros eran las
máquinas que funcionaban al toque de la
campana y al ritmo de los azotes, y por es
o ella ha demorado tanto en aprender.
María de la Cruz se apodera de la tr
ibuna. Después de hablar, canta. Después
de cantar, baila. Hace más de un siglo que
se ha echado a bailar María de la Cruz.
ilando atravesó el dolor y el horror hasta
modo que ahora no hay quien la pare.
1961
Después del fracaso del desembarco de los soldados en Cuba, los Estados
Unidos anuncian un gran desembar
Para aislar a los barbudos, el presidente Kennedy ofrece a los
latinoamericanos torrentes de dona
Cuba es la gallina de los huevos de oro
—comprueba el Che Guevara, en la
conferencia panamericana de Punta del Este.
El Che denuncia este proyecto de sobo
rno como una tomadura de pelo. Para
páginas de los informes oficiales de la conf
erencia, y no hay página que no hable de
y desarrollo. Mientras los Estados Unidos tumban los
precios de los productos de América Latina
Para los señores técnicos
—acusa el Che—,
Si les hiciéramos caso, Cuba podría
1961
El cuentero
Una vez ensilló y montó un tigre, creyendo
que era burro, y otra vez se ató el
pantalón con una serpiente viva —y vio qu
e no era cinturón porque le faltaba la
hebilla. Todos le creen cuando
explica que ningún avión aterriza si no le echan unos
sta o cuando cuenta la terrible matazón que hizo el
ferrocarril el día que se enloqueció y en lu
gar de avanzar de frente se echó a correr
Jamasito miento
El Güilo, pescador de camarones en los
estuarios de Escuinapa, es lenguaraz
del rumbo. Pertenece a la espléndida es
tirpe latinoamericana de los cuenteros,
magos de la charla de mostrador o fogón,
Toc toc toc
Adelante
—invitó el Güilo, zalamero, desde la cama—.
Pero cuando quiso bajarle los calzon
es, la muerte huyó despavorida.
1961
San Salvador de Bahía
Y mientras el Güilo Mentiras espanta a
la muerte en México, en Brasil el
novelista Jorge Amado inventa un capitán
que espanta a la sole
cuenta Amado, desafía huracanes y fuegos
fatuos y atraviesa maremotos y negros
l barrio con tragos preparados según las
Cuando el capitán naufraga en las costas del Perú, los vecinos naufragan. A
los vecinos, tímidos funcionarios, jubilados enfermos de
aburrimiento y reuma, se
se ven venir una montaña de hielo que avanza contra
el navío, a babor, en el brumoso mar
del Norte, o cuando el monzón sopla
furiosamente en el mar de Bengala. Todos ti
ritan de placer cada vez que el capitán
evoca a la bailarina árabe que mordía uvas
jugosas mientras danzaba en la arena
de Alejandría, sin más ropa que
una blanca flor en la ingle.
El capitán nunca ha salido del Brasil.
Jamás ha pisado un barco, ni un bote
enta en la sala de su casa y su casa se
echa a navegar y llega más lejos que Marco Polo o Colón o los astronautas.
1962
Cosalá
Atados al mismo palenque, muy cargad
os de leña seca, se miran. Él,
querendón; ella, casquivana. Mientras el burro y la burra se miran y se remiran, las
beatas atraviesan la plaza,
atareadas en oración, rumbo a la iglesia. Por ser hoy
Viernes Santo, andan las beatas miseando
y luteando por Nuestro Señor Jesucristo,
todas de negro, mantillas negras, medi
as negras, guantes negros. Tremenda
espantada pegan las beatas cuando el
burro y la burra rompen amarras y
alcaldía.
tapa los ojos. En seguida manda que sean
burritos enganchados de amor. Que sin
desprenderse caen, fusilados.
1962
Villa de Jesús María
Una más uno es todos
En otro pueblo de la sierra, no lejos del pueblo donde fusilan a los burros, los
indios coras se enmascaran y pintan sus
cuerpos desnudos. Como todos los Viernes
Santos, las cosas reciben nuevos nombres mien
tras se desata la fiesta, pasión de
Cristo o cacería mágica del Venado o asesinato del dios Sol, crimen que funda la
vida humana en la tierra:
Que muera, que mate, que engendre.
Al pie de la cruz los bailarines amante
s se ofrecen, se abrazan, se entran,
mientras los bailarines payasos los imitan haciendo cabriolas. Amando juegan
bufonerías, y todos juegan co
se vuelven proyectiles y los huevos bombas
, y a golpes de tortillas y chorros de
miel acaba en guerra el gr
danzando, amando, comiendo, en homenaje a
Jesucristo moribundo y a la orilla de
su agonía. Él, desde la
cruz, sonríe, agradecido.
1963
El ciclón Flora
aporrea a Cuba con alma y vida durant
e más de una semana. El ciclón más
largo de la historia nacional ataca y huye
hubiera olvidado de
romper alguna cosa: todo gira, torbell¡no
furioso, alrededor
de esta gigantesca
serpiente de viento que se tuerce y
juega con las casas y los árboles arrojándolos
por los aires. Se vacía el cielo, por
susto de las aves, y la mar inunda todo el oriente de la isla. Desde la base de
Bayamo, salen las brigadas en lanchas y
en helicópteros. Los voluntarios van y
ndo a todo el que encuentran vivo y
enterrando o quemando a
los muchos muertos.
1963
La Habana
En esta isla devastada por el ciclón
y bloqueada y acosada por los Estados
Unidos, es una hazaña el día a día. Las vi
drieras lucen carteles de solidaridad con
los escasos automóviles andan con bujes de
cuernos de buey y en las escuelas de
arte se ralla grafito de lápiz para improvisar pintura. En las fábricas hay telarañas
sobre algunas máquinas nuevas, porque cier
ta pieza de repuesto no ha terminado
la vuelta al mundo entero antes
de llegar a su cercano destino.
Y no sólo faltan cosas. Mucha gente que
ienes todo lo tenían.
Ahora, hay que inventar.
A los dieciocho años, Ricardo Gutiérrez de
sfiló en La Habana con un fusil en
el fin de la dictadura de Batista. AI día
siguiente tuvo que hacerse cargo de varias
empresas abandonadas por sus dueños. Le tocó, entre otras, una fábrica de
prendas íntimas femeninas. En seguida em
pezaron los problemas de materia prima.
o de sostenes. Los obreros discutieron el
asunto en asamblea y decidieron destripar
almohadas. Fue un desastre. El relleno
de almohadas no se podía lavar
porque no se secaba nunca.
mandaron de administrador a un ingenio de
azúcar. Nunca en su vida había visto
un ingenio, ni de lejos;
administrador anterior, fiel servidor co
n medio siglo de expe
riencia, se había
perdido en el horizonte llevándose bajo el
Lobo, señor de aquellos cañaverales que la revolución había expropiado.
Ahora lo manda llamar el ministro de Relaciones Exteriores. Raúl Roa se
sienta en el suelo, ante un gran mapa de
España, desplegado sobre la alfombra, y
entera, a los veintidós años, de que lo
han hecho cónsul.
Pero si yo escribo a
máquina con dos dedos
—balbucea, se defiende.
Yo escribo con uno y soy ministro
—sentencia Roa.
1963
La Habana
Tiempo negro que engendra al tiempo ro
jo que hará posible el tiempo verde:
la solidaridad va ocupando el lugar de
la codicia y el miedo. Por ser capaz de
inventar, capaz de creación y de locura, la
revolución cubana va. Pero enemigos, le
sobran. Entre sus enemigos más temibles es
ciclón, asfixiante como el imperialismo: no hay revolución que no lo lleve adentro.
El burócrata es el hombre de madera,
nacido por equivocación de los dioses,
que lo hicieron sin sangre, sin aliento ni
desaliento, y sin ningun
Tiene eco, pero no tiene voz. Sabe tr
ansmitir órdenes, no ideas. Considera
cualquier duda una herejía; cualquier contradicción, una traición. Confunde la
unidad con la unanimidad y cree que al pu
llevarlo de la oreja.
Es bastante improbable que el burócrat
a se juegue la vida. Es absolutamente
imposible que se juegue el empleo.
1963
La Habana
Esto es el yoruba-marxismo-leninismo
—dice Bola de Nieve, cantor de
Guanabacoa, hijo del cocinero Domingo
y de la Mama Inés, y lo dice como
murmurando, con su enorme po
ca voz, ronquita, carnosa.
Yoruba-marxismo-
leninismo
al furor y al júbilo de este pueblo
que baila la Internacional meneando las caderas, revolución cubana nacida del feroz
abrazo de Europa y África en las arenas de América. En este espacio se cruzan los
dioses que los hombres hacen con los homb
res hechos por los dioses, unos bajando
a la tierra, otros lanzados a la conquista del cielo, y celebrándolo canta Bola de
Nieve, de muy salada manera.
1963
Río Coco
En los hombros lleva el
abrazo de Sandino,
que el tiempo no ha borrado. Treinta añ
os después, el coronel Santos López
vuelve a la guerra, en la selva de
l norte, para que Nicaragua sea.
Hace un par de años nació el Frente Sa
ndinista. Lo nacieron, junto a Santos
López, Carlos Fonseca Amador y To
más Borge y otros muchachos que no
conocieron a Sandino pero quieren continua
rlo. La tarea costará sangre, y ellos lo
Tanta inmundicia no puede ser lavada
—dice Carlos Fonseca.
Perdidos, sin armas, ensopados por la ll
jodidos, rejodidos, deambulan por la selv
a los guerrilleros. No hay peor momento
que la caída del sol. El día es día y la no
che, noche, pero el atardecer es hora de
agonía y espantosa soledad; y los sandinis
tas no son nada toda
vía, o casi nada.
1963
San Salvador
Miguel a los cincuenta y ocho
Anda Miguel como de costumbre, a sa
campesinos y otras diabluras, cuando los policías lo atrapan en algún pueblito y lo
traen, atado de pies y manos,
a la ciudad de San Salvador.
Aquí recibe larga paliza. Oc
ho días lo golpean colgado, ocho noches le pegan
en el suelo. Mucho le crujen
los huesos y le grita la carne, pero él no dice ni mú
putea a su gente querida, el viejo re
spondón se levanta desde sus restos
sangrantes, el desplumado gallito alza la cr
ordena al capitán
que cierre esa cochina boca. Y entonces el capitán le hunde en el cuello el caño de
la pistola y Miguel lo desafía a que avient
e bala nomás. Y quedan cara a cara los
dos, fieros, jadeantes, como
soplando brasas: el soldado con el dedo en el gatillo,
la pistola clavada en el pescuezo de Miguel y los ojos clav
s segundos y los siglos y escuchando el
de muerte total, cuando de pronto una sombra asoma en el fulgor de furia de los
ojos del capitán, un cansancio o no sé qué lo invade y le toma los ojos por asalto, y
al rato el capitán parpadea, sorprendido
de estar donde está, y lentamente deja
caer el arma y la mirada.
Y así ocurre el undécimo nacimiento de Miguel Mármol, a los cincuenta y ocho
años de su edad.
1963
Dallas
Decide el gobierno que la verdad no existe
Un mediodía, en una calle de Dallas, el
presidente de los Estados Unidos cae
asesinado. Apenas muere, se difunde la versión oficial.
La versión oficial, que será definitiva, afirma que Lee Harvey Oswald ha
El arma no coincide con la bala, ni la bala con los agujeros. El culpable no
coincide con la culpa: Oswald es hombre de
pésima puntería y fí
sico mediocre, pero
según la versión oficial actuó como un campeón olímpico de tiro al blanco y
ejo rifle a un ritmo imposible y su bala
atravesar a Kennedy y al gobernador de
Texas, Connally, quedando milagrosamente intacta.
Oswald niega, a gritos. Pero nadie sabe, nadie sabrá nunca, qué es lo que
declara. Y a los dos días se
desploma ante las cámaras
de la televisión: el mundo
entero asiste al espectáculo. Le cierra la boca Jack Ruby, un hampón consagrado al
tráfico de mujeres y de drogas. Dice
Ruby que ha vengado a Kennedy por
patriotismo y por la lástima que le da la pobre viuda.
1963
Santo Domingo
Crónica de costumbres de América Latina
Desde las arenas de Sosúa, nadaba mar
adentro. Delante, en barco, iba la
banda de música, espa
ntando tiburones.
ón y remolón y raras veces se echa al
agua; pero suele volver a la playa de su in
fancia. Le gusta sentarse en el malecón,
hacer puntería, fusilar tiburones. En Sosú
a, los tiburones disputan con los pobres
las sobras del matadero. El general Imbert
tiene simpatía por los pobres. Sentado
en el malecón, les arroja
su amigo del alma, el general Wessin y
Wessin. Aunque estén resfriados, ambos son
capaces de reconocer de lejos el olor
de un comunista; y ambos han ganado
numerosas medallas por levantarse
temprano y matar gente atada. Cuando dicen
ambos se refieren
siempre al presidente de los Estados Unidos.
Los generales Imbert y Wessin y Wessin,
hijos dominicanos de
la Escuela de
las Américas de Panamá, engordaron, los dos, al amparo de Trujillo. Después, los
dos lo traicionaron. Tras la muerte de Tr
ujillo hubo elecciones y el pueblo votó en
masa por Juan Bosch. Ellos no podían pe
negó a comprar aviones de guerra, anunció la
reforma agraria y la ley de divorcio y
Wessin y Wessin y otros generale
s de la nación han recupe
rado el poder, panal de
rica miel, mediante un fácil
cuartelazo en la madrugada.
Los Estados Unidos no demoran en
reconocer al nuevo gobierno.
1964
Panamá
Veintitrés muchachos
cuando intentan izar la bandera
de Panamá en suelo de Panamá.
Sólo se usaron balas de cazar patos
—se disculpa el comandante de las
tropas norteamericanas de ocupación.
Otra bandera flamea a lo largo del tajo que corta a Panamá de mar a mar.
Otra ley rige, otra policía vigila, otro idioma se habla, Los panameños no pueden
entrar sin permiso en la zona del canal, ni para recoger la fruta caída de un árbol
de mango, y si allí trabaj
an reciben salarios de seg
unda, como los negros y las
El canal, colonia norteamericana, es un negocio y una base militar. Con el
peaje que los buques pagan, se financian lo
ela de las Américas.
En los cuarteles de la zona del canal, los oficiales del Pentágono enseñan cirugía
anticomunista a los militares latinoamericanos que pronto ejercerán, en sus países,
presidencias, ministerios, comandancias o embajadas.
Son los líderes del futuro
—explica Robert McNamara
, ministro de Defensa
de los Estados Unidos.
Vigilantes ante el cáncer que acecha, estos militares cortarán las manos de
respondones y preguntones.
1964
Río de Janeiro
«Hay nubes sombrías»,
dice Lincoln Gordon:
Nubes sombrías se ciernen sobre nuest
ros intereses económicos en Brasil...
anunciar la reforma agraria, la
ado, lo ataca a viva voz. Desde la
embajada, paladas de dinero caen sobre lo
s envenenadores de la opinión pública y
los militares que preparan el cuartela
zo. Se difunde por todos los medios un
manifiesto que pide a gritos
el Club de Leones estampa
su firma al pie.
Diez años después del suicidio de Varg
as, resuenan, multiplicados, los mismos
istas llaman al uniformado mesías capaz de poner orden
difunde películas que muestr
an muros de Berlín cortando
en dos las ciudades brasileñas. Diarios y
radios exaltan las vi
rtudes del capital
privado, que convierte los desiertos en oasi
s, y los méritos de
que evitan que los comunistas
se roben el agua. La Marc
ha de la Familia con Dios
por la Libertad pide piedad
al Cielo, desde las avenidas
El embajador Lincoln Gordon denuncia la conspiración comunista: el
estanciero Goulart está traicionando a su
clase a la hora de elegir entre los
devoradores y los devorados, entre los opinadores y los opinados, entre la libertad
del dinero y la libertad de la gente.
1964
Juiz de Fora
Hace casi treinta años, el capitán Olympio Mourao Filho fabricó una
conspiración comunista, el Plan Cohen,
te Vargas. Ahora el
general Mourao Filho compra la conspiraci
ón fabricada por el
embajador Gordon. El
general confiesa que en mate
ria política él es una va
ca de uniforme, pero de
as sí que entiende.
En el cuartel de Juiz de
Fora, alza la espada:
¡Arrancaré al Brasil del abismo!
Mourao Filho está despierto desde antes
del amanecer. Se afeita mientras lee
en voz alta el salmo de David que anunc
ia que todo verdor perecerá. Después
desayuna y felicita a su mujer, por ser es
posa de un héroe; y a la cabeza de sus
hacia Río de Janeiro.
Los demás generales se le van adhirien
do, uno tras otro. Mientras tanto,
avanzan rumbo al Brasil, desde los Esta
dos Unidos, un portaaviones, numerosos
aviones, varias naves de guerra y cuat
Brother Sam, para ayudar al alzamiento.
Joao Goulart, perplejo, deja hacer.
Su colega Lyndon Johnson envía desde
Washington el más cálido re
conocimiento a los autore
s del cuartelazo, aunque
Goulart todavía ocupa la presidencia,
nuevo gobierno. Desde el sur,
Leonel Brizola intenta,
te, Goulart se marcha al exilio.
una pared de Río de Janeiro:
¡Basta de intermediarios! ¡Lincoln Gordon presidente!
Pero los triunfantes militares eligen al mariscal Castelo Branco, un solemne
hombre de armas que carece de sentido del humor y de pescuezo.
(115, 141 y 307)
1964
La Paz
Sin pena ni gloria,
como el presidente del Brasil, también el presidente de Bolivia, Víctor Paz
Estenssoro, sube al avión que lo lleva al exilio.
El aviador René Barrientos, dictador parlanchín, domina Bolivia. Ahora el
embajador de los Estados Unidos particip
entre los ministros, y el gerente de la Gu
Paz Estenssoro había quedado solo de toda soledad. Con él ha caído, al cabo
de doce años de poder, la revolución naci
onalista. Poquito a poco la revolución se
había dado vuelta hasta quedar de espald
as a los obreros, para mejor amamantar a
los nuevos ricos y a los burócratas que la
ha bastado un empujoncito para derrumbarla.
Mientras tanto los trabajadores, divididos,
se pelean entre ellos. Actúan como
si todos fueran laimes y jucumanis.
(16, 17, 26 y 473)
1964
Al norte de Potosí
pelean los indios laimes contra los indios jucumanis. Los más pobres de la
pobre Bolivia, parias entre los parias, se dedican a matarse entre ellos, en la helada
estepa al norte de Potosí. Quinientos han caído, de ambos bandos, en los últimos
diez años, y son incontables los ranchos incendiados. Las batallas duran semanas,
sin tregua ni perdón. Se despedazan los
indios por vengar agravios o disputando
pedacitos de tierra estéril, en estas alta
s soledades adonde fueron expulsados en
Laimes y jucumanis comen papa y cebada, que es lo que la estepa, a duras
penas, les ofrece. Duermen echados sobr
e cueros de oveja, acompañados por los
Para las ceremonias del mutuo exterminio, se cubren las cabezas con
monteras de cuero crudo, que tienen la
exacta forma del casco del conquistador.
Los sombreros
, traídos por los conquistadores y los
mercaderes; pero se han hecho muy de esta
tierra y de esta gente. Nacieron como
marcas de ganado, obligatorios disfraces
venidos de España para que cada señor
reconociera a los indios de
del tiempo, las comunidades
les fueron poniendo sus propios sellos de or
gullo, sus señales de alegría: estrellas y
lunitas de plata, plum
as de colores, cuentas de vidrio
, flores de papel, coronas de
maíz... Después los ingleses inundaron Boli
via con bombines y sombreros de copa,
galera negra de las indias de Potosí, gale
ra blanca de las indias de Cochabamba; y
por error llegó el sombrero borsalino, desd
e Italia, y se quedó a vivir en las cabezas
de las indias de La Paz.
Podrá andar descalzo el indio boliviano,
hombre o mujer, niño o niña; pero sin
sombrero, no. El sombrero prolonga la cabeza que protege; y cuando el alma se
cae, el sombrero la recoge del suelo.
1965
San Juan de Puerto Rico
La gente se lanza a las calles de Sant
o Domingo, armada con lo que tenga,
con lo que venga, y embiste contra los
tanques. Que se vayan los usurpadores,
quiere la gente. Que vuelva Ju
an Bosch, el presidente legal.
Los Estados Unidos tienen preso a Bosch
en Puerto Rico y le impiden volver a
su país en llamas. Hombre fibroso, puro tendón, todo tensión, Bosch se muerde los
puños, a solas en el rabiadero, y sus ojos azules perforan las paredes.
ta, por teléfono, si él es
enemigo de los Estados
Unidos. No; él es enemigo del imperialismo de los Estados Unidos:
—dice, comprueba Bosch—
enemigo de los Estados Unidos.
1965
Santo Domingo
A la tremolina acuden estudiantes
Barricadas de toneles y camiones volcados
impiden el paso de
los tanques. Vuelan
sobre el puente del río Ozama y las calles
popular, y subiendo hace el aparte entre
los militares que habían servido a Trujillo:
a un lado deja a los que están baleando
pueblo, dirigidos po
Wessin, y al otro a los diri
gidos por Francisco Caamaño, que abren los arsenales y
El coronel Caamaño, que en la mañana desencadenó el alzamiento por el
regreso del presidente Juan Bosch, habí
a creído que sería cosa de minutos. Al
mediodía comprendió que iba para largo,
y supo que tendría que enfrentar a sus
compañeros de armas. Vio que corría la sang
re y presintió, espantado, una tragedia
cer, pidió asilo en la em
bajada de El Salvador.
Tumbado en un sillón de la embajada, Caamaño quiere dormir. Toma
sedantes, las píldoras de costumbre y má
s, pero no hay caso. El insomnio, la
crujidera de dientes y el hambre de uñas
le vienen de los tiempos de Trujillo,
cuando él era oficial del ejército de la dictadura y cumplía o veía cumplir tareas
sombrías, a veces atroces.
Pero esta noche está peor que nunca.
En la duermevela, no bien consigue
pegar los ojos, sueña. Cuando sueña, es
sincero: despierta temblando, llorando,
rabiando por la vergüenza de su pavor.
Acaba la noche y acaba el exilio, que una sola noche ha durado.
le de la embajada.
s, humo espeso, que hace sombra, y se
1965
Santo Domingo
Ni por aire, ni por tierra, ni por ma
r. Ni los aviones del general Wessin y
Wessin, ni los tanques del ge
apagar la bronca de la
ciudad que arde. Tampoco los barcos: disp
aran cañonazos contra el Palacio de
Gobierno, ocupado por Caamaño, pero matan amas de casa.
La Embajada de los Estados Unidos, que llama a los rebeldes
comunista
pandilla de hampones,
informa que no hay modo de parar el alboroto y
pide ayuda urgente a Washington. Desembarcan, entonces, los
marines.
Al día siguiente muere el primer invasor.
Es un muchacho de las montañas del
norte de Nueva York. Cae tiroteado desde al
guna azotea, en una callecita de esta
ciudad que nunca en su vida había oído no
mbrar. La primera víctima dominicana es
un niño de cinco años. Muere de granada, en un balcón. Los invasores lo confunden
con un francotirador.
El presidente Lyndon Johnson advierte qu
e no tolerará otra Cuba en el Caribe.
Y más soldados desembarcan. Y más. Veinte mil, treinta y cinco mil, cuarenta y dos
mil. Mientras los soldados norteamericano
s destripan dominicano
norteamericanos los remiendan en los hosp
itales. Johnson exhorta a sus aliados a
que acompañen esta Cruzada de Occidente. La dictadura militar del Brasil, la
dictadura militar del Paraguay, la dictad
ura militar de Honduras y la dictadura
militar de Nicaragua envían tropas a la
República Dominicana para salvar la
Democracia amenazada por el pueblo.
Acorralado entre el río y la mar, en
el barrio viejo de Santo Domingo, el
pueblo resiste.
de dólares si abandona el país. Es
(62, 269 y 421)
1965
Santo Domingo
ha durado esta guerra de palos y cuchillos y carabinas contra morteros y
Incapaces de arrancar la rendición, lo
s invasores, los del todo poder, no
tienen más remedio que aceptar un acuerdo. Los ningunos, los ninguneados, no se
han dejado atropellar. No han aceptado tr
aición ni consuelo. Pelearon de noche,
feroces batallas casa por ca
guiente. Y al cabo de tanta noche de
horror y de gloria, las tropas invasoras no consiguen insular en el poder al general
Imbert, ni al general Wessin y Wess
in, ni a ningún otro general.
1965
La Habana
de revoluciones,
el espartano guerrillero, se marcha a ot
ras tierras. Fidel revela la carta de
despedida del Che Guevara:
lazos que no se pueden romper.
El Che también escribe a sus padres y
a sus hijos. A sus hijos les pide que
sean capaces de sentir en lo más hond
o cualquier injusticia
cualquiera en cualquier parte del mundo.
Aquí, en Cuba, con asma y todo, el Che
ha sido siempre el primero en llegar y
el último en irse, en la guerra y en la paz, sin aflojar ni un poquito.
De él se han enamorado las mujeres, lo
El Che Guevara dice adiós a sus padres
Otra vez siento bajo mis talones el co
stillar de Rocinante; vuelvo al camino
con mi adarga al brazo...
Muchos me dirán aventurero, y lo soy; só
lo que de un tipo diferente y de los
que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. Puede ser que ésta sea la
definitiva. No lo busco pero está dentro
del cálculo lógico de probabilidades. Si es
así, va un último abrazo.
Los he querido mucho, sólo que no
he sabido expresar mi cariño; soy
extremadamente rígido en mi
s acciones y creo que a veces no me entendieron. No
era fácil entenderme, por otra pa
rte, créanme, solamente, hoy.
Ahora, una voluntad que he pulido con
delectación de artista, sostendrá unas
piernas fláccidas y unos pulmones cansados
. Lo haré. Acuérdense de vez en cuando
de este pequeño condotiero del siglo XX...
1966
Y si lo sabemos,
¿tiene sentido perder el
tiempo discutiendo si es inmortal el alma?
Camilo creía en el cristianismo como práctica del amor al prójimo y quería que
ese amor fuera eficaz. Tenía la obsesión de
l amor eficaz. Esa obsesión lo alzó en
armas y por ella ha caído, en un desconoci
do rincón de Colombia, peleando en las
1967
Llallagua
Los mineros bolivianos son hijos de la Vi
rgen y sobrinos del Diablo, pero nadie
implacable lluvia del polvo del socavón: en un rato nomás, unos añitos, los
pulmones se vuelven de piedra y quedan cerrados los caminos del aire. Y antes de
que los pulmones se olviden de respirar, la nariz olvida los olores y la lengua los
sabores, las piernas pesan como plomo y la boca no dice más que rencores y
Al salir del socavón, los mineros buscan la
fiesta. Mientras dure la breve vida
y quieran las piernas moverse, es preciso
comer guiso picante y beber trago fuerte
y cantar y bailar a la luz de las fogatas que calientan el páramo.
En esta noche de San Juan, mientras ocurre
la mejor de las fiestas, el ejército
se agazapa en las montañas. Casi nada se
sabe aquí de los guerrilleros del lejano
río Ñancahuazú, aunque dicen que dicen
que pelean por una revolución bella y
jamás vista, como la mar; pero el general Barrientos cree que en cada minero
Antes del amanecer, al fin de la fies
ta de San Juan, un huracán de balas
(16, 17 y 458)
1967
Catavi
Parece fulgor de huesos la luz del nuevo
día. Después el sol se esconde tras
las nubes, mientras los parias de la tierra
llevan. Los mineros marchan por un callejón
de barro de Llallagua. La procesión
cenizas, y por la vasta
pampa llega al camposanto de Catavi.
No tiene sol el cielo, inmenso techo de estaño, ni tiene la tierra fogatas que la
estepa tan helada y tan sola.
Hay que cavar muchos pozos. Cuerpos de
todos los tamaños yacen en hilera,
tendidos, esperando.
Desde lo alto del muro del cementerio, una mujer grita.
1967
Catavi
grita contra los asesinos, desde lo alto del muro.
El octavo hijo anda querie
ndo salir de la barriga.
Cada día Domitila cocina, lava, barre, teje,
cose, enseña lo que sabe y cura lo
que puede y además prepara cien empana
das y recorre las calles buscando quien
Por insultar al ejército boliviano se la llevan presa.
Un militar le escupe la cara.
El interrogatorio de Domitila
Me escupió la cara. Después me dio una
patada. Yo no aguanté y le di un
sopapo. Él me volvió a da
pegándome... Me puso su rodilla aquí sobr
estaba por ahorcarme. Parecía que quería
hacer reventar mi vientre. Más y más me
no me acuerdo cómo, pero del puño lo habí
a agarrado y lo había estado mordiendo,
mordiendo... Tuve un asco terrible al sent
ir en mi boca su sangre... Entonces, con
toda mi rabia, tchá, en toda su cara le
escupí su sangre. Un alarido terrible empezó.
Me agarraba a patadas, gritaba... Llamó
a los soldados y me hizo agarrar por unos

Cuando me desperté como de un sueño,
había estado tragándome un pedazo
de mi diente. Lo sentí aquí en la garganta
. Entonces noté que el tipo me había roto
seis dientes. La sangre estaba chorreándo
me y ni los ojos ni la nariz podía yo
.
Y como si la fatalidad del destino hi
ciera, comenzó el trabajo de parto.
res y dolores y a ratos ya me
vencía la criatura para
nacer... Ya no pude aguantar
. Y me fui a hincar en una esquina. Me apoyé y me
poquito de fuerza. La cara me dolía como
para reventarme. Y en uno de esos momentos
, me venció. Noté que la Cabeza de la
huahua ya estaba saliendo... y allí mismo me desvanecí.
No sé después de cuánto tiempo:
¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy?
Estaba toda mojada. Tanto la sangre co
parto, me habían mojado toda. Entonces hi
ce un esfuerzo y resulta que encontré el
cordón de la huahua. Y a través del cord
ón, estirando el cordón, encontré a mi
huahuita, totalmente fría, helada, allí sobre el piso.
1967
Catavi
Después del vendaval de balas, un vendav
al de viento barre el pueblo minero
de Llallagua y le vuela los techos. En la
vecina parroquia de Catavi, la ventolera
pedestal, en cambio, queda intacta. Acude
s pedazos de la Inmaculada.
Vea, padre
—le dicen los obreros, y le muestran cómo la piedra se ha
sacado de encima, de un sacu
dón, a la Virgen intrusa.
Dentro de esa piedra, los dioses ve
ncidos duermen, sueñan, respiran,
atienden a los pedidores y pagadores de pr
omesas y anuncian a los obreros de las
minas que el gran día llegará:
El día nuestro, pues, el que esperamos.
El cura había condenado a la piedra
milagrera desde el día en que fue
encontrada y celebrada por los obreros. El
cemento, para que los obreros no la sacaran en procesión, y le había instalado a la
Virgen encima. El albañil que por orden del
cura encarceló a la piedra a golpes de
pico y martillo, tirita de fiebre y bi
zquea sin parar desde aquel aciago día.
1967
A orillas del río Ñancahuazú
El cardenal Maurer llega a Bolivia desd
e Roma. Trae las bendiciones del Papa
y la noticia de que Dios apoya decidida
mente al general Barrientos contra las
Mientras tanto, acosados por el hamb
re, abrumados por la geografía, los
guerrilleros dan vueltas por los matorrale
s del río Ñancahuazú. Pocos campesinos
hay en estas inmensas soledades; y ni uno
, ni uno solo, se ha incorporado a la
pequeña tropa del Che Guevar
a. Sus fuerzas van dismi
nuyendo de emboscada en
emboscada. El Che no flaquea, no se deja
flaquear, aunque siente que su propio
cuerpo es una piedra entre las piedras, pe
sada piedra que él arrastra avanzando a
la cabeza de todos; y tampoco se deja tentar por la idea de salvar al grupo
abandonando a los heridos. Por orden del Che, caminan todos al ritmo de los que
menos pueden: juntos serán todos salvados o perdidos.
Perdidos. Mil ochocientos soldados, dirigidos por los
más y más. Por fin delatan la ubicación
exacta un par de campesinos soplones y
Security Agency, de los Estados Unidos.
1967
Quebrada del Yuro
Los soldados disputan a manotazos el re
loj, la cantimplora, el cinturón, la
pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y
contralmirante Ugarteche, osado lobo de
tierra, jefe de la Marina de un país sin
mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara.
Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla.
El Che muere de bala, muere a traición,
poco antes de cumplir cuarenta años,
exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a
traición, Zapata y Sandino.
En el pueblito de Higueras, el genera
l Barrientos exhibe su trofeo a los
ta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa
melancólica.
1967
Higueras
¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de
ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó
en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?
Creía que hay que defenderse de las tram
pas de la codicia, sin bajar jamás la
guardia. Cuando era presidente de
l Banco Nacional de Cuba, firmaba
Che
los
Enfermo está el mundo, creí
a, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó
nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.
Vivir es darse, creía; y se dio.
1967
La Paz
En hombros del Nene, su gigante guarda
espaldas, el general René Barrientos
atraviesa la ciudad de La Paz. Desde a
rriba del Nene, va saludando a quienes lo
aplauden. Entra en el palacio de gobierno
. Sentado en su escritorio, con el Nene
subsuelo de Bolivia.
Hace diez años, Barrientos estaba pa
sando una temporada en un manicomio
de Washington, D. C, cuando le vino a la cabeza la idea de ser presidente de
Bolivia. Hizo carrera por la vía del atleti
smo. Disfrazado de aviador norteamericano,
El matador del Che es gallo cacareador, hombre de tres huevos, cien mujeres
y mil hijos. Ningún boliviano ha volado ta
nto, discurseado tanto ni robado tanto.
En Miami, los exiliados cubanos lo eligen Hombre del Año.
(16, 17, 337 y 474)
1967
casa, relampaguean algunos de los
esmeraldas mayores del mundo. Los Pati
ño, herederos de una de las fortunas
mayores del mundo, ofrecen una de
las fiestas mayores del mundo.
Para dar alegría a mil gentes durante
ocho noches con sus días, los Patiño
las flores elegantes y las bebidas
finas que existen en Portugal. Con
mucha anticipación se han di
stribuido las invitaciones, de
do tiempo de trabajar como
es debido. Varias veces al
clusivos, y cuando en alguno de los
salones se cruzan dos vestidos iguales, al
guien masculla que freirá en aceite a Yves
Saint-Laurent. Las orquestas vienen fl
Asiste, en pleno, la nobleza europea. El difunto Simón Patiño, boliviano
antropófago, devorador de mineros, habí
a comprado bodas de buena calidad. Había
casado a sus hijas con un
conde y un marqués y a su hijo varón con una prima de
1967
Houston
Lo llamaron Cassius Clay: se llama Muhammad Alí, por nombre elegido.
ce musulmán, por elegida fe.
Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, tanque liviano,
demoledora pluma, indestructible dueño de la corona mundial.
Le dijeron que un buen boxeador deja la
bronca en el ring: él dice que el
verdadero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos,
por los que comen sobras en la cocina.
desde entonces grita.
Le intervinieron el teléfono: desde entonces grita también por teléfono.
Le pusieron uniforme para enviarlo a la guerra de Vietnam: se saca el
uniforme y grita que no va, porque no tien
malo le han hecho a él ni a ni
ngún otro negro norteamericano.
Le quitaron el título mundial, le prohibieron boxear, lo condenaron a cárcel y
multa: gritando agradece estos
elogios a su dignidad humana.
1968
que allá los negros mueren más, el dobl
e que los blancos, sirviendo de carne de
cañón a una aventura imperial comparable
a los crímenes nazis.
El envenenamiento
del agua y de la tierra y la aniquilación de gentes y cosechas forman parte de un
niños son la mayoría. Los Estados Unidos
, dice, sufren una in
fección del alma; y
Hace seis años, el FBI clasificó a este
hombre en la se
cción A del índice
Reservado, entre las personas peligrosas qu
e hay que vigilar y encarcelar en caso
de emergencia. Desde entonces la policía le muerde los talones, lo espía día y
noche, lo amenaza, lo provoca.
Martin Luther King se desploma en el balcón de un hotel de Memphis. Una
bala en pleno rostro acaba con tanta molestia.
1968
Los chicanos
El juez Gerald Chargin dicta sentenci
a contra un muchacho acusado de
incesto, y de paso le aconseja
que se suicide y le dice que
ustedes los chicanos son
peores que los animales, pueblo podrido, miserable, piojoso...
Desde México vienen los chicanos, a tr
avés del río de la frontera, para
cosechar a bajo precio el algodón, las na
se quedan a vivir en el sur de los Esta
dos Unidos, que hace poco más de un siglo
era el norte de México. En
estas tierras, ya no suyas,
De cada diez norteamericanos muerto
chicanos. A los chicanos, les dicen:
Ustedes, tan machos y fuertes, se van al frente los primeritos.
(182, 282, 369 y 403)
1968
San Juan de Puerto Rico
Albizu
También los puertorriqueños son buenos
de quienes les han usurpado la patria.
La isla de Puerto Rico, colonia nortea
mericana, consume lo que no produce y
produce lo que no consume. En sus tierras,
abandonadas, ni siquiera se cultiva el
respirar aire acondicionado, a comer
comida enlatada, a moverse en autos
fanfarronamente grandes, a endeudarse
hasta el pescuezo y a borrarse el alma
mirando televisión.
Pedro Albizu Campos murió hace un ti
empo. Había pasado preso casi veinte
años, en cárceles de los Estados Unidos, po
r su tarea de agitador incesante. Para
con alma y vida, como si fuera mujer;
para devolverle el aliento, hay que rescatarla a balazos.
Él usaba corbata negra por la patria
perdida. Estaba cada vez más solo.
(87, 116, 199 y 275)
1968
en México jamás se han visto, tan
inmensas y alegres, todos atados brazo con brazo, cantando y riendo. Los
Díaz Ordaz y sus ministros, momias con
vendas y todo, y contra los demás usurpado
res de aquella revolución de Zapata y
Pancho Villa.
En Tlatelolco, plaza que ya
fue moridero de indios y
conquistadores, ocurre la
encerrona. El ejército bloquea todas las salid
corral, prontos para el sacrificio, se apre
tujan los estudiantes. Cierra la trampa un
Las luces de bengala, una verde, otra roja, dan la señal.
Horas después, busca su cría una mujer. Los zapatos dejan huellas de sangre
a tal grado que yo sentía en las manos
lo viscoso de la sangre. También había
sangre en las paredes. Creo que los muros
de Tlatelolco tienen los poros llenos de
sangre; Tlatelolco entero respira sangre.
.. Yacían los cadáveres en el piso de
sesenta y ocho. Los iban amontonando bajo
la lluvia. Yo recordaba que Carlitos, mi
hijo, llevaba una chamarra de pana verde
y en cada cadáver yo creía reconocerla.
1968
Tiene medio siglo largo, pero cada día
siempre en el centro del alboroto, disp
arando discursos y manifiestos. José
Revueltas denuncia a los dueños del poder
en México, que por irremediable odio a
todo lo que palpita, crece y cambia, acaban
de asesinar trescientos estudiantes en
Tlatelolco:
Los señores del gobierno están muertos. Por eso nos matan.
En México, el poder asimila o aniquila,
fulmina de un abrazo o de un balazo: a
en la cárcel. El incorregible Revueltas vive
entonces pasa las noches tendido en algún
banco de la alameda o escritorio de la
universidad. Los policías lo odian por revolucionario y los dogmáticos por libre; los
tendencia a las cantinas. Hace un tiempo,
sus camaradas le pusieron un ángel de la
peñando las alas para pagar las juergas
1968
A orillas del río Yaqui
Los indios yaquis, guerreros de muchos
siglos, llaman a Lázaro Cárdenas. Lo
citan en una pradera luminosa del norte de
México, cerca del río de sus tradiciones.
del pan, los jefes de las ocho tribus
yaquis le dan la bienvenida. En las cabezas lucen los plumajes reservados a las
grandes ocasiones.
¿Te acuerdas, Tata?
Han pasado treinta años y ésta es una
gran ocasión. Habla el Principal:
Tata Lázaro, ¿te acuerdas? Tú nos
devolviste las tierras. Nos diste
hospitales y escuelas.
Al fin de cada frase, los jefes golpea
¿Te acuerdas? Queremos que sepas. Los
ricos nos quitaron las tierras. Los
arteles. Las escuelas son cantinas.
Cárdenas escucha y calla.
1968
En el silencio, late otro México. Juan Rulfo, narrador de desventuras de los
vivos y los muertos, guarda silencio. Hace
quince años dijo lo que tenía que decir,
en una novela corta y unos pocos relatos,
y desde entonces calla. O sea: hizo el
amor de hondísima manera y después se quedó dormido.
1969
Lima
Arguedas
se parte el cráneo de un balazo. Su historia es la historia del Perú; y enfermo
de Perú se mata.
Hijo de blancos, José María Arguedas
había sido criado por los indios. Habló
arrojado a la costa; salió de los pueblitos
comuneros para entrar en las ciudades
Aprendió la lengua de los vencedores y en ella habló y escribió. Nunca escribió
los vencidos, sino
ellos. Supo decirlos; pero su hazaña fue su
maldición. Sentía que todo lo suyo era traición o fracaso, desgarramiento inútil. No
podía ser indio, no quería
ser blanco, no soportaba ser
Caminó el solitario caminante al bord
e de ese abismo, entre los dos mundos
enemigos que le dividían el alma. Muchas
avalanchas de angustia le cayeron
encima, peores que cualquier alud de lo
do y piedras; hasta que fue derribado.
1969
Mar de la Tranquilidad
El descubrimiento de la Tierra
La nave espacial llega de
sde Houston, Texas, y posa en la luna sus largas
patas de araña. Los astronautas Armstrong
y Aldrin ven la Tierra como nadie la
había visto hasta ahora, y la Tierra no es
leche y veneno sino una bella piedra hela
da que rueda en la soledad del universo.
Parece sin hijos la Tierra, habitada por na
sintiera ni siquiera cosquillas por las pasiones humanas que hormiguean en su
Los astronautas nos transmiten por
televisión y radio las palabras
previamente programadas acerca del gran paso que la humanidad está dando,
tados Unidos de América en el pedregoso
Mar de la Tranquilidad.
1969
Los gamines
Tienen la calle por casa. Son gatos en el
salto y en el manotazo, gorriones en
el vuelo, gallitos en la pelea. Vaga
n en bandadas, en galladas; duermen en
er. Comen lo que roban o las sobras que
mendigan o la basura que
re y el miedo aspirando
gasolina o pegamento. Tienen dientes gr
ises y caras quemadas por el frío.
Arturo Dueñas, de la gallada de la call
e Veintidós, se va de su banda. Está
harto de dar el culo y recibir palizas po
r ser el más pequeño,
el chinche, el
chichigua; y decide que más vale largarse solo.
Una noche de éstas, noche como cualquie
r otra noche, Arturo se desliza bajo
una mesa de restorán, manotea una pata
de pollo y alzándola como estandarte
huye por las callejuelas. Cuando encuentra algún oscuro reco
veco, se sienta a
cenar. Un perrito lo mira y se relame. Va
rias veces Arturo lo echa y el perrito
vuelve. Se miran: son iguali
apaleados, puro hueso y
mugre. Arturo se resigna y convida.
Desde entonces andan juntos, patialegres,
compartiendo el
peligro y el botín
y las pulgas. Arturo, que nunca habló con
nadie, cuenta sus cosas. El perrito
duerme acurrucado a sus pies.
Y una maldita tarde los policías atrapan a Arturo robando buñuelos, lo
arrastran a la Estación Quinta y allí le pe
vuelve a la calle, todo maltrecho. El pe
rrito no aparece. Arturo corre y recorre,
busca y rebusca, y no aparece. Mucho pr
egunta y nada. Mucho lo llama y nada.
Nadie en el mundo está tan solo como este
calles de la ciudad de Bogotá, ronco de tanto gritar.
1969
En cualquier ciudad
En una esquina, ante el semáforo ro
jo, alguien traga fuego, alguien lava
allitas de papel, chicles,
banderitas y muñecas que
horóscopo por radio, agradecido de que los astros se
ocupen de él. Caminando entre los altos edificios, alguien quisiera comprar silencio
o aire, pero no le alcanzan las moneda
s. En un cochino suburbio, entre los
enjambres de moscas de arriba y los ejérci
tos de ratas de abajo, alguien alquila
una mujer por tres minutos: en un cuartuch
o de burdel es violador el violado,
mejor que si lo hiciera con una burra en el
río. Alguien habla solo ante el teléfono,
después de colgar el tubo. Al
guien habla solo ante el televisor. Alguien habla solo
ante la máquina tragamonedas. Alguien ri
ega una maceta de flores de plástico.
Alguien sube a un ómnibus vacío, en la madrugada, y el ómnibus sigue estando
1969
Río de Janeiro
La expulsión de las favelas
Se niegan a irse. Han sido los más pobres del campo y son ahora los más
pobres de la ciudad, siempre los últimos
de la fila, gentes de brazos baratos y
piernas bailanderas; y al menos aquí viven
cerca de los lugares donde se ganan el
pan. Se han puesto tozudos los pobladores
de Praia do Pinto y las demás favelas
que cubren las montañas de Río de Janeiro.
Pero los jefes militares han echado el
ojo a estos terrenos tan vendibles y revend
resuelve el asunto mediante oportunos in
cendios. Los bomberos jamás acuden. El
amanecer es la hora de las lágrimas y la
s cenizas. Después que el fuego arrasa las
casas hechas de basura, como a basura ba
rren a la gente y en camiones de basura
la arrojan lejos.
1969
Un castillo de basura
El viejo Gabriel dos Santos hace lo que
sus sueños le mandan hacer. Él sueña
en Brasil los mismos sueños locos que
Antoni Gaudí soñaba hace un siglo en
Cataluña, en la lejana Barcelona, aunque
el viejo Gabriel nunca ha oído hablar de
Gaudí ni ha visto ninguna de sus obras.
No bien se despierta, el viejo Gabr
iel empieza a modelar con sus manos las
maravillas que en sueños ve, antes de que se le escapen. Así ha levantado la Casa
de la Flor. En ella vive, sobre la ladera
de una colina batida por el viento marinero.
De sueño en sueño va creciendo, a lo largo
de los años, la morada
del viejo Gabriel,
este castillo o bicho raro
sas formas, todo hecho de
El viejo Gabriel, obrero de las salina
s, nunca fue a la escuela, nunca vio
televisión, nunca tuvo dinero
. No conoce normas ni mode
los. Él disparatea a su
libre modo y manera, con las sobras que arroja fuera la cercana ciudad de Cabo
Frío: guardabarros, faroles, astillas de ve
ntanas y botellas, platos rotos, fierros
viejos, patas de silla, ruedas...
1969
Quebrada de Arque
La última cabriola del aviador Barrientos
El cardenal Maurer dice que el presidente Barrientos es como san Pablo,
porque recorre los campos de Bolivia
repartiendo verdades, pero Barrientos
. Por todas partes va y viene, regando
de dos mil millones de dólares en gas y
Barrientos ha regalado a la Gulf Oil.
En este helicóptero, Barrientos paseó por
los cielos de Boli
via el cuerpo del
Che Guevara, atado a los patines. En
este helicóptero Barrientos llega a la
quebrada de Arque, en una de sus jiras incesantes, y como de costumbre arroja
choca con un alambre, se estrella contra
las rocas y se quema vivo. Después de habe
r incendiado tantos cuadros y libros, el
fogoso Barrientos muere achicharrado en es
(16, 17 y 474)
1969
San Salvador y Tegucigalpa
Dos turbulentos partidos
de fútbol disputan Honduras y El Salvador. Las ambulancias se llevan muertos
y heridos de las tribunas, mientras los hinc
has continúan en la calle las grescas del
En seguida rompen relaciones los dos pa
íses. En Tegucigalpa, los parabrisas
Hondureño: toma un leño, mata un
salvadoreño.
En San Salvador, los
diarios exhortan al ejército a invadir Honduras
para propinar una lección a esos bárbaros.
Honduras expulsa a los campesinos
salvadoreños, aunque muchos de ellos ni
siquiera saben que son extranjeros y
jamás han visto un documento de identida
d. El gobierno de Honduras llama
Reforma Agraria al desalojo de los salvadoreños, obligados a emigrar con lo puesto,
y al incendio de sus ranchos. El gobierno
de El Salvador considera espías a todos
los hondureños que viven allí.
Honduras y avanza ametrallando las aldeas fronterizas.
(84, 125 y 396)
1969
San Salvador y Tegucigalpa
tiene por enemigos a dos pedazos de Amér
ica Central, jirones de la que fue,
dio, patria única.
Honduras, pequeño país agrario, está
El Salvador, pequeño país agrario, es
tá dominado por los latifundistas.
El pueblo campesino de Honduras no tiene tierra ni trabajo.
El pueblo campesino de El Salvad
or no tiene tierra ni trabajo.
En Honduras hay una dictadura milita
r nacida de un golpe de Estado.
En El Salvador hay una dictadura milit
ar nacida de un golpe de Estado.
El general que gobierna Honduras ha
Américas, en Panamá.
El general que gobierna El Salvador ha
sido formado en la Escuela de las
Américas, en Panamá.
De los Estados Unidos provienen las armas y los asesores del dictador de
Honduras.
De los Estados Unidos provienen las arma
s y los asesores del dictador de El
El dictador de Honduras acusa al dictad
or de El Salvador de ser un comunista
a sueldo de Fidel Castro.
El dictador de El Salvador acusa al di
ctador de Honduras de ser un comunista
a sueldo de Fidel Castro.
La guerra dura una semana. Mientras du
ra la guerra, el pueblo de Honduras
cree que su enemigo es el pueblo de El Sa
lvador y el pueblo de El Salvador cree
que su enemigo es el pueblo de Honduras
. Ambos pueblos dejan cuatro mil muertos
en los campos de batalla.
1969
a quien diga o escriba
Se declaran crímenes contra
actividades comunistas bajo la forma que
sea: toda profesión de fe comunista,
verbal o escrita, pública o privada, toda
propagación de doctrinas comunistas o
anarquistas a través de conferencias, disc
ursos, conversaciones, lecturas, reuniones
libros e imágenes; toda correspondencia or
al o escrita con asociaciones locales o
extranjeras o con personas dedicadas a
la difusión de ideas comunistas o
anarquistas; y también el hecho de re
cibir, recoger o proporcionar fondos
destinados directa o indirectamente a la propagación de dichas ideas.
Serán condenados a muerte los autores y los cómplices de estos
crímenes. Sus bienes muebles e inmueb
les serán confiscados y vendidos en
beneficio del Estado,
Dr. François Duvalier
Presidente Vitalicio
de la República de Haití
1970
Montevideo
Los guerrilleros tupamaros liquidan
a Dan Anthony Mitrione, uno de los
instructores norteamericanos de la policía del Uruguay.
El finado impartía sus cursos para oficia
les en un sótano a
prueba de sonidos.
Para las lecciones prácticas utilizaba pordioseros y prostitutas cazados en la calle.
Así mostraba a sus alumnos el efecto de los
diversos voltajes de electricidad en las
sensibles del cuerpo humano, y les
enseñaba cómo aplicar eficazmente
vomitivos y otras sustancias
químicas. En los últimos meses, tres hombres y una
mujer murieron durante estas clases de Técnica del
Huevos no, comisario. Testículos.
Es un arte, más que una técnica
el dolor preciso, en el lugar
preciso, en la medida precisa.
1970
último tiro y cae peleando contra todo
un batallón de la dictadura de Somoza.
Leonel Rugama tenía veinte años.
De los jugadores de ajedrez, a los que
pierden por culpa de la muchacha que
De las que pasan, a la que queda.
De las que quedan, a la que todavía no llegó.
De los héroes, prefería a los que no dicen que mueren por la patria.
De las patrias, a la nacida de su muerte.
1970
Santiago de Chile
En un acto de imperdonable mala conducta, el pueblo chileno elige presidente
esidente de la empresa ITT, International
Telephone and Telegraph Corporation, ofre
ce un millón de dólares a quien acabe
con tanta desgracia. Y el presidente de
los Estados Unidos dedica al asunto diez
millones: Richard Nixon encarga a la CIA qu
e impida que Allende se siente en el
sillón presidencial, o que
lo tumbe si se sienta.
El general René Schneider,
cabeza del ejército, se niega al golpe de Estado y
cae fulminado en emboscada:
Esas balas eran para mí
—dice Allende.
Quedan suspendidos los préstamos del Ba
nco Mundial y de toda la banquería
oficial y privada, salvo los préstamos para gastos militares. Se desploma el precio
internacional del cobre.
Desde Washington, el canciller Henry Kissinger explica:
No veo por qué tendríamos que quedarnos de brazos cruzados,
contemplando cómo un país se hace comuni
sta debido a la irresponsabilidad de su

(138, 181 y 278)
1971
Santiago de Chile
El Pato Donald
y sus sobrinos difunden las virtudes de
la civilización del consumo entre los
salvajes, en algún subdesarrollado país con
de Donald ofrecen pompas de jabón a los es
oro puro, mientras el tío Donald combate contra los forajidos revolucionarios que
alteran el orden.
Desde Chile, las historietas de Walt Disney se difunden por América del Sur y
entran al alma de millones de niños. El
pato Donald no se pronuncia contra Allende
y sus rojos amigos, pero ni falta que hace
. El mundo de Disney es el simpático
zoológico del capitalismo: patos, ratones,
perros, lobos y cerditos se ocupan de
la publicidad, reciben créditos, pagan
cuotas, cobran dividendos, sueñan con herencias y compit
y ganar más.
1971
Santiago de Chile
«Disparen sobre Fidel»
ha ordenado la CIA a dos de sus agente
s. Sólo sirven para ocultar pistolas
automáticas esas cámaras de televisi
ón que hacen como que filman, muy
atareadas, la visita de Fidel Castro a
Fidel, lo tienen en el centro de la mira, pero ninguno dispara.
Hace ya muchos años que los especial
istas de la División de Servicios
Técnicos de la CIA vienen imaginando atentados contra Fidel. Han gastado
fortunas. Han probado con cápsulas de ci
ciertas infalibles pildoritas que se disuel
que la autopsia las delate. También lo han intentado con bazukas y
telescópica y con una bomba de plástico, de treinta kilos, que un agente debía
ubicar en la alcantarilla, bajo la tr
ibuna. Y han usado cigarros envenenados.
Prepararon para Fidel un habano especial,
que mata apenas toca los labios. Como
no funcionó, probaron con otro habano que provoca mareos y aflauta la voz. Ya que
no conseguían matarlo, trataron de matarle, por lo menos, el prestigio: intentaron
rociarle el micrófono con un polvo que en
pleno discurso provoca una irresistible
tendencia al disparate y hasta le prepararon una pócima depilatoria, para que se le
cayera la barba y quedara desnudo ante la multitud.
(109, 137 y 350)
1972
Nicaragua, S. A.
El turista llega al país en avión o barc
o de Somoza y se aloja en uno de los
hoteles que Somoza tiene en la capital. El
turista está cansado, y se echa a dormir
za. Al despertar, desayuna un café
Presto, propiedad de Somoza, con leche de
vacas de Somoza y azúcar cosechada
en una de sus fincas y refinada en uno de
sus ingenios. Enciende un fósforo de la
empresa Momotombo, de Somoza, y prue
Nicaragüense, que Somoza posee en soci
edad con la British-American Tobacco
Company.
El turista sale a la calle, cambia dinero en un banco de Somoza y en la
esquina compra el diario somocista «N
ovedades». Leer «Novedades» es una
imposible proeza, de modo que arroja el
diario a la basura que mañana, al
amanecer, será recogida por un camión Mercedes importado por Somoza.
El turista sube a un autobús de la empr
esa Cóndor, de Somoza, que lo llevará
hasta la boca del volcán Masaya. Yendo haci
a el penacho de fuego va viendo, por la
ventanilla, los barrios de latas y charcas donde malvive la baratísima mano de obra
un ron destilado por Somoza, con hielo
de su compañía Polar, y después come
carne de una de sus terneras, pasada a
cuchillo en uno de sus mataderos, con arroz de una de sus arroceras y ensalada
que adereza con aceite Corona, que es de Somoza y de la United Brands.
Media hora después de medi
anoche, revienta el terrem
sea uno de los doce mil muertos. Si no va
a parar a alguna fosa común, descansará
en paz dentro de un ataúd de la empres
a funeraria de Somoza, envuelto en un
sudario de la textil El Porvenir, que también pertenece a Somoza.
1972
El otro hijo de Somoza
a clavado, para siempre, a
la hora en que el
terremoto alza en vilo a la ciudad. El terremoto sacude a Managua y la destroza.
Ante la catástrofe, Tachito Somoza
ganar ni un centavo más y declara:
Ésta es la revolución de las oportunidades.
lazado a su hermano Luis del trono de
e mejores uñas. A la cabeza de una voraz
bandada de primos segundos y tíos terceros, se lanza sobre las ruinas: él no ha
fabricado el terremoto, pero lo cobra.
La tragedia de medio millón de personas
Navidad. Somoza trafica desaforadamente con escombros y terreno
s; y por si fuera
poco, vende en Estados Unidos la sangre
donada a las víctimas por la Cruz Roja
Internacional. Después profundiza este filón, descubierto gracias a las aciagas
circunstancias. Demostrando más iniciativa
Drácula, Tachito Somoza funda una socied
ad anónima para comprar sangre barata
en Nicaragua y venderla cara
en el mercado norteamericano.
El pensamiento vivo de Tachito Somoza
No ostento mi dinero como símbolo de po
der, sino como símbolo de fuente de
trabajo para los nicaragüenses.
1972
Santiago de Chile
Un millón de personas desfilan por las calles de Santiago, en apoyo a Salvador
Allende y contra los momios burgueses que
fingen que están vivos y fingen que son
rompiendo la costumbre de sufrir: en busca de sí,
Chile recupera el cobre, el hierro, el salitre, los bancos, el comercio exterior y los
monopolios industriales. También se anunc
ia la próxima nacionalización de los
teléfonos de la ITT. Se pagará por ellos lo
poco que la ITT dice que valen, en sus
declaraciones de impuestos.
1972
Santiago de Chile
guerrilleros en la oscuridad, pero no la necesita para descubrirlos en el gobierno de
Chile. Mucho dinero está gastando la empr
esa contra el presidente Allende. La
experiencia reciente enseña que vale la
pena: los generales que ahora mandan en
Brasil han devuelto a la ITT, varias veces multiplicados, los dólares invertidos para
voltear al presidente Goulart.
rocientos mil obrero
s y funcionarios
hombres que antes fueron directores de
la CIA y del Banco Mundial. La ITT se
ocupa de múltiples negocios en todos los
continentes: produce
y armas sofisticadas, organiza sistem
as nacionales e internacionales de
ciales, presta dinero
explota bosques, brinda al turismo autos
y hoteles y fabrica teléfonos y dictadores.
1973
Santiago de Chile
Por valija diplomática llegan los verd
sabotajes y cataratas de mentiras. Los em
presarios paralizan a Chile y le niegan
alimentos. No hay más mercado que el merc
ado negro. Largas colas hace la gente
requiere un milagro de la Virgen María Santísima. La Democracia Cristiana y el
diario «El Mercurio» dicen pe
stes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo
redentor, que ya es hora de acabar con es
ta tiranía roja; les hacen eco otros diarios
y revistas y radios y canales de televisión.
Al gobierno le cuesta moverse: jueces y
parlamentarios le ponen palos en las rued
as, mientras conspiran en los cuarteles
En estos tiempos difíciles,
la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni
abastecerse sin mercaderes. Pero la multit
ud obrera marcha si
manos, por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuanto
s buques de guerra de los Estados
Unidos, y se exhiben ante las costas chile
nas. Y el golpe militar, tan anunciado,
(181, 278 y 449)
1973
Santiago de Chile
Le gusta la buena vida. Varias veces ha
dicho que no tiene pasta de apóstol ni
condiciones para mártir. Pero también ha
dicho que vale la pena morir por todo
aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renunc
ia. Le ofrecen un avión para que se
vaya de Chile. Le advierten que el palacio
y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los
. Allende se pone un casco y prepara su
bombas. El presidente habla por radio,
Yo no voy a renunciar...
1973
Santiago de Chile
«Se abrirán las gr
en su mensaje final
Yo no voy a renunciar. Coloca
do en un trance histórico, pagaré con mi vida la
lealtad del pueblo. Y les digo que teng
o la certeza de que la semilla que
miles y miles de chilenos no podrá ser
segada definitivamente. Tienen
la fuerza. Podrán avasalla
los procesos sociales con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la
hacen los pueblos...
Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y en su destino, Superarán otros
hombres este momento gris y amargo donde
ustedes sabiendo que, mucho más temprano
que tarde, de nuevo se abrirán las
grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad
mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, viva
n los trabajadores! Éstas son mis últimas
palabras. Tengo la certeza de que
mi sacrificio no será en vano.
1973
Santiago de Chile
Una gran nube negra se eleva desde el
palacio en llamas. El presidente
Allende muere en su sitio. Lo
Civil no anota las defunciones, porque no
caben en los libros, pero el general Tomás
suman más que el 0,01 por 100 de la
población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby,
explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una
Ocupa el poder, todo el poder, una
Junta Militar de cuatro miembros,
formados en la Escuela de las Américas
en Panamá. Los encabeza el general
sangre, mientras el precio del cobre se
multiplica por tres, súbitamente, en el
mercado mundial.
consigue dormir y dormido delira. La
vigilia y el sueño son una única pesadilla.
Desde que escuchó por radio las palabras de
Salvador Allende, su digno adiós, el
(278, 442 y 449)
1973
Santiago de Chile
La casa de Allende
Antes que el palacio presidencial, ha
n bombardeado la casa de Allende.
Tras las bombas, los militares entrar
on aniquilando lo que quedaba: a
y a golpes de hacha reventaron los muebles.
Ha pasado una semana. La casa es un ba
sural. Brazos y piernas de lata, de
las armaduras que adornaban la escalera
, yacen desparramados por ahí. En el
dormitorio, un soldado ronca, durmiendo la mona a pata suelta, rodeado de
En el living, se e
scuchan quejidos y jadeos. Allí
todavía está de pie, todo
descuajaringado pero de pie, un gran sillón
amarillo. Sobre el sillón, la perra de los
todavía, le buscan el calor y la leche.
Ella los lame.
1973
Santiago de Chile
En medio de la devastación, en su
casa también despedazada a golpes de
hacha, yace Neruda, muerto de cáncer, mu
erto de pena. Su muerte no alcanzaba,
por ser Neruda hombre de mucho sobrevivir, y los militares le han asesinado las
cosas: han hecho astillas su cama feliz y su
mesa feliz, han dest
han quemado sus libros, han reventado sus lámparas y sus botellas de colores, sus
vasijas, sus cuadros, sus caracoles. Al re
loj de pared le han arrancado el péndulo y
cementerio. Lo escolta un cortejo de amigos
íntimos, que encabeza Matilde Urrutia.
(Él le había dicho:
Fue tan bello vivir cuando vivías.)
Cuadra tras cuadra, el cortejo crece. Desde todas las esquinas se suma gente,
que se echa a caminar a pesar de los camion
y de los carabineros y soldados que va
saluda. En lo alto de algún balcón, ondu
la un pañuelo. Hoy hace doce días del
r, y por primera vez se escucha la
Internacional en Chile, la Internacional musitada, gemida, sollozada más que
ión y la procesión se hace manifestación
rompe a cantar por las calles de Santiago
a pleno pulmón, con
voz
entera, para acompañar como es debido a Neruda, el
1973
El santo Consumismo contra el dragón del Comunismo
El baño de sangre de Chile provoca br
onca y asco en el mundo entero, pero
en Miami no: una jubilosa manifestación de cubanos exiliados celebra el asesinato
de Allende y de todos los demás.
Miami se ha
convertido en la ciudad cubana
más populosa después de La
Habana. La calle Ocho es la Cuba que fue.
En Miami ya se han apagado las ilusiones
rculando por la calle Ocho cualquiera regresa a los
buenos tiempos perdidos.
Allí mandan banqueros y mafiosos, todo
el que piensa es loco o peligroso
comunista y los negros no se han salido de
su lugar. Hasta el silencio es estridente.
Se fabrican almas de plástico y au
tomóviles de carne y hueso. En los
supermercados, las cosas compran a la gente.
1973
Recife
En la capital del nordeste brasileño, Gilberto Freyre asiste a la inauguración de
un restorán que se llama, como su famoso libro,
Casa grande e senzala.
Aquí
celebra el escritor los cuarenta años de la primera edición de la obra.
Están disfrazados de esclavos los camare
ros que sirven las mesas. Decoran el
cepos, picotas, cadenas
y argollas de hierro que
cuelgan de las paredes. Los
invitados sienten que han vu
elto a los buenos tiempos
en que el negro servía al blanco sin chistar,
como el hijo servía al padre, la mujer al
La dictadura del Brasil está haciendo lo
Freyre la aplaude.
(170 y 306)
1974
Brasilia
Diez años después de
A la economía le va muy bien. A la gente, muy mal. Dicen las estadísticas
oficiales que la dictadura militar ha convertido al Brasil en una potencia económica,
con un alto índice de crecimiento del pr
oducto bruto interno. También dicen las
estadísticas que la cantidad
de brasileños desnutridos
por el hambre, que ya no pueden ni echarse a correr.
(371, 377 y 378)
1974
Río de Janeiro
Esta dictadura lastima a la gente y ofende a la música. Chico Buarque, hecho
nta contra el poder.
De cada tres canciones, la censura le prohíbe o le mutila dos. Un día sí y otro
revisan la ropa. A la salida, Chico se revisa los adentros, para ver si los policías no
momento de distracción.
1974
Ciudad de Guatemala
la reconquista de Guatemala
rcadas por cruces de alquitrán y al
borde de los caminos hay cabezas clavad
as en lo alto de las picas. Para
escarmiento y advertencia, se convierte
al crimen en espectáculo público. Las
víctimas son despojadas de nombre y de hi
erra en fosas comunes bajo la inscripción
que significa
que significa
No Nacido.
Las más de las veces, el
terrorismo de Estado opera
sin uniforme. Se llama, entonces, La Mano, La Sombra,
El general Kjell Laugerud, recién llegado a la presidencia por falsificación de
latinoamericano de la guerra sucia.
1974
Selvas de Guatemala
siempre fue la alegría del aire en Guat
emala. La más resplandeciente de las
aves sigue sirviendo de símbolo a este país,
aunque ya se lo ve poco o nada en las
altas selvas donde antes abundaba.
zopilote, que tiene buena nariz para oler la
ejército: persigue a los verdugos de aldea
El zopilote, vergüenza del ci
himno, en la bandera?
1974
Llenos de lombrices y de incertidumbres,
los guerrilleros atraviesan la selva.
Estas sombras famélicas llevan muchos días caminando a oscuras, bajo un techo de
árboles cerrado al sol. A modo de reloj,
usan las voces de la espesura: anunciando
el amanecer canta el atajacaminos desde el
río; al atardecer estalla el escándalo de
los loros y los guacamayos; cuando cae la noche, chillan los pizotes y tosen los
micoleones. Esta vez, por primera vez en
meses, los guerrilleros escuchan cantar
un gallo. Una aldea se acerca.
En esta aldea y en esta sierra manda
un terrateniente llamado el Tigre de
Ixcán. Como a todos los dueños de la tierra, la ley lo exime de responsabilidad
criminal. En sus fincas hay horca, azotes y
cepos. Cuando la mano de obra local no
alcanza, el ejército le envía indios en
helicóptero, para desmontar selva o recoger
gratis el café.
Pocos han visto al Tigre de Ixcán. To
dos le temen. A muchos ha matado, a
muchos ha mandado matar.
Los guerrilleros reúnen a los indios y lo
muestran: el Tigre, muerto, parece un
1974
Yoro
compañeros han caído
fusilados o reventados a culatazos y patada
s. Juan Bustos, uno de los asesores del
presidente Allende, se ha salvado por un pelito.
Exiliado en Honduras, Juan arrastra sus días de mala manera. De los que en
Chile murieron, ¿cuántos mu
rieron en lugar de él? ¿A
quiénes usurpa el aire que
na en pena, avergonzado de sobrevivir,
cuando una tarde las piernas lo traen a un pu
eblo llamado Yoro, en el centro y en lo
hondo de Honduras.
Llega a Yoro porque sí, porque no, y en
Yoro pasa la noche bajo cualquier
techo. Muy de mañanita se levanta y se
echa a andar por las calles de tierra,
desganado, temando triste
zas, mirando sin ver.
Y de pronto, la lluvia lo golpea. Es una lluvia violenta y Juan se protege la
cabeza. Pero en seguida advierte que no
es de agua ni de granizo esta lluvia
prodigiosa. Locas luces de plata rebotan
—grita Juan, manoteando lo
s peces vivos que caen en
picada desde las nubes y brincan y centelle
an a su alrededor para que a Juan nunca
más se le ocurra maldecir el milagro de
estar vivo y para que nunca más olvide que
él ha tenido la suerte de nacer en América:
Aquí, en Yoro,
llueven peces.
1975
San Salvador
s dueños de El Salvador
deciden comprar un asesino para que la vida
se vaya con la música a otra parte.
El asesino trae un puñal escondido bajo
la camisa. Miguel está sentado,
dad. Les está diciendo que los jóvenes
tienen que ocupar el lugar de los tatita
s, y que es preciso que actúen, que se
jueguen, que hagan cosas, sin cacarear
como las gallinas cada vez que ponen un
huevo. El asesino se abre paso lentamente
entre el público y se va corriendo hasta
ubicarse a espaldas de Miguel. Pero en el
instante en que alza el filo, una mujer
pega un tremendo alarido
y Miguel se tira al su
su edad.
1975
San Salvador
Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol
en las artes de la resurrección, se
salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra
acias a un oportuno terremoto. También se
salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que
lo corrieron a balazos, Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a
pedradas, y se salvó de las furias de una
chancha recién parida y de numerosos
s de venganza.
se salvó de la grandilocuen
cia y de la solemnidad y de otras enfermedades que
gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana.
No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes
condenan a Roque por delito
de discrepancia. De al lado
tenía que venir esta bala,
la única bala capaz de encontrarlo.
1975
Río Amazonas
Por las aguas del Amazonas avanza lent
amente el barco, en viaje de nunca
z aparece alguna choza, en la selva
ún niño desnudo saluda a los navegantes
alabanzas a Dios, pero el gentío prefiere re
ír y cantar mientras botellas y cigarrillos
pasan de boca en boca. Una cobra amaestra
da se enrosca en los barrotes, rozando
las pieles de difuntas colega
eño de la cobra, sentado en
pasajeros a duelo de naipes.
Un periodista suizo viaja en este ba
rco. Lleva horas observando a un viejo
no la suelta ni para dormir. Picado por
la curiosidad, el suizo ofrece cigarrillos,
ninguna.
a, el viejo desembarca. El suizo lo
ayuda a bajar la gran caja de cartón y
entonces, entreabriendo la tapa, espía:
dentro de la caja, envuelta en celofán, hay una palmera de plástico.
1975
Río Amazonas
Éste es el río padre de mil ríos,
el río más caudaloso del mundo, y la selv
a brotada de su aliento es el último
antiguos tiempos en que los primeros
europeos que por aquí anduvieron
descubrieron indios con los pies al revé
s, que en vez de caminar descaminaban
cualquier negocio se abre con una
matanza de indios. En un escritorio con ai
re acondicionado, en
San Pablo, Nueva
York o donde sea, un ejecutivo de empres
a firma un cheque y da la orden de
exterminio. La tarea comienza limpiando la selva de indios y otras fieras.
A los indios les regalan azúcar o sal mezclados con venenos para ratas, o los
bombardean desde el aire, o los desangra
n colgados de los pies, sin tomarse el
trabajo de desollarlos porque nadie compraría la piel.
por donde hubo árboles.
(55, 65, 67 y 375)
1975
Ribeirao Bonito
Grandes como países son las tierras de las empresas ganaderas lanzadas a la
conquista de la Amazonia. Los generales brasileños les perdonan impuestos, les
os y la miseria
traen desde el nordeste: los campesinos matan indios, y son matados; usurpan la
tierra de los indios, y son usurpados. Los desalojan las vacas cuya carne jamás
la expulsión. A los campesinos que se
niegan, los convencen en la cárcel,
moliéndolos a palos o clavándoles agujas
bajo las uñas. El padre Joao Bosco
Burnier llega al pueblo, entra en la cárcel, pregunta por los torturados. Un policía le
responde volándole la cabeza de un balazo.
Al día siguiente, las mujeres encabe
zan la furia. Carmesinha, Naide,
Margarida, enarbolan una cruz inmensa.
Tras ellas, seiscientos campesinos
empuñan hachas, picos, palos, lo que sea.
El pueblo entero embiste, cantando a
coro, grandiosa voz de voces; y donde estaba la cárcel queda una basurita.
1975
Huayanay
Otro día de justicia
La comunidad de Huayanay, de los Andes del Perú, llevaba unos cuantos años
Escobar. Mucho daño había hecho este
malandrín, ladrón de cabras y de mujer
es, incendiador y asesino, cuando la
comunidad lo atrapó, lo juzgó, lo sentenci
ó y lo ejecutó. Murió Matías de doscientos
l pueblo: cada miembro de la comunidad
pegó su golpe, y después hubo doscienta
s treinta huellas digitales firmando la
confesión.
Nadie ha hecho el menor caso del decr
eto del general Velasco Alvarado que
daba al quechua categoría de idioma ofic
ial. El quechua no se enseña en las
escuelas ni se acepta en los juzgados. En
incomprensible lengua castellana, un juez
interroga a varios indios de Huayanay, pr
Matías Escobar, como
si no se supiera.
1975
Cuzco
Trabaja de mula. Al canto del gallo ya le echan a la espalda la primera carga,
en el mercado o la estación, y hasta la
noche anda por las calles del Cuzco
acarreando lo que venga, a cambio de la
s monedas que quieran tirarle. Aplastado
bajo el peso de los bultos y los años, ropa en hilachas, hombre en hilachas,
Gregorio Condori trabaja y recuerda mientras la espalda y la memoria aguanten su
stor y peregrino, labrador y soldado.
En Urcos estuvo preso nueve meses, por
aceptar convite de un caldito de vaca
robada. En Sicuani vio un tren por primer
a vez, culebra negra que echaba fuego
por la cabeza, y años después cayó de ro
dillas cuando un avión atravesó el cielo
como cóndor anunciando a gritos roncos el fin del mundo.
Condori recuerda en panes la historia del Perú:
Cuando cinco grandes panes de puro tr
igo costaban un real, y tres panes
medio real, Odría le quitó la
presidencia a Bustamante.
Y vino otro que le arrebató el poder a
Odría, y otro al otro, y otro, y por fin
echará a Velasco? Condori ha oído que
Velasco está en favor de los pobres.
1975
Lima
Desafina un gallo. Los pájaros hambrientos picotean granos secos. Revolotean
las aves negras sobre nidos ajenos. No
desalentado, el general Juan Velasco Alva
rado abandona la presidencia del Perú.
El Perú que deja es menos injusto que
el que había encont
contra los monopolios imperiales y los señores feudales, y quiso que los indios
dejaran de ser desterrados en su tierra.
Los indios, aguantadores como la paja brava, continúan esperando que llegue
que la lengua española, y es tan oficial co
mo ella; pero ningún funcionario reconoce
Lengua Quechua recibe un subsidio del Estado. Ese subsidio equivale a seis dólares
1975
Lima
vanguardia. Se ha otorgado el Premio Nacional de Arte a Joaquín López Antay,
ando no se salga de su sitio.
cambiando de personajes con el paso de
l tiempo. Los santos y los apóstoles han
r al cordero y al cóndor que vigila el
or, al patrón castigador, al
sombrerero en su taller y al
López Antay, el intruso en los selectos
cielos del Arte, aprendió de su abuela
siglo; y ahora lo mira hacer, se
ntada, tranquila, desde la muerte.
Las molas de San Blas
Las indias cunas hacen las molas, en la
s islas de San Blas, en Panamá, para
lucirlas pegadas a la espalda o al pecho.
Con hilo y aguja, talento y paciencia, van
imitan la realidad; a veces la inventan. Y a veces ocurre que queriendo copiar,
nomás copiar, algún pájaro que han visto,
se ponen a recortar y a coser, puntada
scubriendo algo más colorido
y cantor y volandero que
s que en el cielo son.
Antes de las lluvias, en el tiempo de la luna tierna, se arranca la corteza al
árbol de amate. El árbol, desnudado, muer
e. Sobre su piel los indios mexicanos del
río Balsas pintan flores y delirios, radian
y pintan los trabajos y los días de las comunidades que en devota procesión
Antes de la conquista europea, otros in
dios habían pintado, en cortezas de
amate, los códices que contaban la vida de
las gentes y de las estrellas. Cuando los
conquistadores impusieron su papel y sus imágenes, los amates desaparecieron.
Durante más de cuatro siglos, nadie pintó
nada en estos prohibidos papeles de la
tierra mexicana. No hace mucho, a me
diados del siglo nuestro, los amates
volvieron:

La vida remota respira en los amates, qu
e vienen de lejos, de muy lejos; pero
no llegan cansados.
Los niños, que duermen de a tres po
r cama, tienden sus brazos hacia una
vaca voladora. Papá Noel trae una bolsa de
mendiga una mujer. Bajo el sol rojo, un
los caminos sin fin, andan ho
mbres sin rostro. Un ojo inme
nso vigila. En el centro
del silencio y del miedo, humea la olla popular.
Chile es este mundo de trapos de colo
res sobre fondo de bolsas de harina.
Con sobras de lana y viejos harapos bordan
arpilleras las mujeres de los suburbios
miserables de Santiago. Las ar
pilleras se venden en las iglesias. Que haya quien las
compre, es cosa de no creer. Ellas se asombran:
Nosotras bordamos nuestros problema
s, y nuestros problemas son feos.
Primero fueron las mujeres de los presos
. Después, muchas otras se pusieron
a bordar. Por el dinero, que ayuda a remediar
; pero no sólo por el dinero. Bordando
arpilleras las mujeres se juntan, interrumpen la soledad y la tristeza y por unas
horas rompen la rutina de la obediencia al marido, al padre, al hijo macho y al
Como las arpilleras chilenas, nacen de mano de mujer los diablitos de barro
del pueblo mexicano de Ocumicho. Los di
ablitos hacen el amor, de a dos o de a
muchos, y asisten a la escuela, conducen mo
tos y aviones, se cuelan en el arca de
Noé, se esconden entre los rayos del
disfrazándose de recién naci
dos, en los pesebres de Na
vidad. Acechan los diablitos
bajo la mesa de la Última Cena, mientr
as Jesucristo, clavado a la cruz, come
pescados del lago de Pátzcuaro junto a su
s apóstoles indios. Comiendo, Jesucristo
ríe de oreja a oreja, como si hubiera
descubierto que este mundo puede ser
más que por el dolor.
En casas sombrías, sin ventanas, las
alfareras de Ocumicho modelan estas
figuras luminosas. Hacen un arte libre la
prisioneras de maridos que se emborrach
an y las golpean. Condenadas a la
sumisión, destinadas a la tristeza, ella
s crean cada día una nueva rebelión, una
alegría nueva.
del derecho de creación
Quieren los compradores que las alfarera
s de Ocumicho firmen sus trabajos.
Ellas usan sello para grabar el nombre al
olvidan de firmar, o aplican el sello de la
vecina si no encuentran el propio sello a
mano, de modo que María resulta autora
de una obra de Nicolasa, o al revés.
Ellas no entienden este asunto de la gl
oria solitaria. Dentro de su comunidad
de indios tarascos, una es todas. Fuera de
la comunidad, una es ninguna, como le
ocurre al diente que se
desprende de la boca.
1975
Cabimas
Por las orillas del lago de Maracaibo pasó
este basurero, sórdidas calles, aire suci
o, aguas aceitosas, vive y pinta Rafael
No crece la hierba en Cabimas, ciudad
peces en sus aguas, ni pájaros en su aire, ni gallos que alegren sus madrugadas,
pero en los cuadros de Vargas el mundo está de fiesta, respira la tierra a pleno
pulmón, estallan de frutas y flores los verdísimos árboles, y prodigiosos peces y
pájaros y gallos se codean de igual a igual con la gente.
Vargas casi no sabe leer ni escribir
. Bien sabe, sí, ganarse la vida, como
carpintero, y como pintor ganarse la limpia luz de sus días: venganza y profecía de
quien no pinta la realidad que conoce sino la realidad que necesita.
1975
Salta
Como en un cuadro del venezolano Vargas, en la provincia argentina de Salta
los autos patrulleros de la policía fueron pi
naranja. En vez de
sirena llevaban música y en vez de presos
llevaban niños: los patrulleros andaban
llenos de niños que iban y venían desde
los ranchos lejanos a las escuelas de la
ciudad. Las celdas de castigo y las cámaras de tortura fueron demolidas.
Desapareció la policía de los partidos de fútbol y de las manifestaciones obreras.
Salieron en libertad los torturados y ma
rcharon presos los torturadores, oficiales
especializados en romper huesos a marti
llazos. Los perros policiales, que habían
ión, pasaron a dar funciones de
acrobacia para divertir a
los barrios pobres.
Esto ocurrió hace un par de años, cuan
do Rubén Fortuny fue jefe de policía de
Salta. Poco duró Fortuny. Mientras él ha
cía lo que hacía, ot
eufórico y abrazador. Triste epílogo del go
bierno peronista: ha muerto Perón, que
había recuperado el poder, y tras su
muerte los verdugos vuelven a gozar de
libertad y empleo.
A Fortuny lo matan de un balazo a la al
tura del corazón. Después secuestran
al gobernador que lo había designado,
Miguel Ragone. De Ragone no dejan más
que una mancha de sangre y un zapato.
1975
Buenos Aires
Contra los hijos de Evita y Marx
Pero pueblo adentro sopla, sigue soplando, el peligroso viento del cambio. Los
amenaza de la revo
disponen a salvar a la nación. Hace casi
medio siglo que vienen salvando a la
nación; y en los cursos de Panamá la Do
ctrina de la Seguri
dad Nacional les ha
confirmado que el enemigo no está afuera
sino adentro y abajo. Se pone a punto el
purificación nacion
por
todos los medios:
ésta es una guerra, la guerra co
ntra los hijos de Evita y Marx, y
en la guerra lo único inmoral es la ineficacia.
(106, 107 y 134)
1976
ninguno. Pero el desesperado Juan Carlos
fuera por los vecinos del pueblo de Santa Ma
ría, tristes como él, por él inventados
para que lo acompañen.
en el Uruguay lo habían me
premiado en un concurso.
do contempla las manchas de humedad
del techo de su cuarto de Santa María o
Madrid o Montevideo o quién sabe. A veces
se levanta y escribe alaridos que parecen susurros.
1976
San José
El presidente Aparicio Méndez declara que
el Partido Demócrata de los
Estados Unidos y la familia Kennedy son lo
s mejores socios de la sedición en el
Uruguay.
Un periodista graba esta sensacional revelación, en presencia del obispo
de la ciudad de San José y con otros testigos.
Aparicio Méndez es presidente por ele
cciones en las que votaron, en total,
veintidós ciudadanos: catorce generales,
es almirantes. Los
militares habían prohibido al presidente
por ellos electo que hablara con los
periodistas o con nadie que no fuera su mujer
. Por lo tanto, castigan al diario que
publica las declaraciones, suspendiéndolo
por dos días; y el periodista queda
Antes de prohibir la palabra al presidente, los militares se la habían prohibido
a los demás uruguayos. Toda palabra que no mienta es subversiva. No se puede
mencionar a ninguno de los miles de polític
tistas y científicos
puestos fuera de la ley. El término
está oficialmente prohibido, y en su
malviviente, reo, delincuente o malhechor.
Las murgas de
carnaval, de tradición respondona, siempre
burlonas del poder, no pueden cantar
las palabras
reforma agraria, soberanía, hamb
re, clandestino, paloma, verde,
ni
contracanto.
aunque usen
en el sentido de ciudad pequeña.
En el reino del silencio, la principal
cárcel de presos políticos se llama
s dedos, de celda a celda,
palabras, para seguir queriéndose y puteándose.
Un preso político uruguayo, Mauricio Rosencof,
da testimonio
...Es la lucha del hombre que se resist
e a ser convertido en vaca. Porque a
mugiéramos. Y ése es el tema: cómo un pres
o es capaz de resistir, en una situación
así, a su animalización. Es un combate por la dignidad.
Hubo un compañero que
consiguió un pedacito de caña, trabajó a
uña un orificio y creó una flauta. Y ese
sonido torpe y elemental es un balbuceo de música.
1976
Libertad
Pájaros prohibidos
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír,
cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir
dibujos de mujeres embarazadas, pareja
Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso
recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le
Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un di
bujo de árboles. Los árboles no están
elogia la obra y le pregunta por los
circulitos de colores que ap
arecen en las copas de los árboles, muchos pequeños
¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?
La niña lo hace callar:
Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a
1976
Montevideo
algunos copiados, otros inventados por los creativos militares uruguayos,
castigan la solidaridad. A la cárcel, la fosa o el exilio va a parar quien dude del
ciudadanos en tres categorías, A, B y C,
según sean peligrosos, potencialmente
peligrosos o no peligrosos. Se convierten los sindicatos en comisarías y se reducen
los salarios a la mitad. Quien piense o
haya pensado, pierde
el empleo. En las
universidad, se prohíbe hablar de la reforma agraria de
José Artigas, que fue la primera de Améric
a, y de todo cuanto contradiga el orden
Nuevos textos obligatorios imponen a los estudiantes la pedagogía militar.
1976
Montevideo
a los estudiantes uruguayos
La existencia de partidos políticos
no es esencial para una Democracia.
Tenemos el claro ejemplo del Vaticano, dond
e no existen partidos políticos y sin
embargo hay una real Democracia...
intelectualidad y posponer su
misión de madre y esposa. Si bien desde el punto de
vista jurídico el hombre y la mujer son ev
identemente iguales, no es así desde el
punto de vista biológico. La mujer como tal está supeditada a su marido y le debe
por tanto obediencia. Es necesario que en
toda sociedad haya un jefe que sirva de
guía y la familia es una sociedad...
Es necesario que unos obedezcan para qu
e otros puedan ejercer el mando. Si
nadie obedeciese, sería imposible mandar...
1976
Montevideo
Los reducidores de cabezas
Dedicados a la prohibición de la realidad y a la quemazón de la memoria, los
militares uruguayos han batido el récord
mundial de clausuras de periódicos.
no existe. A uno de sus redactores,
Julio Castro, lo han matado en la tort
ura. Después, muerto sin cadáver, lo
ctores han sido condenados
a la cárcel, el destierro
o el silencio.
Hugo Alfaro, crítico de cine condenado
al silencio, ve una noche una película
que lo entusiasma. No bien termina corre a
su casa y teclea unas cuantas cuartillas,
muy apurado porque se ha hecho tarde y
mañana bien tempranito el taller de
«Marcha» cierra las páginas de espectác
ulos. Al poner el punto final, Alfaro
advierte, de pronto, que «Marcha» no ex
iste desde hace dos años. Avergonzado,
deja caer la crónica en un cajón de su escritorio.
a una película de Joseph Losey sobre
los tiempos de la ocupación nazi en Francia, que muestra cómo la máquina de la
represión tritura a los perseguidos y también a los que se creen a salvo, a los
enterados y también a los que prefieren no saber.
Mientras tanto, en la otra orilla del río de la Plata, los militares argentinos dan
su golpe de Estado. Uno de los jefes de la
nueva dictadura, el general Ibérico Saint-
Jean, anuncia:
Primero mataremos a todos los subv
ersivos. Luego mataremos a los
colaboradores. Luego, a los simpatizantes. Luego, a los indecisos. Y por último,
mataremos a los indiferentes.
1976
La Perla
Desde lo alto de una loma, montado en su alazán, un gaucho argentino mira.
José Julián Solanille ve venir una larga
caravana militar. Re
Menéndez, que baja de un Ford Falcon.
culatazos, muchos hombres y mujeres. Es
tán encapuchados y tienen las manos
atadas a la espalda. El gaucho ve que un
o de los encapuchados se echa a correr.
vo cae y se levanta y varias veces se levanta antes de
caer del todo. Cuando empieza la fusila
ción general, y hombres y mujeres se
desploman como muñequitos, el gaucho espo
crece una humareda negra.
Este valle, entre las primeras ondulaciones
de la sierra de Córdoba, es uno de
los muchos vertederos de cadáveres. Cuan
do llueve se alza humo desde los pozos,
por la cal viva que echan sobre los cuerpos.
En esta guerra santa, las víctimas
A quien no se lo traga la
tierra, lo devoran los peces en el fondo del
más delito que figurar en una agenda de te
léfonos. Marchan hacia la nada, hacia la
bruma, hacia la muerte, previo suplicio en los cuarteles.
No hay inocentes,
dice
monseñor Plaza, obispo de La Plata, y el
general Camps opina que es justo liquidar
s cien resulten culp
ables. Culpables de
terrorismo:
explica el general Videla,
no son sólo quienes ponen
bombas, sino también quienes activan con
ideas contrarias a nuestra civilización
occidental y cristiana.
Estamos ganando la tercera guerra mundial
—celebra el general Menéndez.
(106, 107 y 134)
1976
Buenos Aires
A una prisionera, embarazada, le dan a elegir entre la violación y la picana
eléctrica. Ella elige la picana, pero al ca
bo de una hora ya no aguanta el dolor.
Entonces, la violan todos. Mientras la violan, entonan la Marcha Nupcial.
Y bueno, es la guerra
Llevan escapulario y comulgan cada domingo los hombres que en los
Por encima de todo, está Dios
—dice el general Videla.
Monseñor Tortolo, presidente del Epi
scopado, compara al general Videla con
Pascua de Resurrecci
ón. En nombre del
Santo Padre, el nuncio Pío Laghi visita los campos de exterminio, exalta el amor de
los militares a Dios, la Patria y la Familia y justifica el terrorismo de Estado porque
la Civilización tiene el derecho de defenderse.
(106, 107 y 134)
1976
La Plata
Hincada sobre sus ruinas, una mujer busca
alguna cosa que no haya si
do destruida. Las fuerzas del orden han arrasado la
casa de María Isabel de Mariani y ella hurga los restos en vano. Lo que no han
robado, lo han pulverizado. Solamente un disco, el
Requiem
de Verdi, está intacto.
María Isabel quisiera encontrar en el re
voltijo algún recuerdo de sus hijos y de
sospechosos de tener una impr
enta clandestina, han sido asesinados a cañonazos.
oficiales.
Es verano, y el olor de la pólvora se mezcla con el aroma de los tilos que
florecen. (El aroma de los tilos será por
siempre jamás insoportable.) María Isabel
no tiene quien la acompañe. Ella
es madre de subversivos. Los amigos cruzan la
vereda o desvían la mirada. El teléfono es
tá mudo. Nadie le dice
nada, ni siquiera
aniquilada. Bien entrada la noche, saca las cajas a la vereda.
De mañana, muy tempranito, los basure
ros recogen las cajas, una por una,
suavemente, sin golpearlas. Los basurero
s tratan las cajas con mucho cuidado,
como sabiendo que están llenas de pedacito
ventana, en silencio, María Isabel les agrade
ce esta caricia, que es la única que ha
recibido desde que empezó el dolor.
1976
Selva de Zinica
Criticaba de frente, elogiaba por la espalda.
Miraba como gallo enojado, por miope y
que veía más allá de los otros, hombre de todo o nada; pero las alegrías lo hacían
brincar como a niño chico y cuando dict
aba órdenes parecía que estaba pidiendo
Carlos Fonseca Amador, jefe de la revolu
ción de Nicaragua, ha caído peleando
en la selva.
Un coronel trae la noticia a la celda donde Tomás Borge yace reventado por la
Juntos habían andado mucho camino, Ca
rlos y Tomás, desde los tiempos en
que Carlos vendía diarios y caramelos en Matagalpa; y juntos habían fundado, en
Tegucigalpa, el Frente Sandinista.
Murió
—dice el coronel.
Se equivoca, coronel
1977
Atado a una argolla, tiritando, todo en
chastrado de mierda y sangre y vómito,
Tomás Borge es un montoncito de huesos ro
tos y de nervios desnudos, una piltrafa
que yace en el suelo esperando
el próximo turno de suplicio.
más allá del dolor y la locura. Dejándose ir llega a otra Nicaragua; y la ve.
A través de la capucha que
le estruja la cara hinchada por los golpes, la ve:
cuenta las camas de cada hospital, las ve
ntanas de cada escuela, los árboles de
adeando, encandilados, los muertos de
siendo despertados por los soles recién
nacidos de su vuelo.
1977
Archipiélago de Solentiname
ejo, alzan los picos: ya vuelven las
tortugas que vienen a parir a la playa.
En un barracón de madera, Jesús come se
ntado a la mesa de los pescadores.
es recién pescados, y come yuca. La
Solentiname. A su gloria canta el zanate
clarinero, pájaro
volando entre pobres, que en las aguas del la
go se refresca las alas. Y a su gloria
pintan los pescadores. Pintan cuadros fulg
urantes que anuncian el Paraíso, todos
hermanos, nadie patrón, na
die peón; hasta que una noche los pescadores que
pintan el Paraíso deciden empezar a hacerl
o y atraviesan el lago y se lanzan al
asalto del cuartel de San Carlos.

A muchos mata la dictadura mientras los buscadores del Paraíso caminan por
las montañas y los valles y las islas de Nicaragua,
la masa se levanta, el gran pan

Omar Cabezas relata el
por la muerte de un guer
Yo nunca le perdoné a Tello que lo haya
n matado de un ba
lazo, así nomás...
Sentí un gran miedo, y como que se metió el miedo también la montaña. Se calmó
el viento de la montaña y los árboles d
ejaron de mecerse, no se movía una hoja,
los pájaros dejaron de cantar. Todo se vo
lvió tétrico esperando el momento de que
llegaran y nos mataran a toditos.
Y empezamos a caminar. Cuando nosotr
os empezamos a caminar en son de
combate quebrada arriba, fue como que
sacudimos a la montaña, como que la
agarramos y le dijimos: bueno, cabrona, qué te pasa.
Tello vivía con la montaña.
Estoy seguro de que tuvo relaciones con ella, ella
le parió hijos a Tello; y cuando Tello mu
ere la montaña siente que ya no tiene
ningún compromiso, que lo demás es
babosada... Pero cuando ve la disposición de
combate del grupo de hombres marchando ahí,
sobre ella, en el corazón de ella, se
aquella tarde en que Tello murió, siente qu
e Tello no es el fin del mundo, ni su
comienzo, que Tello ha sido su hijo. Que Tello
ha sido su hijo, aunque haya sido su
animal, su piedra, aunque Tello haya sido
su río... y que después de él veníamos
todos nosotros que le podíamos
prender fuego en el corazón.
1977
Brasilia
Más de mil intelectuales brasileños firm
an un manifiesto contra la censura.
En julio del año pasado, la dictadura militar impidió que el semanario
«Movimiento» publicara la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, de
1776, porque en ella se dice que el pueblo
tiene el derecho y el deber de abolir los
gobiernos despóticos. Desde entonces, la censura ha prohibido, entre muchas otras
eróticos, y el libro
Historia del surrealismo,
porque uno de sus capítulos luce en el
título la palabra Revolución
(Revolución en la poesía).
1977
Buenos Aires
Despacha una carta y varias copias. La carta original, a
la Junta militar que
s agencias extranjeras de prensa. Al
cumplirse un año del golpe de Estado, está
como un memorial de
agravios, constancia de las infa
balbucear el discurso de la muerte.
Al pie, estampa su firma y documento (Rodolfo
Walsh, C. I. 2845022). Sale de la oficina del Correo y a
poco andar lo derriban a
balazos y se lo llevan
Su desnuda palabra era escandalosa do
el gran baile de disfraces.
1977
Río Cuarto
Se dan de baja los libr
os quemados de Walsh
VISTO, la medida dispuesta por la ex-I
ntervención Militar de esta Universidad
Nacional en cumplimiento de expresas dire
del Área Biblioteca toda la bibliografía
trasuntaba ideologías extrañas al Ser Nacional Argentino, constituyéndose en
fuente de alto adoctrinamiento marxista y subversivo, y
CONSIDERANDO: Que al haber sido
oportunamente incinerada dicha
literatura, es procedente darla de baja
del patrimonio de esta Casa de Altos
Estudios,
el Rector de la Universida
d Nacional de Río Cuarto
RESUELVE: Dar de baja del patrimonio de
la Universidad Nacional de Río Cuarto
(Área Biblioteca) toda la bibliografía cuyo
libros de Rudolfo Walsh, Bertrand Russell,
Wilhelm Dilthey, Maurice Dobb, Karl
Marx, Paulo Freire y otros.)
1977
Buenos Aires
mujeres paridas por sus hijos, son el
coro griego de esta tragedia.
Enarbolando las fotos de sus desaparecido
s, dan vueltas y vueltas a la pirámide,
ante la rosada casa de gobierno, con la
n que peregrinan por
cuarteles y comisarías y sacristías, secas de tanto llorar, desesperadas de tanto
esperar a los que estaban y ya no están,
o quizás siguen estando, o quién sabe:
—Me despierto y siento que está vi
desinflando mientras pasa la mañana. Se
me muere al mediodía. Resucita en la
tarde. Entonces vuelvo a creer que llegar
á y pongo un plato para él en la mesa,
pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto
Las llaman
Normalmente no se habla de ella
el dólar está barato y cierta gente tamb
normalidad el ministro de Economía caza leones y jirafas en la selva africana y los
generales cazan obreros en los suburbios
de Buenos Aires. Nuevas normas de
lenguaje obligan a llamar Proceso de Reorganización Nacional a la dictadura militar.
1977
Buenos Aires
A veces se le va la mano en la fe, y
anuncia la revolución
social de no muy
realista manera, o se dispara públicamente
poder militar y el
Papa de Roma. Pero, ¿qué sería de las madr
es de Plaza de Mayo sin el entusiasmo
de esta muchacha? Ella no deja que las madres se vengan abajo, cuando ya
parecen vencidas por tanto silencio y burla:
Siempre se puede hacer algo
Unidas. Cada una por su lado, no.
Vamos a... Tenemos que...
Y recoge el bastón y es la primera en moverse. Alicia Moreau ya va para cien
años. Está en la lucha desde los
tiempos en que los socialistas no bebían más que
agua ni cantaban otra cosa que la Internacional. Desde entonces han ocurrido
maravillas y traiciones en cantidad, muchos
naceres, muchos morires, y a pesar de
todos los pesares ella sigue creyendo que
creer vale la pena. Alicia Moreau está
airosa y briosa como a principios de si
glo, cuando discurseaba en los barrios
obreros de Buenos Aires, parada sobre un cajón, entre banderas rojas, y
mo de mula, apurando el paso para no
1977
Buenos Aires
El ministro de Economía de la dictadur
a argentina, José Alfredo Martínez de
Hoz, es un devoto de la empresa privada.
En ella piensa los domingos, cuando se
arrodilla en misa, y también los días de se
mana, cuando dicta cursos en la Escuela
Militar. Sin embargo,
el ministro se desprende de
Generosamente se la cede al Estado, que
paga por ella diez veces más de lo que
vale.
Los generales convierten el país en un cu
artel. El ministro lo convierte en un
casino. Cae sobre la Argentina un diluvio
de dólares y cosas. Es la hora de los
verdugos, pero también de los tahúres y los malabaristas: los generales mandan
callar y obedecer mientras el ministro or
dena especular y consumir. El que trabaja
es un gil; el que protesta, un cadáver. Para
reducir los salarios a la mitad y reducir
a la nada a los obreros rebeldes, el mini
stro soborna con plata dulce a la clase
media, que viaja a Miami y vuelve cargada
de montañas de aparatos y aparatitos y
chirimbolos y chirimbolitos. Ante la cotidiana matanza, los tilingos mediopelos se
encogen de hombros:
Algo habrán hecho. Por algo será
O silban mirando para otro lado:
(143)
1977
Caracas
un extraterrestre de ojos llameantes se
dejó ver por un momento y anunció que
cierto domingo de agosto la mar en furia partiría las montañas y aniquilaría la
y los astrólogos dijeron y repitieron
que no había de qué preocuparse, pero no
pudieron evitar que el pánico creciera
por los barrios de Caracas.
Ayer fue el domingo señalado. El presid
ente de la república ordenó que la
policía se hiciera cargo de la ciudad. Más de un millón de caraqueños huyó en
estampida, con sus trastos a cuestas. Quedaron en Caracas más automóviles que
Y hoy, lunes, empiezan a regresar los fu
recupera a sus despavoridos habitantes.
Ellos entran como pidiendo disculpas,
porque saben que sobran. Éste es un m
undo de ruedas, no de piernas. Caracas
pertenece a los prepotentes automóviles,
y no a las personitas que a veces se
a las máquinas. ¿Qué sería de esas
personitas, condenadas a vivir en ciudad ajen
a, si María Lionza no las protegiera ni
las curara José Gregorio?
María Lionza
vértigo. En Caracas, y en toda
Venezuela, es diosa María Lionza.
Su palacio, invisible, está lejos de la
capital, en una montaña de la serranía de
Sorte. Las rocas de esa montaña han sido
amantes de María Lionza, hombres que
han pagado una noche de abrazo conv
irtiéndose en piedras que respiran.
fieles, que llegan cargados de ofrendas de frutas, flores, perfumes y ropa íntima.
María Lionza, bravía mujer, temida y de
r el Diablo, tiene
los poderes del cielo y del infierno: puede provocar la dicha o la desdicha; salva si
quiere, y si quiere fulmina.
José Gregorio
El doctor José Gregorio Hernández no ha
cedido jamás a las tentaciones de la
carne. Todas las mujeres que se le arrima
ron en actitud insinuante, fueron a parar
imas. Invicto acabó sus días, en 1919, el
virtuoso Médico de los Pobres, el Após
tol de la Medicina, cuando su nunca
mancillado cuerpo fue aplastado sin
clemencia por uno de los dos o tres
automóviles que en aquellos tiempos felice
s recorrían Caracas a paso de tortuga.
Después de la muerte, las manos milagros
as de José Gregorio han continuado
Lionza, José Gregorio se ocupa de los asuntos de
salud pública. Nunca ha dejado de acudir
desde el Más Allá, al llamado de los
sufrientes, el único santo de corbata y sombrero que en el mundo ha sido.
1977
Graceland
Su manera de sacudir la pierna izquie
rda arrancaba alaridos a las multitudes.
Sus labios, sus ojos y sus patillas eran órganos sexuales. Elvis Presley, destronado
rey del rock'n roll, es ahora un blando
globo que yace en cama, con la mirada
flotando ante seis pantallas de televisión
spendidos del techo,
están encendidos todos a la vez, en ca
nales diferentes. Entre sueño y sueño,
siempre más dormido que despierto, Elvis juega a disparar pistolas descargadas,
clic, clic, contra las imágenes que no le
gustan. La bola de grasa de su cuerpo
a, valium, seconal, placidyl, quaalude,
nembutal, valmid, demerol, elavil, eventyl, carbrital, sinutab y amytal.
1978
San Salvador
El arzobispo le ofrece una silla. Marianela prefiere hablar parada. Siempre
viene por otros; pero esta vez, Marianel
a viene por ella. Marianela García Vilas,
abogada de los torturados y los desaparecidos de El Salvador, no viene esta vez en
busca de la solidaridad del arzobispo para
alguna de las víctimas
de D'Aubuisson, el
el horror. Marianela no viene a pedirle ayuda para ninguna investigación ni
denuncia. Esta vez, tiene al
go personal que decirle. Co
n toda suavidad, cuenta que
los policías la han secuestrado, atado, golpeado, humillado, desnudado —y que la
han violado. Lo cuenta sin lágrimas ni so
bresaltos, con su calma de siempre, pero
el arzobispo Arnulfo Romero jamás había e
scuchado estas vibraciones de odio en la
voz de Marianela, ecos del asco, llamad
os de la venganza; y cuando Marianela
calla, el arzobispo, atónito, calla también.
Después de mucho silencio, él empieza a de
cirle que la Iglesia no odia ni tiene
enemigos, que toda infamia y todo cont
radiós forman también parte del orden
divino, que también los criminales son nuestros hermanos y que por ellos debe
rezar, que debe perdonar a sus persegui
dores, que debe aceptar el dolor, que
debe... Y de pronto, el arzobispo Romero se
interrumpe. Baja la mirada, hunde la
la cabeza, negando, y dice:
No, no quiero saber.
1978
San Salvador
—dice, y se le rompe la voz.
El arzobispo Romero, que siempre da co
nsuelo y amparo, está llorando como
un niño sin madre y sin casa. Está dudand
o el arzobispo Romero, que siempre da
certeza, la tranquilizadora certeza de un Dios neutral que a todos comprende y a
todos abraza.
Romero está llorando y dudando y Marianela le acaricia la cabeza.
1978
La Paz
Cinco mujeres
El enemigo principal, ¿cual es? ¿L
boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros
. Yo quiero decirles estita: nuestro
enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.
Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la
capital con otras cuatro mujeres y una vein
tena de hijos. En
A más de uno le pareció un buen chiste:
Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil
quinientos los que hambrean en toda Boli
via. Las cinco mujeres, acostumbradas al
hambre desde que nacieron, llaman al agua
las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez
vianos que dejan de comer y dejan de
trabajar y veintitrés días después del comi
enzo de la huelga de hambre el pueblo
invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.
1978
llama el pueblo nicaragüense al Palacio
Nacional. En el primer piso de este
do de guerrilleros al mando de
Edén Pastora y
Dora María Téllez asalta la Chanchera y
en tres minutos se apodera de todos los
legisladores de Somoza. Para recupera
rlos, Somoza no tiene más remedio que
liberar a los sandinistas presos. El pueblo
ovaciona a los sandinistas todo a lo largo
Éste va siendo un año de guerra cont
inua. Somoza lo inauguró mandando
matar al periodista Pedro Joaquín Chamorro
. Entonces el pueblo en furia incendió
varias empresas del dictador. Las llamas a
A., que exportaba sangre nicaragüense a lo
s Estados Unidos; y el pueblo juró que
no descansará hasta enterrar al vampiro, en
algún lugar más oscuro que la noche,
con una estaca clavada en el corazón.
El pensamiento vivo de Tachito Somoza
Yo soy empresario, pero humilde.
1978
Dice el general Omar Torrijos que él no qu
iere entrar en la Historia. Él quiere
entrar nada más que en la zona del canal, que los Estados Unidos usurpan a
Panamá desde principios de siglo. Por eso
está recorriendo el mundo al derecho y al
revés, país por país, de gobierno en go
bierno, de tribuna en tribuna. Cuando lo
rrijos se ríe a carcajadas: dice que cada
pueblo tiene su propia aspirina para su
propio dolor de cabeza y que él se lleva
mejor con los castristas que con los castrados.
Por fin, caen las alambradas. Los Es
tados Unidos, empujados por el mundo
entero, firman un tratado que restituye a
prohibida.
—dice Torrijos, con alivio. Le han evitado la desagradable tarea
de volar el canal con to
1979
una tranquila digestión
del cuerpo de Dios
En una gran iglesia de Madrid, con misa
el aniversario de
la independencia argentina. Diplomáticos, empresarios y militares han sido
dro Anaya, embajador de la dictadura que allá lejos se
está ocupando de asegurar la herencia de
la patria, la fe y demás propiedades.
Bellas luces caen desde los vitrales sobr
e los rostros y vestimentas de señoras
y señores. En domingos como
éste, Dios es digno de confianza. Muy de vez en
cuando alguna tosecita decora el silencio, mientras el sacerdote va cumpliendo el
rito: imperturbable silencio
Llega el momento de la comunión. Rode
ado de guardaespaldas, el embajador
argentino se acerca al altar. Se arrodilla,
cierra los ojos, abre la boca. Pero ya se
ñuelos están cubriendo las cabezas de las
mujeres que avanzan por la nave central y las naves laterales: las madres de Plaza
de Mayo caminan suavemente, algodo
noso rumor, hasta rodear a los
Entonces lo miran fijo. Simplemente, lo
miran fijo. El embajador abre los ojos, mira a todas esas mujeres que lo están
mirando sin parpadear y traga saliva, mientras se paraliza en el aire la mano del
sacerdote con la hostia entre dos dedos.
Toda la iglesia está llena de ellas. De pronto en el templo ya no hay santos ni
mercaderes, ni nada más que una multit
ud de mujeres no invitadas, negras
vestiduras, blancos pañuelos, to
das calladas, todas de pie.
1979
Nueva York
El banquero Rockefeller fe
Su Excelencia Jorge Rafael Videla,
Presidente de la República Argentina.
Buenos Aires, Argentina.
o tiempo para recibirme durante mi
reciente visita a la Argentina. No habiendo estado
ver cuántos progresos ha hecho su gobierno
durante los últimos tres años, en el
control del terrorismo y en el fortalecimient
o de la economía. Lo felicito por lo que
ha logrado y le deseo todos los éxitos para el futuro.
El Chase Manhattan Bank está muy satisfecho de tener presencia en
Argentina, por medio del Banco Argentin
o de Comercio, y esperamos que en los
años venideros podamos jugar un crecient
e papel apoyando el desarrollo de su

Con cálidos buenos deseos. Sinceramente,
1979
Siuna
empresa norteamericana
Rosario Mines, que hace se
tenta años volteó al presidente Zelaya. Desde 1952,
Villarreina escarba oro en los socavones
A la una y media de la tarde del 3 de julio de 1979, Villarreina asoma por una
de las chimeneas del socavón y un vagón de mineral le arranca la cabeza. Treinta y
cinco minutos después, la empresa comunica
al muerto que de conformidad con lo
dispuesto por los artículos 18, 115 y 119
del Código de Trabajo, queda despedido
por incumplimiento de contrato.
1979
En toda Nicaragua
. Los aviones sobrevuelan la selva
inmensa arrojando
napalm
y bombardean las ciudades erizadas de barricadas y
trincheras. Los sandinistas se apoderan
de León, Masaya, Jinotega, Chinandega,
Estelí, Carazo, Jinotepe...
Mientras Somoza espera un préstamo de 65 millones de dólares, que cuenta
fusil no es de verdad el de
En Masaya, que en lengua india significa
Ciudad que arde,
el pueblo, sabio en
pirotecnia, convierte los tubos de agua en
cañones de morteros y también inventa
la bomba de contacto, sin mecha, que es
talla al golpear. En medio del tiroteo
caminan las viejecitas cargando grande
s bolsas llenas de bombas, y las van
distribuyendo como quien reparte pan.
(10, 238, 239 y 320)
1979
En toda Nicaragua
que nadie se pierda, que se armó la
runga, reventó la mierda, el gran corre-
corre, el pueblo arrecho peleando a pu
se raja, sagrada guerra mía y tuya y no gue
rrita de rifa y rafa, pueblo fiero, arsenal
casero, a verga limpia peleando, si no te
morís matando vas a morirte muriendo,
que codo a codo es el modo,
todos con todo, pueblo siendo.
(10, 238 y 239)
De la agenda de Tachito Somoza


1979
ordena el dictador mientras arden
los barrios orientales de Managua,
Desde el bunker, gran útero de acero y cemento, gobierna Somoza. Allí no se
escucha el trueno de las bombas, ni los au
llidos de la gente, ni nada que perturbe
el perfecto silencio; desde allí nada se ve
ni se huele. En el bunker vive Somoza
Managua pero infinitamente lejos de
Nicaragua; y en el bunker se re
úne, ahora, con Fausto Amador.
Fausto Amador, padre de Carlos Fonsec
a Amador, es el administrador general
del hombre más rico de Centroamérica. El
hijo, fundador del Frente Sandinista,
entendía de patria; el padre, de patrimonio.
ástico, sentados ante
una computadora,
Somoza y Fausto Amador organizan la liqui
os y el desvalije
total de Nicaragua.
Después, Somoza de
Ni me voy ni me van.
(10, 320 y 460)
1979
Lo van y se va. Al alba, Somoza sube
al avión hacia Miami.
En estos últimos
días los Estados Unidos lo han abandona
do, pero él no ha abandonado a los
Estados Unidos:
En mi corazón, yo siempre seré parte de esa gran nación.
Somoza se lleva de Nicaragua los lingo
tes de oro del Banco Central, ocho
papagayos de colores y los ataúdes de su
padre y de su hermano. También se
lleva, vivo, al pr
corpulento militar que ha aprendido las ar
tes del mando y el buen gobierno en los
Estados Unidos. En Nicaragua fundó y dirigió, hasta hoy, la Escuela de
Entrenamiento Básico de Infantería, un juve
nil cuerpo de ejército especializado en
el interrogatorio de prisioneros y famoso por sus habilidades: armados de pinza y
cuchara, estos muchachos saben arrancar uñas sin quebrar las raíces y saben
La estirpe de los Somoza marcha al de
stierro mientras Au
gusto César Sandino
pasea por toda Nicaragua, bajo lluvia
de flores, medio siglo después de su
fusilamiento. Se ha vuelto loco este país:
el plomo flota, el co
rcho se hunde, los
muertos se escapan del cementerio
y las mujeres de la cocina.
(10, 322 y 460)
1979
Granada
Las comandantes
A la espalda, un abismo. Por delante y a los costados, el pueblo armado
dictadura, está al caer.
Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las
Al rato se abre el portón de hierro de
l cuartel y aparece el coronel agitando un
¡No disparen!
Quiero hablar con el comandante.
Cae el pañuelo que cubre la cara:
La comandante soy yo
—dice Mónica Baltodano, una de las mujeres
sandinistas con mando de tropa.
¿Que qué?
Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero
digna, hombría del pantalón, honor del uniforme:
¡Yo no me rindo ante una mujer!
1979
En toda Nicaragua
Naciendo
Tiene unas horas de edad la Nicaragua re
cién nacida en los escombros, verdor
nuevito entre las ruinas del saqueo y de la guerra; y la cantora luz del primer día
de la Creación alegra el aire que huele a quemado.
1979
París
La Sorbona otorga el título de doctor
honoris causa a Darcy Ribeiro. Él acepta,
dice, por mérito de sus fracasos.
Darcy ha fracasado como antropólogo, po
rque los indios del Brasil siguen
condenados a la aniquilación. Ha fracasad
o como rector de una universidad que él
alidad. Ha fracasado como ministro de
Educación, en un país que multiplica anal
un gobierno que intentó hacer la reforma
agraria y controlar el caníbal capital
e soñó con prohibir que la historia se
Estos son sus fracasos. Estas son sus dignidades.
1979
Santiago de Chile
propiedad privada a los indios mapuches. El gobierno ofrece dinero, alambres y
comunidades por las buenas. Si no lo
bierno, lo aceptarán por las malas.
humana y que así lo quiere Dios. Algún ti
empo antes, el conquistador Pedro de
Valdivia había intentado romper las comunidades indígenas de Chile. Desde
entonces, a los indios les han arrebatado todo: a sangre y fuego todo: la tierra, el
idioma, la religión, las costumbres. Pero
comarcas, condenados a la última miseri
a, exhaustos de tanta guerra y tanta
estafa, persisten en creer que el
1979
Chajul
n política en Guatemala
Patrocinio Menchú, indio maya-quiché, nacido en la aldea de Chimel, había
defendido junto a sus padres las tierras de
su comunidad acosada. De sus padres
desbarrancarse, a saludar al sol según la
costumbre antigua, a desnudar y fecund
Ahora, él es uno de los presos que los
camiones militares han traído a la aldea
de Chajul, para que el pueblo vea. Rigobe
rta, su hermana, lo reconoce, aunque él
está inflado por los golpes y mana sangre por los ojos y por la boca sin lengua y
Quinientos soldados, indios ellos también, indios de otras regiones, vigilan la
o, está obligado a mirar.
Rigoberta está obligada a mirar; y en ella
crece, como en todos, una callada, una
mojada maldición. El capitán muestra los
cuerpos desnudos, desollados, mutilados,
todavía vivos, y dice que estos son cuba
grita el capitán:
¡Miren bien lo que les espera a los guerrilleros!
Después empapa a los presos con gasolina y los incendia.
Patrocinio Menchú era todavía maíz tierno. Hacía nada más que dieciséis años
Los mayas siembran a cada niño que nace
En lo alto de las montañas, los indios
de Guatemala entierran el ombligo y
presentan al niño ante el abuelo volcán, la madre tierra, el padre sol, la abuela luna
y ante todos los poderosos abuelos, y les piden que den protección al recién nacido
contra el daño y el error:
Ante la lluvia que nos riega y ante el viento que es testigo de nosotros,
nosotros, que somos parte de ustedes, se
mbramos a este nuevo hijo, a este nuevo
compañero, en este lugar.
1980
La Paz
l cuartelazo número 189 en un siglo y
a, anuncia que implantará una
economía libre, como en
Chile, y que hará desaparecer a los extremistas, como en la Argentina.
Con García Meza, los traficantes de cocaína se apoderan del Estado. Su
flamante ministro del Interi
fervores entre el contrabando de drogas y
la jefatura de la Sección Bolivia de la
Liga Mundial Anticomunista. No de
hasta extirpar
el cáncer del marxismo.
El gobierno militar se estrena asesin
ando a Marcelo Quiroga Santa Cruz, el
enemigo de la Gulf Oil y sus cuarenta ladrones, implacable denunciador de las
1980
Santa Ana de Yacuma
Dispara balazos y sobornos. Al cinto carg
a pistola de oro y sonrisa de oro en
aviones de combate, con misiles y todo
amanecer despegan de la selva boliviana ll
Suárez, primo y colega del nuevo ministro
del Interior, exporta una tonelada por
Mi filosofía
los militares de Bolivia bastaría para
pagar la deuda externa del país.
Como buen empresario latinoamericano,
Suárez envía sus ganancias a Suiza,
pueblo donde nació, ha pavimentado la calle principal, ha restaurado la iglesia y ha
obsequiado máquinas de coser a las viud
as y a las huérfanas; y cuando por allí
aparece apuesta miles de dólares a los dados y a los gallos.
Suárez es el más importante capitali
sta boliviano de una inmensa empresa
multinacional. En sus manos, la hoja de
coca sube diez veces de precio, por
convertirse en pasta y salir del país. Desp
ués, por hacerse polvo y llegar a la nariz
que la inhala, sube de precio doscientas
teria prima de país
pobre, la coca da de ganar a los intermed
iarios, y sobre todo a los intermediarios
del país rico que la consume transf
ormada en cocaína, diosa blanca.
(157, 257 y 439)
La diosa blanca
es la más cara de las divinidades. Cues
ta cinco veces más que el oro. En los
Estados Unidos, diez millones de devotos,
anhelantes, inhalantes, están dispuestos
a matar y a matarse por ella. Cada año echan treinta mil millones de dólares a los
pies de su brillante altar de pura nieve. A la larga, ella los aniquilará, y de entrada
les roba el alma; pero a cambio les ofrece
ser, por su obra y gracia, superhombres
1980
Santa Marta
La marihuana
Por cada dólar de sueños que compra el
fumador de marihuana en los Estados
Unidos, apenas un centavo llega a manos
de los campesinos colombianos que la
cultivan. Los otros noventa y nueve van a parar a los traficantes, que en Colombia
poseen mil quinientos aeropuertos, quinientos aviones y cien barcos.
En los alrededores de Medellín o Santa Marta, los mafiosos de la droga viven
en ostentosas mansiones. Al
frente suelen lucir, sobre
de oro a sus amantes y
en el anillo o la corbata ex
hiben diamantes
reflectores.
Los mafiosos tienen la costumbre de fu
migarse a tiros entre sí. Hace cuatro
esquina de la ciudad de Santa Marta. Los
asesinos enviaron al sepelio una corona
de flores con forma de cora
zón y anunciaron una colecta para erigirle una estatua
1980
Santa Marta
San Agatón
Lucho Barranquilla fue muy llorado. Lo lloraron los niños, que jugaban en su
parque de diversiones, y las viudas y los
huérfanos que protegía, y los policías que
comían de su mano, y toda la ciudad
de Santa Marta, que vivía gracias a sus
préstamos y donaciones. Y también lo lloró san Agatón.
San Agatón es el santo patrono de lo
s borrachos. Los domingos de carnaval,
los borrachos de toda la costa colombiana
alrededores de Santa Marta; sacan a san Agatón de la iglesia y lo llevan en
regándolo con aguardiente, como a él le
Pero los borrachos pasean a un impostor
de barba blanca, venido de España.
El verdadero san Agatón, que tenía cara de indio y sombrero de paja, fue
secuestrado hace medio siglo
por un cura antialcohólico, que huyó con el santo bajo
la sotana. Dios castigó a ese cura con la le
volteó los ojos; pero san Agatón se quedó
escondido en el lejano pueblo de Sucre.
Hacia el pueblo de Sucre ha viajado una
no hay mis milagros ni alegría.
San Agatón se niega. Dice que a Santa Marta no vuelve, porque allá han
1980
Ciudad de Guatemala
Noticiero
El general Romeo Lucas García, presiden
te de Guatemala, fue quien dio la
orden de incendiar la embajada de España
, con sus ocupantes adentro. Ésta es una
de las revelaciones de Elías Barahona, vocero oficial del Ministerio del Interior,
ués de pedir asilo en Panamá.
Según Barahona, el general Lucas García
es personalmente responsable de la
charradas por las bombas que arrojó la
policía contra la embajada de España. Entr
embajada para denunciar las matanzas
en la región del Quiché.
Barahona también reveló que el general Lucas García comanda las bandas
paramilitares y parapoliciales, llamadas Escuadrones de la Muerte, y participa en la
elaboración de las listas de opositores condenados a desaparecer.
Guatemala se está aplicando un Programa
de Pacificación y Erradicación del
Comunismo, de 420 páginas, elaborado por especialistas de los Estados Unidos
1980 han sido asesinados
profesores de la Universidad, trece period
represión se ha descargado con particular intensidad
sobre las comunidades indias de la regi
ón del Quiché, donde se han descubierto
1980
Uspantán
Rigoberta
Ella es una india maya-quiché, nacida en
la aldea de Chimel, que recoge café
y corta algodón en las plantaciones de la
los algodonales vio caer a dos de sus herm
anos, Nicolás y Felipe
y a su mejor amiga, todavía a medio crec
er, todos sucesivamente fulminados por
los pesticidas.
El año pasado, en la aldea de Chajul
, Rigoberta Menchú vio cómo el ejército
quemaba vivo a su hermano Patrocinio. Poco
después, en la embajada de España,
también su padre fue quemado vivo junto con otros representantes de las
comunidades indias. Ahora, en Uspantán,
los soldados han liquidado a su madre
muy de a poco, cortándola en pedacitos,
después de haberla ve
stido con ropas de
guerrillero.
el, donde Rigoberta nació, no queda nadie vivo.
A Rigoberta, que es cristiana, le habían enseñado que el verdadero cristiano
el alma de sus verdugos. Cuando le
golpean una mejilla, le habían enseñado,
Yo ya no tengo mejilla que ofrecer
1980
San Salvador
tendía con Dios. Ahora habla con todos
y por todos. Cada hijo del pueblo atorment
ado por los poderosos es el hijo de Dios
crucificado; y en el pueblo Dios resucita
después de cada crimen que los poderosos
nada tiene que ver ahora con aquel titube
aplaudían. Ahora el pueblo interrumpe con ovaciones sus homilías que acusan al
terrorismo de Estado.
Ayer, domingo, el arzobispo exhortó a los policías y a los soldados a
desobedecer la orden de matar a sus herm
anos campesinos. En nombre de Cristo,
Romero dijo al pueblo salvadoreño:
Levántate y anda.
Hoy, lunes, el asesino llega a la iglesia escoltado por dos patrulleros policiales.
Cuando abre los brazos y ofrece el pan y
1980
Montevideo
La dictadura del Uruguay convoc
a a un plebisci
llar; pero abre la boca y dice no.
Clamoroso había sido el silencio de esto
s años, que los militar
es confundieron con
resignación. Ellos no se esperaban una resp
uesta así. Al fin y al cabo, preguntaron
por preguntar, como un cocinero que mand
a que las gallinas digan con qué salsa
desean ser comidas.
1980
En toda Nicaragua
La revolución sandinista no fusila a nadie; pero del ejército de Somoza no
queda ni la banda de música. A manos de
todos pasan los fusiles, mientras se
Un inmenso ejército de voluntarios, arma
dos de lápices y de vacunas, invade
su propio país. Revolución, revelación, de quienes creen y crean: no infalibles
dioses de majestuoso andar sino personitas nomás, durante siglos obligadas a la
obediencia y entrenadas para la impotenc
ia. Ahora, a los tropezones, se echan a
caminar. Van en busca del pan y la palabr
a: esta tierra, que abrió la boca, está
ansiosa de comer y de decir.
1980
Asunción del Paraguay
Tachito Somoza, destronado, desterrado
, vuela por los aires en una esquina
—preguntan los periodistas en Managua,
—contesta el comandante Tomás Borge.
Tachito había encontrado refugio en la
capital del Paraguay, la única ciudad
del mundo donde todavía hay un busto de
bronce de su padre, Tacho Somoza, y
donde una calle se llama, to
davía, Generalísimo Franco.
El Paraguay, o lo poco que del Paraguay
ha quedado al cabo de mucha guerra
y despojo, pertenece al general Alfredo St
roessner. Cada cinco años confirma su
pueda votarlo, suspende, por veinticuatro
Stroessner se cree invulnerable porque no
ama a nadie. El Estado es él: cada
día, a las seis en punto de la tarde, llama al presidente del Banco Central y le
pregunta:
¿Cuánto hicimos hoy?
1980
En toda Nicaragua
Cabalgando, remando, caminando, los
manejar el lápiz a quien no sabe, para qu
e nunca más lo engañen los que se pasan
de vivos.
Mientras enseñan, los brigadistas compar
ten la poca comida, se agachan en el
acarreo y la deshierba, se pelan las
manos hachando leña y pasan la noche
tendidos en el suelo, aplaudiendo mosquito
s. Descubren miel silvestre dentro de los
y coplas y perdidas sabidurías; poquito a
e. Enseñando, los brigadistas aprenden
toda la maldición y la maravilla de este país, su país, habitado por sobrevivientes:
en Nicaragua, quien no se muere de ha
mbre o peste o tiro, se muere de risa.
1980
Nueva York
Parece picada de viruela la Estatua de la Libertad
por culpa de los gases venenosos que la
s fábricas echan al cielo y que las
nieves y las lluvias devuelven a la tierra.
por esa lluvia ácida en el estado de Nuev
a York, pero el director de la Oficina
Federal de Administración y Presupuesto dice que no vale la pena preocuparse,
porque esos lagos no suman más que
el cuatro por ciento del total.
El mundo es una pista de carreras. La naturaleza, un obstáculo. El mortífero
aliento de las chimeneas ha dejado cuatro mil lagos sin peces ni plantas en la
provincia de Ontario, en Canadá.
Habría que pedirle a Dios que empezara de nuevo
—dice un pescador.
1980
Nueva York
manotazos. Se queja el viento. A
los rugidos y chillidos de la ciudad se une el alarido de una sirena que corre por las
calles. En este sucio día ha caído asesin
ado John Lennon, fundad
una esquina de Manhattan.
Él no quería ganar ni matar. No aceptaba que el mundo fuera bolsa de valores
ni cuartel militar. Lennon estaba al margen
de la pista: cantando o silbando con
aire de distraído, miraba girar las ruedas
de los demás en el incesante vértigo que
va y viene entre el ma
1981
Surahammar
¿Cuál es la distancia que separa un ca
mpamento minero de Bolivia de una
ciudad de Suecia? ¿Cuántas leguas
, cuántos siglos, cuántos mundos?
Domitila, una de las cinco mujeres que derribó a una dictadura militar, ha sido
condenada al destierro por otra dictadura mi
litar y ha venido a pa
minero y sus muchos hijos, a la
s nieves del norte de Europa.
De donde todo falta a donde sobra todo
, de la última miseria a la primera
opulencia: ojos de estupor en estas caras
de barro: aquí en Suecia se tiran a la
basura televisores casi nuevos, ropas
apenas usadas y muebles y heladeras y
mente. Van al muere los automóviles de
Domitila agradece la solidaridad de los suecos y les admira la libertad, pero el
derroche la ofende. La soledad, en cambio,
le da pena: la pobre gente rica a solas
ante el televisor, bebien
—cuenta, recomienda Domitila—
nosotros, allá en Bolivia, aunque
sea para pelearnos, nos juntamos.
1981
Cantón Celica
Un avión cae, a fines de mayo, y as
í acaba Jaime Roldós, presidente del
Ecuador. Algunos campesinos del lugar escu
llamas antes de que se estrelle.
No se permite a los médicos analizar el cadáver. No se intenta la autopsia. No
aparece la caja negra: dicen que el avión
no tenía. Los tractores aplanan el terreno
las torres de control
de Quito, Guayaquil
y Loja. Varios testigos mueren en sucesi
vos accidentes. El informe de la Fuerza
Mala suerte, falla
humana, mal tiempo.
Pero el presidente Roldós estaba
prohibida Cuba y apoyaba las malditas revo
a, El Salvador y
Palestina.
Dos meses después, otro
avión cae, en Panamá.
Mala suerte, falla humana,
mal tiempo.
escuchado la explosión del avión
estallando en el aire. Omar Torrijos, culpable del rescate del canal de Panamá,
sabía que no iba a morir de viejo en una cama.
Y casi en seguida, un helicópte
ro se derrumba en el Perú.
Mala suerte, falla
humana, mal tiempo.
Esta vez la víctima es el comandante del ejército peruano,
general Rafael Hoyos Rubio, viejo enemigo de
la Standard Oil y de otras sociedades
internacionales de beneficencia.
1982
Islas Georgias del Sur
por su rubia cara de nene.
Llevaba unos meses trabajando con la
s madres, siempre sonriente, siempre
dispuesto a poner el hombro, cuando una
tarde, a la salida de una reunión, los
soldados atraparon a varias de las mili
tantes más activas del movimiento. Esas
madres desaparecieron, como su
s hijos, y nunca más se supo.
Las madres secuestradas habían sido señaladas por
o sea el teniente
de fragata Alfredo Astiz, miembro del Gr
upo de Tareas 3-3-2 de la Escuela de
Mecánica de la Armada, de larga y lucida
actuación en las cámaras de tormento.
El espía y torturador Astiz, ahora teniente
de navío, es el primero en rendirse
ante los ingleses en la guerra de las Malvinas. Se rinde sin disparar un tiro.
(107, 134, 143 y 388)
1982
Islas Malvinas
guerra patria que por un rato unió
a los argentinos pisadores y a los
argentinos pisados, culmina con la victoria del ejército colonialista
No se han hecho ni un tajito los gene
rales y coroneles argentinos que habían
argentina flameara en estos
altos mandos enviaron al matadero a los
muchachitos enganchados por el servicio militar obligatorio, que más murieron de
frío que de bala.
No les tiembla el pulso: con mano segura firman la rendición los violadores de
mujeres atadas, los verdugos de obreros desarmados.
1982
Caminos de La Mancha
Maese Trotamundos
cumple medio siglo de vida, muy lejos
del país donde nació. En una aldea
castellana, ante uno de los molinos que desa
fiaron a don Quijote, Javier Villafañe,
patriarca de los titiriteros de América, cele
bra el cumpleaños de su hijo preferido.
Para estar a la altura de la magna fecha, Javier decide casarse con una linda gitana
con la melancólica dignidad que lo caracteriza.
Toda la vida han andado juntos, titiriteando por los caminos del mundo,
dulzuras y diabluras, Maese Trotamundos
y el peregrino Javier. Cada vez que
Maese Trotamundos cae enfermo, atacado por
gusanos o polillas, Javier le cura las
heridas con infinita
paciencia y después le vela el sueño.
Al comienzo de cada función, ante la
multitud de chiquilines que esperan, los
dos tiemblan como la primera vez.
1982
rquez recibe el Nóbel y habla
as a cien años de soledad
...Me atrevo a pensar que es esta realid
ad descomunal, y no sólo su expresión
literaria, la que este año ha merecido la
atención de la Academia Sueca de las
cada instante de nuestra
s incontables muertes cotidianas, y que sustenta un
manantial de creación insaciable, pleno de
desdicha y de belleza, del cual este
colombiano errante y nostálgico no es ma
s que una cifra señalada por la suerte.
criaturas de aquella realidad desaforada
imaginación, porque el desafío mayor para
recursos convencionales para hacer creíbl
e nuestra vida. Éste es, amigos, el nudo
de nuestra soledad.
a hacernos cada vez más desconocidos,
cada vez menos libr
es, cada vez más
solitarios... No: la violencia y el dolor
desmesurados de nuestra historia son el
resultado de injusticias seculares y
amarguras sin cuenta, y no de una
confabulación urdida a tres mil leguas de
nuestra casa. Pero muchos dirigentes y
pensadores europeos lo han creído, con el
infantilismo de los abuelos que olvidaron
las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que
vivir a merced de los dos grandes dueños
del mundo. Éste es, amigos, el tamaño
de nuestra soledad...
1983
Saint George’s
La minúscula Granada, manchita verde
apenas visible en la inmensidad del
El presidente Ronald
Reagan los envía para matar el socialismo. Los
marines
matan un muerto. Algunos
de asesinar el socialismo,
en nombre del socialismo, unos días antes.
Tras los
Schultz. En conferencia
de prensa, declara:
podría ser un espléndido negocio
inmobiliario.
1983
La Bermuda
Cada mañana, al alba, hacían cola. Eran
parientes, amigos o amores de los
desaparecidos de El Salvador
. Buscaban noticias o venían a darlas; no tenían otro
lugar donde preguntar o dar testimonio. La
puerta de la Comisión de Derechos
última bomba había abierto en la pared.
Desde que la guerrilla crecía en los ca
mpos salvadoreños, el ejército ya no
usaba cárceles. La Comisión
Julio: aparecen
decapitados quince niños meno
la acusación de terrorismo. Agosto: trece mil quinientos civiles asesinados o
desaparecidos en lo que va del año...
De los trabajadores de la Comisión, Ma
gdalena Enríquez, la que más reía, fue
la primera en caer. Los soldados la arro
jaron, desollada, a la orilla de la mar.
Después fue el turno de Ramón Valladares
Quedaba Marianela García Vilas:
Yerba mala nunca muere
La liquidan cerca de la aldea La Bermuda, en las tierras quemadas de
Cuscatlán. Ella andaba con su cámara de
fotos y su grabadora, reuniendo pruebas
para denunciar que el ejército arroja fósfor
o blanco contra los campesinos alzados.
1983
Santiago de Chile
Diez años después de la reconquista de Chile
Usted tiene derecho a importar un camello
—dice el ministro de Economía.
Desde la pantalla del televisor, el ministro exhorta a los chilenos a que hagan uso
de la libertad de comercio. En Chile, cu
alquiera puede decorar su casa con un
auténtico cocodrilo africano y la democracia consiste en elegir entre un Chivas
Todo es importado. De afuera vienen
las escobas, los columpios de pajarito,
los choclos, el agua para el whisky; el pan
política económica, importada de los Estados Unidos, obliga a los chilenos a
limitarse a rascar las tripas de sus montañas, en busca de cobre, y nada más: ni un
alfiler pueden fabricar, porque resultan má
s baratos los alfileres de Corea del Sur.
Cualquier acto de creación atenta contra las leyes del mercado, que es como decir
las leyes del destino.
De los Estados Unidos vienen también los programas de televisión, los
Santiago no se puede caminar sin tr
opezar con computadoras japonesas,
inglesas, jamones daneses, trajes de Taiwán, perfumes franceses, atunes
Quien no consume, no existe. El pueb
lo, que se usa y se tira, no existe;
aunque paga la cuenta de esta fiesta al fiado.
elven la basura. Por todas
No hay vacantes. No insista.
Se multiplican por seis la deuda externa y la tasa de suicidios.
1983
Los Escárate no tenían nada, hasta que Armando trajo esa caja a lomo de
Armando Escárate había estado todo
un año fuera de casa. Había trabajado
en la mar, cocinando para los pescadores, y también había trabajado en el pueblo
de La Ligua, haciendo lo que se of
reciera y comiendo sobras, noche y día
Cuando Armando bajó de la mula y abrió
susto. Nadie había visto nunca nada pareci
do en estas comarcas de la cordillera
chilena. Desde muy lejos venía gente, como
en peregrinación, a contemplar el
televisor Sony, de doce pulgadas, a todo co
lor, funcionando a fuerza de batería de
Los Escárate no tenían nada. Ahor
malviviendo del queso que hacen, la lana que hilan y los rebaños de cabras que
la hacienda. Pero el televiso
r se alza como un tótem en
medio de su casa, una choza de barro con te
cho de quincha, y desde la pantalla la
Coca-Cola les ofrece chispas de vida y
la Sprite, burbujas de juventud. Los
cigarrillos Marlboro les dan virilidad
. Los bombones Cadbury, comunicación
Cinzano, status soci
al; el Martini, amor ardiente. La leche
de vivir.
1983
Buenos Aires
ilitar en la Argentina, las abuelas de
sus padres o nacidos en campos de concen
tración, han sido repartidos como botín
a los asesinos de sus padres. Las abuelas
investigan a partir de lo que haya, fotos,
datos sueltos, una
marca de nacimiento,
alguien que vio algo, y así, abriéndose pa
han recuperado ya a unos cuantos.
Tamara Arze, que desapareció al año
y medio de edad, no fue a parar a
manos militares. Está en un pueblo suburb
ano, en casa de la buena gente que la
recogió cuando quedó tirada por ahí.
A pedido de la madre, las abuelas
emprendieron la búsqueda. Contaban con unas pocas pistas. Al cabo de un largo y
complicado rastreo, la han encontrado. Ca
un carro tirado por un caballo, pero no se
queja de su suerte; y al principio no
quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van
explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó.
Que una noche su madre fue ca
1983
Lima
Tamara vuela dos veces
Rosa fue torturada, bajo control de un
médico que mandaba parar, y violada,
y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho
años presa, sin proceso ni explicaciones,
hasta que el año pasado la expulsaron de la
Argentina. Ahora, en
el aeropuerto de
Lima, espera. Por encima de los Andes, su
hija Tamara viene volando hacia ella.
Tamara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora
todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.
En Lima, Rosa y Tamara se descubren
. Se miran al espejo, juntas, y son
idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos
Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor
hay manera de quitarle ese olor. Es un olor
raro... Y de pronto, Rosa recuerda. Éste
es el olor de los bebitos cuando acaban
de mamar: Tamara tiene diez años y esta
noche huele a recién nacida.
1983
Buenos Aires
Dan miedo las madres y las abuelas de
Plaza de Mayo. Porque, ¿qué pasaría
si se hartaran de dar vueltas ante la Casa
de gobierno? ¿Y
si los mendigos de la escalinata
de la catedral arrancaran al
arzobispo la túnica y el bonete y se pusieran a lanzar homilías desde el púlpito? ¿Y
si los honestos payasos de los circos se pu
sieran a dictar órdenes en los cuarteles y
si se pusieran? ¿Y
1983
Meseta del Pedimento
A un lado se ve la mar, y al otro picos y precipicios.
Aquí se desatan los sueños. Un hombre a
bosque: lleva del brazo una novia invisi
ble. Alguien se mueve como lánguida
medusa, navegando en barca de aire. Hay quien dibuja
en el viento y hay quien
cabalga, majestuoso, al paso, arrastrando
una rama entre las piernas. Las piedritas
se vuelven granos de maíz y las bellotas
, huevos de gallina. Los viejos se hacen
niños y los niños, gigantes; una hoja de ár
bol se convierte en espejo que devuelve
El encantamiento se rompe si alguno no
1983
Río Tuma
Entre la dignidad y el desprecio andan
zumbando las balas en Nicaragua; y a
Éste es uno de los batallones que está
n peleando contra los invasores. Desde
los barrios más pobres de Managua han ve
nido estos voluntarios hasta los lejanos
llanos del río Tuma.
ocurre cuando algún miliciano le pide qu
Ésta es la última que te escribo. Te ofrezco algo mejor.
Sebastián Fuertes, soldador de hierro del barrio El Maldito, hombre de unos
cuantos años y guerras y mujeres, es uno de los que se arrimó y fue condenado a
los respiros del tiroteo, y aguantándose
a pie firme mucha broma pesada, cuando
llega el primero de mayo y sus compañeros lo eligen para el discurso.
En un potrero lleno de bosta y garrapata
s, se celebra el acto. Sebastián se
alza sobre un cajón, saca del bolsillo
estirando el brazo, porque la vista no lo
ayuda y lentes no tiene:
¡Hermanos del batallón 8221!...
1983
Penachos de humo brotan de las bocas de
los volcanes y de las bocas de los
fusiles. Los campesinos van a la guerra en
burro, con un papagayo al hombro. Dios
era pintor primitivo cuando imaginó esta tierra de hablar suavecito.
Los Estados Unidos, que entrenan y paga
n a los contras, la condenan a morir
y a matar. Desde Honduras la atacan
los somocistas; desde Costa Rica, Edén
Pastora la traiciona.
Y en eso viene el Papa de Roma. El Pa
pa maldice a los sacerdotes que aman a
cielo, y manda callar, de mala manera, a quienes le
piden que rece por las almas de los patr
iotas asesinados. Tras pelearse con la
católica multitud reunida en la plaza, se marcha, furioso, de esta tierra
1983
y el pueblo sabe que Dios lo nece
Cada año el niño Jesús nace en Méri
Cantan los cantadores, al son de violines, mandolinas y guitarras, mientras los
padrinos recogen en amplio
pañuelo al niño echado en
el pesebre, tarea delicada,
cosa seria, y lo sacan a pase
ar. Pasean los padrinos al ni
ño por las calles. Lo siguen
los reyes y los pastores y el gentío le va
echando flores y besos. Después de ser
muy bienvenido en el mundo, los padrinos
devuelven a Jesús al pesebre donde lo
están esperando María y José. Allí lo paran.
En nombre de la comunidad, los padr
inos paran a Jesús por primera vez, y
erguido queda entre sus padres. Concluida
la paradura, se canta el rosario y se
ofrece a los presentes bizcochuelos de los
de antes, los de doce yemas, y vinito
1983
Noticiero
Una mujer ha parido una gallina en un barrio de Managua, según informa el
diario nicaragüense «La Prensa». Fuentes
ligadas a la jerarquía eclesiástica no
desmienten que este extraordinario acontecimiento pueda ser un signo de la cólera
de Dios. La actitud de la multitud congre
gada ante el Papa puede haber colmado la
En 1981, habían ocurrido en Nicara
gua otros dos milagros de amplia
repercusión. La Virgen de Cuapa hizo en
ese año una espectacular aparición en los
campos de Chontales. Descalza y coronada
de estrellas, desde el centro de un
resplandor que encegueció a los testigos
, la Virgen formuló declaraciones a un
sacristán llamado Bernardo. La Madre de Di
os manifestó su apoyo a la política del
sandinismo ateo y comunista.
Poco después, la Virgen de la Concep
ción sudó y lloró co
piosamente durante
varios días en una casa de Managua. El arzobispo, monseñor Obando, se hizo
presente ante su altar y exhortó a los felig
reses a que oraran pidiendo perdón a la
la Virgen de la Concepción cesaron cuando la policía
encerraban en el refrigerador durante las
noches, para que luego sudara y llorara,
expuesta al intenso calor ambiental, ante la romería de devotos.
1984
Vaticano
Ya no quema vivo a ningún hereje, aunq
ue ganas no le faltan. Su principal
preocupación viene de América. En nomb
re del Santo Padre, los inquisidores
convocan a los teólogos latinoamericanos
Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez, y en
Miedo.
La Iglesia del Miedo, opulenta empresa multinacional, devota del dolor y de la
muerte, está ansiosa por clavar en la cruz a cualquier hijo de carpintero, de esos
que andan por las costas de América sublevando pescadores y de
safiando imperios.
1984
Los Reyes Magos no creen en los niños
Unidos, Japón, Alemania Federal,
Inglaterra, Francia, Italia y Canadá, re
unidos en Lancaster House, felicitan al
organismo que garantiza la libertad de
en por unanimidad
La felicitación no menciona a los verdugos, torturadores,
inquisidores, carceleros y soplones, que son los funcionarios del Fondo Monetario en
países en desarrollo.
Sinfonía circular para países pobres,
en seis movimientos sucesivos
Para que sean los brazos obreros cada vez más obedientes y baratos, los
es, inquisidores, carceleros
y soplones.
Para alimentar y armar a esas legiones, los países pobres necesitan
mos, los países pobres necesitan más
Para pagar los intereses de los préstamos sumados a los préstamos, los
países pobres necesitan aumentar las exportaciones.
Para aumentar las exportaciones, productos malditos, precios condenados a
Para bajar los costos de producción,
los países pobres necesitan brazos
obreros cada vez más obedientes y baratos.
Para que sean los brazos obreros cada vez más obedientes y baratos, los
países pobres necesitan legiones de
verdugos, torturadores, inquisidores...
1984
Washington
El Departamento de Estado de los Esta
dos Unidos decide suprimir la palabra
en sus informes sobre violación de
derechos humanos en América Latina
y en otras regiones. En lugar de
asesinato,
ha de decirse:
ilegal o arbitraria
privación de vida.
Hace ya tiempo que la CIA evita la palabra
en sus manuales de
terrorismo práctico. Cuando la CIA mata
o manda matar a un enemigo, no lo
neutraliza.
fuerzas de paz
a las fuerzas de guerra que
r al sur de sus fronteras; y llama
luchadores
de la libertad a
quienes luchan por la restauración
de sus negocios en Nicaragua.
1984
Washington
Somos todos rehenes
Nicaragua y otros países insolentes si
guen sin enterarse de la orden que
manda que la historia no se mueva, so
pena de reventazón total del mundo:
No toleraremos...
—advierte el presidente Reagan.
Por encima de las nubes, acechan los bombarderos nucleares.
Más allá, los satélites militares. Bajo la tierra y bajo la mar, los misiles. El
tencial le dan permiso. Una bomba de
plutonio del tamaño de una naranja bastaría
una buena descarga de radiaciones nucleares
lo convertiría en un
desierto habitado
por cucarachas.
n Lucas (Evangelio, 14.31) aconseja
multiplicar los gastos militares para enfren
tar a las hordas comuni
para comprar armas que disparan dinero;
se fabrican armas, hamburguesas y miedo. No hay mejor negocio que la venta de
miedo. El presidente anuncia, jubiloso, la militarización de las estrellas.
1984
San Pablo
Veinte años después de
El último presidente de la dictadura mi
litar, el general Fi
Cuando le preguntaron qué haría él si
fuera un obrero que gana el salario
mínimo, el general Fi
gueiredo respondió:
Me pegaría un tiro en la cabeza.
El Brasil padece prosperidad famélica. Entre los países que venden alimentos
al mundo, figura en el cuarto lugar. En
tre los países que sufren hambre en el
il exporta armas y autos además de café, y
produce más acero que Francia; pero lo
s brasileños miden menos y pesan menos
que hace veinte años.
Millones de niños sin techo deambulan po
r las calles de San Pablo y las demás
ciudades, a la caza de comida. Los edificios
se convierten en fortalezas, los porteros
se hacen guardias armados. Todo ci
udadano es asaltado o asaltante.
1984
Ciudad de Guatemala
reconquista de Guatemala,
el Banco del Ejército es el más importante del país, después del Bank of
America. Los generales se van turnando en
el poder, derribándose unos a otros, de
dictadura en dictadura; pero todos aplica
n la misma política de tierra arrasada
o la International Nickel Company. Los generales aniquilan a muchas comunidades
más. Multitudes de indios
hambrientos, despojados de
s. Vienen del horror, pero
no van hacia el horror.
Caminan lentamente, guiados por la an
recibirán castigo la codicia y la soberbia. As
í lo aseguran las historias que los viejos
de maíz cuentan a los niños de maíz cuando llega la noche.
1984
Río de Janeiro
lectiva en América Latina
El contador público Joao David dos Sant
os pegó un salto de alegría cuando
consiguió cobrar sus muchos sueldos atrasa
A falta de dinero, un centro de investigació
n en ciencias sociales le pagó con una
biblioteca estaba dedicada a la histor
ia contemporánea del Brasil. Contenía
materiales muy valiosos sobre las ligas ca
mpesinas del nordeste, los gobiernos de
Entonces el contador dos Santos puso en
venta la biblioteca. La ofreció a los
organismos culturales, a los institutos de
historia, a los dive
rsos ministerios.
Ninguno tenía fondos. Probó con las universidades oficiales y privadas, una tras
otra. No hubo caso. En una universidad dejó la biblioteca en préstamo, por algunos
hasta que le exigieron que empezara a pagar alquiler. Después lo intentó con
particulares. Nadie mostró el menor interé
s: la historia nacional es enigma o
El desdichado contador dos Santos
siente un gran alivi
o cuando por fin
consigue vender su biblioteca a la Fábr
ica de Papel Tijuca, que transforma todos
1984
Contra el olvido,
que es la única muerte que mata de ve
rdad, Carlos Quijano escribió todo lo
que escribió. Viejo gruñón y
peleón, había nacido en Mo
ntevideo cuando el siglo
nació y muere en el destierro, mientras
en el Uruguay se derrumba la dictadura
militar. Muere en plena tarea, preparan
do una nueva edición mexicana de su
periódico «Marcha». Quijano
celebraba las contradicciones
. Lo que para otros era
herejía, para él era signo de vida. Denunció al imperialismo, humillador de naciones
y multitudes, y anunció que América Latina está llamada a crear un socialismo
1984
La resurrección de los vivos
El pueblo mexicano tiene la costumbr
azúcar o chocolate chorreando caramelo de
colores, y además de comerla la canta
y la baila y la bebe y la duerme. Por bu
l dinero, a veces el
pueblo viste a la muerte con monóculo y
sabrosona, borrachita, y con ella marcha
del brazo en parranda corrida.
Día de los Vivos debería ll
amarse este Día de los Mu
ertos, aunque pensándolo
bien lo mismo da, porque todo el que viene
va y el que va viene, y al fin y al cabo
empre en el final de lo que finaliza.
Mi abuelo es tan pequeñito porque nació después que yo
—dice un niño que
sabe lo que dice.
1984
Ellas dan de nacer. Tienen por oficio
el alumbramiento. Con mano sabida
enderezan al niño, cuando viene mal,
y trasmiten a la madre fuerza y paz.
Hoy están de fiesta las parteras de lo
s pueblos y los montes de Estelí, en
Nicaragua, cerca de la frontera. Se han ju
ntado para celebrar algo que bien vale
alegrías: desde hace un año no ha muerto
de tétanos ni un solo recién nacido en
esta región. Las parteras ya no cortan lo
nfectar; y las embarazadas
al niño que les vive adentro. Ya por aq
uí nadie cree que las vacunas sean pócimas
de brujería rusa para volver comunistas a
los cristianos; y ya nadie, o casi nadie,
cree que los recién nacidos mueren por mi
rada fuerte de hombre borracho o mujer
con menstruación.
Estas comarcas, zona de guerra, sufren el continuo acoso de los invasores:
Aquí estamos en la boca del lagarto.
Muchas madres acuden a pelear. Las ma
dres que quedan reparten el pecho.
1984
La Habana
A lo largo del siglo, este hombre ha pa
sado la pena negra y muchas veces ha
muerto por bala o patatús. Ahora, desde
el exilio, sigue acompañando con brío la
guerra de su gente.
La luz del amanecer lo encuentra siempr
e levantado, afeitado y conspirando.
s vueltas en las puertas giratorias de la
memoria; pero no sabe hacerse el sordo cu
ando lo llaman las voces de los tiempos
y caminos que todavía no anduvo.
nacimiento de Miguel Mármol, viejo maestro en el oficio del nacer incesante.
1984
París
Van los ecos en busca de la voz
Mientras escribía palabras que querían a la gente, Julio Cortázar iba haciendo
su viaje, viaje al revés, por el túnel del
tiempo. Él estaba yendo desde el final hacia
al entusiasmo, de la indiferencia a la pasión, de la
iba desandando vida, año tras año,
día tras día, rumbo al abrazo de los am
antes que hacen el amor que los hace. Y
mo entrando en mujer regresa el hombre
1984
No hace mucho que fueron descubiertos,
en el secarral qu
playa de Zumpa, en el Ecuador. Y aquí está
n, a todo sol, para quien quiera verlos:
un hombre y una mujer yacen abrazados, durmiendo amores, desde hace una
Excavando el cementerio de los indios
, una arqueóloga ha encontrado este
Es sorprendente su esplén
dida hermosura, tratándose
de huesos tan feos en
medio de tan feo desierto, pura aridez
y grisura; y más sorprendente es su
modestia. Estos amantes, dormidos en el viento, parecen no haberse enterado de
que ellos tienen más misterio y grandeza
que las pirámides de Teotihuacán o el
santuario de Machu Picchu o
las cataratas del Iguazú.
1984
las afueras de Santiago de Chile. En el
sus habitantes se niegan a llevar ese nomb
Parra, o nada.
Hace tiempo, en unánime asamblea, habí
an decidido llamarse como aquella
campesina cantora, de voz gastadita, que en sus peleonas canciones supo celebrar
los misterios de Chile.
enamore, y por bailar y payasear se le quemaban las empanadas.
Gracias a la vida,
cantó en su última canción; y un revolcón de amor la arrojó
1984
En la sierra mexicana de Nayarit ha
bía una comunidad que no tenía nombre.
Desde hacía siglos andaba buscando nomb
re esa comunidad de indios huicholes.
Carlos González lo encont
ró, por pura casualidad.
Este indio huichol había venido a la ci
visitar parientes. Al atra
vesar un basural, recogió un libro tirado entre los
desperdicios. Hacía años que Carlos había aprendido a leer la lengua de Castilla, y
de un alero, empezó a descifrar páginas.
El libro hablaba de un país de nombre ra
ro, que Carlos no sabía ubicar pero que
debía estar bien lejos de
México, y contaba una histor
ia de hace pocos años.
rra arriba, Carlos siguió leyendo. No
rror y de bravura. El personaje central del
libro era un hombre que había sabido cumplir su
palabra. Al llegar
a la aldea, Carlos
¡Por fin tenemos nombre!
Y leyó el libro, en voz alta, para todos.
La tropezada lectura le ocupó casi una
semana. Después, las ciento cincuenta familias votaron. Todas por sí. Con bailares
y cantares se selló el bautizo.
Ahora tienen cómo llamarse. Esta com
unidad lleva el nombre de un hombre
digno, que no dudó a la hora de el
egir entre la traición y la muerte.
Voy para Salvador Allende
—dicen, ahora, los caminantes.
1984
Bluefields
Volando
Honda raíz, alto tronco, florida ramazón:
clavado en el centro del mundo se
alza un árbol sin espinas, un árbol de esos
que saben darse a los pájaros. En torno
al árbol giran las parejas bailanderas, om
bligo contra ombligo, ondulando al ritmo
de una música que despierta a las piedras y
Mientras bailan, los
danzantes van vistiendo y desvistiendo el
árbol con largas cintas de todos los
continuos bombardeos y tirote
os, se celebra como siempre esta fiesta del Palo de
El árbol de la vida sabe que jamás
cesará, pase lo que pase, la música
caliente que gira a su alrededor. Por mu
cha muerte que venga, por mucha sangre
por la música bailados mientras sean
por el aire respirados y por la tierra arados y amados.
1986
Montevideo
Para Arnoldo Orfila Reynal,
Siglo XXI Editores.
Mi querido Arnaldo:
Aquí va el último volumen de «Memor
ia del fuego». Como verás, acaba en
Quizás porque ése fue el último año de
mi exilio, el fin de un ciclo, el fin de un siglo; o quizás porque el libro lo quiso así.
De todos modos, el libro y yo sabemos que
la última página es también la primera.
Disculpa si me salió demasiado largo. E
scribirlo fue una alegría de la mano; y
ahora yo me siento más que nunca orgulloso
de haber nacido en América, en esta
mierda, en esta maravilla, durante el siglo del viento.
Más no te digo, porque no
quiero palabrear lo sagrado.



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Eisenstein, Serguéi
El Calvo, despeñadero de
Eliécer Gaitán, Jorge
Enedina
Eniwetok
Enrique el Manco
Escobar, Matías
Escudero, Juan
Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería
Espinal, Luis
Estados Unidos
Estelí
Estocolmo
Estoril
Estrada Cabrera, Manuel
Evita.
Duarte, Eva
Exú
Familiar
Faulkner, William
Feitosas, familia
Feland, Logan
Figueres, José
Flora, ciclón
Flores Magón, hermanos
Fondo Monetario Internacional
Fonseca Amador, Carlos
Ford, automóviles
Ford, Henry
Ford Falcon
Fortín
Fortuny, Rubén
Francisco de Asís, san
Frankestein
Freeport Sulphur Company
Freire, Paulo
Frente Sandinista
Freyre, Gilberto
Friedenreich, Artur
Fuertes, Sebastián
Fundación
Furlong
Gabor, Zsa Zsa
García Lorca, Federico
García Menocal, Mario
García Meza, Luis
García Vilas, Marianela
Gardel, Carlos
Gardel Fans Club
Garfio, Capitán
Garrido, Manuel
Garrincha
Gaudí, Antoni
Gayol, Ricardo
General Electric
Georgias del Sur
Geraldine, Bella
González Zeledón, Sinforoso
Guanabacoa
Guevara, Ernesto
Güilo Mentiras
Guimaraes Rosa, Joao
Gulf Oil
Guzmán, Martín Luis
Haití
Ham, Clifford D.
Hanna, senador
Hanwell
Hatfield
Hayworth, Rita
Hearst, William Randolph
Hellman, Lillian
Hemingway, Ernest
Henri Christophe
Hernández, José Gregorio
Hernández Martínez, Maximiliano
Herrera y Reissig, Julio
Hill, Joe
Hill, Robert
Hochschild, Mauricio
Hollywood
Hombrito, valle del
Hong Kong
Hull, Cordell
Hutton, Bárbara
Iglesia
Illimani
Inquisición
International Harvester Company
International Nickel Company
International Telephone and Telegraph Corporation (ITT)
Isla das Cobras
Isla de la Desesperación.
Isla das Cobras
Italia
International Telephone and Telegraph Corporation
Jarquín, Tranquilino
Jerusalén
Jesús María, Villa de
Jinotega
Jinotepe
Jockey Club
Johnnie Walker
Johnson, Lyndon
Jonacatepec
Juan, san
Juan Bautista, san
Juayúa
Juazeiro do Norte
Juiz de Fora
Junco, Rafael del
Kahlo, Frida
Kazan, Elia
Kelvinator
Kennedy, John F.
Kent, Clark.
Superman
Keystone, estudios
King Kong
King, Martin Luther
Kissinger, Henry
Knox, Philander
Kremlin
Ku Klux Klan
Kun, Bela
Laghi, Pío
Lam, Wilfredo
Lampiao.
Silva Ferreira, Virgulino da
Lancaster House
Lara, Agustín
Lenin, V. I.
Lenin mexicano, el. Véase
Lennon, John
Libertad
Liga de Moral
Liga Mundial Anticomunista
Liga Patriótica Argentina, La
Ligua, La
Lima
Limonta, Albertico
Lincoln, Abraham
Lindbergh, Irving
Lionza, María
Lobo, Julio
López, Santos
López Antay, Joaquín
Losey, Joseph
Lourenço, José
Lucía, santa
Véase también
Diablo y Satanás
Lucio, santo
Lugones, Leopoldo
Luxemburgo, Rosa
Macunaíma
Machado, Gerardo
Madame Satán
Madero, Francisco
Madrid
Majagual
Magdalena, río
Maldito, El
Malvinas
Mamá Grande
Mamá Inés
Manabí
Managua
Mancha, La
Mangueira
Manhattan
Mao Zedong
Maracaibo
Mariani, María Isabel de
Mariátegui, José Carlos
Mármol, Miguel
Mármol, Santos
Martínez de Hoz, José Alfredo
Martini
Martinica
Marx, Karl
Massachusetts
Matagalpa
Mathews, Calvin B.
Matta, Roberto
Maurer, general
Mauricio, colonia
Mayflower
Mazatenango
McCloy, John
McCoy, Frank
Medellín
Mella, Julio Antonio
Memphis
Menchú, Felipe
Menchú, Nicolás
Menchú, Patrocinio
Menchú, Rigoberta
Méndez, Aparicio
Menéndez, general
Mérida
Miami
Minerva
Miranda, Carmen
Mistral, Gabriela
Mitrione, Dan Anthony
Mix, Tom
Modotti, Tina
Monroe, Marilyn
Mont Rouis
Montano, Otilio
Monteiro Lobato, José Bento
Montes, familia
Montmartre
Moors Cabot, John
Moreau, Alicia
Morelos
Moreno, Gabriel René
Moscú (EEUU)
Mossadegh, Mohammed
Mozart, W. A.
Clay, Cassius
Mussolini, Benito
Nahuizalco
Naide
Náinari, 87
Nayarit
Negro, Almirante.
Véase
Cándido, Joao
Neruda, Pablo
Nicaragua
Nixon, Richard
Norte, mar del
Novak, Kim
Nuestro Señor el Negrito
Nueva York
Ñancahuazú
Obando, monseñor
Ocumicho
Ochoa, José Antonio
OEA
Opazo Santander, Tomás
Orfila Reynal, Arnaldo
Orozco, José Clemente
Ortez, Miguel Ángel
Ortiz Echagüe
Ospina Pérez, Mario
Pablo, san
Padilha, María
Pairumani
Palas Atenea
Palestina
Panamá, Canal de
Panamá, ciudad
Pando, José Manuel
Pantanillo
Paraíba
Partido Comunista de El Salvador
Pastora, Edén
Pataca, familia
Patagonia
Patiño, Simón
Patiño, familia
Patiño Mines
Patoruzú
Patton, George
Pátzcuaro
Paz, La
Paz Estenssoro, Víctor
Pearl Harbor
Pedimento
Pedro, san
Pekín
Pelé
Pensington, teniente
Peñaranda, Enrique
Pereira, familia
Pérez, Didaskó
Pérez, Milay
Pérez Millán Témperley, Jorge Ernesto
Perla, La
Pernambuco
Perón, Juan Domingo
Pershing, John
Persons, Eli
Peurifoy, John
Picasso, Pablo
Pierpont Morgan, John
Pino del Agua
Pitágoras
Pixinguinha
Plasmaféresis, S. A.
Platt, senador
Plaza de Mayo, madres
Polar
Polo, Marco
Pólvora, La
Port-au-Prince
Portugal
Porvenir, El
Posada, José Guadalupe
Pound, Ezra
Presley, Elvis
Prestes, Luis Carlos
Puerto Cabezas
Puerto Rico
Puno
Punta del Este
Punta Santa Elena
Quezaltenango
Quijano, Carlos
Quilamula
Quinterno, Dante
Quiroga Santa Cruz, Marcelo
Ragone, Miguel
Ramos, Graciliano
Reagan, Ronald
Renault
República Dominicana
Revueltas, José
Riachuelo
Ribeiro, Darcy
Riñón, san
Roa Bastos, Augusto
Robeson, Paul
Rocinante
Rockefeller, John Davidson
Rockefeller, David
Rodó, José Enrique
Roldós, Jaime
Romao Batista, Cícero
Romero, Arnulfo
Rompehuesos
Roosevelt, Franklin Delano
Rosado, familia
Rosario and Light Mines, The
Rosencof, Mauricio
Rossell Arellano, Mariano
Royal Dutch Shell
Ruby, Jack
Sacasa, Juan Bautista
Sagua La Grande
Saint-Jean, Ibérico
Saint-Laurent, Yves
Salgadinho
Salt Lake City
San Andrés de Sotavento
San Benito Abad
San Carlos, cuartel de
San Fernando
San Ignacio
San José de California
San José de Costa Rica
San José de Gracia
San Juan Bautista.
Véase
San Juan de Puerto Rico
San Rafael del Norte
San Salvador
San Salvador de Bahía
Sánchez Arcilla, José
Sandino, Augusto César
Sangrenegra
Santa Ana, cantón
Santa Ana de Yacuma
Santa María, volcán
Santa Marta
Santiago de Chile
Santo Domingo
Santos, Gabriel dos
Santos, Joao David dos
Santos Dumont, Alberto
Sarrá, Ernesto
Véase también
Diablo y Lucifer
Schneider, René
Schultz, George
Seattle
Shearer, Norma
Shell
Silva Ferreira, Virgulino da
Silva Renard, Robert
Sinú, río
Siuna
Smith, Earl
Solanille, José Julián
Solentiname
(Tacho)
Somoza, Tachito
Somoza Portocarrero, Anastasio
Sorbona, La
Sotomayor, Rafael
Spanish American
Stalin, J.
Suárez, Roberto
Surahammar
Sylbaris, Ludger
Taiwán
Tamayo, José Luis
Tampico
Taylor, Robert
Téllez, Dora María
Tello
Teotihuacán
Tepic
Tequesquitengo
Teresa de Jesús, santa
Texas (compañía)
Tierra del Fuego
Tlaltizapán
Toldos, Los
Tolima, batallón
Tolstoi, León
Tomasa, doña
Tontovideo.
Torres, Camilo
Trancelim
Tranquilidad, mar de la
Trotamundos, maese
Trotski, León
Trujillo, María de
Trujillo, Rafael Leónidas
Trujillo, Ramfis
Truman, Harry
Tucumán
Tufts Fuller, Alvan
Tuma, río
Turnbull, Walter
Twain, Mark
Unión Soviética
United States Steel Corporation
Véase
Nimuendajú
Urrutia, Matilde
Urviola, Ezequiel
Uspantán
Valdivia, Pedro de
Valentino, Rodolfo
Vallejo, César
Varela, Héctor Benigno
Varela, Obdulio
Velasco Alvarado, Juan
Vera, Martín
Verne, Julio
Videla, Jorge Rafael
Villahermosa
Villamontes
Villarreina, José
Villarroel, Gualberto
Virgen de la Concepción
Virginia
Viudas de Guerra
Walsh, Rodolfo
Washington
Washington, George
Wessin y Wessin
White, Ellen G.
Whitman, Anne
Wilckens, Kurt
Wilson, Charles
Wilson, Henry Lane
Yaqui
Yara, río
Ydígoras Fuentes, Miguel
Yrigoyen, Hipólito
Yucatán
Yupanqui, Atahualpa
Zapata, Emiliano
Zapata, Nicolás
Zárate Huilka, Pablo
Zarpazo
Zeledón, Benjamín
Zimerman, Isaac
Zinica

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